Nicolás Rivas nunca le tuvo miedo a la muerte.
Creció entre calles donde la vida vale poco y la lealtad lo es todo. Aprendió a gastar sin pensar, a reír sin culpa y a vivir como si cada noche fuera la última.
Fiestas. Mujeres. Amigos. Dinero fácil.
Pero todo cambia el día en que recibe una noticia que no puede ignorar.
Su tiempo se está acabando.
Y por primera vez… la muerte deja de ser una idea lejana.
Ahora Nicolás decide vivir como siempre dijo: sin miedo, sin arrepentimientos, sin frenos.
Pero mientras más disfruta…
más lo alcanza el pasado.
Un hermano que perdió.
Una madre que nunca dejó de esperar.
Un amor que no supo cuidar.
Y un enemigo que no ha olvidado.
Porque al final…
no todos llegan en paz al último trago.
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“Lo Que Vuelve”
📖 CAPÍTULO 11
“Lo Que Vuelve”
La tranquilidad no duró mucho.
Nunca duraba.
Nicolás empezaba a entender algo:
👉 cuando uno decide cambiar…
👉 el pasado aparece.
Y no para saludar.
Aparece para cobrar.
La mañana estaba tranquila.
Demasiado.
Nicolás estaba en la sala con su mamá, viendo televisión sin prestarle mucha atención.
Un momento simple.
De esos que antes ignoraba.
Ahora…
los guardaba.
—¿Le sirvo más café? —preguntó ella.
—Sí, ma.
Pequeño.
Pero importante.
Ella se levantó.
Caminó a la cocina.
Nicolás se recostó.
Cerró los ojos.
Respiró.
Todo parecía…
en calma.
Hasta que sonó el celular.
Vibración seca.
Una vez.
Dos.
Tres.
Nicolás lo sacó.
Número desconocido.
Frunció el ceño.
—¿Aló?
Silencio.
Y luego…
una voz que no escuchaba hace años.
—¿Entonces sí apareció…?
El cuerpo de Nicolás se tensó.
Reconoció la voz al instante.
—¿Quién habla?
Pero sabía.
—No se haga el marica, Nico…
Pausa.
—Soy Andrés.
El nombre…
le cayó como un golpe en el estómago.
Andrés.
Problema.
Pasado.
Error.
Todo junto.
—¿Qué quiere? —dijo Nicolás, serio.
—Hablar.
—No tengo nada que hablar con usted.
Silencio.
Luego…
una risa corta.
—Eso decía antes…
Pausa.
—Antes de dejarme tirado.
Golpe.
Nicolás apretó la mandíbula.
—Eso ya pasó.
—Para usted…
Silencio.
—Para mí no.
El ambiente cambió.
Se volvió denso.
Pesado.
Real.
—Mire, Andrés… —dijo Nicolás—. Yo ya no estoy en esa.
—No importa en qué esté…
Pausa.
—Porque yo sí estoy en lo que usted dejó.
Silencio.
Nicolás cerró los ojos.
Esto era lo que no quería.
Esto…
era lo que venía.
—¿Qué quiere?
Directo.
—Verlo.
—No.
Respuesta inmediata.
—No es una invitación…
Pausa.
—Es una necesidad.
El tono cambió.
Más frío.
Más serio.
—¿O se le olvidó lo que pasó esa noche?
No.
No se le había olvidado.
Nunca.
Solo lo había enterrado.
—¿Dónde? —preguntó Nicolás.
Silencio corto.
—El mismo sitio.
Y colgó.
El silencio volvió.
Pero ya no era tranquilo.
Era pesado.
Nicolás bajó el celular.
La mirada… distinta.
Más oscura.
Más vieja.
—¿Quién era? —preguntó su mamá desde la cocina.
Nicolás dudó.
—Un amigo…
Mentira.
Pero esta vez…
no era por costumbre.
Era por proteger.
—¿Todo bien?
—Sí…
Pero no.
Minutos después…
Nicolás estaba en su cuarto.
Sentado en la cama.
Mirando la nada.
Recordando.
Esa noche.
Luces.
Ruido.
Negocio.
Y luego…
problemas.
Malas decisiones.
Traición.
Y alguien…
que pagó el precio.
—Mierda… —susurró.
Eso…
no estaba en la lista.
Pero tenía que estar.
Porque eso también era parte de “arreglar la vida”.
El celular vibró otra vez.
Mensaje.
Valeria: "¿Está bien?"
Nicolás lo miró.
Pequeño mensaje.
Pero llegó en el peor momento.
O en el mejor.
No sabía.
Respondió:
"Sí… ahí voy."
Tres puntos…
"Si quiere hablamos hoy."
Nicolás cerró los ojos.
Dos mundos.
Dos caminos.
El pasado…
y lo que todavía podía salvar.
Respiró profundo.
Y decidió.
"Sí… nos vemos."
Se levantó.
Se miró al espejo.
El reflejo…
no era el mismo de antes.
Pero tampoco estaba completo.
—Primero lo que toca… —murmuró.
Y sabía qué era.
Esa noche…
la ciudad volvió a ser la misma.
Oscura.
Ruidosa.
Viva.
Pero Nicolás…
no iba a una fiesta.
Iba a un problema.
Y esta vez…
no podía correr.
Caminó hacia el lugar.
El mismo.
Donde todo empezó a salir mal.
Luces bajas.
Ambiente pesado.
Gente que no hacía preguntas.
Entró.
Y ahí estaba.
Andrés.
Sentado.
Esperándolo.
Sin sonrisa.
Sin sorpresa.
Como si supiera…
que iba a llegar.
—Sabía que venía —dijo.
Nicolás no respondió.
Se sentó frente a él.
Silencio.
Tensión.
—¿Qué quiere? —preguntó Nicolás.
Andrés lo miró.
—Que terminemos lo que usted dejó a medias.
Pausa.
—Porque eso… también se paga.
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