Alana Díaz es una estudiante decidida a graduarse por sus propios méritos, lejos de los lujos y el caos de la gran ciudad. Pero su vida da un giro irreversible al entrar como pasante en el imperio de Leonardo Salvatore, un CEO tan influyente como implacable que no está acostumbrado a que le digan que no.
Lo que comienza como una relación profesional se convierte en un juego de seducción y peligro. Tras un violento "accidente" que deja a Alana vulnerable y bajo el cuidado personal de Leonardo en su lujoso Penthouse, la barrera entre el jefe y el protector se desvanece, dando paso a una pasión que ambos intentaron contener.
Sin embargo, el amor no es lo único que crece entre ellos. Mientras Alana lucha por mantener su independencia, una red de envidias, secretos de élite y una madre dispuesta a todo por mantener el "apellido" amenazan con destruirlo todo. En un mundo donde el dinero lo compra todo, ¿podrá el amor de una "pueblerina" sobrevivir a la furia de quienes lo quieren ver cae
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CAPÍTULO 5
LEONARDO SALVATORE
Después de mucho tiempo de estar solo, alguien me llama la atención, esa chica de universidad, pobre y algo desaliñada, Alana Díaz.
Coincidencia, desastre o destino.
Cuando ella salió de la oficina, solo pude sonreír un poco, sentía que mi corazón no está del todo mal, hasta que un recuerdo pasó por mi cabeza.
Hace 4 años que regresé del extranjero, había terminado mis estudios en finanza. Regresaba con dos títulos en manos, una de licentura en finanzas y el otro con una maestría en finanza corporativa, lo que iba a hacer un día feliz se volvió gris. Cuando me fui a estudiar, aquí en esta ciudad dejé a mi novia de toda la vida, nos conocíamos desde la escuela secundaria y supuestamente nos amábamos con locura. Ella quería que nos casáramos antes que yo viajara, pero me negué antes esa petición, quería casarme a los 30 y era algo qué ya habíamos hablado, pero sus alertas se encendieron no sé porque.
Una semana antes de mi regreso le envié un mensaje que vendría a la ciudad y que era algo definitivo. Que la quería ver, después de todo la extrañaba tanto que había decidido pedirle matrimonio ese día. Ella no me respondió.
Ella no se podía quejar, porque venía en todas las vacaciones, la trataba lo mejor que podía. Y aunque no había un papel nuestra relación estaba en ese nivel, compartíamos un departamento donde era nuestro lugar de amor.
La llamé unas 20 veces pero todas mis llamadas caían en buzón de voz. Algo pasaba, esto ko era normal. Hasta llegué a pensar que su celular estaba dañado, o que inclusive tal vez, estaba enojada.
Llegué a la ciudad. Lo primero que hice fue ver a mis padres y mostrarles mi fruto fuera del país. Sabía que pronto aquella empresa de mi padre me sería heredado. Ellos querían retomar su matrimonio y vivirlo al máximo, que por el ajetreo del trabajo y mi crianza, habían pausado por muchos años, su felicidad. Pero ahora que ya era un hombre formado y sabían que podían dejar su empresa en mis manos, querían vacacionar.
Fui a mi cuarto, que se mantenía intacto y limpio. Saqué de la maleta un anillo de diamante y lo puse en mi bolsillo del pantalón.
Mi madre entró a mi cuarto, su rostro denotaba preocupación.
— Hijo, ve a la iglesia "X".
— Pasa algo madre.
— Es mejor que tu lo veas con tus propios ojos. Solo que apurate.
— Si pasa algo, dime.
Ella me abrazó y me dio un beso en la frente.
Salí de mi habitación y tomé mi auto. Conduje hasta la iglesia que me había dicho mi mamá. Durante el recorrido, mi cabeza inventó cosas, pensé que mi novia Nataly estaría allí y me pediría matrimonio, ya que ella lo anhelaba. Siendo honesto iba nervioso.
Bajé del auto, tomé el anillo en mi mano.
La realidad me dio una bofetada con guante blanco.
Ella salía de la iglesia vestida de blanco del brazo de otro hombre. Habían invitados saliendo, amistades que la felicitaban, esas amistades que sabian qué eramos más que novios.
Me detuve en silencio, apreté el anillo con todos mis fuerzas. Nuestras miradas se cruzaron. Ella bajó su cabeza. Mi corazón palpitaba tan rápido que sus pedazo hacían ruido. Mis labios temblaban y un escalofrío recorrió mi espalda.
Entendí todo. Mi novia se había casado con un hombre que yo jamás había visto, mis amistades sabían pero prefirieron callarse y mis padres callaron para evitarme una decepción.
¿Qué es este maldito circo?
Quise reclamar, exigirle una explicación, pero a veces lo mejor es tomar su dignidad y marcharse.
Nataly quería casarse y lo hizo. No importaba con quien. No compartíamos un mismo sueño, tal vez esperar hasta los 30 era demasiado para ella. Yo solo quería una estabilidad para ambos.
Di la media vuelta, caminé de regreso a mi auto y lo eché a andar. Fui al departamento.
Sus cosas no estaban. Y había dos sobres.
Uno era una carta pidiendo perdón y diciendo que estaba embarazada y el otro sobre contenía su invitación de boda.
Me derrumbé. Yo amaba a Nataly. Había idealizado mi futuro con ella. Ella, mi novia de la adolescencia, ella mi única mujer, con la que experimenté todas mis primeras veces.
Mi novia, mi mujer me había cambiado, había traicionado ese sentimiento.
Esa vez me emborraché.
pobre leo cuando lo sepa 🥺🥺
leo
creen que eres un niño que pueden jugar contigo demuestrsles que no
debe pagar