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EL TEMIBLE COMANDANTE ES MIO DESEO INCONTROLABLE

EL TEMIBLE COMANDANTE ES MIO DESEO INCONTROLABLE

Status: En proceso
Genre:Romance / Posesivo / Amor prohibido / Completas
Popularitas:21.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

Él es peligroso, distante y está rodeado de mujeres que harían lo que fuera por su poder. Sin embargo, Elena ha tomado una decisión: el hombre más temido del ejército será suyo. Aunque deba romper su propia timidez para reclamar el corazón de hielo que nadie ha logrado incendiar.
En la guerra del deseo, la vulnerabilidad es el arma más letal.

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capitulo 19

El viento del norte no soplaba; aullaba. Golpeaba las lonas de las tiendas militares con la fuerza de un gigante furioso, tratando de entrar en el campamento para congelar hasta el último aliento de vida. Pero dentro de la tienda principal, la atmósfera era radicalmente distinta. El calor de los braseros luchaba contra la escarcha, creando un ambiente asfixiante de vapor, olor a madera quemada y el aroma metálico de la guerra inminente.

Llevábamos tres días de marcha forzada. Mis pies dolían, mi espalda estaba rígida por el traqueteo de los carros, pero mi mente estaba más lúcida que nunca. Había pasado las últimas horas organizando las raciones de suministros médicos, ignorando las miradas curiosas de los soldados que aún no entendían qué hacía la "chica del Comandante" en el frente.

—Señorita Elena... el Duque solicita su presencia —murmuró un guardia en la entrada.

Entré en su sección privada. Alistair estaba inclinado sobre un mapa estratégico, con la luz de las velas proyectando sombras largas y angulares sobre su rostro. Se había quitado la armadura, pero conservaba la túnica de lana negra. Al oírme entrar, no levantó la vista de inmediato. Sus dedos recorrían las líneas del río, buscando una debilidad en el enemigo que yo sabía que estaba buscando en sí mismo.

—Los suministros médicos están listos, Excelencia —dije, mi voz rompiendo el silencio cargado de electricidad—. Hemos optimizado el transporte de los vendajes.

Él levantó la vista. Sus ojos grises estaban inyectados en sangre, no de odio, sino de un agotamiento brutal. Al verme, algo en su expresión se suavizó antes de volver a endurecerse.

—Vuelve a tu litera, Elena. Mañana cruzaremos el paso y no podré garantizar que esta sección sea segura.

—No voy a moverme de aquí hasta que comas algo y descanses —respondí, cerrando la solapa de la tienda tras de mí—. No puedes liderar un ejército si tu mente está en otra parte.

Alistair soltó una risa seca y amarga. Se enderezó, revelando la imponente altura que siempre me hacía sentir pequeña, pero esta vez, no me intimidó.

—Mi mente está exactamente donde debe estar. En la estrategia. En los hombres que voy a enviar a morir.

—Mientes —me acerqué a él, mis botas hundiéndose en las pieles que cubrían el suelo—. Tu mente está en el jardín de Oakhaven. Está en el ala norte. Está en el hecho de que me tienes a diez metros de tu cama y el deber te dice que me ignores, pero tu sangre te dice lo contrario.

Él dio un paso hacia mí, invadiendo mi espacio personal con esa intensidad animal que me hacía vibrar. Podía oler el vino, el humo y ese aroma cítrico y masculino que se me quedaba pegado en la garganta.

—Estás jugando con fuerzas que no entiendes, Elena. Crees que conoces mi pasado y que eso te da derecho a diseccionarme. Pero aquí, en el borde del mundo, no hay reglas de corte. Aquí solo hay vida y muerte.

—Entonces elígeme a mí —susurré, acortando la última pulgada de distancia—. Elige la vida, aunque sea solo por esta noche.

Alistair soltó un gruñido bajo, un sonido que nació en lo más profundo de su pecho, y atrapó mi rostro con sus manos. Sus dedos estaban fríos, pero sus palmas ardían contra mis mejillas. Me miró con una desesperación que me cortó el aliento, como si estuviera viendo a su salvación y a su verdugo al mismo tiempo.

Y entonces, sucedió.

Sus labios chocaron contra los míos con una violencia que me hizo tambalear. Fue un choque de trenes, una explosión de deseo incontrolable que llevaba semanas gestándose bajo capas de protocolo y timidez. Este no fue un beso de tanteo; fue un reclamo. Alistair me besó como si estuviera intentando absorber mi alma, con una voracidad que me hizo gemir contra su boca.

Su lengua invadió la mía con una autoridad absoluta, explorando cada rincón de mi boca con un hambre que me hizo flaquear las piernas. Lo rodeé con mis brazos, mis dedos enredándose en su cabello oscuro, atrayéndolo más hacia mí, si es que eso era posible. El sabor de Alistair era crudo, potente, mezclado con la urgencia de la guerra.

Me empujó hacia atrás hasta que mis caderas golpearon el borde de su mesa de mapas. Los pergaminos cayeron al suelo, pero a ninguno de los dos nos importó. Sus manos bajaron por mi espalda con una firmeza que me hacía vibrar, deteniéndose en mis nalgas para elevarme y sentarme sobre la madera. Mis piernas se envolvieron instintivamente alrededor de su cintura, atrayéndolo hacia el centro de mi calor.

—Maldita seas, Elena... —jadeó contra mi cuello, sus labios dejando un rastro de fuego sobre mi piel—. Te dije que no me provocaras.

—No te provoco... te reclamo —respondí, jadeando mientras sentía cómo sus manos buscaban el dobladillo de mi falda de lana gruesa.

La sensualidad del momento era espesa, casi palpable. El contraste entre el frío gélido que se filtraba por las rendijas de la tienda y el calor abrasador de nuestros cuerpos era una droga. Sentí sus dedos ásperos y callosos por la espada acariciar la parte interna de mis muslos, subiendo con una lentitud tortuosa que me hacía suplicar por más. Su boca no dejaba la mía, devorando mis gemidos mientras su excitación presionaba contra mí, dura y exigente, un recordatorio de que bajo el Comandante había un hombre que estaba a punto de estallar.

Sus besos bajaron por mi escote, sus dientes rozando la tela fina de mi camisa hasta que encontró la piel de mis pechos. Solté un grito ahogado cuando su boca rodeó un pezón a través de la tela húmeda, una sensación tan intensa que sentí que mis sentidos se nublaban. En ese momento, no había ejército, no había rebeldes, no había pasado. Solo existía el roce de su lengua, la fuerza de sus manos y el latido desbocado de dos corazones que habían encontrado su hogar en medio de la tormenta.

Alistair se separó de mi pecho por un segundo, mirándome con los ojos oscurecidos por la lujuria y algo más... algo que se parecía peligrosamente al amor, aunque él nunca lo admitiría. Su pulgar recorrió mi labio inferior, que estaba hinchado por sus besos.

—Si no nos detenemos ahora, Elena... —su voz era un susurro roto—, te haré mía en este mapa. Y mañana tendré que mirarte a los ojos sabiendo que he roto cada defensa que me mantenía con vida.

—Entonces rompe conmigo —dije, tirando de su túnica para que volviera a besarme—. Prefiero morir en tus brazos que vivir segura sin ti.

Él cerró los ojos, soltando un suspiro que pareció vaciarle el alma. Me besó una vez más, un beso cargado de una ternura inesperada que dolió más que su frialdad, y luego, con un esfuerzo de voluntad que solo un hombre como él podía poseer, se apartó.

Me quedé sentada en la mesa, con el cabello desordenado, la ropa en desorden y el cuerpo vibrando con una necesidad insatisfecha. Alistair se dio la vuelta, apoyando sus manos en el otro extremo de la mesa, con la cabeza gacha y los hombros subiendo y bajando con violencia.

—Vete, Elena —dijo, y su voz ya estaba recuperando ese tono gélido que me recordaba al Muro de Invierno—. Mañana tenemos una guerra que ganar.

—Alistair...

—¡He dicho que te vayas! —rugió, girándose con una mirada de puro tormento—. No me obligues a elegir entre mi deber y tú esta noche, porque no te gustará la respuesta.

Salí de la tienda casi tropezando, sintiendo el aire frío de la noche golpearme como una advertencia. Mis labios ardían, mis muslos todavía sentían el calor de sus manos y mi corazón estaba en pedazos. Habíamos tenido nuestro primer beso, un beso de deseo incontrolable, pero el muro se había levantado de nuevo, más alto y más afilado que nunca.

Mientras caminaba hacia mi litera, miré hacia atrás. La silueta de Alistair se recortaba contra la lona de la tienda, solo y rígido. Habíamos quemado el hielo por un momento, pero el invierno todavía era el dueño de su alma.

1
Adriana Eugenia Espinoza Fernandez
un trabajo impecable, me gustó mucho la trama, los personajes, la historia detrás de cada uno, mis felicitaciones para usted
Brighit Charpentier
hay momentos querida y la verdad no lo estás ayudando mucho que digamos
lo mejor que podrías hacer es concentrarte en el trabajo y cuando todo el lío de la guerra pase dar el paso adelante con el
Brighit Charpentier
ahhhhh eres un soldado caído que se niega a admitir su derrota pero te entiendo
por el momento hay que priorizar después te vas a desahogar 😉
veronica pinto
🥰🥰
veronica pinto
Muchas felicidades
veronica pinto
😠😠 Bueno es que a ese rey le patio el cerebro un burro 🤔 le salvan el reino y todavía culpa a Elena 🤨🤨
veronica pinto
😥😥😥🫢🫢🫢 Dios mío ya me estoy quedando sin uñas 🫣🫣 querida Autora 🫢🫢
veronica pinto
😲😲🫢🫢🫣🫣🫣😥😥😥
veronica pinto
🤔🤔 solo una pregunta xq escribe tanto la palabra sensualidad 🤔🤔
veronica pinto
🤨🤨 ojalá y sean fuertes 💪🏻 y que a esa zorra le llegue el karma pronto 🤔🤔
veronica pinto
😲😲😲🫢🫢🫣🫣🫣
veronica pinto
🤦‍♀️🤦‍♀️🤦‍♀️ al chucha entonces también x eso la va a rechazar también 🤷🏼‍♀️🤷🏼‍♀️🤷🏼‍♀️
veronica pinto
hay quiere te un poco más y no te dejes humillar tanto 🤦‍♀️🤦‍♀️ no haces ver mal como mujeres 🤷🏼‍♀️🤷🏼‍♀️
veronica pinto
🤔🤔 nose si la protagonista es persistente o necia 🤔 o no tiene dignidad que se deja humillar 🤔🤔
veronica pinto
🤔🤔 hay Comandante es mejor quemar 🔥 ése documento que te va alejar más de Elena
veronica pinto
👍🏻👍🏻👍🏻👍🏻
veronica pinto
🤔🤔 como que es un poco mazoquista la niña 🤭
Monica L.C . 🇻🇪 🇦🇷
excelente historia,,,super recomendada ,,,,!
Monica L.C . 🇻🇪 🇦🇷
vamos bien Elena 👏🤭😂
Monica L.C . 🇻🇪 🇦🇷
este duque pronto va a caer
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