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Siempre Observa….. A Ti

Siempre Observa….. A Ti

Status: En proceso
Genre:Terror / Mitos y leyendas / Posesivo
Popularitas:55
Nilai: 5
nombre de autor: maleramram

El miedo….. cualquier persona lo tiene Dicen que los niños son más miedosos pero es eso verdad? O solo lo usan de excusa para no aceptar los miedos de los adultos , fantasmas, zombis o cualquier género que se vea un viernes por la noche con comida ¿Dirías tus miedos?…. Tal vez los ruidos de tu casa sean reales…

NovelToon tiene autorización de maleramram para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Aquiles

...( perspectiva de Maxxine)...

...5:21pm...

Abrí la puerta de casa y el sonido de la cerradura girando me resultó extrañamente tranquilizador. Era un ruido cotidiano, de esos que nunca notás hasta que todo lo demás deja de ser normal. Empujé la puerta con el hombro, todavía con la mochila colgando de un solo lado, y apenas crucé el umbral lo escuché.

Las uñas contra el piso, rápidas, desordenadas, acercándose.

—¡Aquiles!

No me dio tiempo a nada. Se me tiró encima con todo el peso de su cuerpo, moviendo la cola como si fuera lo único importante en el mundo, como si no hubiera nada más allá de ese momento. Me agaché riéndome, aunque la risa me salió más cansada de lo que esperaba, y le sostuve la cara entre las manos mientras me llenaba de lamidas.

—Pará, pará… ya estoy, tranquilo…

Su calor, su respiración agitada, el olor a pasto y a tierra… todo eso era real. Simple. Sin dobles sentidos. Enterré la cara en su cuello un segundo más de lo necesario, como si pudiera quedarme ahí y dejar todo lo demás afuera.

Cerré la puerta con llave casi sin pensar. No porque hiciera falta, sino porque necesitaba sentir que algo estaba bajo control.

Tiré la mochila en el sillón, pero de inmediato me arrepentí. El dibujo estaba ahí adentro. No quería verlo, no quería pensar en eso, así que simplemente lo ignoré y agarré la pelota de goma que Aquiles había dejado cerca de la puerta.

—¿Querés salir? —le pregunté.

Respondió con un ladrido corto y saltó hacia el patio antes de que terminara de hablar.

El aire afuera estaba fresco, pero no tenía ese frío extraño del bosque. Este era normal, el tipo de frío que te despeja la cabeza. Tiré la pelota y Aquiles salió disparado detrás, con esa energía que parecía no acabarse nunca. Lo vi correr, girar, volver hacia mí con la pelota en la boca y repetir el movimiento como si el mundo fuera solo eso.

Por unos minutos me dejé llevar por eso. Tirar, esperar, reírme un poco cuando se le escapaba la pelota o cuando frenaba de golpe y patinaba sobre el pasto.

Me senté en el escalón que daba al patio y él se acomodó a mi lado, jadeando, con la lengua afuera. Le pasé la mano por la cabeza, despacio, siguiendo el mismo movimiento una y otra vez.

—Ojalá todo fuera así de fácil… —murmuré.

Aquiles levantó la mirada y me sostuvo los ojos un segundo, como si entendiera más de lo que debería. Sonreí apenas, pero la sensación no duró.

Porque algo cambió.

No de golpe. Nunca era de golpe.

Aquiles se tensó primero. Lo sentí en el cuerpo, en cómo dejó de relajarse contra mi pierna. Levantó la cabeza y clavó la mirada hacia la puerta que daba al interior de la casa.

—¿Qué pasa? —pregunté, girando apenas.

No ladró. No se movió.

Solo miraba.

El amuleto, escondido bajo mi remera, empezó a entibiarse. No fuerte, no como advertencia clara, pero lo suficiente para que lo notara.

—No hay nada… —dije, más para mí que para él.

Tiré la pelota otra vez.

Aquiles no se movió.

Eso fue lo que me hizo levantarme.

Entré a la casa despacio, sintiendo cómo el aire cambiaba apenas cruzaba la puerta. No había ruido, no había nada fuera de lugar, pero el silencio era distinto. Más pesado. Como si algo estuviera ocupando espacio sin hacerse visible.

La tele seguía apagada, la pantalla negra reflejando el living. Me acerqué lo suficiente como para ver mi reflejo, la mesa, el sillón… y por un segundo pensé que había algo más detrás.

Giré rápido.

Nada.

El amuleto se calentó un poco más.

—Basta… —murmuré, pasándome una mano por la cara.

Volví al patio. Aquiles no se había movido. Estaba más cerca de la puerta ahora, como esperando que yo volviera.

—No hay nada —repetí, pero esta vez la frase se sintió vacía.

Entramos y cerré la puerta con llave. Aquiles no se despegó de mí mientras iba al living y me dejaba caer en el sillón. Él se subió enseguida, acomodándose contra mis piernas, como si necesitara el contacto tanto como yo.

Encendí la tele, pero no estaba mirando. Las imágenes pasaban sin que las registrara realmente. Mi cabeza volvía al bosque, al dibujo, a lo que había dicho Tomás. A eso de que no desaparecen, que solo esperan.

Y entonces lo sentí.

No fue un ruido.Fue un roce.En mi cabello.Lento. Consciente.Exactamente como la noche anterior.Me quedé completamente quieta.sosteniendo el aire en los pulmones.

Y lo entendí.

No era como los otros.

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