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La Fruta Prohibida Del Señor Easton

La Fruta Prohibida Del Señor Easton

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor prohibido / Posesivo
Popularitas:3.9k
Nilai: 5
nombre de autor: A.B.G.L

Luke Easton lo perdió todo al volver a casa. La mujer que amaba, el futuro que imaginó... todo esfumado en una traición que lo dejó vacío.

En las calles ardientes de Los Ángeles, buscando un nuevo comienzo, el destino le ofrece una oportunidad inesperada: convertirse en guardaespaldas.

Pero, ¿será esta nueva vida la redención que busca, o el destino tiene otros planes para él? El juego apenas comienza...

Novela extensa...

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Un Amanecer Nuevo

...11...

El sol comenzaba a inclinarse sobre los tejados de Los Ángeles, teñiendo el cielo de tonos anaranjados y dorados, cuando Luke cerró la puerta de su pequeño departamento por última vez en mucho tiempo. Había guardado sus pertenencias con esmero: los instrumentos de mecánico que Gregorio le había regalado, algunas fotografías en blanco y negro, la libreta donde anotaba sus pensamientos más íntimos. Todo cabía en una maleta de cuero gastado, un testigo silencioso de sus días de lucha y superación.

Al salir al pasillo, encontró a la señora Monroe, su casera, esperándolo con una sonrisa cálida que arrugaba sus mejillas. La mujer, con sus canas recogidas en un moño y su delantal de flores, era el último lazo con aquel capítulo de su vida.

—Muchas gracias por el hospedaje, señora Monroe —dijo Luke, su voz cargada de gratitud.

—Oh, querido —respondió ella, acercándose con la ternura de una abuela—. Fue un placer tener a un muchacho atento y guapo como tú bajo mi techo. Espero que sigas visitándome.

—Claro que sí —sonrió Luke—. Sus desayunos son deliciosos. Me han malacostumbrado para siempre.

Le dio un abrazo suave, sintiendo el calor de su cuerpo contra el suyo, un último instante de ternura antes de enfrentar el nuevo mundo que lo esperaba. La señora Monroe le apretó la mano, sus ojos brillando con emoción.

—El departamento estará aquí cuando quieras volver —prometió.

Luke asintió, cargando su maleta en hombro y descendiendo las escaleras con paso firme. Al llegar al patio, su Harley-Davidson yacía bajo el sol menguante, su metal pulido brillando como una promesa. Colocó la maleta en el asiento trasero, asegurándola con correas resistentes, cuando una voz familiar lo detuvo.

—Es bueno que hayan visto tu potencial, Luke —dijo James, saliendo de la sombra de un árbol, su presencia sólida y reconfortante.

—Sí, bueno —respondió Luke, ajustando las correas—. Es una gran oportunidad. Además de ser algo que sé hacer bien.

—Eres bueno en todo lo que haces, Luke —insistió James, acercándose—. Y no me explico cómo.

—Es disciplina, James —dijo Luke, su voz tomando un tono más serio—. Algo que jamás tendrás.

Un instante de silencio denso se instaló entre ellos, cargado de la historia compartida y las bromas que siempre habían tejido su amistad. Luego, ambos soltaron una carcajada sincera, el sonido resonando en el pequeño patio como un eco de tiempos mejores.

Se acercaron el uno al otro, abrazándose con fuerza, sus brazos cruzados sobre las espaldas, comprimiendo años de camaradería en un solo gesto.

—Fue un gusto tenerte conmigo, Luke —murmuró James, su voz ronca—. Nunca lo dudes.

—Claro —respondió Luke, apretándolo con firmeza—. Y yo te agradezco por estar para mí cuando no tenía nada. Por cuando el mundo me había dejado solo.

Se separaron lentamente, mirándose a los ojos con una complicidad que no necesitaba palabras. Luke se montó en su Harley, el rugido del motor resonando en el aire como un grito de victoria. James le hizo una señal de despedida, una mano en alto, mientras la moto se alejaba, dejando atrás el pasado y dirigiéndose hacia un futuro incierto pero prometedor.

El camino hacia la mansión se desvió en la crepuscular luz de la tarde. El rugido de la Harley cortó el silencio de las calles residenciales, avanzando hacia el corazón de la riqueza y el poder. Al llegar a las rejas imponentes, los guardias la reconocieron de inmediato, abriéndolas con una eficiencia militar.

—Bienvenido de vuelta, señor Easton —dijo uno de ellos, su voz respetuosa.

Luke asintió, dirigiéndose por el camino secundario hasta la parte trasera de la propiedad. Al detener la moto frente a la casa de seguridad, vio a Alex Dutton esperándolo junto a un grupo de hombres vestidos con trajes negros impecables.

—Easton —saludó Alex, extendiendo la mano—. Bienvenido a tu nuevo hogar.

Luke bajó de la moto, sujetando su maleta con una mano mientras estrechaba la de Alex con la otra.

—El equipo está listo para integrarte —continuó Alex, haciendo un gesto hacia los hombres que los rodeaban—. Han sido informados de tu llegada y de tu rol en la protección del linaje Montgomery.

Los hombres se acercaron uno por uno, estrechándole la mano con firmeza. Sus miradas eran evaluadoras, pero no hostiles. Eran profesionales, igual que él, hombres que habían dedicado sus vidas a la seguridad y la protección.

—Necesitamos revisar tu equipaje —dijo uno de ellos, su voz neutra—. Protocolo de seguridad.

Luke asintió, entregándoles la maleta sin dudarlo. Mientras uno de los guardias la inspeccionaba con cuidado, Alex lo guió hacia el interior de la casa de seguridad.

—Tu habitación está lista —explicó—. Los sastres vendrán mañana temprano para tomar tus medidas. Esta noche, te familiarizarás con los sistemas de comunicación y las rutas de la propiedad. Mañana al amanecer, comenzarás tu entrenamiento específico para la protección asignada.

Luke observó el interior del centro de operaciones: pantallas que mostraban cada rincón de la mansión, equipos de comunicación de última generación, planos detallados de la propiedad y sus alrededores. Era un mundo de precisión y control, un contraste drástico con el taller de Gregorio, pero en el que su entrenamiento militar y su disciplina le darían ventaja.

—Estoy listo —dijo Luke, su voz firme, sus ojos fijos en los monitores que reflejaban la inmensidad de la mansión—. Cualquier cosa que necesiten, estoy aquí.

Alex sonrió levemente, un gesto que revelaba su satisfacción.

—Lo sé, Easton. Ese es precisamente el motivo por el que te elegimos. Ahora, deja que te muestren tu espacio. Mañana comienza el verdadero trabajo.

Mientras uno de los guardias lo guiaba hacia su habitación, Luke sintió el peso de la responsabilidad caer sobre sus hombros. Pero esta vez, no era un peso abrumador. Era un propósito, una razón para seguir adelante, para usar todas las habilidades que había adquirido en su camino. La noche se instalaba sobre la mansión, envolviéndola en sombras y misterios. Y Luke Easton, listo para enfrentar lo que viniera, se preparaba para escribir el siguiente capítulo de su vida en aquel palacio de poder y peligro.

El alba se filtró por la ventana de su habitación como un susurro de luz, despertando a Luke de un sueño ligero y reparador. El ambiente de la pequeña habitación en la casa de seguridad era distinto al de su antiguo departamento: olía a limpieza, a cuero nuevo y a tecnología, un aroma frío pero profesional. Se sentó en la cama, los músculos aún entumecidos por el sueño, pero su mente ya alerta, lista para enfrentar el día que comenzaba.

Se dirigió al baño, donde el agua caliente del chorro de la ducha cayó sobre él con una potencia que lo despertó por completo. Sintió el calor relajar sus fibras, lavando las últimas sombras del sueño y preparándolo para la rigurosidad del trabajo. Se secó con una toalla gruesa, sintiendo la suavidad del tejido contra su piel, luego se colocó la camisa blanca de algodón que los sastres le habían preparado provisionalmente. Le quedaba justa, delineando los contornos de su torso fibrosa, cada costura ajustándose a la perfección como si hubiera sido confeccionada a medida.

Los pantalones negros del traje caían rectos sobre sus piernas, la tela lisa y resistente. Se calzó los zapatos negros de cuero pulido, atándolos con agujetas que cruzaban con precisión. El cinturón negro, ancho y reforzado, se ajustó a su cintura, y encima colocó las correas tácticas que alojarían sus armas: la pistola compacta en la funda derecha, el portablanzas en la izquierda, el sistema de comunicación oculto bajo la manga. El saco de traje, de un corte impecable, cubrió todo con elegancia, disimulando la carga que llevaba consigo.

Se colocó su reloj en la muñeca izquierda: un modelo robusto, resistente al agua y a los impactos, que lo había acompañado desde sus días en el ejército. Un último toque de loción en el cuello y las manos, un aroma suave que contradecía la dureza de su presencia. Su cabello, aún húmedo, se peinó con los dedos, dejándolo con un aire desordenado pero controlado.

Al salir de su habitación, el murmullo de la actividad ya se escuchaba en el pasillo. Bajó las escaleras hasta la sala común, donde una pequeña cafetería y un comedor improvisado daban cobijo a los compañeros que habían madrugado. Hombres en trajes similares al suyo, con la misma postura erguida y la misma mirada atenta, estaban reunidos alrededor de las mesas, bebiendo café negro y comiendo pan tostado untado con mantequilla y mermelada casera.

Luke se acercó a la cafetera, sirviéndose una taza grande, sin azúcar ni crema. El líquido oscuro y aromático calentó sus manos mientras observaba a sus nuevos compañeros. Algunos lo miraban de reojo, evaluándolo con la misma cautela con la que él los observaba.

—Oye, tú —una voz ronca y profunda lo llamó desde una de las mesas—. Ven acá.

Luke giró la vista, encontrándose con la mirada de un hombre corpulento, con el cabello corto y canoso en las sienes, y unos ojos grises que parecían ver más allá de la superficie. Junto a él, otros dos hombres más jóvenes, pero con la misma impronta de experiencia, lo observaban.

—Soy Marcus —dijo el hombre corpulento, extendiendo la mano cuando Luke se acercó—. Jefe del equipo de seguridad fijo. Estos son Ben y Rico.

Luke estrechó la mano de Marcus, sintiendo la firmeza de su apretón. Luego saludó a los otros dos, sus gestos corteses pero distantes.

—Luke Easton.

—Ya sabemos quién eres —comentó Rico, un hombre alto y delgado con una cicatriz que cruzaba su mejilla derecha—. Alex nos habló de ti. Ex-ops especiales.

—Eso fue hace tiempo —respondió Luke, tomando asiento en la mesa, su taza de café entre las manos.

—El pasado no se borra, muchacho —dijo Marcus, sonriendo con una mueca que mostraba sus dientes amarillos—. Solo se convierte en herramienta. ¿Quieres pan? La mermelada de durazno es buena.

Luke negó con la cabeza, aunque agradeció el gesto.

—Solo café.

—Bueno —dijo Marcus, tomando un sorbo de su propia taza—. Ojalá te guste el trabajo. No es fácil cuidar de la familia Montgomery. Hay mucho en juego.

—Ya me enteré —respondió Luke.

—Sí, pero no tienes ni idea —intervino Ben, más joven, con los ojos brillantes de la emoción—. La señorita Ophelia…

—Cállate, Ben —cortó Marcus con un gesto seco—. No es momento de hablar de eso. Lo importante es que Easton aquí sepa que estamos en esto juntos. La seguridad del linaje es lo primero. Siempre.

Luke asintió, entendiendo la seriedad en la voz de Marcus. Este no era un trabajo como otro cualquiera. Era una responsabilidad que pesaba sobre cada uno de ellos, un compromiso que no admitía errores.

—Entiendo —dijo Luke, su voz firme—. Estoy aquí para hacer mi trabajo.

—Eso es lo que queríamos escuchar —dijo Marcus, asintiendo con aprobación—. Ahora, come algo si puedes. En quince minutos, Alex nos reunirá para el briefing de la mañana. Hoy comienza tu entrenamiento específico. Y te advierto: no será fácil.

Luke tomó un último sorbo de café, sintiendo la cafeína recorrer su cuerpo como una corriente de energía. El día había comenzado, y con él, el verdadero desafío. La mansión esperaba, con sus secretos y sus peligros, y Luke Easton estaba listo para enfrentarlos, un profesional dispuesto a cumplir con su deber hasta el final.

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Elizabeth Sánchez Herrera
➕ más ➕ capítulos
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