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Dos Lobos, Una Luna

Dos Lobos, Una Luna

Status: Terminada
Genre:Hombre lobo / Mujer poderosa / Amor eterno / Completas
Popularitas:3.1k
Nilai: 5
nombre de autor: clau21

Elena una chica humana, se ve atrapada entre dos alfas: Kael, Príncipe de los lobos de Luna Plateada, y Roran, Alfa Supremo de la manada de Ceniza que todos daban por muerta/extinta. Ambos la reclaman, se enfrentan por ella, pero Elena se niega a elegir.

NovelToon tiene autorización de clau21 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 11

...Primer Año...

...****************...

El primer año del Nuevo Consejo no se midió en batallas ganadas.

Se midió en inviernos que pasaron sin muertes, en cosechas que llegaron a tiempo, en niños que aprendieron a decir “Ceniza” sin bajar la voz.

Y se midió en discusiones a las 2 a.m. en la cocina del refugio.

 

Mes 1-3: La prueba de fuego

Kael y Roran volvían cada 7 días como habían acordado.

Pero “volver” no significaba descansar.

El puesto norte que dirigía Kael tenía 23 lobos. La mitad eran ex-Luna Plateada que todavía no confiaban del todo en él. La otra mitad eran de Ceniza que no confiaban en ellos.

Su trabajo no era entrenar. Era hacer que comieran en la misma mesa sin mirarse como si fueran a apuñalarse.

“Si uno roba pan, los dos se disculpan”, le dijo Kael a su segundo al mando la tercera semana. “Responsabilidad colectiva o se van todos”.

Funcionó. A la fuerza. Pero funcionó.

Roran tenía peor suerte.

El puesto este estaba en la frontera vieja. El lugar donde Ceniza cayó.

Los cazadores sabían que algo había cambiado. Se acercaban más. Probaban.

Roran no mató a ninguno. Los capturó, les quitó las armas, y los soltó con un mensaje:

“Vuelvan a decirle a quien los manda que Ceniza tiene dientes otra vez. Y esta vez no muerden solos”.

Los informes que mandaba eran secos. Dos líneas.

Elena leía entre líneas. _Estoy cansado. Estoy enojado. No me rompo._

Ella, en el refugio, tenía otro problema: el consejo.

12 sillas. 6 de cada manada.

Y cada reunión era una guerra fría.

“Necesitamos más guardias en la frontera oeste”, decía un alfa de Luna Plateada.

“Necesitamos más comida para el invierno”, decía una alfa de Ceniza.

“Necesitamos decidir quién manda cuando la Luna no está”, decía otro.

Elena no respondía con órdenes. Respondía con preguntas.

“¿Y si no hay un solo que mande? ¿Y si mandamos los tres?”

“¿Y si en lugar de más guardias, hablamos con los pueblos del oeste?”

“¿Y si dejamos de dividir la comida por manada y la dividimos por necesidad?”

No todos estaban convencidos. Pero nadie podía decir que no funcionaba.

En tres meses, no hubo una sola pelea en la mesa del consejo que terminara en garras.

 

Mes 4-6: La primera crisis real

El problema no vino de afuera. Vino de adentro.

Un grupo de jóvenes de Ceniza, hijos de los que murieron en la masacre, encontraron los diarios viejos. Los que Roran le había mostrado a Elena.

Y se enojaron.

“Nos mintieron”, dijo su líder, un chico de 19 años llamado Darek. “Nos dijeron que esperáramos. Que la paz era el camino. Pero ellos”, señaló a los de Luna Plateada en el consejo, “mataron a nuestros padres”.

Elena los reunió en el patio del refugio. 30 jóvenes, todos con la rabia todavía fresca.

“Tienen razón”, dijo. “Los mataron. Y yo estuve ahí cuando pasó”.

Silencio. Nadie esperaba eso.

“Mi madre murió ese día. Mi padre también. Yo tenía 8 años y no me acuerdo de sus caras. Solo me acuerdo de correr”.

Se le quebró la voz, pero no lloró.

“¿Saben qué más recuerdo? Que si no hubiera corrido, no estaría aquí. Y si no estoy aquí, ustedes no tienen a dónde volver”.

Darek apretó los puños. “¿Y eso justifica perdonarlos?”.

“No”, dijo Elena. “No justifica nada. Pero la venganza no les va a devolver a sus padres. Solo va a crear más huérfanos”.

Se acercó a él.

“Si quieres pelear, pelea conmigo. Entrena con Kael. Aprende a proteger a los que quedan. Porque si vuelves a levantar la mano contra un lobo de Luna Plateada sin motivo, me vas a tener enfrente”.

Darek no bajó la mirada.

Pero tampoco atacó.

Una semana después, pidió entrar al entrenamiento de Kael.

Dos semanas después, estaba compartiendo guardia con un chico de Luna Plateada que tenía su misma edad.

No era perdón. Era algo más útil: era dejar de repetir el ciclo.

Esa noche, en el vínculo, Elena sintió a Roran orgulloso por primera vez sin que él dijera nada.

Y a Kael, aliviado.

_Lo hiciste bien_, le mandó Roran.

_No te hagas la fuerte todo el tiempo_, le mandó Kael. _Nosotros también estamos aquí._

 

Mes 7-9: La expansión

Con la paz interna estable, empezaron los proyectos grandes.

*Puesto Norte – Kael*:

Se convirtió en la escuela. No solo de combate. De lectura, de historia, de medicina básica.

Kael, que nunca había sido de palabras, descubrió que se le daba bien enseñar a los que tenían 15 años y creían que lo sabían todo.

“Si vas a pelear”, les decía, “hazlo sabiendo por qué”.

Los jóvenes lo odiaban y lo respetaban en partes iguales.

*Puesto Este – Roran*:

Se convirtió en la frontera viva.

Roran no hablaba con los pueblos vecinos. Negociaba. Intercambio de carne por herramientas. Intercambio de información por seguridad.

Tenía fama de duro, pero los mercaderes del este decían: “Roran cumple su palabra. Aunque no te guste”.

*Refugio Central – Elena*:

Se convirtió en el archivo y el hospital.

Elena abrió la biblioteca a todos. No solo a los de Ceniza.

“Si la información salva vidas, no la voy a esconder”, dijo en la primera reunión del consejo donde le cuestionaron eso.

También creó el primer equipo de curación mixto. Lobos de las dos manadas aprendiendo juntos a usar el vínculo para sanar.

El consejo empezó a funcionar. No porque todos estuvieran de acuerdo.

Sino porque todos entendían que si uno caía, caían todos.

 

Mes 10-12: El invierno de la prueba

El invierno llegó antes y más duro que el anterior.

La nieve cortó los caminos entre los puestos durante 40 días.

Las comunicaciones por vínculo se volvieron inestables con las tormentas.

Y en el refugio, la comida empezó a escasear.

Elena convocó al consejo en sesión permanente.

“No vamos a racionar por manada”, dijo. “Vamos a racionar por edad y por trabajo. Los niños y los ancianos comen primero. Los que trabajan en la nieve, comen el doble”.

Hubo protestas.

Elena las dejó hablar.

Luego dijo: “Si alguien tiene una solución mejor que no deje morir a nadie, la escucho ahora. Si no, hacemos lo que dije”.

Nadie tenía una solución mejor.

Durante 40 días, Elena durmió 4 horas por noche.

Supervisaba los almacenes, hablaba con los enfermos, mantenía la moral.

Y en las noches, cuando el vínculo se abría un poco, le mandaba a Kael y a Roran lo único que podía:

_Estoy bien. Aguanten. Nos vemos cuando pase._

Ellos aguantaban.

Kael mantuvo el puesto norte con caza y trueque con los pueblos del norte.

Roran mantuvo el este usando las cuevas viejas para almacenar comida y moverse sin ser visto.

Cuando la nieve se fue, los tres puestos seguían en pie.

Nadie murió de hambre.

Nadie se rebeló.

El consejo, por primera vez, no discutió. Solo asintió.

 

Luna Llena, Año 1: La evaluación

Un año después de la declaración del Vínculo Completo, hicieron la reunión abierta.

Elena subió a la plataforma. No estaba sola. Kael y Roran estaban a su lado, como siempre.

Pero esta vez no había tensión. Había cansancio. Y orgullo.

“Un año”, dijo Elena. “Un año sin guerra. Un año sin que un niño muera por el apellido de su padre”.

Mostró los números.

Población de Ceniza: +47 personas.

Población de Luna Plateada en los puestos: +62 personas.

Incidentes violentos entre manadas: 3. Todos resueltos sin muertes.

Comercio con pueblos vecinos: iniciado.

Muertes por invierno: 0.

No era perfecto. Había robos, discusiones, desconfianza todavía.

Pero era vivo.

“¿Fallamos en algo?”, preguntó Elena.

“Fallamos en comunicarnos mejor”, dijo Kael.

“Fallamos en confiar más rápido”, dijo Roran.

“Fallamos en descansar”, dijo Elena. “Y eso lo vamos a cambiar”.

Propuso tres cosas:

Rotación obligatoria de 2 semanas de descanso para todos los que trabajen en los puestos.

Un día al mes sin consejo. Sin decisiones. Solo comunidad.

Un archivo abierto. Todo lo que sepan, escrito. Para que nunca más se pierda la historia.

Nadie votó en contra.

Mireya, que estaba en primera fila, se levantó al final.

“Un año atrás pensé que esto no duraría un mes”, dijo. “Me equivoqué. Y me alegra”.

No dijo más. No hacía falta.

 

Noche, después de la reunión

Los tres volvieron al refugio en silencio.

No había necesidad de hablar. El vínculo lo decía todo.

Elena se sentó en las escaleras del patio, mirando las estrellas.

Kael se sentó a su lado.

Roran se quedó de pie, como siempre, vigilando.

“Lo logramos”, dijo Elena.

“No”, dijo Roran. “Lo estamos logrando. Esto no termina en un año”.

Kael sonrió. “A mí me gusta el plan de 40 años”.

Elena se rió. “40 años. Estás loco”.

“Con suerte”, dijo Roran, “vamos a estar vivos para quejarnos de lo viejos que estamos”.

Se quedaron así un rato largo.

Sin planes, sin problemas, sin guerra.

Solo tres personas que habían elegido quedarse juntas cuando hubiera sido más fácil separarse.

Elena se apoyó en el hombro de Kael.

Roran le puso una manta encima sin decir nada.

“Feliz primer año, Luna”, dijo Kael.

“Feliz primer año, para nosotros”, dijo Elena.

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Rosa Pandui
Que suerte tiene
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