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BODA SIN FLORES

BODA SIN FLORES

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Amor tras matrimonio / Romance
Popularitas:2.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Dalianna Elizondo

Ayla Eisen y Ragnar crecieron bajo la sombra de una tragedia idéntica: la enfermedad que les arrebató a sus madres, dejando a sus padres, empresarios y amigos de toda la vida, sumidos en el dolor, pero ahora, ellos han decidido sellar su destino con un contrato inquebrantable; obligándolos a contraer nupcias, donde se ven atrapados en un matrimonio sin amor, pero unidos por una promesa desesperada hecha sobre las lápidas de sus esposas; que consiste en usar su unión para financiar la batalla contra el mal que destruyó a sus familias, en una casa llena de silencios y recuerdos, en la cual deberán decidir si su alianza es solo un negocio doloroso o si, entre las cenizas de su pérdida, puede nacer la fuerza para sanar... y quizás, aprender a amar
"Nuestras madres nos heredaron su ausencia con su partida pronta, pero nuestros padres nos vendieron al mismo dolor; ahora estamos encadenados por un contrato que se firmó con sangre y se selló sobre sus tumbas."

NovelToon tiene autorización de Dalianna Elizondo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12

Despertar en el ala este de la mansión del Ragnar fue una experiencia desorientadora, la luz del sol se filtraba a través de los ventanales inteligentes con una precisión quirúrgica, iluminando la habitación que, a pesar de mis maletas, seguía sintiéndose como la suite de un hotel de lujo. No había rastro del olor a café recién hecho de Alejandra, ni del sonido de los carros en la avenida, solo el silencio sepulcral de esta pecera moderna tipo búnker diseñada para ignorar al mundo.

Busqué en los armarios mi uniforme médico: azul petróleo y pantalones cómodos, lo guardé; entré al baño, pero al mirarme en el espejo, el contraste de la "Doctora Eisen" de ayer y la de hoy era ridículo, anoche era una reina de la industria bajo flashes; hoy, volvía a ser una mujer fuerte que lidiaba con la vida y la muerte en su forma más cruda.

Al salir de mi habitación tenía la esperanza de escapar de la casa antes de cruzarme con el idiota de Ragnar, pero el destino insiste en controlarlo todo.

En el salón principal, él se encontraba despierto. Vestía un pantalón de lino gris y una camiseta blanca que revelaba los tatuajes de sus antebrazos, una faceta que el traje de ayer ocultaba cuidadosamente. Estaba sentado frente a su tablet, con un café humeante en la mano y una expresión de pocos amigos.

—Te ves... funcional —Comentó sin levantar la vista, refiriéndose a mi ropa.

—Se llama trabajar; deberías probarlo algún día. —Respondí, caminando hacia la cocina de concepto abierto.

Él dejó la tablet sobre la mesa y me observó. —Tengo tres llamadas perdidas de tu padre y una docena de mi jefe de prensa. Las fotos del brindis privado se filtraron. Dicen que la "química" entre nosotros es el motor que necesitaba la fusión para estabilizarse en la bolsa.

—Ummm, qué conveniente. —Serví un poco de café, ignorando el despliegue de frutas exóticas que alguien había dejado sobre la encimera.

—Si la bolsa depende de si nos miramos con ganas de besarnos o de matarnos, los inversores deberían estar preocupados.

—La gente quiere romance, Lía o al menos la ilusión de uno. —Ragnar se levantó y caminó hacia mí. Su sola presencia parecía acortar el espacio en la inmensa cocina.

— Por cierto, el chófer te llevará al hospital. No quiero que uses tu coche viejo. Es un objetivo fácil para los paparazzi que están acampando en la entrada de la urbanización.

Dejé la taza sobre el mármol con un golpe seco. —No voy a dejar de conducir mi auto porque a unos fotógrafos les interese mi vida privada.

—No es una sugerencia, es seguridad “niña”. —Su tono se volvió autoritario. —Se te olvida que eres la mitad de una de las corporaciones más grandes del país. Si te sucede algo o si te sacan una foto en un coche que no cumple con los estándares de la empresa, el mensaje de "unidad" se rompe. —Súbete al maldito blindado, ve al hospital, salva vidas y regresa a las seis. Tenemos la cena con los directivos.

—¡No soy una de tus practicantes, Graf!

—No, eres mi socia. Actúa como tal.

Lo fulminé con la mirada, pero sabía que tenía razón en un punto: la seguridad. —Si el hospital se llenaba de reporteros por mi culpa, pondría en riesgo la tranquilidad de mis pacientes. Por lo que asentí con rigidez y salí de la casa.

El hospital fue mi único refugio, entre quimioterapias, revisiones de expedientes y rondas por el pabellón oncológico, la figura de Ragnar y el contrato de diez años se diluyeron. Aquí, yo tenía el control. Aquí, las células no mentían.

Sin embargo, la realidad me golpeó al mediodía cuando entré a la oficina de administración.

—Doctora Eisen, tenemos noticias. —Dijo el director del hospital, un hombre que siempre me había mirado con condescendencia y que ahora me ofrecía una silla con una sonrisa servil. —La primera transferencia de Graf-Eisen Global ha llegado, hemos aprobado la compra del nuevo acelerador lineal y la expansión del ala pediátrica.

Sentí una mezcla de triunfo y asco; el dinero estaba ahí, mi libertad estaba comprando tiempo para mis pacientes.

—¡Excelente! —Con voz plana. —Asegúrese de que el equipo sea de última generación. No quiero que se pierda ni un dólar en burocracia.

Al salir de la oficina, me detuve frente a la ventana del pasillo. Abajo, en la entrada principal, pude ver tres furgonetas de prensa. Estaban esperando. Me sentí como un animal marcado. Mi prestigio profesional, ese que tanto me había costado construir sola, ahora estaba irremediablemente ligado al apellido de un hombre que pasaba sus noches en escándalos.

Regresé a la "pecera" a las cinco de la tarde. El cansancio de la jornada se acumulaba en mis hombros, pero no había tiempo para descansar. El vestido para la cena ya estaba colgado en mi habitación: un diseño de seda color perla, de corte impecable con una espalda peligrosamente descubierta. Junto a él, una nota con la caligrafía angulosa de Ragnar: "Póntelo. Los diamantes están en el tocador. Haz que valga la pena cada centavo".

Me preparé mecánicamente. Maquillaje, peinado, joyas. Cuando terminé, la mujer que me devolvía la mirada parecía una extraña. Era elegante, poderosa y terriblemente fría.

Bajé las escaleras justo cuando él aparecía en el vestíbulo, terminando de anudarse una corbata de seda negra. Al verme, se detuvo en seco, sus ojos recorrieron cada centímetro del vestido perla, deteniéndose en el brillo de los diamantes en mi cuello.

—El blanco te sienta bien. —Dijo con una voz inusualmente baja. —Te da un aire de inocencia que ambos sabemos que has perdido.

—La inocencia murió en el momento en que firmé ese papel, Ragnar. Ahora solo queda la eficiencia.

Él se acercó sin pedir permiso, colocó sus manos sobre mis hombros, girándome para observar la espalda descubierta. Pude sentir su respiración cerca de mi nuca, un escalofrío recorriendo mi columna que no tenía nada que ver con el frío.

—Esta noche vamos a cenar con los hombres que controlan el sistema de salud privado. Van a intentar subestimarte por ser mujer y además muy joven. — Quédate cerca de mí, deja que yo maneje la política y tú dales la estocada final con los datos técnicos.

—Sé defenderme sola. —Apartándome de su toque.

—Lo sé —Respondió recuperando su máscara de cinismo. — Pero esta noche no somos dos individuos, somos una marca y más vale que la marca sea impecable, porque si uno de nosotros cae, los buitres se comerán al otro antes de que toque el suelo.

Salimos al automóvil bajo una nueva marea de flashes que nos esperaba fuera del portón. En la oscuridad del asiento trasero, mientras el Mercedes se dirigía al exclusivo restaurante del centro, Ragnar tomó mi mano. Su agarre era firme, cálido y completamente falso.

—Tus dedos están helados. —Comentó, sin soltarme, — ¿Tienes miedo, Doctora?

—Tengo náuseas. — Mirando nuestras manos entrelazadas. — Pero no te preocupes, soy muy buena ocultando los síntomas de una enfermedad terminal; como este matrimonio.

Él apretó mi mano un poco más, por un segundo, me pareció ver una chispa de algo genuino en su mirada.

—Entonces asegúrate de que el paciente sobreviva a la noche. —Susurró. —Porque la función acaba de empezar. —Así que sonríe querida futura esposa...

Una mueca disfrazada de sonrisa se pintó sobre mis labios, mientras éramos atacados sin piedad por una tormenta de flashes de todas las direcciones, logrando entrar al salón principal donde la opulencia hacía gala. Entramos tomados de la mano, como la pareja del año. Los presentes empezaron a chuchear discretamente, pronto se aproximaron nuestros progenitores que aparentaban ser los mejores del mundo.

—Ahí están, la joya de la corona de la industria. —Exclamó mi padre, extendiendo los brazos con una efusividad que solo reservaba para las cámaras y los socios mayoritarios.

A su lado, Bruno Graf asentía con una sonrisa que no llegaba a sus ojos, esos que eran idénticos a los de su hijo, pero vacíos de cualquier rastro de humanidad que no fuera ambición pura. Me sentía como una pieza de exhibición en una galería de arte de alta gama: valiosa, observada, pero, sobre todo, inanimada.

—Ayla, querida, el vestido es una elección magistral. —Comentó Bruno, acercándose para besar mi mejilla. El olor a tabaco caro y colonia antigua me provocó un mareo momentáneo. — Blanco perla... el color de los nuevos comienzos, espero que mi hijo te esté tratando con la deferencia que una mujer de tu calibre merece.

Sentí la mano de Ragnar en mi cintura, apretando con una advertencia silenciosa. Sus dedos se hundieron ligeramente en la tela de seda, recordándome que, en este escenario, él era mi único aliado contra esos dos hombres que nos habían vendido.

—La trato como el tesoro que es, padre —Respondió. —Su voz tenía una nota de sarcasmo tan sutil que solo yo pude detectarla. — Aunque a veces la doctora olvida que ya no está en su laboratorio y que aquí, las bacterias más peligrosas visten de etiqueta.

1
Yanet Cristina Vilugron Salazar
mal los padres
Yanet Cristina Vilugron Salazar
omg😱
Yanet Cristina Vilugron Salazar
upsss
Yanet Cristina Vilugron Salazar
jajaja él la miro como hombre
Yanet Cristina Vilugron Salazar
hay hay emociones
Yanet Cristina Vilugron Salazar
me gusta
Yanet Cristina Vilugron Salazar
interesante
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