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Desde Siempre, TÚ

Desde Siempre, TÚ

Status: Terminada
Genre:Reencuentro / Amor de la infancia / Romance / Completas
Popularitas:6.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Camila Da Ponte

Valentina Rossi llevaba años enamorada de Alexander Beaumont.

En silencio sin que nadie lo supiera.

El era 4 años mayor, heredero de una familia más poderosa en New York y mejor amigo de su hermano. Inteligente, elegante e imposible de ignorar.

Pero Alexander nunca la miro, no como ella lo quería.

Hasta que apareció Sofía Ferrer.

Hermosa y perfecta, su novia.

y mientras todos admiraban la relación perfecta de Alexander, Valentina aprendía a sonreír aunque le doliera verlo amar a otra mujer.

Cómo seguirá, el la vera con otros ojos? la amara en algún momento?

NovelToon tiene autorización de Camila Da Ponte para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La cena benéfica

Capítulo 16

La cena benéfica

La mansión Ferrer brillaba bajo las luces doradas de Manhattan mientras decenas de autos de lujo llegaban uno tras otro a la entrada principal.

La prensa esperaba detrás de las vallas.

Las cámaras iluminaban la noche.

Y dentro de aquella casa, todo parecía perfecto.

Exactamente, el tipo de evento que las familias Beaumont y Ferrer adoraban mostrar al mundo.

Pero Alexander Beaumont sentía que apenas podía respirar.

Ajustó lentamente el nudo de la corbata frente al espejo del salón privado mientras intentaba ordenar sus pensamientos.

Habían pasado dos días desde que estuvo en el departamento de Valentina Rossi.

Dos días desde que descubrió que ella lo había amado durante años.

Y desde entonces, absolutamente todo dentro suyo había cambiado.

Porque ahora ya no podía fingir que aquello era pasajero.

No después de verla llorar.

No después de besarla.

No después de entender que cada vez que pensaba en ella, sentía algo que jamás había sentido con nadie más.

Ni siquiera con Sofía Ferrer.

La culpa lo atravesó inmediatamente.

El sonido de la puerta abriéndose lo obligó a levantar la vista.

Sofía apareció usando un vestido plateado elegante que brillaba bajo las luces suaves del salón. Su cabello rubio caía perfectamente sobre sus hombros y sus ojos verdes se detuvieron en él con atención.

—Todos están preguntando por ti.

Alexander forzó apenas una pequeña sonrisa.

—Ya voy.

Pero Sofía no se movió.

Lo observó en silencio durante algunos segundos.

Como si estuviera intentando reconocer al hombre frente a ella.

—Ya no sé cómo llegar a ti —murmuró finalmente.

Aquellas palabras le golpearon el pecho con fuerza.

Porque Sofía no merecía nada de esto.

Nunca lo mereció.

Alexander bajó la mirada unos segundos antes de acercarse lentamente.

—Sofía…

Ella negó apenas.

—No. Esta vez quiero que seas sincero conmigo.

El silencio se volvió pesado inmediatamente.

Y por primera vez desde que todo comenzó…

Alexander sintió verdadero miedo.

Porque ya no sabía cómo mentirle mirándola a los ojos.

Sofía respiró profundo antes de hablar otra vez.

—¿Hay alguien más?

La pregunta atravesó el aire como un disparo.

Alexander dejó de respirar un segundo.

Y ese pequeño instante bastó.

Porque Sofía lo entendió inmediatamente.

El color abandonó lentamente su rostro mientras daba un paso hacia atrás.

—Dios mío…

Alexander pasó una mano por su cabello con desesperación.

—No quería que esto pasara así.

La expresión de Sofía se quebró apenas.

Y eso terminó destruyéndolo.

—¿Quién es?

Alexander cerró los ojos un instante.

Porque incluso ahora… decir el nombre de Valentina en voz alta parecía imposible.

Demasiado real.

Demasiado definitivo.

—Alexander.

La voz rota de Sofía lo obligó a mirarla nuevamente.

Y había lágrimas acumulándose en sus ojos.

—¿Desde cuándo?

Él tragó saliva lentamente.

—No lo sé exactamente.

Mentira.

Sí lo sabía.

Desde aquella fiesta.

Desde la primera vez que realmente la miró.

Pero admitirlo haría todo todavía peor.

Sofía soltó una pequeña risa amarga mientras intentaba contener las lágrimas.

—Yo sí lo sé.

Alexander frunció el ceño apenas.

—¿Qué?

Ella apartó la mirada unos segundos antes de responder.

—Desde Chicago volviste siendo otra persona.

El silencio confirmó más cosas de las que él quería.

Sofía cerró los ojos apenas.

Y cuando volvió a hablar, su voz ya estaba quebrada.

—¿La amas?

La pregunta más importante de todas.

La única que realmente importaba.

Alexander sintió el corazón apretarse violentamente.

Porque por más que quisiera proteger a Sofía…

No podía seguir mintiendo.

No después de todo.

—Sí.

Aquella única palabra rompió completamente la habitación.

Sofía dejó escapar una lágrima silenciosa mientras lo observaba como si acabara de perder algo irrecuperable.

Y quizás era exactamente eso.

Alexander dio un paso hacia ella.

—Sofía—

—No.

Ella levantó una mano inmediatamente deteniéndolo.

—No me toques ahora mismo.

La culpa lo consumía por completo.

Porque jamás quiso lastimarla.

Pero el amor no había pedido permiso antes de destruirlo todo.

Sofía respiró profundo intentando recuperar algo de estabilidad.

—¿Ella te ama?

Alexander cerró los ojos apenas.

Y eso fue suficiente respuesta.

Sofía soltó una pequeña risa rota.

—Claro.

El silencio volvió a caer entre ambos.

Pesado. Doloroso. Final.

Abajo, la música de la gala seguía sonando como si el mundo continuara funcionando normalmente.

Pero ahí arriba, todo acababa de derrumbarse.

—¿Quién es? —preguntó Sofía una vez más.

Alexander dudó.

Y odiaba eso.

Porque parte de él quería proteger a Valentina de todo el desastre que venía después.

La prensa.

Las familias.

Los rumores.

Pero ya era demasiado tarde para proteger a nadie.

—Valentina.

El nombre cayó suavemente entre ambos.

Y Sofía se quedó completamente inmóvil.

La sorpresa atravesó su expresión inmediatamente.

—¿Valentina Rossi?

Alexander asintió apenas.

Sofía soltó el aire lentamente mientras las piezas comenzaban a encajar dentro de su cabeza.

Las miradas.

La distancia.

Chicago.

Todo.

—Dios mío… —susurró apenas.

Y entonces algo en su expresión cambió.

Dolor, sí.

Pero también comprensión.

Porque de repente recordó todas las veces que Valentina había evitado acercarse demasiado a Alexander.

La culpa en sus ojos durante el almuerzo.

La manera en que parecía sufrir en silencio.

Sofía cerró los ojos unos segundos.

—Ella intentó mantenerse lejos de ti, ¿verdad?

Alexander sintió un nudo formándose en el pecho.

—Sí.

Porque Valentina jamás quiso destruir nada.

Jamás.

Y aun así terminó enamorándolo de todos modos.

Sofía pasó rápidamente una mano por sus lágrimas antes de volver a mirarlo.

—¿Vas a dejarme?

La pregunta terminó de destrozarlo.

Porque jamás imaginó hacerle daño de esta manera.

Pero ya no podía quedarse solo por culpa.

Eso sería todavía peor.

Alexander respiró profundo.

—No quiero seguir mintiéndote.

Y Sofía entendió la respuesta aunque él no terminara la frase.

Las lágrimas comenzaron a caer silenciosamente por sus mejillas mientras asentía apenas.

Como si una parte de ella ya hubiera sabido todo desde antes.

—Supongo que perdí incluso antes de saber que estaba compitiendo contra alguien.

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