NovelToon NovelToon
Vendida Al Mejor Postor

Vendida Al Mejor Postor

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Amor prohibido / Romance
Popularitas:2.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Juliana Torra

Mi vida tenía precio…
y alguien pagó por ella.
Desde que nací, mi destino ya estaba escrito.

casarme con un hombre al que no amaba, unir dos familias, obedecer sin cuestionar.
Ser perfecta.
Ser sumisa.
Ser suya.
Pero el día de mi boda… huí.
Sin plan.
Sin rumbo.
Sin saber que escapar no me haría libre…
Ya no soy mía.
Pertenezco a quien ofreció más.
Pero aunque mi cuerpo cambie de dueño, mi espíritu sigue siendo libre.
Solo el tiempo dirá si esta venta fue mi perdición...
o mi salvación.

NovelToon tiene autorización de Juliana Torra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 14 — No me tientes

Las puertas del elevador se abrieron con un sonido seco.

Corto. Preciso. Definitivo.

Pero ninguno de los dos se movió.

Seguíamos ahí.

Encerrados.

Como si el mundo exterior no existiera. Como si ese espacio reducido fuera suficiente para contener todo lo que estaba pasando entre nosotros… aunque claramente no lo era.

El aire se sentía más denso de lo normal. Más pesado.

Cada respiración parecía arrastrar algo más que oxígeno.

Tensión.

Expectativa.

Algo que ninguno quería nombrar.

Sostuvimos la mirada.

Y ya no era solo desafío.

Ya no era ese juego constante de provocaciones y respuestas medidas.

Era algo más.

Algo peligroso.

Más personal.

Más… real de lo que cualquiera de los dos estaba dispuesto a admitir.

—Suéltame —repetí, esta vez más bajo.

Más firme.

No era una súplica.

Era una advertencia.

Alessio no respondió de inmediato.

Su mano seguía rodeando mi brazo. Caliente. Firme. Inamovible. Como si soltarme fuera una decisión que aún estaba evaluando… o peor, una que no quería tomar.

Y eso…

eso me hizo tensarme más.

Porque no era solo contacto.

Era control.

—Mírame —dijo.

Su voz fue baja.

Controlada.

Peligrosa.

Ya lo estaba haciendo.

Pero no respondí con palabras.

No iba a darle eso.

Sus ojos recorrieron mi rostro lentamente, como si buscara algo.

Una grieta.

Una duda.

Una señal de que aún podía doblegarme… como tal vez había hecho antes con otras.

No la encontró.

Porque no la había.

—Te advertí —continuó— que no jugaras conmigo.

Solté una pequeña risa sin humor.

Fría.

—Y yo te advertí que no ibas a controlarme.

Y ahí estuvo.

La chispa.

No fue visible.

Pero se sintió.

En el aire.

En su postura.

En la forma en que su expresión cambió apenas.

Su mandíbula se tensó.

Sus dedos se apretaron un poco más alrededor de mi brazo.

Y sin previo aviso…

me soltó.

Pero no fue libertad.

No realmente.

Fue otra cosa.

Un paso atrás.

Espacio.

Distancia.

Como si necesitara alejarse lo suficiente para no cruzar una línea…

o tal vez para cruzarla con intención.

—Bien —dijo finalmente, pasando una mano por su cabello, dejando escapar un rastro de frustración contenida—. ¿Quieres jugar?

Mi corazón latía con fuerza.

Podía sentirlo en el pecho. En la garganta. En cada pulso que me recorría el cuerpo.

Pero no retrocedí.

No iba a hacerlo.

—Ya estoy jugando.

Su mirada volvió a la mía.

Más oscura.

Más profunda.

Más peligrosa.

—Entonces aprende algo.

Dio un paso hacia mí.

Lento.

Controlado.

Pero cargado de intención.

Cada centímetro que acortaba entre nosotros hacía que el aire se volviera más escaso.

—No se juega con lo que es mío.

Las palabras quedaron suspendidas entre nosotros.

Pesadas.

Cargadas de algo que iba mucho más allá de la simple posesión.

—No soy tuya —respondí de inmediato.

Error.

Lo supe en el instante en que lo dije.

Porque esta vez…

no sonrió.

No hubo ironía.

No hubo diversión.

Solo algo más crudo.

Más real.

Me tomó del mentón con firmeza, obligándome a sostenerle la mirada.

Sin escapatoria.

—Dilo otra vez.

Su voz fue baja.

Demasiado baja.

Como una amenaza envuelta en calma.

Mi respiración se aceleró.

Pero no retrocedí.

No podía.

No quería.

—No. Soy. Tuya.

Cada palabra salió marcada.

Firme.

Irreversible.

El silencio se rompió en ese instante.

No con palabras.

Con acción.

Me empujó suavemente contra la pared del elevador.

No fue brusco.

No fue violento.

Pero fue dominante.

Definitivo.

Su cuerpo bloqueó cualquier espacio entre nosotros.

Cualquier posibilidad de huida.

—Te encanta provocar —murmuró cerca de mis labios.

Sentí el calor de su respiración.

Mi cuerpo reaccionó antes de que pudiera detenerlo.

Un impulso.

Un estremecimiento.

Algo que no quería reconocer.

—Y a ti perder el control —respondí.

Eso fue todo.

No hizo falta más.

Su mano descendió hasta mi cintura, sujetándome con firmeza, acercándome aún más a él.

Demasiado cerca.

Lo suficiente para borrar cualquier línea entre nosotros.

—No estoy perdiendo el control —corrigió—. Estoy decidiendo cuándo usarlo.

Mi corazón latía descontrolado.

Cada latido parecía resonar en el espacio cerrado del elevador.

—Entonces haz algo.

Las palabras salieron solas.

Sin filtro.

Provocación pura.

Directa.

Peligrosa.

Sus ojos se oscurecieron completamente.

Como si esa fuera exactamente la respuesta que no debía darle.

—Eso quieres.

No respondí.

No hacía falta.

Porque ambos lo sabíamos.

El silencio entre nosotros cambió.

Se volvió eléctrico.

Cargado.

Vivo.

El tiempo pareció detenerse.

Y por un segundo…

solo uno…

creí que iba a besarme.

Otra vez.

Que iba a cerrar esa mínima distancia.

Que iba a romper todo lo que quedaba de control.

Pero no lo hizo.

Se detuvo.

A milímetros.

Respirando el mismo aire.

Sintiendo lo mismo.

Y eso…

eso fue peor.

Porque la tensión no se rompió.

Se quedó ahí.

Suspendida.

Ardiendo.

Quemando lentamente.

—Eres un problema —dijo finalmente, soltándome de golpe.

El cambio fue brusco.

Frío.

Inesperado.

Como si alguien hubiera apagado una llama… pero dejando el calor atrapado en el aire.

Me quedé ahí.

Respirando con dificultad.

Intentando recuperar algo que ya había perdido sin darme cuenta.

El control.

—Y tú no sabes manejarlo —respondí, aunque mi voz no salió tan firme como quería.

Él se apartó completamente.

Pasó una mano por su rostro, como si intentara recomponerse.

Como si también estuviera luchando contra algo.

—Esto se acabó.

Fruncí el ceño.

—¿Qué cosa?

Me miró.

Directo.

Serio.

Decidido.

—El viaje.

El impacto fue inmediato.

—¿Qué?

—Nos vamos.

—¿Ahora?

—Hoy mismo.

Di un paso hacia él.

—No puedes decidir eso.

Una risa baja escapó de sus labios.

Pero no fue divertida.

Fue… peligrosa.

—Puedo decidir todo.

—No.

—Sí.

Se acercó otra vez.

Pero esta vez no había juego.

No había provocación.

Solo decisión.

—Nos vamos a casa.

Mi pecho se tensó.

—Esto no es tu casa.

—Lo será.

Hizo una pausa.

Y entonces añadió:

—North Bay.

Parpadeé.

—¿Qué?

—Ontario —continuó—. No es una ciudad que conozcas.

Claro que no.

No era lo que esperaba.

No era lo que había imaginado.

No era nada familiar.

—Ahí es donde vamos.

Mi mente intentaba procesarlo.

Demasiado rápido.

Demasiadas cosas cambiando al mismo tiempo.

—¿Por qué?

Su mirada no se apartó de la mía.

—Porque necesito distancia.

Eso…

eso no lo esperaba.

—¿De qué?

Se acercó apenas.

Lo suficiente para que su presencia volviera a envolverme.

—De ti… provocando todo lo que no deberías.

Mi respiración se detuvo un segundo.

Porque esta vez no sonó a juego.

Sonó a verdad.

—No puedes huir.

—No estoy huyendo.

—Entonces, ¿qué haces?

El silencio se estiró entre nosotros.

Más largo.

Más pesado.

Y entonces lo dijo.

—Estoy evitando que esto se salga de control.

Mi corazón dio un golpe fuerte.

Porque esta vez…

lo sentí real.

No era manipulación.

No era estrategia.

Era algo más.

Algo que ninguno estaba preparado para manejar.

—¿Y si no quiero ir?

Sus ojos se endurecieron.

—Vas a ir.

—No puedes obligarme.

Se inclinó apenas.

Su voz bajó.

—Puedo.

El silencio cayó.

Pesado.

Inevitable.

—Y lo haré.

No fue una amenaza.

Fue una promesa.

Me sostuvo la mirada unos segundos más.

Como si quisiera asegurarse de que entendía.

Y luego…

se giró.

Como si la conversación ya hubiera terminado.

Como si no hubiera nada más que discutir.

—Empaca —dijo sin mirarme—. Salimos en dos horas.

Las puertas del elevador seguían abiertas.

Esperando.

Como si el mundo exterior hubiera estado pausado todo ese tiempo.

Y esta vez…

sí salió.

Sin mirar atrás.

Sin dudar.

Sin detenerse.

Dejándome ahí.

Sola.

Con el pulso acelerado.

Con la mente en caos.

Con el cuerpo todavía recordando cada segundo de lo que acababa de pasar.

Me quedé inmóvil unos segundos más.

Respirando.

Intentando entender.

Intentando ordenar todo.

Pero no había orden posible.

Porque la verdad era demasiado clara.

Esto…

ya no era solo un juego.

Ya no era solo provocación.

Ni orgullo.

Ni control.

Era algo que se estaba volviendo más grande que nosotros.

Más peligroso.

Porque si antes lo estaba empujando…

si antes lo estaba provocando…

ahora…

estaba despertando algo que ni él mismo quería enfrentar.

Y lo peor…

es que yo tampoco quería detenerlo.

Y eso…

eso sí podía destruirnos a los dos.

1
Luz elna Cordoba coba
terminar la novela
Anonymous
Póngame el otro capítulo por favor , porqué esperar tanto ?
Nini Marin
muy misteriosa y enigmatica🤔🤔🤔🤔🤔🤔 🙄🙄🙄🙄🙄🙄🙄🫨🫨🫨🫨
Nini Marin
gracias escritora muchas gracias bendiciones éxitos en sus proyectos está muy interesante su historia 🙏🙏🙏🙏👍👍👍👍🙏🙏👍🫂🫂
T.gaitán: muchas gracias por los buenos deseos 🥰 me encanta que te guste mi novela
total 1 replies
Anonymous
Me gusta la novela aunque creo que va muy lenta
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play