Jeremy aceptó una propuesta laboral que le garantizaba el éxito profesional; el único problema era que lo llevó a la ciudad donde vivía Alisson, su primer y más grande amor, con quien las cosas no habían terminado nada bien hace diez años atrás. Al llegar no esperó encontrarse con la noticia de que su ex había fallecido el día anterior.
Asistió al funeral para despedirse como no pudo hacerlo antes, cuando puso una rosa en el ataúd, no pudo evitar derramar una lágrima; y eso fue suficiente para crear la conexión. Al llegar a su departamento, mientras terminaba de bañarse y limpiar el espejo empañado, vio a través del mismo el rostro de Alisson; acababa de toparse con el fantasma de su ex.
Ahora Alisson le pide ayuda para atrapar a su asesino, porque le asegura que ella no se mató, aunque no recuerda quien lo hizo. ¿Podrá Jeremy descubrir la verdad de la muerte de Alisson? ¿Podrá descubrir la verdadera razón de su separación?
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11. Proyecto Amanecer
Jeremy llegó al edificio corporativo a las 7:56 de la mañana, con el café demasiado caliente en una mano y la sensación de que su vida había tomado un desvío absurdo durante la madrugada. El vapor escapaba por la pequeña abertura de la tapa de plástico, quemando ligeramente la punta de su nariz con cada paso. El aire acondicionado del exterior chocó contra su rostro, frío y artificial, en marcado contraste con el calor húmedo de su apartamento y la presencia sobrenatural que lo había acosado hasta el último segundo antes de salir.
El lobby era exactamente el tipo de lugar que uno construía cuando quería impresionar a los inversionistas. Mármol gris, acero cepillado, iluminación blanca perfectamente calculada y una recepcionista que sonreía con la eficiencia de alguien entrenado para detectar debilidad humana a veinte metros de distancia. Los tacones de las mujeres y los zapatos de cuero de los hombres resonaban contra el suelo pulido con un ritmo seco, como un metrónomo de productividad despiadada.
Jeremy caminó hacia los ascensores ajustándose la corbata con una mano. El nudo le parecía más apretado de lo habitual, un nudo en la garganta que no tenía nada que ver con la seda. No había dormido más de una hora seguida. Cada vez que cerraba los ojos recordaba a Alisson de pie en su cocina, mirándolo como si la muerte fuera apenas un inconveniente logístico. La imagen de su piel pálida y la manera en que la luz de la nevera se filtraba a través de su forma translúcida se le grababa en la retina, parpadeando incluso cuando miraba las paredes de mármol.
El ascensor se abrió con un sonido limpio, un ding suave que anunció su transporte hacia la guillotina corporativa. Entró, girándose para enfrentar las puertas. Y solo cuando las puertas metálicas comenzaron a cerrarse se permitió levantar la mirada hacia el reflejo del acero pulido.
Alisson estaba detrás de él. Jeremy cerró los ojos un segundo, contando hasta tres para controlar el impulso de gritar o tirar el café contra el espejo. El corazón le dio un vuelco irregular, golpeando contra las costillas como un pájaro enjaulado. Abrió los ojos y allí estaba, clara como el día en el reflejo.
- “No puede ser, ¿también puedes seguirme hasta acá? Necesitamos reglas”, murmuró Jeremy entre dientes.
- “No lo sabía hasta que lo intenté”, respondió ella. Su voz no venía de una dirección física específica, sino que resonaba directamente en su oído..
El reflejo del ascensor la mostraba apoyada contra la pared trasera, observando el panel digital de pisos como si aquello fuera perfectamente normal. Llevaba el mismo suéter gris, el cabello ligeramente desordenado sobre los hombros y esa expresión tranquila que comenzaba a irritarlo profundamente. Parecía demasiado cómoda para ser alguien que había estado muerta, o al menos, eso era lo que Jeremy intentaba convencerse a sí mismo.
Jeremy habló sin mover apenas los labios, mirando fijamente el número del piso cambiar en el display rojo.
- “Te dije que fueras sutil”, dijo Jeremy.
- “Estoy siendo sutil”, comentó Alisson.
- “Eres un fantasma dentro de un ascensor corporativo”, insistió Jeremy.
- “No estoy asustando a nadie”, replicó ella, y en el reflejo, Jeremy la vio cruzarse de brazos con un movimiento fluido, casi etéreo.
Jeremy soltó aire por la nariz. Técnicamente, tenía razón. Nadie más podía verla, oírla, o sentir el escalofrío que recorría su espalda cada vez que ella se acercaba. Era una pesadilla privada, un espectáculo de un solo espectador.
Las puertas se abrieron en el piso dieciocho con un suave deslizamiento antes de que pudiera responder. Jeremy salió al corredor de oficinas abiertas, intentando ignorar la presencia flotando detrás de él.
El lugar estaba vivo de una manera agresiva. Teléfonos sonando con urgencia. Tacones golpeando el suelo como proyectiles. Gente caminando rápido con tabletas bajo el brazo y expresiones tensas de productividad crónica. Nadie miraba a nadie a los ojos.
Pantallas gigantes colgadas del techo mostraban renders arquitectónicos rotando lentamente de estructuras modernas de vidrio y concreto, espacios culturales minimalistas, restauraciones históricas convertidas en experiencias urbanas "innovadoras". Jeremy reconoció inmediatamente el lenguaje corporativo. No vendían edificios. Vendían futuro, o al menos una versión estéril y altares de élite del mismo.
- “Jeremy”, dijo una mujer.
Él levantó la vista, distraído por una pantalla que mostraba un interior de apartamento demasiado blanco para ser habitado.
Una mujer alta de cabello oscuro caminaba hacia él con una carpeta en la mano y el tipo de postura que sugería que jamás llegaba tarde a nada. Su traje era impecable, de un corte severo que acentuaba la línea de sus hombros.
- “Rebecca Müssen”, dijo ella, estrechándole la mano con firmeza, un apretón seco y profesional que duró exactamente el tiempo necesario para no ser descortés ni íntimo. “El director general está retrasado, así que voy a asumir que sabes seguir instrucciones sin supervisión adulta”.
Jeremy casi sonrió, la ironía de la situación retorciéndole el estómago. Supervisión adulta. Si ella supiera que la única "supervisión" que tenía era una fantasma obsesiva con un caso de asesinato sin resolver.
- “Haré mi mejor esfuerzo”, respondió Jeremy.
- “Eso suele ser una amenaza en esta empresa”, replicó Rebecca.
Rebecca empezó a caminar y Jeremy tuvo que seguirle el paso inmediatamente, notando que Alisson flotaba a su lado, mirando con curiosidad los rostros de los empleados que pasaban.
- “Tu currículum es extraño”, dijo Rebecca sin rodeos, mientras doblaban una esquina hacia una zona de oficinas más privadas. “Mucho talento. Muy poca estabilidad. Cambiaste de ciudad cuatro veces en ocho años. Rechazaste proyectos grandes. Desapareciste de firmas importantes justo cuando empezabas a despegar”.
Jeremy mantuvo el rostro neutral, sintiendo el sudor frío formarse en su espalda bajo la camisa. La separación de Alisson, la culpa, la huida constante, todo estaba documentado ahí, en negro sobre blanco, etiquetado como "inestabilidad".
- “Supongo que me gusta moverme”, mintió él, con la voz tranquila.
- “Eso o huyes de algo”, expresó Rebecca.
Alisson soltó una pequeña risa detrás de él, un sonido cristalino que pareció rebotar en las paredes de vidrio. Jeremy tosió para cubrir el impulso de girarse y pedirle a su exnovia fantasma que se callara.
Rebecca ni siquiera reaccionó, demasiado enfocada en su ruta y en la carpeta bajo su brazo.
- “La buena noticia”, continuó Rebecca, deteniéndose frente a una puerta de vidrio esmerilado, “es que aquí no nos importa tu crisis existencial mientras cumplas plazos”.
Entraron a una sala de reuniones amplia, rodeada completamente de vidrio. Ya había seis personas sentadas alrededor de la mesa ovalada de madera oscura. Computadoras abiertas brillando con planos CAD. Planos impresos extendidos. Café caro en tazas de cerámica sin logos.
Jeremy identificó inmediatamente el ambiente, competencia disfrazada de cordialidad. Los ojos de los presentes se clavaron en él brevemente, evaluando, pesando, y luego volvieron a sus pantallas con indiferencia calculada.
Rebecca dejó la carpeta frente a él y se movió hacia el frente de la sala para controlar la presentación digital.
- “Tenemos dos proyectos prioritarios este año”, dijo Rebecca mientras encendía la pantalla principal con un control remoto. “El rediseño estructural de la catedral de San Gabriel y el proyecto Amanecer”.
La pantalla cambió con un parpadeo suave, pasando de un logo corporativo azul a una imagen fotorealista.
Un render apareció ocupando toda la pared. Jeremy sintió que algo dentro de su pecho se detenía, como si el aire del cuarto hubiera sido succionado repentinamente.
Era el edificio. El mismo bloque antiguo de ladrillo rojizo que había visto cientos de veces una década atrás. Ventanales altos con marcos de madera podrida. Balcones estrechos de hierro negro. La esquina donde Alisson compraba café cuando trabajaba hasta tarde en el estudio del tercer piso, el estudio donde, según ella, todo había terminado.
Pero en el render estaba transformado. Había mucho vidrio y acero, terrazas modernas que colgaban peligrosamente sobre la calle. Nada quedaba del edificio original salvo la estructura base, como si hubieran desollado la fachada y le hubieran puesto una piel de tecnología y lujo. El carácter sucio y vivido del lugar había sido esterilizado, reemplazado por una estética fría y costosa.
Debajo del diseño, en letras blancas y sans-serif que brillaban con arrogancia, podía leerse:
PROYECTO AMANECER — RENOVACIÓN URBANA INTEGRAL
Jeremy sintió un nudo en el estómago, duro y frío. Alisson se acercó a la pantalla, pasando a través de la mesa de reuniones sin que nadie lo notara, y detuvo su mirada en la representación digital de su antiguo lugar de trabajo. Su rostro, reflejado en el vidrio de la pantalla, mostró una mezcla de horror y reconocimiento.