Leticia fue traicionada y asesinada, pero el destino le dio una segunda oportunidad bajo un nuevo nombre... Isabela Torner, ahora tiene un esposo que la detesta, un pasado lleno de escándalos y una criatura que crece en su vientre.
Román Osorio cree conocer a su mujer, pero no tiene idea de que la verdadera Isabela murió y que en su lugar hay una mujer capaz de matar con la mirada... y de conquistar lo que se proponga.
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Capitulo:14
ISABELA:
El pitido molesto de mi celular que activé anoche suena y abro los ojos sintiendo que hoy será un día productivo.
Me levanto de la cama y me dirijo al baño para hacer mis necesidades y tomar una relajante ducha antes de ir a mi querido trabajo.
Luego de tanto buscar en mi closet me pongo un hermoso vestido que me queda a la perfección y por arriba un blazer, dejo mi cabello riso suelto y solo agrego un poco de maquillaje y listo.
—Mmm, hermosa como siempre ¿Verdad que si bebé?
Toco mi vientre y lo acaricio con una sonrisa.
—Tengo entendido que eres un niño y espero que salgas igual que mami con su belleza ¿De acuerdo? No te atrevas a salir como tu papá, aunque él no es feo... Pero mami es más hermosa.
Le doy varias caricias más, antes de salir de la habitación e ir a la cocina, ya que muero de hambre.
—Señora, su desayuno ya está listo.
Dice Martha con la misma sonrisa de siempre y tomo asiento asintiendo con una sonrisa.
—¿Román ya se marchó?
Le pregunto y ella asiente.
—El señor sale muy temprano a la oficina.
—Mmm, de acuerdo.
Termino mi desayuno con calma, no voy a correr, en la guerra la prisa es la madre de los errores y yo no pienso cometer esos errores.
Santiago me deja frente al edificio a las 8:02 AM y camino con paso firmes, ignorando los cuchicheos de los empleados que se quedan grabados en mi nuca como flechas sin punta.
Al llegar al piso de logística, veo a Mateo de pie frente a mi nuevo escritorio... Una mesa pequeña y miserable en un rincón mientras el mira su reloj de oro con una sonrisa de suficiencia.
—Cuatri minutos tarde, señora Osorio.
Dice sin siquiera saludar, con esa voz chillona que ya me está dando dolor de cabeza antes de comenzar mi productivo día.
—Empezamos mal... En esta empresa, el tiempo es dinero, aunque supongo que para usted el tiempo solo es algo que se gasta en salones de belleza.
Me quito las gafas de sol con una lentitud exasperante y lo miro a los ojos.
—El tiempo es relativo Mateo, cuatro minutos es lo que tarda un hombre en morir si le cortas la yugular, o lo que tardas tú en demostrarme que eres un idiota por recibirme sin los informes que te pedí.
Respondo con frialdad.
Él se tensa, pero suelta una risotada y señala una montaña de carpetas y cajas que cubren casi por completo mi escritorio.
—¿Informes? Aquí los tiene, son los registros de inventario físico de los últimos cinco años, las facturas de proveedores de cemento y los manifiestos de aduana.
Dice dejando caer una última carpeta pesada con un golpe seco.
—Quiero que los digitalice todos en el sistema nuevo para hoy.
—¿Cinco años?
Arqueo una ceja, es una tarea estúpida, diseñada para que mis ojos se cansen y mi espalda me duela hasta hacerme llorar.
—Usted quería trabajar ¿no?
Se inclina hacia mí apoyando las manos en mi mesa.
— Un asistente empieza desde abajo, si no puede con esto por su... Embarazo... La puerta está donde la dejó ayer, no queremos que se fatigue, señora Osorio.
Acaricio mi vientre por encima del vestido y talvez Mateo espera que me queje, que llame a Román o que tire los papeles al suelo…. No tiene idea de que he pasado noches enteras vigilando fronteras bajo la lluvia sin pestañear... Esto para mí es un juego de niños.
—Cinco años de basura acumulada por tu incompetencia, Mateo... Está bien.
Tomo la primera carpeta y la abro.
—Pero mientras yo hago este trabajo de secretaria, espero que tú hagas el tuyo y revises por qué el camión de las ocho salió con el precinto de seguridad roto... Lo vi desde las escaleras.
Mateo palidece un segundo, pero recupera su máscara de arrogancia.
—Vaya a trabajar Isabela, deje que los profesionales nos encarguemos de lo importante.
Él se retira a su oficina privada con un aire de victoria cerrando la puerta de cristal.
Con un suspiro me siento en la silla, que es bastante incómoda, por cierto y observo la montaña de papel.
—¿Digitalizar Mateo?
Murmuro para mí misma con una sonrisa macabra.
— Lo que voy a hacer es encontrar el hilo que va a deshacer todo tu traje de diseñador.
A medida que pasan las horas, mis ojos arden por el cansancio, pero mi mente está más despierta que nunca.
Mateo cree que me está castigando con trabajo de secretaria, pero lo que ha hecho es entregarme el mapa de sus propios errores.
Él no está robando dinero, pero su negligencia es casi peor.
Paso tras paso, encuentro rutas mal trazadas que pasan por zonas de alta peligrosidad solo porque el GPS dice que es "más rápido"
Encuentro nombres de conductores con antecedentes de accidentes que él sigue contratando por pereza de buscar nuevos.
Y lo más grave... Los manifiestos de carga no tienen firmas de inspección física.
Él confía en lo que dice la computadora, sin verificar si lo que hay dentro de los camiones es realmente lo que dice el papel.
A las cinco en punto la puerta de la oficina de Mateo se abre.
Él sale luciendo impecable, ajustándose el nudo de la corbata y mirando su reloj con una sonrisa burlona.
—Bueno, señora Osorio... Ha llegado la hora de irnos, supongo que apenas habrá llegado a la mitad de la primera caja... No se preocupe, puede intentarlo mañana de nuev...
No lo dejo terminar y tomo la última carpeta, la cierro con un golpe seco y la coloco sobre la montaña de documentos perfectamente organizados en mi escritorio.
—He terminado Mateo, todo está digitalizado y clasificado.
Digo levantándome con una elegancia que lo deja mudo.
—¿Qué? Eso es imposible... Eran miles de folios.
Balbucea acercándose para revisar el sistema.
—Lo que es imposible es que sigas teniendo este puesto siendo tan descuidado, le espeto rodeando el escritorio para quedar frente a él.
— Mientras jugaba a la oficina, he notado que tus rutas de la zona este tienen un margen de riesgo de emboscada del 40%. También he visto que pasaste por alto tres alertas de mantenimiento en los frenos de la flota pesada.
Mateo parpadea, pasando del asombro a la indignación.
—Eso... Eso son detalles menores, el sistema los ajusta automáticamente...
—¡En una emboscada no hay ajustes automáticos, Mateo!
Le corto y mi voz suena como un látigo en el silencio de la oficina.
—Si uno de esos camiones falla en una pendiente o es interceptado por falta de escolta, la pérdida no será un número en tu pantalla. Serán vidas y humanas y también será dinero que Román no perdonará.
Él abre la boca para defenderse, pero no encuentra palabras.
Su arrogancia se desinfla frente a la evidencia de su propia mediocridad.
—Mañana.
Continúo, colocándome mi blazer con calma.
—No solo voy a ser tu asistente... Voy a ser la persona que salve tu cuello de tu propia negligencia... Asegúrate de llegar temprano, porque vamos a reescribir todos los protocolos de seguridad a mano.
y yo pensando que era una más de tantas oportunistas y nada que ver 🤭
pd: esta chica le hecho el ojo a Jonathan y no lo va a dejar