En un mundo de poder y violencia, Luca vive sin sentir… hasta que Elena irrumpe en su vida. Entre traiciones y enemigos, el amor se vuelve su mayor debilidad… y su única salvación.
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capitulo 8
🖤 Bajo la Piel del Hielo (Versión Oscura)
Capítulo 8 — Lo que no debía ver
Habían pasado dos días.
Dos días en los que el dolor no desapareció… pero dejó de ser insoportable.
Elena podía moverse.
Lento.
Con cuidado.
Pero podía.
La habitación seguía siendo tan perfecta como el primer día:
cortinas claras, muebles elegantes, silencio absoluto.
Una jaula… mucho más bonita.
—Qué ironía… —murmuró.
Se levantó de la cama.
El cuerpo protestó, pero no la detuvo.
Caminó hacia el baño.
Grande. Limpio. Cálido.
Nada que ver con lo que había vivido antes.
Abrió el agua.
Y por primera vez desde que llegó…
Se permitió cerrar los ojos sin pensar en sobrevivir.
El agua cayó sobre su piel.
Se llevó la suciedad.
Parte del dolor.
Pero no todo.
Nunca todo.
Minutos después…
El vapor llenaba el baño.
Elena salió.
Con el cabello húmedo cayendo sobre sus hombros.
La toalla rodeando su cuerpo.
Respiró hondo.
Se sentía… apenas más humana.
Se acercó a la cama donde había dejado la ropa.
Soltó la toalla.
Sin apuro.
Sin pensar que alguien pudiera entrar.
Error.
La puerta se abrió.
Sin aviso.
Sin golpe.
Sin permiso.
Luca.
Se detuvo en seco.
Elena giró la cabeza.
Demasiado tarde.
Sus miradas se cruzaron.
Y el tiempo…
Se tensó.
Luca no se movió.
No habló.
Pero sus ojos…
Bajaron.
Lentos.
Observando.
Evaluando.
Como un depredador que encuentra algo inesperado.
No era deseo limpio.
Era más oscuro.
Más peligroso.
Algo que no encajaba con su control.
Elena reaccionó.
Tomó la ropa rápido.
Cubriéndose.
—¿No sabés tocar la puerta? —dijo, con la voz firme a pesar del momento.
Silencio.
Luca levantó la mirada.
La miró directo a los ojos.
Y en ese segundo…
Algo cambió.
Apenas.
Pero se sintió.
Luego…
Desapareció.
Su expresión volvió a ser la misma.
Fría.
Vacía.
Como si nada hubiera pasado.
—No es tu habitación —dijo.
Elena apretó la tela contra su cuerpo.
—Sigue siendo una puerta.
Luca avanzó.
Lento.
Como si nada lo afectara.
—No te confundas —dijo—. Estás acá porque lo decidí.
—No lo olvidé.
Silencio.
Luca la observó un segundo más.
Pero esta vez…
No bajó la mirada.
Como si se obligara a no hacerlo.
—Veo que ya podés moverte —continuó.
—Lástima para vos.
—No.
Se detuvo frente a ella.
—Justo a tiempo.
Elena frunció el ceño.
—¿Para qué?
Luca inclinó la cabeza apenas.
—Para seguir.
Silencio.
Elena lo sostuvo.
—¿Eso te emociona?
Luca no dudó.
—Sí.
Eso fue frío.
Directo.
Sin vergüenza.
Elena no retrocedió.
—Estás enfermo.
Luca sonrió.
Leve.
Peligroso.
—No.
Pausa.
—Estoy esperando.
—¿Qué?
Se inclinó apenas hacia ella.
Su voz bajó.
—Que dejes de fingir.
Elena lo miró fijo.
—Nunca fingí.
—Todos lo hacen.
Silencio.
Elena respiró lento.
—No soy todos.
Eso…
Otra vez.
Ese tipo de respuesta.
Luca la sostuvo unos segundos más.
Demasiados.
Pero esta vez…
No dijo nada.
Se alejó.
—Vestite.
Elena frunció el ceño.
—Salí.
—No.
Silencio.
—No me importa —respondió Luca.
Eso fue otra forma de dominar.
De incomodar.
De marcar territorio.
Elena lo sostuvo.
—Entonces no mires.
Luca no respondió.
Pero tampoco se fue.
Y eso…
Hizo el ambiente aún más tenso.
Cuando Elena terminó de vestirse…
Luca ya estaba de espaldas.
Mirando la ventana.
Como si lo anterior…
No hubiera existido.
—Tenés visita —dijo.
Elena se tensó.
—¿Quién?
Silencio.
Luca giró apenas la cabeza.
—Alguien que no esperaba verte viva.
Eso no le gustó.
—¿Y por qué debería verlo?
—Porque yo digo.
Silencio.
Elena lo miró.
—Claro.
Luca caminó hacia la puerta.
—No hables de más.
Se detuvo.
—Y no te equivoques.
Pausa.
—No estás mejor.
Elena respondió:
—Estoy suficiente.
Luca la miró una última vez.
—Eso lo vamos a ver.
Y salió.
Elena quedó sola.
Pero esta vez…
No pensaba en el dolor.
Pensaba en otra cosa.
En esa mirada.
En ese segundo.
—No fue solo odio… —murmuró.
Y eso…
Era peligroso.
Todo es un misterio