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La Promesa Del Brujo

La Promesa Del Brujo

Status: Terminada
Genre:Reencarnación / Reencarnación(época moderna) / Pareja destinada / Brujas / Amor en la guerra / Familias enemistadas / Completas
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Estefaniavv

Ella no recuerda nada. Él no puede olvidar. Atados por una maldición que los obliga a renacer para perderse, Rose y Dagmar se encuentran de nuevo en el siglo XXI. Él es un brujo que desafía las leyes de la magia; ella, una estudiante de arte que ignora su pasado real. ¿Podrá esta vez, Dagmar cambiar el destino?

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Capítulo 14: Primera clase

—Yo apoyaré lo que tú decidas, Rose. Siempre lo hemos hecho. Si esto es lo que sientes, si los recuerdos han vuelto a ti, entonces no hay vuelta atrás. Pero tenemos que iniciar desde ya. Las clases de magia no pueden esperar; mientras menos tiempo perdamos, más posibilidades tendrás de sobrevivir cuando ese escudo falle.

Egle, sin embargo, soltó un suspiro de frustración y golpeó suavemente la mesa.

—A mí me parece una idea terrible —sentenció con voz ronca—. ¿Cuántas veces lo han intentado en el pasado y cuántas veces ha terminado en cenizas? No lo sé, Rose... mi instinto me dice que esto solo acelerará el final.

—Solo les pido que me apoyen —le supliqué, mirándola a los ojos—. Ustedes han sido mis madres, mis guías. Quiero que estén conmigo en esto, no quiero pelear esta guerra sola.

Egle me miró largamente. Sus ojos se suavizaron al ver la determinación en mi rostro, una determinación que seguramente reconoció de las "otras" Rose que cuidó su linaje.

—Si no queda de otra... —murmuró finalmente—. Jamás te dejaríamos, niña terca. Si vas a entrar en la boca del lobo, lo haremos juntas.

Un alivio inmenso me recorrió el cuerpo. El primer obstáculo, el de mi propia familia, había sido superado.

—Gracias. Aprovechando que mis vacaciones de la facultad comienzan hoy mismo, iniciaremos el entrenamiento de inmediato. No podemos perder ni un segundo. Solo debo renunciar al café; ya no es prudente exponerme en lugares públicos ni gastar energía en una normalidad que ya no existe.

—Yo me encargaré de eso —dijo Clarisa, levantándose con una nueva resolución—. Puedo ir a llevar tu carta de renuncia y buscar una excusa creíble. Diré que tienes que viajar por una emergencia familiar o que te ha surgido una beca de investigación intensiva. Nadie sospechará.

—De acuerdo —asentí, sintiendo cómo la adrenalina empezaba a sustituir al cansancio—. En una hora saldré hacia el castillo. Dagmar me espera para comenzar las prácticas.

Subí a mi habitación para prepararme. Mientras guardaba algunas cosas en mi mochila, me detuve frente a la ventana. El mundo exterior parecía el mismo: los vecinos paseando a sus perros, el cartero haciendo su ronda, el sol brillando sobre el asfalto. Pero para mí, el velo se había rasgado. Ya no era una estudiante de filosofía analizando la realidad; ahora yo era la realidad que la ciencia no podía explicar.

Me toqué el collar y cerré los ojos por un segundo, buscando la presencia de Dagmar en mi mente. Podía sentirlo, como un faro en la distancia, esperándome. Mi vida normal se había terminado, pero por primera vez en siglos, sentía que finalmente iba a empezar a vivir de verdad.

Una hora después, crucé el umbral de la puerta de casa. Mis tías me despidieron desde el porche, sus rostros eran una mezcla de plegaria y despedida. Caminé hacia el coche que Dagmar había enviado para buscarme, sabiendo que, al subirme, dejaría atrás a la Rose que solo creía en lo que podía ver, para convertirme en la Rose que el destino siempre quiso que fuera.

El trayecto hacia el castillo se sintió distinto esta vez. Ya no era una extraña siendo conducida hacia lo desconocido; era una mujer regresando a un hogar que su alma recordaba, aunque sus ojos apenas estuvieran reconociendo. Al llegar, Dagmar me esperaba en el gran salón de mármol. El ambiente estaba cargado de un silencio expectante, interrumpido solo por el chisporroteo de una chimenea que parecía arder con una llama demasiado azul para ser natural.

—Estás aquí —dijo él, y su voz resonó en las bóvedas del techo como una nota musical perfecta

—. Sentí tu decisión antes de que cruzaras el portón. Gracias por confiar en mí, Rose.

—No es solo confianza, Dagmar —respondí, dejando mi mochila sobre una silla de terciopelo—. Es que ya no puedo fingir que esa otra vida, la de los libros y los cafés, es la única que tengo. Mis tías están aterradas, pero han aceptado apoyarnos. Clarisa fue a entregar mi renuncia hace una hora. Oficialmente, he dejado de ser una estudiante común.

Dagmar asintió con gravedad y se acercó a mí. Su presencia siempre me causaba esa mezcla de seguridad y vértigo.

—Entonces no perdamos más tiempo. El escudo del collar es poderoso, pero la Orden no es tonta. Si notan un "agujero negro" en sus radares de búsqueda donde antes había una señal débil, empezarán a enviar rastreadores físicos. Debes ser capaz de defenderte antes de que eso ocurra.

Me guio hacia una habitación que no había visto antes: un solárium acristalado que daba hacia el abismo de la montaña. En el centro, no había muebles, solo un intrincado grabado en el suelo que parecía un mapa estelar.

—La magia no es algo que "haces", Rose —explicó, parándose frente a mí—. Es algo que dejas fluir. En tus vidas pasadas, tu poder se activaba por instinto, generalmente bajo un miedo extremo, y eso te hacía vulnerable. Esta vez, aprenderás a dominarlo desde la calma. Cierra los ojos.

Obedecí. Sentí su mano rozar mi hombro, apenas un contacto, pero fue suficiente para que una chispa recorriera mi columna.

—Busca el calor que emite el collar —susurró su voz cerca de mi oído—. Esa presión que sientes en el pecho no es solo el metal; es tu propia energía contenida. Imagina que es un dique y que vas a abrir una compuerta, muy despacio.

Al principio no sentí nada más que mi propia respiración. Pero luego, el calor empezó a expandirse. No era molesto; era como si mi sangre se volviera luz líquida. De repente, una ráfaga de viento helado barrió la habitación, a pesar de que los cristales estaban cerrados. Escuché un crujido.

—Abre los ojos —ordenó Dagmar.

Al hacerlo, me quedé sin aliento. Varias de las plantas que rodeaban el solárium habían florecido instantáneamente, pero otras se habían marchitado hasta volverse ceniza en un segundo. Mis manos emitían un tenue resplandor plateado.

—La vida y la muerte —murmuró él, observando las flores muertas—. Ese linaje siempre tuvo esa dualidad. Eres capaz de crear y de consumir. El problema es que tu energía es caótica.

Intenté cerrar la "compuerta" mental que había abierto, pero el resplandor en mis manos no cedía. Empecé a sentir un pitido en los oídos y el aire a mi alrededor comenzó a vibrar con una intensidad peligrosa.

—Dagmar... no puedo pararlo —dije, empezando a entrar en pánico.

—No luches contra ello, Rose. Si te resistes, la energía estallará dentro de ti. Canalízala hacia algo externo. ¡Ahora!

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Laura Diaz
excelente historia
Estefaniavv: Qué bueno que le gustó 🩵🩵
total 1 replies
Estefaniavv
♥️
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