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Renacida Para Ser Tuya

Renacida Para Ser Tuya

Status: Terminada
Genre:Reencarnación / Romance / Embarazo no planeado / Completas
Popularitas:537.7k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Daemin

Morir a los 23 años no estaba en sus planes.
Renacer… mucho menos.

Traicionada por el hombre que decía amarla y por la amiga que juró protegerla, Lin Yuwei perdió todo lo que era suyo.
Pero cuando abrió los ojos otra vez, descubrió que el destino le había dado una segunda oportunidad.

Esta vez no será ingenua.
Esta vez no caerá en sus trampas.
Y esta vez, usará todo el poder del único hombre que siempre estuvo a su lado: su tío adoptivo.

Frío. Peligroso. Celoso hasta la locura.
El único que la amó en silencio… y que ahora está dispuesto a convertirse en el arma de su venganza.

Entre secretos, engaños y un deseo prohibido que late más fuerte que el odio, Yuwei aprenderá que la venganza puede ser dulce…
Y que el amor oscuro de un hombre obsesivo puede ser lo único que la salve.

NovelToon tiene autorización de Daemin para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 23: Sangre bajo fuego

Jian se quedó en el almacén cuando Lian se fue con Yuwei en brazos. Sabía que, en ese tipo de situaciones, lo mejor era que su amigo desapareciera de la escena cuanto antes. A él le tocaba lo sucio: hablar con la policía, revisar los cuerpos, cerrar el incidente antes de que se transformara en un escándalo nacional.

Los agentes estaban tensos, nerviosos, mirando una y otra vez los cuerpos que yacían sobre el piso. Tres hombres muertos. Uno inconsciente. Y un cuarto—Xiang Zhao—que apenas respiraba cuando lo subieron a la camilla.

Jian firmó cada documento sin cambiar la expresión. Conocía a Lian desde hace demasiado tiempo.

Sabía que no era un asesino. Pero también sabía que cuando alguien tocaba a Yuwei, Lian no dejaba nada en pie.

—Asegúrense de que todo quede registrado como defensa propia —ordenó a uno de los inspectores—. Y que nadie filtre nada a la prensa.

El inspector tragó saliva y asintió sin discutir.

Mientras tanto, a unos kilómetros de allí, Xiang era trasladado de emergencia al hospital familiar Zhao. Entraron con él a toda velocidad; médicos y enfermeras corrieron para estabilizarlo.

Minutos después, su madre llegó.

La señora Zhao irrumpió en la habitación con un grito desgarrador, como si hubiera presenciado su muerte. Se aferró a la cama con fuerza, sollozando sobre la mano de su hijo inconsciente.

—¡Mi hijo! —gritaba, aferrándose a la camilla mientras los médicos intentaban apartarla—. ¡¿Qué te hizo ese monstruo?! ¡Ese psicópata va a matarnos a todos! ¡Mi bebé… mi bebé!

La mujer maldecía el nombre de Lian con un odio que le deformaba el rostro.

—¡Ese maldito! ¡Ese desalmado! ¡Le voy a arrancar los ojos si vuelve a acercarse a mi hijo! ¡Ese bastardo debió quedarse en la calle, jamás debió nacer!

Una enfermera la miró incómoda, otra la intentó calmar sin éxito.

Pero ella no iba a calmarse.

No mientras creyera que Lian había intentado matar a su hijo. Aunque no entendiera, ni por un segundo, que Xiang había provocado una masacre al tocar a quien no debía.

A unos metros, apoyado en la pared con las manos en los bolsillos, estaba Zhao Ren.

—Sí, eliminen cualquier rastro —dijo con voz baja, apretando los dientes—. Que ningún medio se entere del secuestro agravado.—Hizo una pausa, escuchando—. No. No voy a permitir que arresten a Xiang. Es un idiota, pero sigue siendo un Zhao.

Colgó con un suspiro silencioso y cruzó los brazos sobre el pecho. Desde donde estaba, veía a su madre llorando de rodillas junto a la cama.

Ren apretó la mandíbula.

Odiaba las tonterías de Xiang.

Odiaba su impulsividad, su desequilibrio, sus decisiones estúpidas.

“Ese maldito…” pensó Ren, apretando los dientes. “Siempre haciendo lo que quiere, como si el mundo fuera suyo.”

Su mirada se desvió hacia la habitación donde Xiang yacía inconsciente.

 

El hospital privado tenía pisos silenciosos, paredes impecables y demasiada luz blanca. Pero dentro de la habitación VIP, el ambiente era distinto.

Yuwei estaba recostada en la cama, conectada a suero y con las muñecas vendadas. Había recuperado el color, pero seguía luciendo frágil, con los labios partidos y las pestañas húmedas por el llanto. Lian no se había separado de ella desde que llegaron. Se sentó a su lado, sin decir una palabra, observando cada respiración, cada movimiento leve, como si temiera que fuera a desaparecer si miraba hacia otro lado.

Fue entonces cuando alguien golpeó la puerta con suavidad.

Shen Rui entró sin hacer ruido. Traje gris, expresión serena, esa calma inquietante que lo caracterizaba incluso en medio del caos.

Se acercó a Lian, inclinándose apenas.

—Sal un momento —dijo, sin levantar demasiado la voz.

Lian lo miró, y por un segundo pareció que iba a negarse. Pero se puso de pie, con movimientos tensos, y salió al pasillo.

La puerta se cerró detrás.

Rui se cruzó de brazos, estudiándolo.

Lian tenía los nudillos hinchados, la camisa salpicada con rastros de sangre seca y el cuello marcado por el pinchazo de la aguja. Aun así, seguía erguido, con esa presencia fría que nunca lo abandonaba.

—¿Qué vas a hacer? —preguntó Rui, aunque parecía que ya lo sabía.

Lian no respondió.

Solo desvió la mirada hacia la derecha, donde dos hombres vestidos de civil estaban de pie.

Eran parte de su equipo más leal. No llevaban armas visibles, pero la forma en que sostenían la postura dejaba claro que estaban listos para recibir órdenes.

Lian habló entonces, sin elevar el tono, sin necesidad de dramatismo.

—Esta tarde… lo quiero en el sótano.

Los hombres asintieron sin pestañear.

Rui recargó la espalda contra la pared y soltó un suspiro resignado.

—¿Y cómo planeas moverlo sin que su madre o Ren noten que ya no está en el hospital?

Lian no parecía preocupado.

—Esperan a que se vayan. Luego lo trasladan. —Su mirada se endureció—. No quiero errores.

—¿Y después? —preguntó Rui, aunque la respuesta era obvia.

Lian guardó silencio. No necesitaba explicarlo.

Su silencio hablaba suficiente: Xiang no volvería a salir intacto.

Rui se frotó la frente, cansado.

Sabía que era inútil intentar frenarlo.

Había estado junto a Lian demasiados años como para creer que podía detener la furia cuando ya había sido desatado.

—Ya veo —murmuró—. Supongo que… como siempre, estaremos contigo.

Lian lo miró por fin, con una gratitud silenciosa que solo alguien que lo conociera de verdad podía reconocer. Rui no sonrió. No había nada gracioso en lo que estaban a punto de hacer. Pero inclinó la cabeza, sellando su apoyo sin condiciones.

Lian regresó a la habitación.

Abrió la puerta despacio, como si no quisiera sobresaltar a quien estaba dentro.

Yuwei había despertado.

Estaba recostada, los ojos aún hinchados pero abiertos, buscándolo de inmediato cuando la puerta se movió. Su respiración tembló cuando lo vio entrar. No dijo nada, pero la manera en que su mirada se suavizó, la forma en que sus dedos se aferraron a la sábana, lo decía todo: lo había estado esperando.

Lian cerró la puerta tras de sí y se acercó hasta la cama.

Ella estiró la mano instintivamente, como si necesitara comprobar que él era real.

Él la tomó con cuidado, con tanta delicadeza que parecía imposible que esas mismas manos hubieran destrozado a tres hombres horas antes.

...----------------...

Xiang recuperó la conciencia con un dolor punzante detrás de los ojos. La luz que lo golpeó al abrirlos era débil, amarillenta, como si viniera de un foco viejo suspendido del techo.

Tardó unos segundos en entender que no estaba en el hospital.

El olor fue lo primero: humedad, metal oxidado, cemento frío.

Un sótano.

Intentó levantarse, pero el cuerpo no respondió. Las muñecas estaban sujetas a los brazos de una silla de madera con correas gruesas, y las piernas amarradas a las patas.

La camisa hospitalaria estaba arrugada, manchada de sangre seca. Tenía vendajes en el rostro, la ceja abierta, la boca hinchada.

—¡¿Qué… qué carajo es esto?! —gritó, histérico—. ¡¿Hay alguien ahí?! ¡Suéltenme, malditos!

Su voz rebotó contra las paredes de cemento, sin respuesta.

Un temblor subió desde su nuca hacia los brazos.

Estaba solo.

Solo y completamente inmóvil.

—¡Oigan! —volvió a gritar, ahora con la voz quebrándose—. ¡Llamen a la policía! ¡Sé quiénes son! ¡Sé—!

La puerta de metal al fondo se abrió con un sonido seco que retumbó en todo el sótano.

Xiang dejó de hablar.

Los pasos que entraron eran lentos, firmes, sin urgencia.

La figura apareció bajo el círculo de luz, y el aire pareció hundirse en su pecho.

Lian.

Camiseta oscura, mangas remangadas, las manos aún con rastros de vendajes, la expresión completamente neutra. No había furia visible, pero su presencia llenaba el sótano como si la temperatura hubiera bajado de golpe.

Xiang tragó saliva, el corazón golpeándole la garganta.

—¿C-crees que puedes hacer esto? —preguntó, intentando sonar valiente aunque la voz temblaba—. ¡Eres un enfermo! ¡Un maldito loco! ¡Esto es secuestro, Lian! ¡Secuestro!

Lian no se inmutó.

Cerró la puerta con calma, se acercó a una mesa metálica al lado de la pared y dejó sobre ella su teléfono y un par de guantes negros.

No había armas, ni herramientas, ni nada exagerado.

El cuarto estaba vacío, salvo por la silla y las sombras.

Esa simplicidad fue lo que más heló a Xiang.

—D-deberías pensar bien lo que haces —intentó de nuevo—. Mamá puede llamar a la policía. El abuelo… el abuelo no dejará que te salgas con la tuya. ¡Ren tampoco!

Lian se detuvo frente a él, sin mostrar simpatía ni odio.

Solo lo observó.

Y Xiang sintió que el estómago se le encogía.

No era la mirada de un mafioso ni la de un criminal.

Era algo peor: la mirada de alguien que no necesitaba romper las reglas para destruir a un hombre.

Cuando habló, su voz fue baja, pareja, sin esfuerzo: peligrosa precisamente por eso.

—Te dije que no la tocaras.

Xiang tragó saliva.

Su respiración se volvió corta, entrecortada.

—Y… ¿y qué? —escupió con torpeza, intentando recuperar la arrogancia—. ¿Ahora vas a matarme? ¿Eso quieres? ¿Convertirte en lo que todos dicen que eres?

Lian inclinó ligeramente la cabeza, como quien analiza a un insecto atrapado bajo un vaso.

Su silencio duró lo suficiente para que el corazón de Xiang empezara a latir tan fuerte que dolía.

Luego habló.

—No necesito matarte.

Xiang abrió los ojos con confusión y miedo.

Lian continuó:

—Tú mismo vas a hacerlo… si te dejo.

—Su tono no subió, no tembló—. Porque eso es lo que eres. Un idiota impulsivo que juega con cosas que no entiende. Que no ve más allá de su propia envidia. Que cree que puede provocar un incendio sin quemarse.

Xiang intentó soltar un insulto, pero su voz falló.

—Yo no necesito sangre —dijo Lian, acercándose un paso más—. Solo necesito que aprendas.

Sus ojos brillaron con una calma que era más violenta que cualquier golpe—. Y te juro… que vas a aprender.

Xiang intentó moverse, pero las correas lo sujetaban con fuerza.

—Eres mi hermano —dijo al fin, desesperado—. ¡No puedes hacerme esto! ¡Soy tu familia!

Lian apoyó una mano en el respaldo de la silla, inclinándose lo suficiente para que Xiang sintiera su aliento frío.

—No.

Su voz fue un murmullo que heló el aire.

—Tú dejaste de ser mi familia la primera vez que intentaste tocarla.

Xiang palideció por completo.

Lian enderezó la espalda, sin necesidad de levantar la voz:

—Y ahora… vas a pagar por eso.

La luz tembló sobre ellos.

1
Maria Cristina Di Leo
Excelente historia,me atrapó desde el primer capítulo felicitaciones
Bea Tastro
Drama Chino
Teresita Ramirez Lecuna
Troya ardiendo y el disfrutando
pero que castigo más sabroso
jajajajajajaja
que se caiga el mundo pues
Teresita Ramirez Lecuna
bueno pero también zhao lian está loco???
eso es ser demasiado posesivo
pasa el límite
beba hernandez
jajajaja, ya se le olvidó que Ni el le pudo hacer nada y eso que lo drogo, que idiota 🤣🤣🤣
Natalia Moro
hermosa historia.
beba hernandez
son dos😍😍
beba hernandez
bebé en camino 🤔😍
beba hernandez
Jajajaja este pendejo que piensa, que lo que el hizo fue llevar de paseo a Yuwei? es un cobarde llorón, ahora que su oponente es más fuerte se le olvidaron las agallas, que le den como piñata 😡
beba hernandez
Ya era hora🙏
beba hernandez
Y lo del accidente de sus abuelos? también debería decirle🙏
Samantha Ivett Olvera Rodriguez
no creo diga nada ni que la amenazó a ella y su bebé es tan estúpida
Samantha Ivett Olvera Rodriguez
no sé por qué quiere salvar a esos ancianos el abuelo quiere casar a su amado con otra mujer además no necesitan dinero de la familia el tío lo dejo claro muy al inicio el tiene su empresa muy tonta la prota solo resultó un estorbo en la trama por qué solo sirve para ser salvada no es un apoyo es la amada del protagonista otro que nomás tiene la mirada matadora por qué ni hace mucho a su hermano lo dejo inválido cierto pero vivo para seguir siendo una amenaza
Samantha Ivett Olvera Rodriguez
y que con que lo mate que mujer más boba dejarlo vivo es peligro latente
Samantha Ivett Olvera Rodriguez
yo no entiendo cómo adornar tanto a un hombre para reducir lo a esto patetico y de rodillas para que por obra del espíritu santo le salgan fuerzas y salga vencedor no con inteligencia y crueldad como debió ser
Samantha Ivett Olvera Rodriguez
fue tan estúpido de ir solo tanto dice fuerte,inteligente un monstruo reducido a un patetico hombre enamorado que ni piensa que ridículo espero o sea el caso
Samantha Ivett Olvera Rodriguez
no entiendo por qué si afán de hacer cosas a escondidas es tonta está prota
Samantha Ivett Olvera Rodriguez
así que este dúo lo hace por venganza contra el tío
Samantha Ivett Olvera Rodriguez
aquí no no veo motivo por el que ellos hicieron todo esto osea por qué el fingir la ama solo por envidia nada monetario además ella por qué seguirles el juego mujer tonta volvió por qué no seguir su vida lejos de esas personas triunfar y luego los destruye terminar con ese noviecito no seguir con el y fingir es tonta su actitud eso lo hacen las personas atrapadas que no tienen otra manera de sobrevivir más que fingir ella no es su caso con ese actuar daña al tío pero como siempre para ella va aguantarle todo ese hombre
Lea
Me encanto.
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