se trata sobre una joven de 25 años que sufre al lado de su madre maltratos y abusos hasta que finalmente fallece por una enfermedad terminal y renace en su novela favorita como la villana de la historia
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capítulo 18
La atmósfera en la recámara de Alfonso cambió drásticamente. El estruendo de los objetos rompiéndose cesó, reemplazado por un silencio sepulcral. Alfonso se dejó caer entre los restos de mármol y madera astillada, con las manos vacías y la mirada perdida en la oscuridad de las escamas de Lulú. Por primera vez, el peso de la realidad no le produjo rabia, sino un vacío asfixiante: se dio cuenta de que no perdió a Elizabeth por el destino o por Hades, sino por su propia culpa.
Mientras tanto, en la entrada de la catedral, el aire era fresco y olía a triunfo.
—Ha sido una ceremonia impecable, Majestades —dijo Hades, su voz profunda resonando en el atrio—. Les agradezco su hospitalidad y la confianza depositada en esta unión se los agradezco mucho tío, tía.
El Emperador asintió con una mezcla de respeto y alivio, mientras la Emperatriz miraba a Elizabeth, buscando en sus ojos algún rastro de la niña que solía ser. Pero solo encontró a una mujer que había recuperado su pasado y, con él, su temple.
Hades se dirigió entonces a los padres de Elizabeth con un tono más suave, pero decidido:
—Es momento de que Elizabeth comience su nueva vida. Mañana mismo partiremos hacia mi palacio. Deseo que se familiarice con su nuevo entorno, con sus súbditos y con el peso de su posición sin las distracciones de la corte central. Allí, en mi hogar, ella encontrará la paz que este lugar ya no puede ofrecerle.
—espero y cuides muy bien de mi calabacita Hades—dice el padre de Elizabeth
—Cuídala bien, Hades —susurró la madre de Elizabeth, apretando ligeramente la mano de su hija—. El camino hacia tu reino es largo.
—Estará más segura de lo que jamás ha estado —respondió Hades, lanzando una mirada fugaz hacia el ala norte del palacio, donde Alfonso permanecía encerrado—. Nadie volverá a tocarla
Elizabeth no miró atrás. Con un gesto elegante, permitió que Hades la guiara hacia el carruaje negro y plata que los esperaba, dejando atrás las ruinas de una infancia manipulada para reclamar un trono de verdadera voluntad.
contexto: el reino que se menciona es un lugar que Hades creó para refugiar aquellos que perdieron a sus familias en aquellas guerras atroces pero es un lugar tranquilo y Pacífico donde todos son respetados no importa su clase social es un reino próspero
con buenas cosechas. no solo está forjado por guerreros sino que también por magos y aprendices y variadores de criaturas mágicas del reino de las bestias.
{continuamos}
Mientras el carruaje se alejaba de la catedral, dejando atrás el lujo decadente y los secretos oscuros de Alfonso, Hades y Elizabeth se perdían en la noche.
el carruaje se detuvo frente a una estructura que desafiaba toda expectativa. No era el castillo sombrío y gélido que los rumores de la corte describían; era una edificación vasta, integrada con la naturaleza, cuyas piedras parecían haber sido colocadas con una paciencia casi sagrada.Al bajar del carruaje, Elizabeth se quedó sin aliento. La entrada no estaba custodiada por gárgolas ni soldados de armaduras pesadas, sino por grandes arcos de piedra cubiertos de enredaderas que florecían incluso en la penumbra.
—Bienvenida a casa, Elizabeth —dijo él en un tono bajo, casi protector—. Aquí el suelo que pisas es firme. No hay trampas. Solo este hogar y la gente que lo mantiene en pie.
Elizabeth colocó su mano sobre la de él. El contacto fue sólido, una realidad tangible que contrastaba con la inestabilidad que había sentido durante tanto tiempo. Mientras descendía del carruaje, sus ojos recorrieron la fachada: las piedras gastadas pero limpias, las flores que crecían en las grietas y la paz que respiraba cada rincón del lugar.