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Dinastía De Reinas: Aralisse

Dinastía De Reinas: Aralisse

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Mundo de fantasía
Popularitas:543
Nilai: 5
nombre de autor: EllyaG

Dinastía de Reinas: Aralisse.
Narra la historia de una princesa obligada a heredar una corona rodeada de traiciones. Tras la misteriosa muerte de sus padres, Aralisse queda sola dentro de una corte donde todos parecen querer manipularla o verla caer.
Alejada por obligación de su reino, deberá aprender a gobernar mientras intenta descubrir qué ocurrió realmente la noche en que los reyes murieron. Entre conspiraciones, secretos y enemigos ocultos, conoce a Rydan, el príncipe de Orvenah, el reino rival.
Lo que comienza como una tregua forzada pronto se convierte en algo mucho más peligroso. Porque detrás de la frialdad de Rydan y de la guerra entre ambos reinos, Aralisse descubre que el hombre que más debería temer… es también el único dispuesto a ensuciarse las manos por ella.

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Salida

La puerta de la habitación de la posada se cerró de golpe detrás de Aralisse, como si el viento mismo la hubiera empujado al interior. El murmullo de la plaza quedó atrás, ahogado por el silencio de la pequeña habitación.

Lysandre estaba de pie junto a la cama, con los brazos cruzados y el rostro tenso. Erak, el consejero, en cambio, la observaba desde la pequeña mesa cercana, con los ojos entrecerrados y una calma que resultaba mucho más peligrosa que la furia abierta.

—¿Se puede saber en qué estabas pensando? —La voz de Lysandre cortó el aire como un látigo.

Aralisse apenas alcanzó a quitarse la capa antes de que él diera un paso al frente. Podía sentir su pulso acelerado en la garganta.

—Desapareciste durante horas, princesa —dijo Erak con tono bajo y controlado, aunque cargado de amenaza—. Horas en las que cualquiera pudo haber reconocido tu rostro… o tu nombre.

—No fue para tanto —replicó ella, intentando mantener la compostura—. Solo… quería ver el reino.

—¡Estamos en Orvenah, Aralisse! —Lysandre alzó la voz—. No en Lysirah, no en tu castillo, no rodeada de guardias leales. Aquí cualquier paso en falso podría costarnos tu vida.

Erak dio un paso hacia ella lentamente.

—Espero que no hayas hablado más de lo debido, alteza —murmuró con frialdad—. Porque si alguien descubre que está aquí…

Aralisse apretó la caracola dentro del bolsillo de su vestido, escondiéndola entre sus dedos, como si el recuerdo de Ryd pudiera darle fuerza en medio de aquella tormenta.

Lysandre se pasó una mano por el cabello con evidente frustración. Caminaba de un lado a otro frente a la chimenea apagada, mientras Erak permanecía inmóvil, con las manos entrelazadas detrás de la espalda.

Aralisse los observaba desde un rincón de la habitación, todavía con las mejillas encendidas por la rabia y los reclamos.

—No podemos quedarnos aquí ni un minuto más —declaró finalmente Erak—. Si alguien la vio, o siquiera sospecha quién es… corremos un riesgo enorme.

—Estoy de acuerdo —asintió Lysandre con rigidez—. Debemos partir antes del amanecer. Mientras menos atención llamemos, mejor.

—¡No soy un secreto que esconder en la oscuridad! —interrumpió Aralisse, cruzándose de brazos—. No tienen derecho a decidir por mí como si fuera un saco de trigo.

Erak giró lentamente hacia ella con aquella mirada helada que utilizaba cada vez que la consideraba demasiado impulsiva.

—Justamente porque no eres un saco de trigo, sino la princesa heredera de Lysirah, no puedes hacer lo que se te antoje.

—Y mucho menos en Orvenah —añadió Lysandre con un suspiro agotado—. Eres la princesa. Lo que haces también representa a la familia real.

Aralisse apretó los puños, mordiéndose la lengua para no gritarles. Era injusto. Había pasado uno de los días más felices que recordaba… y ahora la trataban como si hubiera cometido el peor error de su vida.

—Entonces nos iremos —dictaminó Erak con ese tono que no dejaba espacio para discutir—. Pero no en carruaje. Es demasiado arriesgado.

Lysandre alzó una ceja.

—¿Y cómo sugieres transportarla sin llamar la atención?

Una sombra de malicia apareció en los labios de Erak.

—Como en los entrenamientos. Disfrazada, cubierta y… cargada.

—¿¡Cargada!? —Aralisse dio un paso al frente, incrédula—. ¡No pienso dejar que me transporten como si fuera un costal de papas!

Lysandre evitó mirarla directamente, como si eso pudiera suavizar la situación.

—No es un castigo, Aralisse… es por tu seguridad.

La princesa soltó un bufido indignado y levantó el mentón con dignidad.

—Los detesto a los dos.

—Sí, princesa, lo sabemos —respondió Lysandre con resignación—. Pero esta noche… obedeces.

El cielo todavía oscurecia del todo, cuando Lysandre terminó de asegurar las bolsas de suministros sobre el caballo. Erak, con una sonrisa descaradamente divertida, acomodaba el último “bulto” sobre la montura.

Ese “bulto”, para desgracia de todos, era la princesa Aralisse.

Bien envuelta en una manta y parcialmente cubierta por costales, apenas un mechón rubio escapaba por un lado.

—¡Esto es indignante! —murmuró ella desde dentro—. ¡Soy la princesa, no una papa de exportación!

Lysandre intentó contener la risa llevándose una mano a la boca. Fracasó miserablemente.

—Shhh, alteza —susurró con dramatismo fingido—. Las papas no hablan.

Erak soltó una carcajada.

—No sé tú, Lysandre, pero esta es la papa más quejumbrosa que he cargado en mi vida.

—¡Erak! —bufó Aralisse—. ¡Cuando lleguemos al castillo voy a asegurarme de que te manden a cuidar gallinas al norte!

—¡Oh, no! —respondió él teatralmente—. ¡Cualquier cosa menos eso, su majestad papa!

Los dos hombres estallaron en risas otra vez.

Aralisse, claramente ofendida, decidió permanecer en silencio… aunque cada bache del camino provocaba un indignado:

—¡Auch!

Que solo hacía que Lysandre y Erak rieran todavía más fuerte.

La noche cayó finalmente sobre el camino y el pequeño grupo decidió detenerse en un claro rodeado de árboles.

Aralisse permanecía sentada frente a la fogata, todavía despeinada por el viaje y claramente molesta. Sus brazos estaban cruzados y la mirada fija en las llamas.

Lysandre y Erak compartían bromas entre murmullos y pequeñas risas… hasta que ella se puso de pie de golpe.

El ambiente cambió al instante.

—Escúchenme bien los dos —dijo con una firmeza que hizo que incluso el fuego pareciera temer—. Primera y última vez que me tratan como si fuera mercancía.

Las sonrisas desaparecieron lentamente de los rostros de ambos.

—Sé perfectamente que mi escapada fue imprudente —continuó mientras caminaba despacio hacia ellos—. Pero no soy una niña. Soy Aralisse Gwendolyn Eldenry, princesa heredera de Lysirah. No soy una carga… y tampoco soy su juego.

La luz del fuego iluminaba sus ojos ámbar, intensos y orgullosos.

—Ustedes no están aquí para regañarme como si fuera una campesina traviesa —añadió—. Están aquí para aconsejarme y protegerme.

Lysandre abrió ligeramente la boca, dispuesto a responder, pero Aralisse levantó una mano con elegancia y determinación.

—Mi madre me enseñó que un futuro gobernante debe rodearse de guardianes leales… no de bufones.

Erak bajó la mirada por primera vez desde que inició la discusión. Lysandre respiró hondo, con una mezcla incómoda de culpa y respeto.

—Desde ahora —continuó Aralisse, suavizando apenas el tono— Espero que me traten con la dignidad que corresponde a la mujer que algún día llevará la corona que ustedes juraron proteger.

Y en ese instante, por primera vez desde que abandonaron Lysirah… ya no vieron a la niña impulsiva que habían escondido bajo costales.

Vieron a la futura reina de Lysirah.

Lysandre inclinó ligeramente la cabeza.

—Como ordene, su alteza.

Erak hizo lo mismo, más serio que nunca.

—Jamás volverá a ocurrir.

Aralisse sostuvo sus miradas un instante antes de girarse con la frente en alto y regresar junto al fuego. El viento nocturno acarició suavemente sus cabellos dorados mientras las llamas seguían danzando en silencio.

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