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DE ENEMIGOS A ESPOSOS.... ¡Y AL BORDE DE LA LOCURA!

DE ENEMIGOS A ESPOSOS.... ¡Y AL BORDE DE LA LOCURA!

Status: Terminada
Genre:Comedia / CEO / Venganza / Completas
Popularitas:3k
Nilai: 5
nombre de autor: Jessics8 Rodriguez

Dos imperios rivales, un odio de décadas y un testamento que obliga al implacable CEO Alessandro Rovere a casarse con Giulia Moretti, la heredera de su familia enemiga. Lo que empieza como una venganza y un contrato, termina convirtiéndose en un caos lleno de tensión, risas y un amor que nadie esperaba… ¡al borde de la locura!

NovelToon tiene autorización de Jessics8 Rodriguez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 18: Primeras palabras, primeros pasos y grandes descubrimientos

Después de la fiesta del primer cumpleaños, la vida en la mansión Rovere-Moretti entró en una nueva etapa, una etapa que, si cabe, fue todavía más movida, ruidosa y sorprendente que las anteriores. Leonardo, cargado de energía y curiosidad, había decidido que ya era hora de dejar de ser un simple bebé para convertirse en un pequeño explorador, decidido a descubrir cada rincón, cada objeto y cada secreto que escondía su mundo. Y como siempre, su padre seguía siendo su compañero de aventuras, su víctima favorita y su mayor admirador.

Lo primero que llegó fueron las primeras palabras. Alessandro, que soñaba despierto con el momento en que su hijo pronunciara "papá" por primera vez, se había pasado meses hablándole, repitiéndole la palabra mil veces al día, cantándola, susurrándola, gritándola… con la esperanza de ser el primero en ser nombrado. Giulia, divertida, siempre le decía que no se confiara, porque con el carácter de Leo, cualquier cosa podía pasar.

Y tenía razón. Una mañana, estaban todos en el salón. Giulia leía una revista, Alessandro trabajaba con su portátil cerca del sofá, y Leo jugaba con unos bloques de colores en el suelo. De repente, el pequeño levantó la cabeza, señaló con el dedo índice hacia la mesa central, donde reposaba la taza de café favorita de su padre, y con una claridad impresionante para su edad, exclamó:

—¡CAFÉ!

Alessandro se quedó helado. Levantó la vista de la pantalla, miró a su hijo, luego miró la taza, y luego volvió a mirar a su hijo con una expresión de absoluta incredulidad.

—¿Qué has dicho, Leo? —preguntó, acercándose lentamente.

El niño, muy serio, volvió a señalar:

—¡CAFÉ!

Y luego, para rematar, añadió:

—¡BUENO!

Giulia estalló en una carcajada que resonó por toda la habitación, tirando la revista de pura risa.

—¡Te lo dije, mi amor! ¡Este niño es tu hijo, sí o sí! ¡Su primera palabra no ha sido ni mamá ni papá, ha sido café! ¡Y además le ha puesto nota! ¡Dice que está bueno! ¡Es un crítico gastronómico en miniatura!

Alessandro se llevó la mano a la frente, entre divertido y ofendido por la derrota.

—Pasé meses enseñándole a decir "empresa", "éxito" o "legado"... ¡y lo único que aprendió es lo que me tomo cada mañana! ¡Es increíble! Pero… bueno, al menos tiene buen gusto. —Y terminó diciendo con orgullo, cargando a Leo en brazos—: ¡Mi hijo sabe lo que es bueno! ¡Eres un genio, pequeño!

Sin embargo, no tardó mucho en llegar la palabra que Alessandro tanto esperaba. Pero, como todo lo que hacía Leo, tampoco fue de la forma tradicional. Unas semanas más tarde, el pequeño estaba intentando alcanzar un juguete que estaba sobre una silla, se estiró demasiado, perdió el equilibrio y cayó sentado en el suelo. No se hizo daño, pero se sorprendió lo suficiente para fruncir el ceño y llamar con voz fuerte y clara:

—¡PA-PÁ!

Alessandro, que estaba en la cocina, corrió como un rayo pensando que había ocurrido una catástrofe. Entró disparado al salón, con el delantal puesto y una cuchara en la mano:

—¡Aquí estoy! ¡¿Qué pasa?! ¡¿Estás bien?!

Leo, al verlo, extendió los brazos con una sonrisa de oreja a oreja, repitiendo:

—¡Papá! ¡Papá!

Ese momento fue mágico. Alessandro se arrodilló en el suelo, abrazó a su hijo con fuerza y sintió que el corazón se le salía del pecho de pura emoción. No le importó haber sido llamado solo en un momento de apuro, ni que su primera palabra hubiera sido "café", ni que Giulia se estuviera riendo en el fondo. Para él, escuchar esa palabra saliendo de la boca de Leo era el mayor triunfo de su vida.

—Sí, hijo, aquí estoy. Siempre voy a estar aquí —le susurró con la voz rota.

Poco después, llegaron las primeras palabras para Giulia, claro está, pero con el sello personal del pequeño. En lugar de decir simplemente "mamá", él la llamaba: —¡Ma-má... ¡CO-ME-DA! —porque para Leo, su madre era sinónimo de comida rica, de abrazos y de todo lo bueno. Giulia estaba encantada con su título oficial.

Pero si las primeras palabras fueron una sorpresa, los primeros pasos fueron una auténtica revolución. Hasta ahora, Leo se movía rápido gateando, o se desplazaba agarrándose de los muebles. Pero justo cuando cumplió los trece meses, decidió que ya estaba cansado de ir por el suelo y que era hora de caminar de pie, como los grandes.

Y por supuesto, el lugar elegido para este histórico acontecimiento no podía ser otro que el despacho de Alessandro, justo cuando él tenía una reunión importante con dos socios internacionales.

Estaba Alessandro sentado tras su escritorio, muy serio y profesional, explicando unos planos, cuando Leo, que estaba en una corralita de juegos cerca, se puso de pie con determinación. Soltó las barreras de seguridad, se quedó un momento muy erguido, equilibrando sus brazos pequeños para no caerse, y empezó a caminar. No caminaba recto, caminaba con esa peculiar forma de "pequeño borracho" que tienen los bebés, abriendo mucho los pies y moviendo los brazos como si fueran alas.

Caminó directamente hacia su padre, ignorando a los señores que estaban allí sentados, llegó hasta el escritorio, se agarró a la pierna del pantalón de Alessandro, se puso de puntitas y le dio un fuerte tirón a la manga de la camisa, exclamando con alegría:

—¡MIRA! ¡YO! ¡AN-DAR!

Los dos socios se quedaron con la boca abierta, y luego, al ver la escena tan entrañable, soltaron una carcajada. Alessandro, rojo como un tomate, pero con los ojos brillantes de orgullo, se disculpó:

—Disculpen… es… es que hoy ha decidido convertirse en adulto de repente.

Se levantó, cargó a Leo en brazos, le dio un beso enorme y dijo ante todos:

—¡Es el niño más valiente y listo del mundo! ¡Miren cómo camina!

Esa misma tarde, Alessandro llamó a todo el mundo: a Luca, a Elena, a Sofia, a Matteo, a todos los familiares. Tenía que contar la noticia. Su hijo ya caminaba. Y aunque eso significaba que ahora sería mucho más difícil vigilarlo, que ya no habría rincón seguro en la casa y que las travesuras se multiplicarían por mil, él solo podía sentir un orgullo infinito.

Y tenía razón en sus temores. A partir de ese día, Leonardo se convirtió en un pequeño huracán con patas. Ya no había mueble alto que fuera suficiente, ni objeto que estuviera a salvo. Si algo existía en la mansión, Leo quería investigarlo, tocarlo, probarlo o desmontarlo.

Una de sus nuevas habilidades favoritas era la de "clasificar objetos". Y su forma de clasificar era sencilla: todo lo que estuviera dentro de un sitio, debía estar fuera. Y todo lo que estuviera fuera, debía ser escondido en el lugar más inverosímil posible.

Una tarde, por ejemplo, Alessandro buscaba desesperadamente sus gafas de lectura, sin las cuales no podía trabajar. Las buscó en la mesa, en el bolsillo de su chaqueta, en el coche, en la cocina… nada. Hasta que escuchó un ruido en el baño principal. Entró y vio a Leo de pie frente al inodoro, muy concentrado, intentando meter las gafas en el depósito del agua.

—¡No, no, no! ¡Ahí no, Leo! —gritó Alessandro corriendo a rescatarlas justo a tiempo—. ¡Esas no son para jugar al escondite!

El niño se giró, lo miró con cara de inocencia absoluta y dijo muy tranquilo:

—¡GUAR-DAR!

—¡Pues muy mal sitio para guardar, hijo mío! —respondió Alessandro, secando las gafas con una toalla, resignado.

Otra de sus grandes aficiones ahora que caminaba era "ayudar". Para Leo, ayudar significaba seguir a su padre a todas partes, imitar cada uno de sus movimientos y hacer exactamente lo mismo que él hacía, aunque el resultado fuera totalmente desastroso.

Si Alessandro abría una puerta, Leo intentaba abrir todas las demás. Si Alessandro se sentaba a leer, Leo cogía otro libro, lo ponía al revés y pasaba las páginas a toda velocidad haciendo ruidos incomprensibles. Si Alessandro se ponía los zapatos, Leo traía los zapatos de deporte de su padre y se los ponía él mismo, con los agujeros para los dedos en el talón, y caminaba por toda la casa arrastrándolos, muy orgulloso de sí mismo.

Pero lo más gracioso de todo era que Leonardo ya había aprendido perfectamente cómo funcionaba su padre. Sabía exactamente cuándo Alessandro estaba serio, cuándo estaba fingiendo enfadarse y cuándo iba a terminar riéndose y dándole la razón. Sabía que con una sola sonrisita, con esos ojos grandes y brillantes, podía conquistarlo todo.

Giulia, que disfrutaba como nadie de esa complicidad entre padre e hijo, a veces le decía a Alessandro:

—Te tiene comido el terreno, ¿verdad?

—Totalmente —admitía él, mirando a Leo que intentaba trepar por sus piernas—. Y no me importa. Que me coma todo lo que quiera. Es lo mejor que me ha pasado en la vida.

Un fin de semana, salieron todos juntos al parque, algo que se estaba convirtiendo en una rutina sagrada. Leonardo, con sus zapatitos nuevos y su gorrita, caminaba delante de ellos, muy seguro, señalando todo lo que veía y nombrándolo con su lenguaje especial.

—¡PÁ-JA-RO! —decía señalando un pájaro volando.

—¡AR-BOL! —gritaba al pasar cerca de uno.

—¡PER-RO! —exclamaba señalando a un perro que pasaba, corriendo hacia él con los brazos abiertos como si se encontrara con un viejo amigo.

Alessandro y Giulia caminaban detrás, cogidos de la mano, observando a su pequeño gran descubridor. Veían cómo crecía, cómo aprendía, cómo se abría paso en el mundo con esa mezcla de fuerza, curiosidad y dulzura que tenía.

—Es increíble lo rápido que pasa todo —dijo Alessandro en voz baja, apretando la mano de su esposa—. Parece que fue ayer cuando cabía entero en mis brazos y ahora ya camina, ya habla, ya tiene su propia personalidad. Es un pequeño hombrecito.

Giulia apoyó la cabeza en su hombro.

—Y es igual a ti, ¿sabes? Tiene tu determinación, tu forma de mirar las cosas, tu inteligencia… aunque por ahora también tiene mi caos y mi locura. Pero mira qué maravilla es.

En ese momento, Leo se detuvo, se giró hacia ellos, les hizo señas para que se acercaran y gritó:

—¡MAMÁ! ¡PAPÁ! ¡VENIR! ¡AQUÍ!

Corrieron hacia él, y Leo, muy solemne, les señaló un pequeño charco de agua que había quedado en el suelo tras la lluvia de la noche anterior. Para él, ese charco era el descubrimiento más grande e importante del universo.

—¡AGUA! —dijo, y dio un paso dentro, salpicando con fuerza y riendo a carcajadas al ver cómo el agua saltaba por todas partes.

Alessandro miró sus zapatos nuevos que ya se estaban mojando, miró su pantalón que ya se estaba manchando… y decidió que no importaba nada. Se quitó los zapatos y los calcetines, se remangó los pantalones, cogió a Leo en brazos y entró con él en el charco, salpicando aún más fuerte que él, gritando y riéndose como si fuera un niño de cinco años.

Giulia se quedó un momento mirándolos, con el corazón lleno de amor, y finalmente se unió a ellos, dejándose mojar, dejándose llevar, disfrutando de ese momento perfecto, simple y hermoso.

Allí, en medio de un charco cualquiera de un parque cualquiera, la familia Rovere-Moretti entendió que la verdadera riqueza no estaba en los negocios, ni en los imperios, ni en las cosas materiales. La verdadera riqueza eran esos momentos: los primeros pasos, las primeras palabras, los descubrimientos juntos, el caos compartido y el amor infinito que crecía día tras día. Leonardo, con sus travesuras, sus ocurrencias y su forma única de ver el mundo, les estaba enseñando a vivir de verdad.

Y Alessandro, el hombre que una vez quiso controlarlo todo, ahora solo quería dejarse llevar, caminar junto a su hijo, paso a paso, palabra a palabra, descubriendo juntos el maravilloso, divertido y sorprendente viaje de la vida.

 

💌 Palabras de la autora

¡Qué emoción las primeras palabras y los primeros pasos! 🥺 Y qué genialidad que su primera palabra fuera "café", ¡es que este niño es único! 😂 Me encanta ver cómo Alessandro se derrite cada vez que lo ve crecer y aprender. ¡Son la familia más adorable del mundo!

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Cinzia Cantú
No entiendo porque no comentan, es una historia fascinante y amena. Vamos lectoras a opinar que eso vale la pena e impulsa a la escritora a regalarnos más capítulos y otras historias muy entretenida. Historias que sanan el corazón
Cinzia Cantú
En verdad un descubrimiento muy especial
Cinzia Cantú
Un descubrimiento que agregó más historias y suspenso
Cinzia Cantú
El jardín secreto es el broche de oro para la familia y creo que los va a ayudar a descubrir más tesoros
Cinzia Cantú
Un capítulo muy especial que conecta el presente con el pasado e invita a conocer la historia de sus antepasados
Cinzia Cantú
Este capítulo despierta la curiosidad de todas aquellas personas que lo han leído y las invita a explorar junto a los torbellinos
Cinzia Cantú
Esta familia es un ejemplo a seguir a pesar de su caos
Cinzia Cantú
Leonardo es un verdadero líder y sabe muy bien lo que quiere y como compartir con sus hermanos. Los imagino como adultos trabajando juntos
Cinzia Cantú
Leonardo es muy especial como hijo y como hermano mayor y entre los tres alegran a la familia con sus logros y sus travesuras capitaneadas por el gran hermano mayor
Cinzia Cantú
Es realmente una bendición por partida doble
Cinzia Cantú
Qué hermoso que se preparen así para recibir a los bebés, todos ellos incluyendo a los amigos y el hermano mayor se preocupa de que su mamá no se exceda en las tareas
Cinzia Cantú
Dicen que lis niños lo saben, lo presienten
Cinzia Cantú
Qué sensibilidad, qué amor y cuánta dulzura, escritora te superaste con este capírulo
Cinzia Cantú
Qué hermosa confabulación y hasta el universo estuvo de acuerdo y pronto tendrán noticias. Espero que el papá no sufra como el embarazo pasado
Cinzia Cantú
Te felicito escritora, este capítulo es fenomenal y muy divertido, la forma en que un niño puede ver el mundo de los adultos
Cinzia Cantú
Qué hermosa familia y todo lo que enseña ! La verdadera felicidad de la vida
Cinzia Cantú
En esa fiesta de cumpleaños yodos se divirtieron y la pasaron genial. Va a quedar en la historia de todos los que asistieron
Cinzia Cantú
Una familia con mucho amor, comprensión y ganas de crecer juntos
Cinzia Cantú
Es verdad que el amor encuentra siempre su camino
Cinzia Cantú
Pobre bebé con semejante padre
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