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QUIERO VOLVER A VERTE

QUIERO VOLVER A VERTE

Status: Terminada
Genre:Romance / Reencuentro / Completas
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Lina Garizao

Sandra, una joven diseñadora floral con un pasado que la persigue, se aferra a la idea de reencontrarse con Guillermo, su primer amor. La vida los separó abruptamente años atrás, dejándola con un vacío y preguntas sin respuesta. Ahora, el destino los cruza de nuevo en la vibrante escena artística de la ciudad. Guillermo, un exitoso arquitecto, carga con sus propias cicatrices y la culpa de una partida inesperada. A medida que sus caminos se entrelazan, el deseo de revivir su pasión es innegable.

NovelToon tiene autorización de Lina Garizao para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 18

Sandra pasó toda la noche dando vueltas al asunto, sin poder conciliar el sueño. Por un lado, su instinto le gritaba que se alejara, que se protegiera de un amor que solo le traía complicaciones y dolor. Por otro, había el deseo incontrolable de estar cerca de él, y la realidad de que este proyecto representaba un salto enorme en su carrera, algo por lo que había trabajado durante años.

A la mañana siguiente, Leondra llegó a la florería con una taza de café caliente y una expresión decidida. Se sentó frente a Sandra, que seguía mirando los documentos como si fueran un rompecabezas imposible de resolver.

—Ya tomé mi decisión —dijo Sandra al verla llegar—. Voy a rechazarlo. Es lo más seguro.

Leondra soltó el café con un golpe suave en la mesa y la miró con firmeza.

—¿Estás loca? —le preguntó directamente—. Sandra, esta es la oportunidad de tu vida. Los Montenegro son una familia influyente, y si haces bien tu trabajo, todos querrán contratarte. Dejar esto pasar por miedo es tirar tu futuro a la basura.

—¡Pero sabes lo que significa! —exclamó Sandra, frustrada—. Estaré con él todos los días, Leondra. ¿Cómo voy a mantener la distancia? ¿Cómo voy a pretender que no siento nada?

—Eso es tu trabajo personal —respondió su amiga—. Separar tus sentimientos de tu profesión. Tú eres una mujer capaz y fuerte. Si él cumple lo que prometió, todo irá bien. Si no, tú tienes el control para terminarlo cuando quieras. No dejes que tu corazón decida lo que es mejor para tu vida.

Las palabras de Leondra calaron hondo. Sandra sabía que tenía razón, pero aun así le costaba aceptarlo. Era como si estuviera caminando por una cuerda floja, sabiendo que en cualquier momento podía caer.

Horas después, cuando Guillermo volvió a llamar para saber su decisión, Sandra respiró profundamente antes de contestar. Su voz sonaba tranquila, pero por dentro estaba hecha un lío.

—Está bien, Guillermo —dijo ella, a regañadientes—. Acepto el proyecto.

Se escuchó el suspiro de alivio al otro lado de la línea.

—Sabía que tomarías la decisión correcta —respondió él con alegría.

—Pero que quede claro —agregó Sandra rápidamente—. Lo hago por mi carrera, por mi futuro profesional. No por ti. Y cada regla que acordamos se cumplirá al pie de la letra. No voy a permitir que nada ni nadie arruine esto para mí.

—Por supuesto —contestó él, aunque Sandra podía notar la emoción que trataba de ocultar—. Será todo como tú quieras.

Cuando colgó el teléfono, Sandra se recostó en su silla, sintiéndose como si hubiera perdido una batalla que ella misma había decidido librar. Leondra le dio una palmada en el hombro con satisfacción.

—¡Bien hecho! —le dijo—. Ya verás que todo saldrá bien. Saldrás de esto siendo una profesional mucho más exitosa, y quizás... quien sabe... también consigas lo que quieres con él.

Sandra solo asintió, pero en su interior sabía que había aceptado el proyecto más por su incapacidad de resistir la cercanía de Guillermo que por cualquier otra cosa. Por más que intentara convencerse a sí misma de que era por trabajo, sabía que su corazón había tenido la última palabra. Y eso la asustaba más que cualquier amenaza de Zaira o cualquier complicación que pudiera surgir.

Durante los días siguientes, Sandra se dedicó a preparar todo lo necesario para empezar el trabajo, pero cada documento que revisaba, cada diseño que esbozaba, le recordaba que pronto estaría compartiendo tiempo y espacio con el hombre que tanto amaba y que tanto dolor le había causado. Se sentía como una prisionera que entraba voluntariamente a su propia celda, sabiendo que las llaves estaban en manos de Guillermo y de sus propias emociones.

Leondra no paraba de animarla, siempre recordándole los beneficios profesionales, pero Sandra sabía la verdad: habría rechazado el proyecto sin dudarlo si no fuera porque la sola idea de no volver a verlo le resultaba insoportable. Era una contradicción constante: su mente le advertía de los peligros, pero su cuerpo y su alma anhelaban su presencia con una fuerza que no podía controlar.

La primera reunión oficial se fijó para el lunes por la mañana en la oficina de Guillermo. Sandra llegó con su portafolio bien organizado, vestida con un traje elegante y serio, intentando proyectar la imagen de la profesional que quería ser, dejando de lado a la mujer enamorada que llevaba dentro. Cuando entró al despacho, Guillermo ya la estaba esperando. Al verla, sus ojos se iluminaron inmediatamente, y aunque intentó mantener la compostura profesional, Sandra pudo leer en su mirada todo lo que él intentaba ocultar.

—Buenos días, Sandra —la saludó él, levantándose y tendiéndole la mano con formalidad—. Me alegra que estés aquí.

—Buenos días, Guillermo —respondió ella, estrechando su mano brevemente, aunque el simple contacto le provocó ese cosquilleo familiar que tanto intentaba evitar—. Traigo los primeros bocetos y algunas propuestas que me gustaría que revisaras.

Se sentaron frente a frente, separados por el amplio escritorio, y durante casi una hora hablaron de medidas, de especies de plantas, de estilos arquitectónicos y de los gustos de los clientes. Todo parecía ir tal como habían acordado: estricto, formal, profesional. Pero cada vez que sus miradas se cruzaban por un instante más de lo necesario, cada vez que él le hacía un comentario elogiando su talento, cada vez que ella notaba cómo él se inclinaba un poco más hacia ella para escucharla, la barrera que intentaban construir se volvía más fina y frágil.

En un momento de silencio, mientras revisaban un plano juntos, la mano de Guillermo rozó accidentalmente la de ella. Fue un roce mínimo, casi imperceptible, pero para ambos fue como si hubieran recibido una descarga eléctrica. Sandra retiró la mano rápidamente, mirando hacia otro lado para ocultar el rubor que le subía por las mejillas. Guillermo, por su parte, se quedó mirándola con una expresión que mezclaba deseo y ternura, olvidándose por completo de lo que estaban hablando.

—¿Guillermo? —lo llamó ella, intentando recuperar el control—. ¿Qué te parece esta zona de estanque?

Él parpadeó, volviendo a la realidad, y asintió con dificultad.

—Sí... sí, es perfecta. Todo lo que haces es perfecto, Sandra.

El comentario, dicho con un tono que nada tenía que ver con el trabajo, lo dijo todo. Sandra comprendió entonces que por más reglas que pusieran, por más distancia que intentaran mantener, su conexión era más fuerte que cualquier acuerdo. Había aceptado el proyecto a regañadientes, convencida por Leondra y por su propia ambición, pero en el fondo sabía que la verdadera razón era que simplemente no podía mantenerse alejada de él. Y ahora, sentada allí frente a él, comprendió que lo que venía sería mucho más complicado de lo que imaginaba.

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