NovelToon NovelToon
SIGO AQUÍ

SIGO AQUÍ

Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Amor eterno
Popularitas:2.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Maggy Mouses

🚫 Novela en Emisión 🚫

Molly Dumont vive en un mundo de sombras donde nadie puede oírla. Tras un trágico accidente, todos creen que su mente se ha ido para siempre, pero ella está ahí, escuchando cada secreto, cada traición y cada suspiro.

​Axel Brunner, el CEO del Holding Arcane, se casó con ella por un pacto de poder, pero ahora se encuentra librando la batalla más importante de su vida: proteger a la mujer que todos llaman "un cuerpo vacío". Mientras la justicia intenta arrebatársela y un tío ambicioso busca destruirla, Axel descubrirá que el amor no necesita palabras, y que Molly está enviando señales que solo un corazón dispuesto a escuchar puede entender.

​¿Podrá Axel salvarla antes de que el tiempo se agote? ¿Logrará Molly romper las cadenas de su silencio antes de perderlo todo?

NovelToon tiene autorización de Maggy Mouses para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 2: Los Escombros del Silencio

El eco de los pasos de Axel Brunner todavía resonaba en el lujoso restaurante madrileño, dejando tras de sí un vacío que pesaba más que el granito. Molly se quedó de pie, con la mano aún extendida hacia donde, segundos antes, reposaba el contrato que debía salvar el legado de su familia. El aire acondicionado del local, que antes parecía reconfortante, ahora le calaba los huesos como una ventisca alpina.

—¿Qué... qué demonios acaba de pasar? —susurró Chloe, rompiendo el silencio sepulcral. Su voz, usualmente chispeante, sonaba apagada por el desconcierto.

Molly no respondió de inmediato. Sus piernas flaquearon y se dejó caer en la silla de terciopelo con un golpe seco. Sus ojos, fijos en la servilleta de lino que Axel había arrugado antes de salir, buscaban una respuesta lógica que no existía.

—Se marchó, Chloe. Se llevó el contrato sin firmar y me miró como si... como si yo fuera un fantasma —Molly se pasó las manos por el rostro, tratando de borrar la imagen de esos ojos gris acero tornándose gélidos—. Mi padre... Dios, mi padre cuenta con esto. No puedo volver a casa con las manos vacías. No puedo fallarle así.

Chloe se acercó rápidamente y rodeó los hombros de su amiga con un abrazo firme, ese refugio seguro que habían construido durante años de confidencias.

—Molly, mírame —le pidió con suavidad pero con firmeza—. No has fallado. Algo grave ocurrió, lo viste en su cara. Ese hombre parecía haber visto el fin del mundo en su teléfono. No des nada por perdido todavía. Respira, por favor.

—Es que no lo entiendes —Molly levantó la vista, sus ojos empañados por la frustración—. La forma en que lo dijo... "Estamos atados de una forma que nada tiene que ver con hoteles". ¿Qué significa eso? No lo conozco de nada, Chloe. Somos extraños firmando un papel de negocios. ¿Cómo podemos estar atados?

—Tal vez sea un error, o una confusión de su asistente —intentó consolarla Chloe, aunque ella misma estaba inquieta—. Mañana lo buscaremos, o iremos a sus oficinas. Pero ahora, necesitamos salir de aquí. Estás temblando y no vas a solucionar nada mirando una mesa vacía.

El regreso al hotel fue un trayecto fantasmal. Madrid seguía viva, con sus luces y su bullicio, pero dentro del coche de lujo que las transportaba, el silencio era absoluto. Al llegar a la suite, aquella que horas antes había sido escenario de saltos y risas, Molly se sintió pequeña. El teléfono en su bolso vibró: era su padre.

Miró la pantalla con el corazón encogido. "Papá", decía el identificador. No podía contestar. ¿Qué le diría? ¿Que el socio que él tanto respetaba había huido de la cena como si ella fuera una maldición?

Dejó el móvil sobre la mesa de noche y se desplomó en la cama, aún vestida.

—No voy a poder dormir —murmuró hacia el techo—. Solo veo su cara. Esa expresión... era como si de repente yo fuera su peor enemiga.

Chloe se sentó al borde de la cama, quitándole con cuidado los zapatos a su amiga.

—Trata de cerrar los ojos, Molly. Mañana el sol saldrá en Madrid y buscaremos respuestas. Yo me quedaré aquí contigo, no te voy a dejar sola en este lío.

Mientras tanto, en el asfalto privado del aeropuerto de Barajas, el motor de un jet ejecutivo rugía, listo para desafiar la noche. Axel Brunner caminaba por la pista con zancadas largas, su abrigo negro ondeando al viento. Hans iba dos pasos detrás, tecleando en su dispositivo, mientras Stefan intentaba mantener el ritmo.

—¡Axel, por el amor de Dios, detente un segundo! —exclamó Stefan, recuperando el aliento—. ¡Casi dejas a la pobre chica con un trauma psicológico ahí dentro! ¿Me vas a decir qué decía ese maldito mensaje o tengo que adivinarlo por tu cara de funeral?

Axel se detuvo en seco al pie de la escalerilla del avión. Se giró lentamente, y el resplandor de las luces de la pista iluminó un rostro que mostraba una furia contenida. Sin decir una palabra, sacó la tablet que Hans le había entregado y se la extendió a su amigo.

Stefan lo tomó con curiosidad, pero a medida que sus ojos recorrían las líneas legales y el sello oficial de la notaría de los Brunner, su habitual sonrisa desapareció. Soltó un silbido largo y bajo.

—Maldita sea, Axel... —Stefan levantó la vista, genuinamente impresionado—. Esto es una jugada de ajedrez de las que te dejan sin reina. ¿Tu padre realmente hizo esto? Es casi una sentencia.

—Necesito una explicación —rugió Axel, subiendo al avión de dos en dos—. Mi padre me enseñó que los negocios son fríos, pero esto cruza una línea. No voy a ser el peón de nadie.

—¿Y qué piensas hacer? —preguntó Stefan, siguiéndolo a la cabina mientras Hans cerraba la escotilla—. Si no aceptas, el Holding podría entrar en una disputa legal que nos hundiría en meses.

—Pienso llegar a Zúrich y exigir la verdad —respondió Axel, apretando los puños—. Y si esa chica, Molly Dumont, tiene algo que ver con este engaño... deseará no haberme conocido nunca.

El vuelo fue corto pero tenso. Al aterrizar en Suiza, el frío seco de la madrugada recibió a Axel como un viejo conocido. Se dirigió directamente a la mansión familiar, una estructura de cristal y madera noble enclavada en las colinas que rodeaban el lago.

Al entrar, el silencio de la casa le indicó que algo no andaba bien. No era el silencio de la paz, sino el del hospital.

Al entrar a la habitación, encontró a su madre, Eva Brunner. Ella era la personificación de la elegancia suiza; una mujer de cabellos plateados que mantenía una elegancia envidiable incluso en medio de la angustia.

—Hijo... —susurró, acercándose para abrazarlo. Axel se inclinó para besar su frente, suavizando su postura solo ante ella.

—Madre. ¿Cómo está él?

—Está descansando, Axel. Fue un susto horrible, su corazón volvió a quejarse, pero está estable por ahora —Eva lo tomó de las manos—. Ven, salgamos del pasillo, no quiero que nos oiga.

Bajaron a la cocina, donde el aroma a café recién hecho intentaba disfrazar la tensión.

—¿Cómo te enteraste tan rápido? —preguntó Eva—. Pensé que estarías en esa cena en España.

Axel dejó la tablet sobre la encimera.

—Estaba allí, madre. Pero pedí a Hans que investigara a fondo antes de firmar. Resulta que hay una cláusula que nos vincula a Molly Dumont y a mí de una manera que no entiendo.

Eva suspiró, mirando por el ventanal hacia el jardín cubierto de rocío.

—Tu padre siempre ha hecho lo que creía necesario para protegernos. A veces, sus métodos son... complicados. Pero no es momento de pelear. Quédate a descansar, hijo. Mañana, cuando él despierte y recupere fuerzas, podrás hablar con él cara a cara.

Axel asintió en silencio, pero no tenía intención de dormir. Se quedó solo en la cocina, mirando fijamente el papel que reposaba sobre la mesa. Su mente viajó de regreso a Madrid, a la imagen de Molly Dumont bajo la luz del restaurante. Parecía tan inocente, tan profesional... ¿Era ella parte del plan de su padre o era otra víctima más de los juegos de poder de los viejos magnates?

Se levantó y caminó hacia el despacho de su padre. Sabía que allí encontraría las respuestas. Al encender la luz, vio una carpeta sobre el escritorio con un nombre que le hizo dar un vuelco al corazón. No era el nombre de la empresa, ni el de la alianza.

Era una fotografía de Molly Dumont, pero mucho más joven, y detrás de ella, una nota escrita de puño y letra por su padre que decía: "Una promesa sellada por el destino".

1
Sakura
más
Sakura
ya se terminó
Sakura: a ok ok ya había asustado por que me parece muy interesante
total 2 replies
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play