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EL PRECIO DEL HIELO

EL PRECIO DEL HIELO

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / CEO / Amor tras matrimonio / Romance oscuro
Popularitas:3.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Mahary Garcia

El contrato de matrimonio no era solo papel: era una sentencia. A los 26 años, Valeria Varela se convirtió en la esposa de Dante Moretti, el hombre más poderoso, frío y temido de la ciudad —dueño de imperios empresariales y redes que nadie se atreve a nombrar. Ella lo amó desde antes de decir “sí”, creyendo que su amor sería suficiente para derretir su hielo. Pero tres años después, vive invisible: olvidada en sus cumpleaños, humillada en cenas de negocios, siempre relegada a un segundo plano frente a la mujer que él nunca dejó de querer: su exnovia, y ahora asistente personal, Isabella.
Valeria finge sumisión, baja la cabeza y sonríe cuando la insultan, pero detrás de esa máscara hay una inteligencia afilada y un dolor que se convierte en veneno. Cuando descubre que todo su matrimonio fue un acuerdo para saldar una deuda familiar, y que Isabella ha manipulado cada error, cada malentendido, cada lágrima suya, algo se rompe —y algo nuevo nace.

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CAPITULO 11

(Narrado por Dante Moretti)

Amanecí con la primera luz del sol filtrándose por las cortinas altas de mi habitación. Me desperté con el cuerpo entumecido por haber pasado la noche en el sofá, duro, incómodo, lejos de la comodidad de la cama... pero cuando abrí los ojos y la vi allí, a pocos metros, dormida tranquila, con el cabello esparcido sobre la almohada, respirando suavemente... sentí que era el mejor descanso de mi vida.Me quedé mirándola en silencio unos minutos, sin atreverme a moverme para no despertarla, recordando cada palabra de la noche anterior. "Ganártelo todo paso a paso". "Intimidad solo cuando yo lo decida". "Convivir, respetar, demostrar". Y lo haría. Haría lo que fuera. Dormiría en el suelo, en la puerta, donde fuera, con tal de estar cerca de ella, con tal de que ella supiera que este cambio no era de un día, ni de una semana, sino para siempre.

Se movió despacio, abrió los ojos poco a poco, y al verme despierto, mirándola, no se sobresaltó. Solo me devolvió la mirada con esa calma nueva que la caracterizaba, se sentó en el borde de la cama y se pasó una mano por el pelo, arreglándoselo con elegancia natural.

—Buenos días —dijo, con voz suave, apenas un susurro, pero que retumbó en todo mi ser.—Buenos días —respondí al instante, incorporándome de golpe, arreglándome la ropa como un niño al que pillan haciendo algo bueno—. ¿Cómo has dormido? ¿Necesitas algo? Lo que sea... agua, ropa, lo que quieras.-

Sonrió levemente, esa sonrisa que ya empezaba a ser mi debilidad.—He dormido bien. Y tú... ¿cómo pasaste la noche en ese sofá?-—Perfectamente —mentí sin dudar—. Fue lo mejor. Saber que estabas aquí, saber que ya no dormimos en alas opuestas... eso hizo que fuera la mejor noche de los últimos tres años.-

Asintió, seria otra vez, y señaló las carpetas que habíamos dejado sobre la mesa la noche anterior.—Hoy empieza el trabajo de verdad. Hoy vamos a saber exactamente qué es lo que mi padre me dejó. Hoy vamos a desenterrar todo lo que todos han buscado y nadie ha podido tocar. Y también... hoy vamos a saber hasta dónde está dispuesta a llegar Isabella Rossi para destruirnos.-

Tenía razón. Lo sentía en el aire. Sabía que Isabella no se había ido a casa a llorar y a olvidar. La conocía. La había tenido a mi lado tres años, sabía cómo funcionaba su mente: orgullo herido, ambición sin límites, sed de venganza. Ahora que había perdido su estatus, su dinero, su poder, y sobre todo... me había perdido a mí, humillada delante de todos... iba a atacar. Y lo haría fuerte.

Nos arreglamos rápido. Ella fue al baño contiguo, yo me quedé esperando fuera, respetando cada límite que ella me había puesto, muriéndome de ganas de ayudarla, de estar cerca, de tocarla... pero sabiendo que la paciencia era mi única vía. Cuando salió, llevaba un traje de chaqueta gris, elegante, sobrio, el pelo recogido en un moño bajo, sin joyas, sin maquillaje excesivo... y se veía más hermosa, más poderosa, más reina que nunca.

Bajamos juntos al comedor. Los empleados, que antes apenas se atrevían a mirarla, que la trataban con educación pero distancia, hoy la recibieron con reverencia, con respeto absoluto. Sabían. Todo el servicio ya sabía: ella era la verdadera dueña, ella tenía el poder, ella mandaba ahora. Y yo... yo caminaba un paso detrás, como debía ser, como su sombra, como su escudo.

Desayunamos en silencio. Pero no era un silencio incómodo, como antes. Era un silencio cargado de propósito, de planes, de todo lo que venía. Justo cuando terminábamos, Lucas entró en el comedor, puntual como siempre, serio, impecable, con su maletín en la mano, pero con una expresión tensa que me puso alerta al instante.—Buenos días —dijo, acercándose a la mesa, mirándonos a ambos, pero dirigiéndose principalmente a ella—. Señora Moretti... Dante. Tengo noticias. Y no todas son buenas.-

Valeria se cruzó de brazos, apoyándose en la mesa, firme.—Habla, Lucas. Sabíamos que esto no iba a ser fácil.-El abogado asintió, abrió su maletín y sacó un teléfono móvil, lo puso sobre la mesa entre nosotros.

—Apenas salieron ustedes del edificio anoche, Isabella hizo llamadas. Muchas llamadas. Tenemos acceso a los registros por seguridad de la empresa. Llamó a abogados, a socios antiguos, a periodistas, a personas que no nos caen nada bien. Y esta mañana... han empezado a circular cosas.-

Hizo una pausa, y mi corazón se detuvo un segundo.—¿Qué cosas? —pregunté, con voz grave, sintiendo ya la rabia crecer en mis venas.-

—Noticias. Rumores. Artículos en periódicos y redes sociales. —Lucas deslizó el teléfono hacia nosotros para que leyéramos—. Dicen que Valeria es una estafadora. Que engañó a Giorgio, que te engañó a ti, Dante. Que robó documentos falsos para hacerse pasar por heredera. Dicen que tú te has vuelto loco, que te has dejado manipular, que estás traicionando a tu propia familia y a tu imperio por una mujer que solo busca dinero.-

Leí los titulares en la pantalla, y sentí ganas de romper el aparato contra el suelo. "La estafa de los Varela", "Dante Moretti cegado por el amor", "La impostora que se hizo con el imperio". Mentiras. Todas mentiras sucias, calculadas, lanzadas con rapidez para dañar nuestra imagen, para sembrar dudas, para que la gente creyera que Valeria era la mala, la ladrona, la aprovechada.

—¡Es una maldita mentira! —grité, golpeando la mesa con el puño, furioso, lleno de rabia—. Ella es la única heredera legítima. Ella tiene la verdad. ¡Yo mismo lo dije delante de todos! ¡Mi padre lo sabe, Lucas! ¡Giorgio lo sabe!-

—Lo sé, Dante. Y lo sabemos nosotros. Pero Isabella sabe cómo funciona esto. —Lucas miró a Valeria, que estaba extrañamente tranquila, leyendo cada palabra con una calma que me asombraba—. Ella sabe que la duda mata más rápido que la verdad. Ella quiere que la gente dude. Quiere que los socios tengan miedo. Quiere que la prensa te ataque a ti, Dante, por haberle dado poder. Quiere aislarte, Valeria. Quiere que parezcas la enemiga de todos, para que nadie quiera estar contigo, para que nadie te ayude a reclamar tu herencia. Y... —se detuvo, bajando la voz— ha amenazado con ir a los tribunales. Dice que tiene pruebas, dice que tiene documentos, dice que va a demostrar que todo lo que decimos es mentira.-

Valeria apartó el teléfono despacio, como si esas palabras no tuvieran ningún peso para ella. Levantó la vista, nos miró a los dos, y en sus ojos vi algo que yo no tenía: calma absoluta. Control total.

—Ella no tiene nada —dijo con voz firme, clara, segura—. Ella no tiene pruebas, ni documentos, ni nada. Lo único que tiene es desesperación. Y la desesperación hace cometer errores. —Se levantó de la silla, se ajustó la chaqueta y miró a Lucas—. ¿Dónde está Giorgio ahora? ¿Está en su despacho?-

—Sí. Nos espera. Dice que es urgente revisar todo antes de que intenten bloquearnos cualquier movimiento legal.-

—Entonces vamos. —Se giró hacia mí, y me clavó esa mirada que me hacía sentir vivo y sometido a la vez—. Dante... quiero que entiendas algo. Esto es solo el principio. Isabella va a golpear donde más duela. Va a usar mi pasado, tu pasado, nuestra historia, todo lo que hemos sido, para intentar destruirnos. Y va a intentar usar a la gente que nos rodea. Incluso... —se acercó un poco más, bajando la voz— incluso intentará usar tu debilidad. Tu culpa. Tu deseo de arreglar todo. Intentará hacerte dudar de mí, intentará decirte que yo solo te uso, que te estoy destruyendo, que te arrepentirás.-

Puse una mano sobre su hombro, suavemente, sintiendo la firmeza de su cuerpo, y le hablé con toda la verdad de mi alma.

—Que lo intente. Puede decir lo que quiera, puede gritarlo a los cuatro vientos... pero yo sé la verdad. Yo sé quién eres tú. Yo sé quién es ella. Y nada, ni nadie, va a hacerme dudar de ti ni un segundo. Ni siquiera yo mismo, que fui el mayor estúpido del mundo al no verte antes.-

Ella asintió, y por primera vez, vi un brillo de algo más que confianza. Vi gratitud. Vi que mis palabras le servían, que le ayudaban, que empezaba a creer que este cambio era real.—Bien. Entonces vamos. Porque hoy no solo vamos a sacar a la luz mi herencia. Hoy vamos a darle la vuelta a todo. Hoy vamos a usar sus propias armas contra ella. Y le vamos a demostrar a todo el mundo, y sobre todo a Isabella, que la que ella creía una niña asustada... ahora es la dueña del juego.-Llegamos a la sede central unos veinte minutos después. El ambiente en el edificio era diferente, tenso. Los empleados nos miraban pasar con ojos grandes, cuchicheando, mirándonos con curiosidad, con miedo, con dudas. Todos ya habían leído las noticias. Todos ya habían escuchado las mentiras de Isabella. Y al verme a mí caminando a su lado, protegiéndola, cediéndole el paso, tratándola como a una reina... muchos se preguntaban si me había vuelto loco, si era verdad lo que decían, si yo había perdido el juicio por ella.

Pero no me importaba. No me importaba lo que pensaran. Solo me importaba ella. Solo me importaba que ella supiera que yo estaba ahí, firme, inamovible, a su lado, contra el mundo entero si hacía falta.Subimos al despacho de mi padre. Nos esperaba de pie, con la cara seria, dura, furioso, con varios periódicos y hojas impresas sobre su mesa, donde se leían claramente las mentiras que Isabella había esparcido.

—¡Maldita sea! —gritó en cuanto entramos, golpeando la mesa con el puño—. ¡Esa mujer es un cáncer! ¡Ella sabe que todo esto es mentira! ¡Ella sabe la verdad, y aun así, es capaz de mentirle a todo el país con tal de vengarse!-

Se acercó a Valeria, la miró con orgullo y con pena a la vez.—Lo siento, hija. Sabía que atacaría, pero no pensé que fuera tan baja, tan rápida, tan sucia. Quiere ensuciar tu nombre, manchar tu honor, para que nadie te reconozca como heredera. Quiere que parezcas una intrusa, igual que ella.-Valeria se acercó a la mesa, pasó los dedos por encima de los titulares, leyó uno por uno, y sonrió. Una sonrisa fría, calculada, peligrosa... una sonrisa que yo ya empezaba a conocer y a adorar.

—Déjala que hable, Giorgio. Déjala que grite, que mienta, que intente ensuciar. Porque la verdad... la verdad es la única arma que mata de verdad. Y yo tengo toda la verdad.-

Se giró hacia Lucas, que ya había abierto las carpetas de cuero que traíamos, con todos los documentos, todas las notas, todo lo que su padre había dejado.—Lucas... por favor. Vamos a lo importante. Mi padre me enseñó muchas cosas. Números, fechas, frases, direcciones. Cosas que yo creía juegos, lecciones sin sentido. Pero ahora sé. Ahora sé para qué servían. —Se sentó en la silla principal, la que siempre había sido de mi padre, y él, en lugar de enfadarse, sonrió, orgulloso, y se quedó de pie a un lado, cediéndole el lugar—. Vamos a desbloquearlo todo. Paso a paso. Y cuando tengamos todo el dinero, todas las cuentas, todas las propiedades... entonces hablaremos con la prensa. Entonces enseñaremos las pruebas. Entonces le diremos al mundo quién soy realmente. Y entonces... Isabella Rossi se arrepentirá de haber nacido.-

Lucas abrió la primera carpeta, sacó un documento antiguo, con sellos extranjeros, letras en varios idiomas.—Muy bien, señora. Empecemos. Aquí está la primera ubicación. Un banco en Suiza. Para acceder al contenido de la caja de seguridad, se requieren estos documentos... y la frase clave. La frase que solo usted y su padre conocían.El despacho se quedó en silencio absoluto. Yo me acerqué despacio, me quedé detrás de ella, cerca, lo suficiente para protegerla, lo suficiente para sentir su presencia, respetuoso, devoto. La vi cerrar los ojos un segundo, como buscando en su memoria, como viajando tres años atrás, veinte años atrás, cuando era niña, cuando su padre le hablaba, le enseñaba, le preparaba para este momento exacto.

Abrió los ojos, y dijo con voz clara, firme, sin dudar ni un segundo:—"El oro no brilla en la luz, solo brilla para quien sabe dónde mirar."

Lucas abrió los ojos de par en par, sorprendido, y pasó a la hoja siguiente.—Exacto. Es correcto. Siguiente paso. Aquí tenemos las cuentas en las Islas Caimán. Requiere una serie numérica.Valeria no dudó. Recitó una larga sucesión de números, fechas, cifras... todo de memoria, perfecto, exacto. Y así fue una tras otra. Bancos en Londres, propiedades en Nueva York, acciones en empresas que nadie conocía, obras de arte guardadas en museos privados, joyas en bóvedas secretas... todo lo que su padre había escondido, todo lo que había protegido, todo lo que Isabella había buscado en vano durante tres años... estaba todo ahí. En su cabeza. En su memoria. En lo único que nadie le podía quitar.

Yo estaba alucinado. No solo por la cantidad de riqueza que estaba apareciendo ante nosotros, cifras millonarias, cantidades que multiplicaban por diez, por cien, todo lo que yo tenía en mi imperio Moretti... sino por ella. Por verla ahí, sentada, segura, inteligente, dueña de todo, abriendo puertas que nadie había podido abrir jamás.Y entendí algo más, algo que me golpeó fuerte en el pecho: Ella no solo tenía más dinero que yo. Ella tenía más poder, más inteligencia, más fuerza. Ella era superior a mí en todo. Y yo había sido el estúpido más grande del mundo al tratarla como basura, al creer que era menos que yo, al no ver el tesoro que tenía justo frente a mí.

Cuando terminó, cuando la última clave fue dicha, cuando Lucas confirmó que todo estaba desbloqueado, que todo era accesible, que todo ahora era suyo, suyo legalmente, suyo libremente... se hizo un silencio solemne en la sala.Lucas levantó la vista, con los ojos brillantes, impresionado.

—Señora... todo es suyo. En este momento, en este preciso instante... usted es la mujer más rica, más poderosa, más influyente de todo el país. De todo el continente, incluso. Puede mover fortunas, comprar empresas, cambiar el destino de ciudades enteras. Todo lo que su padre construyó y protegió... ahora es suyo. Y solo suyo.Valeria se quedó quieta un momento, asimilándolo todo. Luego, muy despacio, se giró en la silla hacia mí. Me miró, y en sus ojos había todo: poder, riqueza, seguridad... pero también la mujer que yo amaba, la mujer que yo había hecho sufrir, la mujer que ahora tenía mi vida entera en sus manos.Se levantó, caminó hacia mí, se paró justo frente a frente, tan cerca que podía sentir el calor que irradiaba su cuerpo, tan cerca que mi corazón latía con tanta fuerza que temí que lo escucharan todos en la sala. Me miró a los ojos, profundo, escrutador, con todo ese poder infinito que acababa de desbloquear brillando en su mirada.

—¿Te das cuenta, Dante? —me dijo bajito, solo para mí, con una voz que me recorrió entero como una descarga eléctrica—. Ahora tengo todo. Tengo el dinero, tengo la verdad, tengo el control absoluto de todo lo que alguna vez soñaste tener. Podría comprar tu empresa, podría comprar tu apellido, podría comprarte a ti mil veces si quisiera. Podría hacerte desaparecer de mi vida y reinar sola sobre todo este mundo que mi padre me dejó.-

Hizo una pausa, y vi cómo una pequeña lágrima de emoción, mezcla de dolor pasado y victoria presente, se deslizaba lentamente por su mejilla. Yo levanté la mano, con miedo, con respeto, y la sequé suavemente con mi dedo, como si fuera el tesoro más frágil y valioso del universo.

—Lo sé —le respondí, con la voz rota por la emoción, con toda la humildad y el amor del mundo—. Lo sé, mi vida. Y lo único que te pido... lo único que te ruego... es que no me eches. Que me dejes estar aquí, a tus pies, a tu lado, donde sea, pero contigo. Porque ahora sé que no soy yo el que te protege... eres tú la que me sostienes a mí. Eres tú la que me salvó de mi propia estupidez, de mi propia ceguera, de mi propia ruina.-

Ella sonrió entonces. Una sonrisa completa, verdadera, brillante, la primera sonrisa totalmente abierta que le veía en años. Y en ese momento, supe que, aunque tenía el mundo entero en sus manos, lo que ella más quería, lo que ella siempre había querido... era esto. Era nosotros. Era que yo por fin la viera, la valorara, la amara como se merecía.Puso sus dos manos sobre mi pecho, justo donde me latía el corazón desbocado, y apretó suavemente.

—No te voy a echar, Dante —dijo con firmeza, con dulzura, con promesa—. Porque te dije que me quedaba. Que te ponía a prueba. Y ahora... ahora que soy dueña de todo, la prueba es mucho más grande. Porque ahora sabrás si me quieres a mí, o a lo que tengo. Ahora sabrás si te quedas a mi lado aunque yo sea más poderosa, más rica, más fuerte que tú. Ahora sabrás si puedes soportar ser el segundo, ser el que obedece, ser el que sigue... cuando toda tu vida te enseñaron a ser el primero.

La tomé de las manos, las apreté entre las mías, y las llevé a mis labios, besando cada dedo, cada palma, con devoción infinita.—Yo fui el primero en todo y estaba vacío —le dije mirándola fijamente, sin apartar la vista ni un segundo—. Ahora seré el último, el que sirve, el que te ama, el que te cuida... y seré el hombre más feliz, más rico, más completo del mundo. Porque lo que tengo ahora... lo que tengo ... no se compara con nada. Y te quiero a ti. Solo a ti. Con todo lo que eres, con todo lo que tienes, con todo lo que serás.

Detrás de nosotros, mi padre y Lucas observaban en silencio, conmovidos, con los ojos brillantes, viendo cómo el destino que todos habíamos esperado por fin se cumplía.Giorgio dio unos pasos hacia delante, rompiendo ese momento solo nuestro, pero con una sonrisa de orgullo inmenso en la cara.

—Muy bien —dijo con voz fuerte y solemne—. Ya tenemos el poder. Ya tenemos la verdad. Ya tenemos la riqueza. Ahora... ahora vamos a usarla. Porque Isabella no se va a quedar quieta. Y ahora que sabe que Valeria tiene todo, que es invencible legalmente, que no puede tocarla ni con mentiras ni con leyes... va a pasar a la acción sucia. Va a atacar de verdad.-

Valeria se giró hacia ellos, recuperando al instante esa frialdad, esa inteligencia estratégica que me dejaba atónito. Se ajustó la chaqueta, se enderezó, y se convirtió nuevamente en la reina absoluta.

—Exacto —dijo ella—. Isabella cree que porque yo tengo todo el dinero y toda la verdad, estoy indefensa. Cree que porque yo soy buena, soy débil. Y se equivoca. Se equivocó desde el día en que decidió ser mi enemiga.-

Se acercó a la mesa, tomó todos los papeles, todos los informes, todos los documentos, y los reunió en un montón ordenado, con calma, con precisión.—Ella lanzó mentiras a la prensa para dañar mi imagen. Bien. Mañana mismo, Lucas... quiero que convoques a una rueda de prensa. La más grande que se haya visto en este país. Quiero que estén todos: periodistas, cámaras, medios, todos. Y allí... allí yo misma voy a contar la verdad. Voy a mostrar las pruebas. Voy a enseñar los documentos legales, las herencias, las cuentas, todo. Voy a demostrar que soy la única heredera legítima, que todo lo que tengo es mío por derecho, por sangre, por justicia. Y voy a contar también... —hizo una pausa, y sus ojos brillaron con rabia fría— voy a contar también cómo Isabella Rossi intentó robarme, intentó engañarnos, intentó destruirnos con mentiras y calumnias. Y voy a demandarla. Voy a llevarla a los tribunales por difamación, por estafa, por intento de fraude. Voy a quitarle todo lo que tiene. Voy a hacer que responda ante la ley y ante todo el país. Y cuando termine... Isabella Rossi no tendrá ni nombre, ni dinero, ni lugar donde esconderse.-

Lucas asintió, escribiendo rápido las instrucciones, con una sonrisa de satisfacción en los labios.—Se hará tal cual lo diga, señora. Mañana mismo. Y tenemos pruebas de sus llamadas, de sus acuerdos, de sus intentos de manipulación. Tenemos todo lo necesario para hundirla para siempre.Valeria asintió, satisfecha, y luego me miró a mí. Esa mirada que me decía: "tú eres mi escudo, tú eres mi espada, tú vas conmigo".

—Y tú, Dante... —dijo, bajando la voz, acercándose de nuevo a mí— tú vas a estar a mi lado. Delante de todos. Delante de las cámaras. Vas a decir la verdad también. Vas a contar cómo me trataste, cómo te cegaron las mentiras, cómo ella te manipuló, cómo ella nos engañó a los dos. Vas a confesar tus errores, sí... pero vas a defender mi honor con tu vida si hace falta. ¿Podrás hacer eso? ¿Podrás humillarte tú mismo para levantarme a mí?-

No lo dudé ni un segundo. No sentí ni un ápice de orgullo, ni de vergüenza, ni de resistencia. Sentí solo ganas de gritarlo al mundo entero, de decirlo a los cuatro vientos, de que todo el planeta supiera cuánto me había equivocado y cuánto la amaba.—Lo haré —respondí con firmeza absoluta—. Me arrodillaré delante de todo el país si hace falta. Confesaré cada error, cada insulto, cada vez que te hice daño. Me humillaré todo lo que sea necesario, todo lo que tú quieras, todo lo que merezca... con tal de que tu nombre quede limpio, con tal de que todo el mundo sepa que tú eres la buena, la verdadera, la única que vale la pena. Y la defenderé. Te defenderé con mi vida, Valeria. Si ella se acerca un milímetro a ti, si ella intenta hacerte el más mínimo daño... la destruyo. La destruyo con todo lo que soy, con todo lo que tengo, con todo mi apellido y mi poder, que ahora son tuyos también.-

Ella sonrió, y me tomó del brazo, suavemente, con esa confianza que empezaba a crecer entre nosotros, con esa cercanía que se ganaba paso a paso.—Entonces está todo dicho —dijo, mirando a mi padre y a Lucas—. Mañana cambiaremos la historia. Mañana todo el mundo sabrá la verdad. Mañana Isabella Rossi caerá para siempre. Y mañana... nosotros empezaremos de verdad. Como iguales. Como compañeros. Como marido y mujer, por fin, tal como debimos ser desde el principio.-

Giorgio asintió, con los ojos brillantes de orgullo y emoción.—Así será. Y ahora... vayan a descansar. Preparense. Porque mañana será el día más importante de sus vidas. Y recuerden: la guerra no ha terminado, solo ha cambiado de etapa. Isabella va a intentar algo antes de mañana. Lo sé. Ella es capaz de todo. Así que... no se separen. No bajen la guardia. Estén juntos, protejanse, porque el golpe final está por llegar.-

Salimos del despacho, caminando juntos por los pasillos de la empresa, ahora llenos de miradas, de susurros, de miedo y curiosidad. Pero yo no veía a nadie más que a ella. Yo no sentía nada más que su mano apoyada en mi brazo, su presencia a mi lado, esa seguridad que me daba tenerla cerca.Mientras bajábamos al estacionamiento, pensé en todo lo que había pasado en tan poco tiempo: cómo pasé de despreciarla a adorarla, de ser su dueño a ser su súbdito, de ser su verdugo a ser su protector. Pensé en todo lo que venía: la rueda de prensa, la verdad al descubierto, la caída de Isabella, el futuro lleno de poder y de oportunidades.Y pensé también en lo que ella me dijo anoche: "dormir juntos, pero separados. Ganar cada derecho paso a paso". Sonreí para mis adentros, impaciente, dispuesto a todo, sabiendo que el camino sería largo, difícil, lleno de obstáculos y recuerdos dolorosos... pero sabiendo también que al final del camino estaba ella. Estabamos nosotros. Estaba el amor que siempre tuvimos y que por fin, por fin, dejábamos florecer libremente.

Llegamos al coche. Abrí la puerta para ella, como siempre haría desde ahora, con respeto, con amor, con devoción. Cuando entró, me miró un segundo antes de cerrar la puerta, y me dijo bajito, solo para mí, una frase que se me quedó grabada a fuego en el alma:—Hoy ganamos el poder, Dante. Mañana ganaremos la verdad. Y después... después, si te lo ganas bien ganado... volveremos a ganarnos el amor. Y esa será la victoria más grande de todas.Cerré la puerta, di la vuelta, subí al asiento del conductor, y arranqué. Mientras salíamos del estacionamiento, dejando atrás el edificio, dejando atrás el pasado, miré hacia ella, sentada a mi lado, mirando por la ventana con esa mirada fuerte y decidida, y supe que, pasara lo que pasara, pasara lo que viniera, nada ni nadie podría separarnos ya.Isabella vendría con todo. La verdad saldría a la luz. Los errores serían confesados. Las heridas tardarían en sanar. Pero al final... ella era mía. Yo era suyo. Y el amor, el verdadero, el que había sobrevivido a tres años de oscuridad y dolor... ese amor por fin había ganado la batalla. Y yo... yo estaba dispuesto a luchar cada día, cada hora, cada segundo, para que ese amor fuera eterno.

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Laura Panama
así me gusta que se defienda no que se umille
Maria natalia Jauregui ramirez
Si
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