fantacia urbana y drama psicológico
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Capitulo 19: Currículum Oculto
Tarde. El jardín era un incendio de colores con el sol de las cinco. Elías estaba tirado en el pasto, panza abajo, con _Los tres mosqueteros_ abierto. Leía en voz alta porque Cabrera dijo que "así se practica".
"...y entonces D'Artagnan desenvainó su espada y gritó: '¡Uno para todos y todos para...'", leyó Elías. Se trabó. "¿Para qué?"
"Para uno", dijo Felix sin levantar la vista. Estaba agachado al lado del mandarino, sacándole una hoja amarilla. Con pinza de depilar. Las tres mandarinas ya estaban naranja fuerte. Dos semanas casi cumplidas.
Elías lo miró. "¿Vos viste la peli?"
"No", dijo Felix. "Me lo leí de chico. Antes que a vos."
Cabrera tomaba mate en el banco de piedra, cagado de risa para adentro. Newt regaba las hortensias con la manguera, pero poca presión. Porque Felix dijo que mucha presión mata.
"Felix sabe esas cosas", dijo Newt de golpe. Cerró la manguera. "La esgrima no es lo único. Cuando era chico el padre lo metió en todo."
Felix se quedó quieto con la pinza en la mano. No lo miró. "Newt."
"¿Qué?", dijo Newt. Inocente. No inocente. "Es verdad. Kung fu. Cinco años. Sanda. Y antes de eso, kendo. Espada japonesa, no florete. Y después, cuando se aburrió de eso..."
"Newt", repitió Felix, ahora sí mirándolo. "Cerrá el pico."
"¿Y después qué?", dijo Elías. Se sentó de golpe, el libro olvidado. "¿Qué más? ¿Qué más sabe?"
Newt se encogió de hombros, pero sonreía. "Dibujo técnico. Planos. El padre quería que sea arquitecto antes de que fundiera todo. Felix te dibuja una casa en diez minutos con las medidas justas. Y te dice por dónde entrar sin que te vean."
Cabrera escupió el mate. "¿Eso también? ¿Y yo que lo hacía revisar el portón con el bate?"
"El bate es práctico", dijo Felix, volviendo al mandarino como si no pasara nada. "Lo demás es... era. De antes."
Elías lo miraba con la boca abierta. "¿Kung fu? ¿Como en las pelis? ¿Podés romper tablas y eso?"
"Podía", dijo Felix. "Ahora me duele la rodilla cuando llueve. Así que no."
"¿Y kendo?", siguió Elías, ya parado al lado de Felix. "¿Eso es con la espada grande? ¿La curva? ¿Katana?"
"Sí", dijo Felix. Le sacó otra hoja amarilla al mandarino. "Pero no tengo. Vendí todo hace años. Para comer."
Se hizo silencio. El de verdad. No incómodo. De los que pesan.
Newt dejó la manguera enrollada. Se secó las manos en el pantalón. Miró el jardín: perfecto. Miró la casa: entera. Miró a Cabrera: vivo. Miró a Elías: seguro. Miró a Felix: agachado, cuidando una planta como si fuera oro.
"Por eso lo digo", dijo Newt. No miraba a nadie. Miraba el paredón con la Santa Rita trepando. "Porque acá adentro está todo bien. Hay panqueques, hay libros, hay mandarinas que en dos días se comen. Pero afuera..."
Señaló con la cabeza para la calle, sin verla. "Afuera sigue el tío. Sigue el teléfono sonando y nosotros no atendiendo. Sigue Martín mudo viendo todo. Sigue el mundo."
Elías abrazó el libro contra el pecho. Entendió. Diez años, pero entendió. "Por eso Felix sabe todo eso", dijo bajito. "Por si acá adentro se rompe."
Felix no contestó. Agarró la regadera. Le puso agua al mandarino. Poca. En la raíz. No en la hoja.
"Saber no ocupa lugar", dijo al final. "Y no se gasta. Lo tenés aunque no lo uses. Como el bate. Como el portón con candado. Como mirar antes de abrir."
"¿Y lo de dibujar?", dijo Elías, más bajito. "¿Eso para qué sirve?"
Felix terminó de regar. Dejó la regadera. Lo miró a Elías. "Para saber dónde están las escaleras. Dónde están las ventanas. Dónde está la salida. Si alguna vez tenés que salir corriendo."
Newt no dijo nada. Pero se le aflojaron los hombros un poco. Porque Felix no dijo "si tenemos que pelear". Dijo "si tenés que salir corriendo". Pensaba en Elías. Ya pensaba en Elías.
Cabrera se paró. Con un té listo "Ya. Suficiente clase por hoy. Elías, adentro. Es hora de la leche y después bañarse. Mañana seguís con los mosqueteros."
Elías obedeció. Subió los escalones de la puerta de servicio con el libro. Antes de entrar, se dio vuelta. "Felix", dijo. "Cuando las mandarinas estén... ¿me dejás probar una? ¿Aunque sea un gajo?"
Felix lo miró. Diez años. Preguntando permiso para una mandarina. Sabiendo kung fu, kendo, esgrima, dibujo técnico, y preguntando permiso para una mandarina.
"Mañana", dijo Felix. "Mañana están. Y comemos una. Cada uno un gajo. Las tres alcanzan justo."
Elías sonrió entero. Entró corriendo.
Quedaron los tres grandes. El jardín se quedaba sin sol. Las caléndulas se cerraban. Los girasoles ya miraban al oeste, dormidos.
"Lo largaste para que no se asuste", dijo Felix. No era pregunta.
"Lo largué para que sepa", dijo Newt. "Que si pasa algo, vos sabés más que bate. Que no estamos en bolas. Que si viene el tío, no viene a buscar a tres tipos y un nene que leen libros. Viene a buscar a tres tipos que saben defenderse y un nene que vamos a sacar cagando."
Felix asintió. Una vez. "Bien."
"Pero", siguió Newt, bajando la voz aunque Elías ya estaba adentro. "Pero no bajamos la guardia. Regamos, leemos, comemos mandarinas. Todo eso. Pero la puerta se cierra con llave. La ronda se hace. El portón se mira. Porque el jardín está hermoso, y la casa está viva, y Elías está seguro. Y eso es justo lo que no podemos perder."
Cabrera le puso una mano en el hombro a Newt. "No se pierde, joven. No mientras estemos los tres."
"Cuatro", corrigió Felix. Miró el mandarino. "Ahora somos cuatro."
Las sombras, desde el cuarto de arriba, escucharon todo. _Kung fu. Kendo. Dibujo técnico. Bate. Y ahora un nene. Estamos rodeados. Pero... pero si el nene se va, ¿se llevan el kung fu? Mejor que se quede. Sí. Que se quede. Nosotras no nos metemos con él y él no nos mete un florete. Trato._.
No contestaron. Pero no jodieron en toda la noche.