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El Papá De Mi Alumno

El Papá De Mi Alumno

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido
Popularitas:3.6k
Nilai: 5
nombre de autor: liligacaño

Después de perder al amor de su vida, él juró que su corazón quedaría enterrado junto a su esposa. Convertido en padre soltero, su único motivo para seguir adelante es su pequeño hijo… hasta que un nuevo comienzo los lleva a un lugar inesperado.
Ella es una dulce y dedicada profesora de preescolar, amante de los niños y de las pequeñas historias felices que se construyen día a día en su aula. Su vida es tranquila, organizada… hasta que él aparece.
Desde la primera mirada, algo cambia. Lo que comienza como simples encuentros en la hora de salida, se convierte en una conexión imposible de ignorar. Pero no todo es tan sencillo: el pasado aún duele, las heridas no han sanado del todo y el mundo no siempre acepta lo que no entiende.
Entre risas infantiles, dibujos de colores y miradas que dicen más que mil palabras… nace un amor que ninguno de los dos estaba buscando.
¿Podrá un corazón roto volver a amar?
¿Y hasta dónde estarán dispuestos a luchar por un sentimiento que no debía existir?
Un

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Capítulo 17 — Demasiados días sin verla

Tenía quince largos días sin ver a María José… y la verdad, no había servido de nada.

Por más que evitaba mirar sus estados o sus historias, no podía dejar de pensar en ella, dejar de desear verla… incluso besarla otra vez.

Soñaba con tenerla a mi lado.

Pero me hacía el fuerte.

No la busqué ni le escribí más, porque ella tenía razón: esto no iba para ningún lado.

A los pocos días de haber decidido dejar todo hasta ahí, Samuel salió con un comentario que me dejó pensando.

Me dijo que él no quería otra mamá… y que, si algún día llegaba a tener una, quería que fuera su tía Valentina, porque era la única que aceptaría.

Sé perfectamente que esas ideas se las meten Valentina y mi suegra. Estoy seguro de que le llenan la cabeza con eso para que no acepte a nadie más.

Ellas quieren, sea como sea, que yo termine enredándome con Valentina.

Pasaron los días y llegó una notificación del colegio de Samuel informando que el viernes habría reunión de padres.

Valentina se ofreció para ir.

Por un momento pensé que era lo mejor… pero después cambié de idea.

No.

Iría yo.

Samuel es mi hijo, ese es su colegio… y María José es su profesora.

Era algo que debía enfrentar.

Aunque no voy a negar que sentía alegría y nervios de saber que volvería a tenerla frente a mí.

Y sí… llegó el día.

Me bañé y me cambié en la oficina.

Me puse una camisa negra, dejando desabrochados los primeros botones del pecho, y un pantalón negro.

Después me fui para la reunión.

Apenas llegué, lo primero que vi fue a María José.

Estaba sentada hablando con otros profesores.

Ella todavía no me había visto.

La reunión siguió su curso y llegó el momento en que empezaron a llamar una por una a las profesoras.

Entonces salió María José.

Y Dios…

Se veía hermosa.

Llevaba un vestido palo de rosa, por encima de la rodilla, que le marcaba perfectamente ese cuerpo espectacular y dejaba sus piernas al descubierto.

Mi corazón dio un salto.

La miré fijamente.

La verdad, sentía demasiado deseo.

Quería sacarla de ahí y llevármela lejos, a un lugar donde solo existiéramos ella y yo.

Ella sostuvo mi mirada por unos segundos… pero luego la apartó y volvió a sentarse.

Llegó el momento de entrar al salón y me dirigí hacia allá.

Cuando entré ya había varios padres. Creo que el único que faltaba era yo.

—Buenas noches —dije.

Todos voltearon a verme y respondieron el saludo.

María José también me miró.

—Buenas noches. Siga y se sienta, por favor.

—Gracias. Permiso.

Ella siguió hablando con la madre que tenía al frente, mientras yo… simplemente no podía dejar de mirarla.

De admirarla.

La forma tan elegante de expresarse, ese tono de voz tan suave y seguro, la facilidad con la que hablaba con todos…

Era perfecta para mis ojos.

Jamás había conocido a alguien así y eso me encantaba.

Fueron pasando los padres uno por uno. Firmaban documentos, hablaban con ella, preguntaban cosas de sus hijos.

Y ella reía.

Sonreía.

Explicaba todo con paciencia.

Yo quise quedar de último.

Por eso esperé.

Y al final… solo quedamos nosotros dos.

Me acerqué y me senté frente a ella.

No sabía cómo actuar.

Desde que lo vi entrar al salón, todo se movió dentro de mí.

Me puse nerviosa.

Respiré profundo e intenté actuar como si él no estuviera ahí, pero era inevitable.

Sentía su mirada sobre mí.

Y aunque disimulaba, por dentro me moría de nervios.

Cuando al fin quedamos solos, levanté la mirada y hablé primero.

—Buenas noches, señor Alejandro.

Le pasé unos documentos.

—Mire, estas actas y documentos hay que firmarlos… y esta es la hoja de asistencia.

Cuando se los entregué, nuestras manos se rozaron.

Mi corazón se aceleró de inmediato.

“Es solo el papá de un alumno”, me repetí mentalmente.

“Deja de ser tan boba.”

Él empezó a firmar y luego preguntó:

—¿Y cómo se está portando Samuel?

Lo miré.

Él tenía sus ojos clavados en los míos.

—Bien. Es un niño muy juicioso, muy cariñoso e inteligente.

—Aprende rápido.

—Sí, de eso me doy cuenta todos los días. Llega contándome todo lo que la “profe Maia” le enseñó.

Lo dijo riéndose.

Y yo sonreí también, porque Samuel todavía no podía pronunciar bien la R.

—Sí… es demasiado inteligente.

—Y usted es muy buena profesora. Le he visto mucho avance a Samuel.

—Gracias. Y él le tiene mucho cariño.

Lo miré y respondí suavemente:

—No tiene que agradecer. Es mi trabajo… y además yo también le tengo mucho cariño. Samuel es un niño muy especial. Se gana el corazón de cualquiera.

Su expresión cambió un poco.

—Sí… a él le ha afectado mucho la falta de su mamá. Ha sido un proceso difícil.

Sentí un nudo en el pecho.

Respiré profundo antes de responder.

—Sí, es una situación difícil. Y además todavía es muy reciente. Samuel está pequeño y necesita mucho cariño. No digo que eso vaya a reemplazar el amor de una madre… pero sí puede hacer el proceso más llevadero.

—Por eso todo lo que hago es por él. Trato de dedicarle el tiempo necesario.

Asentí lentamente.

—Sí. Él me cuenta que hace muchas cosas contigo y con su tía Valentina… incluso me dijo que le gustaría que ella fuera su mamá.

Lo dije intentando sonar tranquila, aunque la verdad esa conversación me había dolido muchísimo cuando Samuel me la contó.

Porque entendí perfectamente lo que quería decir.

Y no supe qué responderle.

Alejandro me miró fijamente.

—Sé que esas ideas se las meten la tía y mi suegra… pero quiero que sepas que eso no está en mis planes. Si ellas viven conmigo es únicamente por Samuel. Separarlos ahora sería un cambio muy difícil para él.

Su explicación me tomó por sorpresa.

Pero aun así respondí con frialdad.

—No, tranquilo. Solo le comentaba lo que Samuel me dijo. No le estoy pidiendo explicaciones, señor Alejandro.

Vi cómo algo en su expresión se apagó.

—O sea que usted cree que eso es lo que debería hacer… ¿formar un hogar con la tía de Samuel?

—Eso ya es decisión suya. Yo solo le expresé lo que Samuel siente.

Él sonrió con tristeza.

Y por un segundo sentí que lo que realmente quería hacer era besarme ahí mismo.

Terminó de firmar los documentos y me los entregó.

Nuevamente nuestras manos se rozaron.

Me miró fijamente y dijo:

—Voy a tener en cuenta lo que me dijo.

Fruncí ligeramente el ceño.

—¿Qué cosa?

—Lo de la tía de Samuel.

Lo dijo observando mi reacción.

Y aunque intenté disimular, sé que mi expresión cambió.

Porque sí…

Me dolió.

—Pues sí, señor Alejandro. Usted debe buscar el bienestar de Samuel y el suyo. Si eso les hace bien a los dos, entonces tome la mejor decisión.

Él sostuvo mi mirada unos segundos.

Y después dijo algo que me dejó completamente inmóvil.

—Ese es el problema… que lo que a mí me hace bien es usted.

Abrí los ojos sorprendida.

Mi corazón empezó a latir con fuerza.

—Por favor, señor Alejandro… ya habíamos hablado de eso. ¿Necesita saber algo más de Samuel?

—No. Tranquila, entiendo.

Se levantó lentamente.

—Permiso… ya me voy.

Tomó aire y antes de salir agregó:

—Y está demasiado bella. Ese vestido le queda hermoso.

Después salió del salón.

Y yo me quedé ahí…

Completamente inmóvil.

1
Maria Garcia
ay no vieja envidiosa que Alejandro la saqué de su casa y cuide amaría jose
Maria Garcia
Alejandro abre los ojos y cuída.y alluda amaría José te BA a necesitar y despide atu cuñada y suegra mandalas avolar
Maria Garcia
ayno pinche vieja de Valentina ojalá y todo le salga mal y Alejandro las saque de su casa
Rosana Ochoa
para leer la segunda parte por q lo cortas así como la busco
Maria Garcia
si que descubra aValentina y que se de cuenta que lo quiere separar de ella
Maria Garcia
si por fin están juntos
Maria Garcia
si que vien que se dejen de jugar
Maria Garcia
si que se balla de esa casa y viva aparte sin cuñada ni suegra que las mande avolar
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