María, enamorada del príncipe de sus sueños como toda doncella, todo a su alrededor caera cuando descubra que no todo lo que creía, era real, y la desilusión la lleva a tomar una decisión, un sacrificio que cambiará su vida y la de todos los reinos.
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CAPÍTULO 12
Aquiles no podía dejar de verlos, pensando en cómo someter a María a sus necesidades y a sus deseos, pero eso era algo que no iba a pasar; se obliga a dejar de verla y sigue con su vigilancia, hasta la hora de comida.
Fue una comida diferente algo que disfrutaron los caballeros, hasta Aquiles, aunque no dijo nada, solo comió la comida en silencio y toda la tarde se hizo cargo del timón, quería mantenerse lo más alejado de María.
Ese día María terminó cansada había ayudado al cocinero. Mantenerse ocupada le ayudó a no estar pensando en Carlos y en su hermana, pero para las 10 de la noche cuando terminaron de limpiar la cocina ella estaba rendida, cansada, nunca había trabajado tanto.
Era una joven noble, pero por un gusto personal aprendió a cocinar, no sabía hacer muchas comidas, solo sus favoritas; ese caldo de papa y queso era algo que siempre pedía cuando estaba triste, por esa razón entre su plática le habló de esa comida, haciéndola ver como algo muy rico, le metió tanto la idea que el cocinero quiso probar.
Fue algo bueno para ella y disfrutó de ese día donde pudo olvidar todos sus problemas, pero lo mejor era que parecía tener dos amigos al cocinero y Omar, que eran atentos, lindos, algo que le gustaba; una vez que terminaron con lo de la cocina, se despidió del cocinero, salió y se quedó un poco viendo la luna, que ya no estaba tan llena.
Aquiles la miró cuando se paró en el barandal, se le hizo que se miraba hermosa, la forma en que la luz de la luna la alumbraba era algo realmente bello; se sentía hipnotizado por lo que estaba viendo, pensó en acercarse a ella, decirle que se miraba hermosa, pero María no se quedó mucho tiempo ahí, apenas dio el primer paso cuando la mira caminar a los cubículos.
Resopló por no haber ido antes, pero también pensó que fue lo mejor, esa mujer lo descontrolaba y quería mantenerse alejado de ella; se quedó en el timón hasta las 1 am, de ahí se fue a su camerino.
Se metió a bañar, una vez que terminó se recostó en la cama desnudo como todas las noches, para las 6 am, ya estaba despierto, se levanta se cambió y salió a la cubierta; se sentía algo adormilado, apenas ponía atención por donde caminaba, estaba por empezar a subir las escaleras para ir al timón cuando escucha la voz de María diciendo. – Terminamos pronto el desayuno, podemos tomarnos un té, para esperar que todos vengan a comer.
Aquiles voltea a ver la puerta de la cocina, se sorprende al verla salir con una cubeta en sus manos, que vacía en la orilla del barco, directo al mar; se quedó parado viéndola, estaba sorprendido de verla tan temprano en la cocina, realmente no esperaba que ella cumpliera con lo que le dijo.
Cuando ella regresa a la cocina sus miradas se cruzan, Aquiles por instinto iba a decirle buenos días, pero en ese momento que lo pensó, la mira torcerle la boca en forma de disgusto y voltearse para otro lado, ignorándolo por completo.
Eso lo molestó y siguió subiendo los escalones, no se esperaba encontrarse tan temprano a María, pero menos se esperó que le hiciera mala cara como si fuera ella la que más sufría con su presencia; la actitud de ella lo hizo sentir frustrado, realmente nunca nadie lo había rechazado de esa manera, estaba más acostumbrado a ser seguido por las mujeres, a ser él quien siempre las rechaza, pero eso no solo le pasaba con mujeres, lo mismo era con los hombres que siempre lo buscaban para solucionar problemas, por el simple hecho de que necesitaban algo de él.
Era la primera vez que alguien trataba de evitarlo, hasta parecía molesta de verlo y eso sí lo molestaba, no le gustaba sentirse rechazado, su ego, su orgullo estaba siendo golpeado por esa jovencita hermosa, de la que quería su atención; realmente deseaba que lo buscara, pero eso parecía que no iba a pasar, tenía que lidiar con ese hecho para no ir él mismo a buscarla, a suplicar por su atención.
No pudo estar en el timón, se la pasó en proa viendo el inmenso mar, para poder evitarla, sabía que en ese lugar ella no podía ir, mucho menos podía verla y al ser el capitán nadie lo podía molestar o quitarlo de ahí; ese día nadie lo buscó, ni lo molestó, uno de sus caballeros le llevó el desayuno y otro la comida, era extraño para él, porque era Omar el que siempre se encargaba de eso, lo dejó pasar pensando que estaba ocupado, pero al llegar la cena fue lo mismo, no pudo evitarlo más, la curiosidad le ganó, terminó preguntando ¿Dónde está Omar?
El caballero que le llevó la cena, con una tranquilidad le dijo. – Omar se la pasó con María y Marcos (Marcos es el nombre del cocinero).
Capitán, la verdad es el mejor viaje que hemos tenido, María es increíble, no es como esas jovencitas que siempre llevamos, es alguien diferente, bromea con todos, hasta le gustan los juegos de mesa, le gusta bromear con todos y hasta me dio un consejo para que mi novia me perdone, sin hablar de lo bien que cocina; todos estamos contentos con ella y nos pidió que la llamáramos por su nombre, no se molesta por nada, sabe entender las tonterías que decimos, se ríe de nuestros chistes.
Creo que Omar está disfrutando de sus pláticas, divirtiéndose como todos quisiéramos estar con ella, pero no se puede porque tenemos que trabajar, quedamos de comer juntos en las tres comidas para poder disfrutar de sus pláticas.
Aquiles se molestó mucho de lo que le dijo, no podía creer que todos estuvieran teniendo pláticas agradables con ella y mucho menos que los dejara llamarla por su nombre, algo que no le permitía a él.