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INDELEBLE

INDELEBLE

Status: En proceso
Genre:Contratadas / Amor prohibido / Amor a primera vista / Amor eterno
Popularitas:840
Nilai: 5
nombre de autor: Andreiina

una chica y un chico

ambos tiene una vida en sus hogares, una familia

pero la pasión y el amor será más fuerte por luchar por lo que sienten o se dejarán vencer y volveran a la realidad en la que viven y renunciarán a este amor.?

NovelToon tiene autorización de Andreiina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16: El espejo de la realidad

El jueves por la tarde, el cielo de la ciudad se tiñó de un violeta denso, presagiando una tormenta que se negaba a estallar. Maximiliano se encontraba en el salón del departamento del casco antiguo, el mismo lugar que cuarenta y ocho horas antes había sido el escenario de su entrega con Elizabeth. El aroma a jazmín y a piel todavía parecía flotar entre las vigas de madera, pero la atmósfera ya no era de romance, sino de una tensa y pesada espera.

Julián entró dejando las llaves sobre la mesa de arrimo con un golpe seco. No traía la sonrisa cínica de sus noches en el club; traía la mirada de quien ha visto demasiados imperios caer por grietas invisibles. Se sirvió un trago de la licorera de cristal y, sin ofrecerle a Maximiliano, se sentó en el sillón de cuero frente a él.

—Te ves fatal, Max —soltó Julián, rompiendo el silencio con la precisión de un bisturí—. Tienes esa mirada de los hombres que creen que han descubierto el fuego, pero que en realidad solo están aprendiendo a quemarse vivos.

Maximiliano se removió en su asiento, ajustándose los puños de la camisa. La mención de su estado físico le irritó; él, que siempre fue el epítome del control y la pulcritud.

—No vine aquí por tus diagnósticos, Julián. Vine a agradecerte por el lugar. Nos ha dado el respiro que necesitábamos fuera de esa oficina de cristal.

—¿Respiro? —Julián soltó una carcajada amarga—. Max, esto no es un respiro. Es una cámara de descompresión. Estás metiendo a esa mujer en un búnker para no tener que elegir entre tu vida de catálogo y lo que sientes por ella. Pero las cámaras de descompresión fallan, y cuando lo hacen, la sangre hierve.

Maximiliano se levantó y caminó hacia el ventanal, observando las cúpulas de las iglesias que empezaban a iluminarse.

—No lo entiendes. Con Elizabeth... es la primera vez en quince años que no siento que estoy actuando un papel. Solangel ama al CEO, ama al padre de Valeria, ama al hombre que encaja en su hoja de ruta. Elizabeth me ama a mí. Al hombre que no tiene respuestas, al que se equivoca, al que simplemente existe.

—¿Y qué pasa con el hombre que miente? —replicó Julián, levantándose también para quedar a su espalda—. Porque ese también eres tú ahora. Te presté este lugar porque eres mi hermano, pero me preocupa que estés perdiendo la perspectiva. Tienes una hija, Maximiliano. Valeria no es un activo de la empresa que puedas liquidar si las cosas salen mal.

Maximiliano sintió un frío repentino en la nuca. La mención de Valeria siempre era el ancla que lo devolvió a la tierra, pero esta vez, el ancla se sentía como una cadena de presidiario.

—Todo está bajo control, Julián. Elizabeth es cuidadosa, está viviendo una doble vida que la está matando de culpa, pero viene aquí. Viene porque me necesita tanto como yo a ella. Nadie tiene por qué enterarse de este rincón del mundo.

—Ese es el problema —dijo Julián, suavizando el tono pero no la intención—. El hambre mutua es una mala consejera. Max, mírame. ¿Qué esperas que pase? ¿Vas a vivir así para siempre? ¿Dos horas los martes y los viernes, y el resto del tiempo fingiendo que eres el esposo del año? Eso destruye a cualquier mujer. A la que engañas y a la que tienes escondida en mi salón.

—No lo sé —confesó Maximiliano, y por primera vez, su voz se quebró—. Solo sé que cuando cierro la puerta de este departamento y la tengo en mis brazos, el resto del mundo deja de tener sentido. Es como si hubiera pasado toda mi vida bajo el agua y ella fuera el primer soplo de aire real. ¿Cómo me pides que deje de respirar?

Julián suspiró, caminando hacia la mesa para dejar su vaso vacío.

—No te lo pido. Solo te advierto del costo del aire. Hoy pasé cerca de la editorial y vi a Elizabeth de lejos. Parecía una sombra de sí misma, Max. Se nota que está huyendo de algo, cargando con un peso que no le pertenece. Ella no nació para las sombras, y tú lo sabes.

Maximiliano se giró bruscamente, sintiendo una punzada de protección y posesividad.

—Ella está conmigo. Yo me encargaré de que esté bien.

—¿Cómo? —Julián lo señaló con el dedo—. Si decides irte con ella, lo vas a perder todo. El estatus, el dinero y, muy probablemente, la estabilidad de Valeria. ¿Estás dispuesto a que tu hija crezca en medio de un escándalo porque su padre decidió que "necesitaba aire"?

—¡No es una aventura! —rugió Maximiliano, golpeando la mesa con el puño—. Es amor, Julián. Por primera vez en mi maldita vida, es amor de verdad.

—El amor de verdad no suele necesitar escondites, hermano. El amor de verdad construye casas, no las quema.

Se quedaron en silencio, mientras el primer trueno de la tormenta retumbaba sobre el casco antiguo. Maximiliano se sintió pequeño en medio de la inmensidad del departamento. La libertad que había sentido allí el martes ahora se sentía como una trampa de terciopelo.

—Ella me pidió una promesa —dijo Maximiliano en voz baja, casi para sí mismo—. Me pidió que si esto explotaba algún día, protegiera a Valeria. Que no dejara que ella sufriera por nuestra culpa.

Julián lo miró con una mezcla de lástima y respeto.

—Entonces ya sabes lo que tienes que hacer. Si de verdad la amas, y si de verdad amas a tu hija, vas a tener que tomar una decisión que te va a dejar el alma en jirones. No puedes tenerlo todo, Max. Nadie lo tiene. O eres el hombre que Elizabeth necesita, o eres el padre que Valeria merece. Pero no puedes ser ambos en este departamento clandestino.

Maximiliano recogió su abrigo. El peso de la pluma de Elizabeth en su bolsillo interior parecía haberse triplicado. Salió del departamento sin decir nada más, dejando a Julián en la penumbra.

Al bajar a la calle, la lluvia comenzó a caer, fría y purificadora. Maximiliano se quedó bajo el agua un momento, dejando que mojara su traje impecable. Pensó en Elizabeth, en su sonrisa triste y en la forma en que se entregaba a él como si fuera su última esperanza. Luego pensó en Valeria, en su risa y en su futuro que él juró proteger.

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Angelica Cornejo Gomez
hermoso terminalo los demas.capitulos
Angelica Cornejo Gomez
buenaza.me.gusta y me.sorprendes🥰🥰🥰🥰
Yessenys Díaz
❤️❤️❤️
jmlanena
Ya no son sospechas!!! 🧐 Son dudas muy claras!!! 🤷
jmlanena
Cuando la realidad los alcance, arrasará con todo!!!!🤦
jmlanena
No se puede huir de la realidad cuando está golpea tu puerta 🚪!!¡
jmlanena
Se dejaron llevar por la pasión ❤️‍🔥 del momento y el deseo pasajero del sentimiento mutuo!!!🤦
jmlanena
Sucedió lo que tanto temian!!!🤦
jmlanena
El compartir juntos el tiempo y el espacio aún en actividades profesionales, no será fácil para Maximiliano mantener su posición de jefe de hielo?
jmlanena
Es inevitable Maximiliano reflexionar y pensar en la vida que tienes hasta ahora!!!
jmlanena
Tienes años repitiendo la misma mentira una y otra y otra vez!!!!🤦
jmlanena
Dos vidas que creen que teniendo todo lo que soñaron para ser felices, en el día a día viven una realidad totalmente diferente y el destino juega en favor de despertar lo mejor de cada uno y nos motiva a vivir con intensidad cada día!!!🥰🥰🥰🥰
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