Alana Díaz es una estudiante decidida a graduarse por sus propios méritos, lejos de los lujos y el caos de la gran ciudad. Pero su vida da un giro irreversible al entrar como pasante en el imperio de Leonardo Salvatore, un CEO tan influyente como implacable que no está acostumbrado a que le digan que no.
Lo que comienza como una relación profesional se convierte en un juego de seducción y peligro. Tras un violento "accidente" que deja a Alana vulnerable y bajo el cuidado personal de Leonardo en su lujoso Penthouse, la barrera entre el jefe y el protector se desvanece, dando paso a una pasión que ambos intentaron contener.
Sin embargo, el amor no es lo único que crece entre ellos. Mientras Alana lucha por mantener su independencia, una red de envidias, secretos de élite y una madre dispuesta a todo por mantener el "apellido" amenazan con destruirlo todo. En un mundo donde el dinero lo compra todo, ¿podrá el amor de una "pueblerina" sobrevivir a la furia de quienes lo quieren ver cae
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CAPÍTULO 14
ALANA DÍAZ
Pasé un fin de semana tranquila, cómoda en mi departamento. Después de tantos años aquí en la ciudad, era la primera vez que me sentía que por fin las cosas podían funcionar. Eso no significaba que tenía que bajar la guardia. Pronto tenía que conseguir un trabajo para poder subsidiar todas mis necesidades.
No sabía cuánto dinero me iban a pagar por las pasantías, así que no podía confiarme de eso.
Día lunes.
Me alistaba para ir a mis prácticas de pasantías. Me puse el uniforme que me habían dado en recursos humanos. Al ponerme los zapatos, tambalee un poco, sentía como si me iba a caer. Opté por ponerme unos zapatos negros sin tacón.
Salí a tomar el bus. Llevaba un nudo en mi estómago cada vez que pensaba en Leonardo.
Bajé del bus. Casi justo frente a la empresa. Mi corazón empezó a palpitar fuerte y rápido. Mis manos me temblaban.
¿Qué me pasa? Tranquila Alana. Me lo repetía mientras empezaba a caminar.
—Buenos días —Saludé al guardia de seguridad, ese mismo que no me dejaba ir la primera vez que vine.
Llegué al ascensor.
¿Será qué él ya está en su oficina? Dudé en entrar. Me quedé frente al ascensor unos minutos.
—El ascensor no te pedirá que subas— la voz que me hizo temblar apenas la escuché.
— Buenos días, Señor Leonardo — le sonreí.
Él subió al ascensor.
— Entra — subió la ceja dándome una sonrisa coqueta.
Miré a todos lados. No había nadie más que fuese a subir.
— Solo los dos — dije en bajito.
—¿Acaso ves a alguien más?
Subí al ascensor. Las puertas se cerraron. Y aunque no hacía frío, mi frente empezó a sudar.
— Parece que tienes calor — Leonardo se giró, sacó un pañuelo y secó mi frente — el uniforme te queda bonito. Ya no pareces una muchachita menor de edad — sonrió.
— No soy una niña. Tengo 22 años.
— Y eso es lo que me gusta más.
Llegamos al piso.
No puedo creer que estaré en su oficina todo el día. Dios ayúdame que siento que me estoy enamorando.
Leonardo me asignó las tareas del día. Él no estaría en la oficina hasta después del medio día. Iba a varias reuniones. Me sentí aliviada.
Empecé con mis funciones. Sin darme cuenta ya eran las 2 de la tarde. Ponía en el escritorio los documentos ordenados. Leonardo entró, en cuanto lo vi sin querer le di un golpe a el vasito donde estaban los lapiceros.
Me agaché a recogerlo. Mis ojos se encontraron con los de él.
— Sé que no has dejado de pensado en mí — tocó la punta de mi nariz.
Caí sentada al piso.
— No debería hacer eso. Me pone nerviosa.
Me levanté y coloqué los lapiceros en su lugar.
— ¿Ya almorzaste?
—Aún no. Quería terminar.
— No te saltes las comidas. Recuerda que aún no superas la anemia. Deja todo aquí y ve al comedor.
— Si señor.
— Solo dime Leonardo.
Salí de la oficina y fui al baño. Me quedé sentada un rato en el inodoro mientras esperaba que mi sistema nervioso se tranquilizara.
Se escuchó que la puerta se abrió.
—Te fijaste que hay una mujer joven que trabaja en presidencia.
— Sí, la vi hoy en la mañana. Si no te apresura te quitarán al CEO.
— Será que el señor Leonardo se fije en esa, no tiene atractivo alguno. Es muy normalita.
— Solo te aconsejo que no te dilate más. Llevas años enamorada de él y no has hecho más que mirarlo de lejos.
— Tienes razón Sofía. Voy a tomar valor.
— Te apoyo amiga.
— Te juro así como me llamo Leticia, que esta semana me declaro.
Ellas se rieron. Se escuchó el agua que bajó del inodoro. La puerta se abrió y cerró. Yo asumí que ellas ya habían salido. Salí del baño. Ellas aún estaban ahí, me miraron de pie a cabeza. La puerta se había abierto no porque ellas salieron si no porque alguien más entró.
— ¿Escuchaste todo?
— No escuché nada. Con permiso.
—Más te vale que no digas nada.
Salí del baño.
¿Por qué mi corazón se siente así?
Me dirigí al comedor. A esta hora no había nadie y eso era lo mejor para mí.
Era de suponer que tenía muchas enamoradas. Ella es muy bonita y con un hermoso cuerpo. Yo soy, como ellas dicen, normalita sin atractivo.
Terminé de comer y regresé a la oficina de Leonardo. Esta vez, sin nervio.
—¿Almorzaste bien?
— Sí. Me retiro. Mi hora de pasantía ya terminó.
— El miércoles usa tus zapatos. Seguro te verás muy bien.
Yo había creído que él no se había fijado.
—Está bien. Practicaré con ellos.
Él se puso frente mío. Acomodó mi cabello.
—¿Podemos salir a caminar esta noche?
—No creo que pueda, esta noche trabajaré en mi tesis.
—Está bien. Admiro como te esfuerzas. Entonces me puedes confirmar tu número de celular.
Leonardo sacó su celular y me mostró mi número guardado en sus contactos.
— ¿Mi pasante?
— Sí. Eres mi pasante o ¿no?
— Si soy la pasante de la empresa. Bueno, me retiro.
Tomé mi bolso. Él tomó mi mano.
— Si necesitas algo, me llamas, sí.
— Está bien, señor Salvatore.
Salí de la oficina.
¿Por qué señor Salvatore?
Salí de la empresa. Caminé hasta la parada de bus. De hecho ya iba tarde a la universidad. No me daría tiempo de pasar por mi departamento para cambiarme.
Llegué así vestida.
Era como medio imposible que no me notarán.
Se acercó una muchacha.
—¿Tú eres la que sales con un CEO? ¿Cómo hiciste?
—¿De qué hablas? Yo no salgo con nadie.
— No mientas, si tu foto está en el grupo de chisme de la facultad. Ahí se ve claro que sales con alguien.
— ¿Grupo de chisme?
No seguí hablando con ella. Me fui a mi aula. Entré. Mis compañeros me miraron sin decir nada. Me senté, pero me sentía extraña.
Saqué mi celular, no podía revisar ese grupo. Casi nunca compraba paquetes de Internet porque era un lujo que no me podía dar.
Tantos años en la universidad y no sabía de ese grupo. En otras palabras, me funaron.
Se acercó mi compañero de tesis.
—¿Puedes agregarme o enviarme el link donde estoy de protagonista?
—Seguro que quieres ver eso.
— Si — le di mi número.
— Ya te lo envié al WhatsApp. Pero no tienes Internet parece.
— Gracias.
Al terminar la clase, salí directo a comprar un paquete de Internet.
Caminé hasta mi casa (departamento). Me senté en el sofá y revisé el link donde estaba publicada.
"Señorita Díaz de 5to de administración de empresa con su patrocinador" y abajo una foto mía con Leonardo. Fue aquella noche que salí a caminar y me encontré con ese grupito de chicas.
No me di cuenta de que me habían tomado una foto.
Todos los comentarios despectivos hacia mí, me dolieron hasta el alma. Se burlaron de mi origen, de mi estatura, de mis pecas, de mi vestimenta, de todo. Hasta sacaron qué había dejado un año porque no podía pagar las mensualidades. Esa persona que me publicó está bien informada de mí. Revisé su perfil y todo estaba privado y bajo un nombre falso.
Me di un baño y me fui a la cama. Tenía qué tener valor porque mañana tenía que ir a la universidad y de nuevo sería esto.
pobre leo cuando lo sepa 🥺🥺
leo
creen que eres un niño que pueden jugar contigo demuestrsles que no
debe pagar