Un amor roto por mentiras renace entre el deseo y el rencor. Aura regresa con un secreto que lo cambia todo: un hijo. Mauricio nunca dejó de amarla, pero el engaño los separó. Entre pasiones, verdades ocultas y una rival obsesiva, el destino los enfrentará nuevamente.
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Capítulo 13: La verdad que ya no puede esconderse
El departamento de Camila estaba cálido, acogedor. Una botella de vino abierta descansaba sobre la mesa, y las tres copas ya servidas reflejaban lo que sería una noche larga.
—Bueno… —dijo Camila, cruzándose de brazos—. Ahora sí vas a hablar.
Daniela, sentada en el sofá, la miró con atención.
—Porque ese “necesito verlas” no fue normal.
Aura sostuvo su copa entre las manos.
Sus dedos estaban tensos.
—Hay algo que no les he dicho… —empezó.
—Te estamos escuchando —dijo Camila, suavizando apenas el tono.
Aura respiró hondo.
—Tengo un hijo.
Daniela parpadeó.
—¿…Qué?
Camila se quedó completamente quieta.
Aura asintió.
—Tiene cinco años.
—Aura… —murmuró Daniela—. ¿Cómo…?
—Se llama Christopher —continuó ella—. Y…
Se detuvo.
—Mauricio es su padre.
Camila dejó escapar el aire lentamente.
—No puede ser…
Daniela la miraba, aún procesando.
—¿Te fuiste embarazada?
Aura asintió.
—Sí.
—¿Y nunca le dijiste? —preguntó Daniela.
—No —respondió Aura—. Porque cuando me fui… ya todo había terminado.
—Silvana fue a verme… me dijo que estaba embarazada de él… que se casarían… que Mauricio no quería saber más de mí.
Daniela y Camila intercambiaron miradas.
—Aura… —dijo Daniela con cuidado—. Eso no es verdad.
Aura frunció el ceño.
—¿Qué?
—Silvana y Mauricio nunca han tenido una relación —continuó—. Nunca.
El golpe fue seco.
—No… —negó Aura—. Eso no puede ser…
—Es cierto —afirmó Camila—. Ella siempre ha estado detrás de él, pero Mauricio jamás la ha mirado.
Aura se quedó en silencio.
—Y no tienen un hijo —añadió Daniela.
Aura tragó saliva.
—Pero… ella me lo dijo…
—Te manipuló —dijo Camila sin rodeos—. Esa mujer es capaz de cualquier cosa.
Aura bajó la mirada.
—Yo firmé los papeles del divorcio…
—Entonces tú crees que todo terminó ahí —dijo Daniela con suavidad.
Aura asintió.
—Sí… para mí, eso fue el final.
Camila suspiró.
—Lo que sí es cierto —añadió— es que ese hombre está peor que antes.
Aura levantó la mirada.
—¿A qué te refieres?
—Solo piensa en trabajar… —dijó—. Está insoportable.
Daniela asintió.
—Sí… ha cambiado mucho.
Aura guardó silencio.
—Ayer me lo encontré… —dijo finalmente.
Ambas la miraron de inmediato.
—¿Dónde? —preguntó Daniela.
—En el restaurante.
Y entonces…les contó todo.
—Me acuso de tener un amante… —murmuró al final.
Camila negó con fastidio.
—Sigue siendo el mismo de siempre en ese aspecto.
Aura bajó la mirada.
—Mi hijo me preguntó por su padre…
—Ya no puedes seguir ocultándolo —dijo Camila.
—No es tan fácil —respondió Aura.
—Tu hijo merece un padre —añadió Daniela—. Y él merece saber.
Aura cerró los ojos.
—No sé cómo hacerlo…
Camila se acercó y se sentó a su lado.
—Empieza por la verdad.
Daniela asintió.
—Aunque duela.
Aura abrió los ojos.
—Todo este tiempo… —susurró—. viví creyendo algo que no era.
—Te hicieron creer eso —corrigió Camila.
Daniela suspiró y tomó su copa.
—Bueno… —dijo, intentando aligerar el ambiente—. Creo que necesitamos beber después de todo eso.
Camila soltó una pequeña risa.
—Por fin dices algo inteligente.
Aura sonrió apenas.
El vino bajó cálido, aflojando un poco la tensión que llevaba encima.
—Come —insistió Camila, acercándole un plato—. No vas a resolver tu vida con el estómago vacío.
Aura negó suavemente, pero tomó el tenedor.
—Gracias…
—Bueno —dijo Daniela, apoyando la espalda en el sofá—. Ya que estamos confesando cosas…
Camila alzó una ceja.
—Ajá… suelta.
Daniela dudó un segundo.
—Creo que… la próxima vez que Ricardo me pida matrimonio… le voy a decir que sí.
Aura levantó la mirada de inmediato.
—¿En serio?
Camila abrió los ojos con sorpresa.
—¡Por fin!
Daniela soltó una risa suave.
—Oye…
—¿Richard? —añadió Aura con una sonrisa más sincera—. Ese niño es una copia de Ricardo.
Daniela sonrió con ternura.
—Lo sé… y es lo mejor que me ha pasado.
—Supongo que… —continuó Daniela—. ya no se trata de si creo o no en el matrimonio.
Miró su copa.
—Sino de que… ya tengo todo con él. Solo falta dar el paso.
Aura la observó.
—¿Y te da miedo?
Daniela negó.
—No… —admitió—. Creo que antes sí. Pero ahora… me da más miedo perder lo que tenemos.
Camila asintió.
—Eso sí es lógico.
Aura sonrió.
—Me alegra por ti, Dani.
Daniela le devolvió la sonrisa.
—Gracias…
Camila tomó su copa.
—Bueno, ya que todos están evolucionando menos yo…
Daniela soltó una risa.
—Ay, no empieces.
Aura la miró con curiosidad.
—¿Qué pasa contigo y Gabriel?
Camila bufó.
—Nada.
—Ajá… —respondieron las dos al mismo tiempo.
Camila negó con la cabeza.
—Es un problema con piernas.
Daniela rió.
—Te encanta.
—No me encanta —corrigió ella de inmediato—. Me desespera.
Aura sonrió.
—Eso suena peor.
Camila rodó los ojos.
—Es encantador cuando quiere… —admitió—. Pero también es… demasiado.
—¿Demasiado qué? —preguntó Daniela.
—Demasiado seguro de sí mismo… demasiado insistente… demasiado… Gabriel.
Las tres rieron.
—¿Y si te gusta? —insistió Aura.
Camila la miró.
—Me encanta… —aceptó—. Pero de ahí a tener algo serio…
Negó.
—No estoy ahí.
Daniela se inclinó hacia ella.
—Tal vez no tienes que estarlo ahora.
—O tal vez sí —replicó Camila—. Porque no quiero algo a medias.
Aura la observó en silencio.
Entendiendo más de lo que decía.
—A veces… —murmuró—. uno cree que no está listo… hasta que la vida decide por ti.
Las tres se quedaron en silencio un segundo.
Camila levantó su copa.
—Bueno… por las decisiones difíciles.
Daniela levantó la suya.
—Por el amor… en todas sus formas.
Aura dudó un segundo…
y luego hizo lo mismo.
—Por la verdad.
Las copas chocaron suavemente.
Y por un momento…
todo estuvo bien.
Aunque solo fuera…
por esa noche.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
El timbre sonó en la casa de Mauricio.
Él frunció el ceño.
No esperaba a nadie.
Caminó hacia la puerta con paso firme y la abrió sin demasiado interés… hasta que la vio.
—Silvana.
Ella sonrió, como si su presencia fuera lo más natural del mundo.
—¿No vas a invitarme a pasar?
Mauricio suspiró, molesto.
—Estoy ocupado.
—Solo será un momento —insistió ella, entrando sin esperar respuesta.
La casa estaba en silencio.
Silvana cerró la puerta detrás de sí.
Y entonces…
sin previo aviso…
se quitó la gabardina.
La tela cayó al suelo.
Quedó completamente desnuda frente a él.
El aire se tensó.
Pero no por deseo.
Por tensión.
Por incomodidad.
Por rechazo.
Mauricio no la miró como ella esperaba.
No hubo sorpresa.
Ni interés.
Ni una sola chispa.
Su expresión se endureció.
Caminó hacia ella con calma.
Se agachó.
Recogió la gabardina del suelo.
Y sin decir una palabra, se la colocó sobre los hombros, cubriéndola por completo.
—Lárgate.
Silvana parpadeó.
No esperaba eso.
—Mauricio, yo solo—
—Y la próxima vez que intentes algo así —la interrumpió, su voz baja pero firme—, te despediré.
El golpe fue claro.
—Y cortaré todo lazo contigo.
Silvana se quedó inmóvil.
Humillada.
Pero sobre todo…
furiosa.
Sus manos apretaron la tela que ahora la cubría.
—Te vas a arrepentir —pensó, con una sonrisa que no alcanzaba sus ojos.
Ella giró sobre sus talones y salió de la casa con pasos firmes, llevándose consigo el orgullo hecho pedazos.
La puerta se cerró con fuerza.
Mauricio se quedó ahí.
Pasó una mano por su rostro.
Exasperado.
—Esto ya es demasiado… —murmuró.
perp cuando veas la realidad haber si vas a llorar y rogar para pedir perdón hombre...
ya deja de comportarte como niño y aprende a ser hombre ..e investiga qué fue lo que paso en realidad porque esa silvana e una culebra ponsoñosa ...