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El Enredo Del Destino

El Enredo Del Destino

Status: En proceso
Genre:Romance / Dejar escapar al amor
Popularitas:599
Nilai: 5
nombre de autor: EllyaG

Isabela de la Torre creció sabiendo exactamente qué papel debía cumplir. Su vida estaba trazada con precisión… hasta que conoció a Dante Belmonte. Un amor de juventud que comenzó como una conexión inesperada pronto se convirtió en algo profundo… y muy peligroso. Entre encuentros furtivos, decisiones imposibles y el peso constante de la sociedad, Isabela se enfrenta a una verdad que nadie le enseñó a manejar: a veces, amar no es suficiente. Cuando el deber y el corazón chocan, alguien siempre termina perdiendo. Años después, el destino vuelve a ponerla frente a una elección. Por un lado, Dante Belmonte, con quien sus caminos se han cruzado una y otra vez, marcados por el tiempo, el orgullo, los errores y las consecuencias de lo que nunca pudo ser. Lo que una vez fue inocente se transforma en algo más oscuro… más complejo… más real. Y tal vez… ahora sea el momento correcto. Por otro, Luca Medinaceli, un archiduque misterioso que, sin buscarlo, atrae la atención de toda la sociedad.

NovelToon tiene autorización de EllyaG para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Vacaciones

Habían pasado quince días desde aquella conversación con Dante.

Las vacaciones habían comenzado, y las demás familias empezaban a llegar al campo para pasar la temporada lejos del bullicio de la sociedad.

Todo avanzaba. Todo era perfectamente normal… salvo para Isabela.

El tiempo continuaba para todos, pero para ella era distinto.

Su hermana, Damara, estaba a una semana de casarse con Aarón Belmar. La mansión campestre de los De La Torre se encontraba llena de actividad; sus días estaban ocupados, o al menos eso intentaba. Se le había solicitado ayuda en distintas tareas y, como una de las anfitrionas y futura duquesa, debía participar.

Y lo hacía.

Pero no era ella misma.

No estaba en su mejor momento.

La vida continuaba. Ella aún tenía el corazón roto, pero eso no detuvo a nadie. Todos avanzaban… excepto ella.

Vivía, dormía y hablaba casi por inercia, como si todo ocurriera sin que realmente estuviera presente.

Las noches eran las más difíciles.

El recuerdo dolía… y dolía mucho.

La sensación de pérdida.

La pregunta constante del “¿y si…?”.

La idea de haber perdido algo que ni siquiera había comenzado.

Era más difícil de lo que dejaba ver.

Pero no se arrepentía.

Aun así… lo extrañaba.

Quería verlo. Quería hablar con él.

Pero él no la había buscado, ni una sola vez.

Y, en el fondo, lo entendía.

Habría sido mucho más difícil alejarse si él hubiera insistido.

La sensación de estar incompleta permanecía.

Había un vacío que no lograba explicar.

Y lo peor… no podía hablar de ello con nadie.

Para los demás, aquello nunca había sucedido.

Pero ella tenía el corazón roto.

Algunos lo notaban… pero fingían que no.

Fingían que estaba bien.

Sin duda, le tenían más fe de la que ella misma se tenía.

—¿Hermana?

Damara entró en la habitación.

Isabela la observó. Por un instante, recordó que su hermana había hecho lo mismo antes de que ella partiera al internado.

—¿Qué pasa? —preguntó. Su voz salió más ronca de lo habitual.

Damara la miró con detenimiento.

—Te ves mal —confesó sin rodeos.

Isabela sostuvo su mirada un segundo.

Ya no podía engañarla con respuestas simples.

—Me siento… un poco mal —admitió.

Damara no apartó la vista.

—¿Sigues pensando en él?

Isabela frunció ligeramente el ceño.

—¿Quién te habló de eso?

Damara soltó una pequeña risa.

—El abuelo intenta ocultarlo. Finge que no pasa nada… pero yo observo y escucho.

Hizo una pausa.

—Sé lo que ocurrió. Y lo siento.

El silencio se instaló entre ambas.

—Es la primera vez que sentías algo por alguien, ¿verdad?

Isabela desvió la mirada.

—Lo superaré —respondió, esbozando una sonrisa poco convincente.

Damara no insistió.

—Tal vez más adelante el destino los vuelva a unir —dijo con suavidad—. Ya sabes cómo es… a veces el destino se enreda.

Isabela la miró, confundida.

—¿Se enreda?

Damara asintió, con una pequeña sonrisa.

—Sí. Como si todo se mezclara y nada tuviera sentido por un tiempo. Pero luego… poco a poco, ese enredo se deshace.

Hizo una pausa.

—Y cuando eso pasa, las personas que realmente forman parte de tu camino… encuentran la manera de volver.

Isabela la observó en silencio.

—Nunca me había dado cuenta, pero eres demasiado romántica —comentó finalmente—. Yo no soy así. Para mí todo es más… estructurado.

Se enderezó ligeramente.

—Él salió de mi vida por un deber. Y voy a cumplirlo.

Damara la observó en silencio.

—Sabes que el abuelo quiere que conozcas a jóvenes apropiados, ¿verdad?

Isabela frunció el ceño.

—¿Se lo dijo a la abuela?

—No directamente. Pero han estado viniendo amigos del abuelo… gente importante.

Se cruzó de brazos.

—Se reúnen cada tres días. Beben, juegan cartas… y quieren presentarte a sus hijos.

Isabela suspiró.

—¿Quiénes son?

—El futuro marqués de Berth, el futuro duque Solórzano… y el hijo del archiduque Medinaceli.

—No conozco a ninguno.

Damara sonrió.

—Los tres estudian en San Valerio.

Isabela levantó la mirada.

—¿Tienes alguna preferencia?

Damara rió.

—Isabela… me caso en una semana.

Hizo una pausa, pensativa.

—Pero si tengo que elegir… Solórzano.

—¿Por qué?

—Es joven, atractivo, con buena reputación y está exactamente a tu nivel. Es una opción segura.

Se encogió ligeramente de hombros.

—El marqués no. Tiene mala fama.

Isabela asintió.

—¿Y Medinaceli?

Damara cambió levemente la expresión.

—Es distinto. Apuesto, inteligente… y muy reservado.

Hizo una pausa.

—Se parece un poco a ti.

Isabela no respondió.

—El problema —añadió Damara— es su posición. Su tía es la reina… y no tiene herederos.

Isabela frunció el ceño.

—Eso lo convierte en candidato al trono.

—No quiero que termines cargando con un reino entero —concluyó Damara.

—¿Y qué crees que quiere el abuelo? —preguntó Isabela.

Damara sonrió suavemente.

—Tu felicidad.

Luego ladeó la cabeza.

—Pero si hablamos de conveniencia… Medinaceli o Solórzano.

—No sé qué hará —confesó Isabela—. Lo decepcioné… y no quiero volver a hacerlo.

Damara la miró con incredulidad.

—A veces eres un poco tonta. Tu vida es tuya.

Isabela no respondió de inmediato.

—La mitad de la sociedad se casa por conveniencia —dijo al final.

—¿Y eso es lo que harás?

Isabela se encogió ligeramente de hombros.

—Siempre supe que esa sería una posibilidad.

Damara frunció el ceño.

—No hables como si no tuvieras opción.

Isabela sostuvo su mirada.

—No solo me casaré con un hombre. Me casaré con su familia, su reputación… su posición.

Hizo una pausa.

—Si voy a hacerlo… será con el mejor.

Una leve sonrisa apareció en su rostro.

No era del todo sincera.

Damara entrecerró los ojos, divertida.

—¿Medinaceli?

Isabela negó.

—No. No quiero formar parte de la familia real.

—Entonces… ¿Solórzano?

Isabela asintió.

—El abuelo seguramente me lo presentará en tu boda.

Hizo una pausa.

—Haré lo posible por conocerlo…

Sus ojos bajaron ligeramente.

—Y ver si ese “destino” del que hablas… decide llevarme hacia él.

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