Amara es una mujer que durante su vida fue muy feliz, ya que tuvo una familia a la que amaba y que la amaban, por lo que, tras morir, se sorprende al encontrarse con Dios, quien le pide que lo ayude a salvar el alma de un hombre, así como las vidas de aquellos que lo rodean.
Amara, quien comprende la importancia de lo que le piden, acepta ayudar a aquel hombre y brindarle el amor que le han negado, y en el proceso la joven descubre una nueva faceta del amor que nunca había experimentado en su anterior vida al lado de Dargan, el hombre al que debe ayudar, a la vez que debe cuidarse de aquellos que desean destruir a Dargan o, peor aún, utilizarlo para sus nefastos propósitos.
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Capítulo 11
Han pasado tres días desde la vista de Dargan, y en ese tiempo han pasado algunas cosas, la primera, conocí a mis padres, o algo así, a mi padre simplemente le vi como por tres segundo, hicimos un breve intercambio de miradas antes de que este se encerrase en su oficina, tras llegar de un viaje de trabajo, por su lado con mi madre si intercambie algunas palabras, pero nada muy relevante, al parecer la mujer se iba nada más salir el sol y regresaba muy tarde por la noche, la verdad no sé qué tanto hace ni me interesa, y fue uno de los días que se le hacía tarde que pude verla.
Se nota que esta pareja apenas y tienen alguna interacción entre ellos, ni hablar de una relación; son poco más que dos desconocidos, y ninguno de los dos hizo algo por solucionar esa situación.
La verdad, estos días he estado de lo más aburrida, y es que mi hermana, como futura princesa heredera, debe ir al palacio para prepararse para su futuro puesto de reina, además de que pasa mucho tiempo haciendo caridad, en hospitales y orfanatos, por lo que a veces pasa todo el día fuera de casa, y aunque en estos días intente convencerla de que me llevara a la ciudad con ella cuando fuera a algún orfanato o a un hospital, ella se negaba.
- Aun estas delicada, no puedes exponerte así – me decía, por lo que terminaba solo en casa.
Y si bien solo han pasado tres días, yo ya lo siento una eternidad, y es que siempre fui una mujer muy activa; si no estaba haciendo las tareas domésticas, estaba cocinando o cuidando de mis hijos o nietos, y cuando comencé a tener tiempo libre, empecé a trabajar. Incluso en mis últimos años siempre buscaba algo que hacer; nunca fui alguien inactiva, pero aquí no pude hacer nada de eso. En más de una ocasión intenté ayudar con las labores de la mansión o en el jardín, pero nadie me dejó.
- Me muero de aburrimiento – le grito a la nada en mi habitación.
Y es que incluso me puse a tejer, un pasatiempo que comencé a hacer tras jubilarme, pero hasta tejer se vuelve aburrido después de unas horas. Ya he hecho como unas 10 bufandas y casi he terminado 2 suéteres en estos tres días. Pienso regalarle alguna de las bufandas y uno de los suéteres a mi hermana, pero por inercia hice el otro suéter de talla de hombre, y es que en mi otra vida casi todos mis hijos fueron varones, al igual que mis nietos, y hacer cosas para ellos me sale natural.
- Tal vez podría dárselo a Dragan, así como algunas bufandas – me digo en voz alta, y harta de estar en mi habitación, salgo al jardín; así al menos me aburriré al aire libre.
Una vez en el jardín, me siento en uno de los tantos quioscos y apoyo mi cabeza sobre la mesa usando mis brazos de almohada; desde mi posición puedo ver a los jardineros ir y venir, y hasta cierto punto les tengo envidia.
- Prometí avisarte antes de mi próxima visita, lamento no haberlo hecho – me dice una voz a mi espalda, y al darme la vuelta puedo ver a Dargan y solo verlo me hace feliz, ya que con su llegada al fin tendré a alguien con quien pasar el rato.
- Qué bueno que viniste, me estaba muriendo de aburrimiento – le digo a Dargan, y sin dudarlo lo tomo del brazo para llevarlo dentro de la casa – ¿sabes bailar? – le pregunto mientras entramos al salón de baile.
- Sí, sé bailar – me responde, creo que sin entender del todo la razón de mi pregunta.
- Perfecto – le contesto y lo llevo al centro del salón.
Una vez estamos donde quiero, me arrodillo frente a Dargan como los príncipes de las caricaturas y lo invito a bailar.
- Jajaja, jamás había visto una dama invitar a bailar a un caballero, siempre es al revés – me dice Dargan, y yo sonrío al verlo reír, y es que a lo largo de su vida Dargan nunca tuvo muchas razones para reír, y me alegra haberlo hecho.
- Siempre hay una primera vez para todo, entonces, ¿aceptas? – le pregunto, a lo que él toma mi mano y me jala hacia sí para levantarme.
- Si, acepto, pero no tenemos muisca – me dice, mientras nos colocamos en posición.
- Yo me ocupo de eso – me digo y comienzo a tararear una canción que me gustaba mucho en mi otra vida.
Así ambos comenzamos a bailar al ritmo de mi canción, pero entonces, tomándolo por sorpresa, comienzo a dar vueltas, terminando así nuestro baile y comenzando una danza un tanto infantil, en la que solo damos vueltas, y donde la canción que estaba tarareando fue sustituida por nuestras risas.
Al final me terminé mareando, por lo que me acosté en el suelo para evitar caerme, y allí esperaría hasta que el techo dejara de darme vueltas.
- Debo decir que ese fue el baile más interesante que he hecho jamás; deberíamos hacerlo en la boda – me dice Dargan, creo que en un intento por burlarse de mí y de mi un tanto infantil actitud.
- No me retes, porque lo hago, y tú lo harás conmigo, porque, mi querido prometido, yo no le temo al ridículo – le digo, y es que cuando tus hijos entran al preescolar, uno como madre llega a hacer tantas ridiculeces, que después del segundo hijo, la pena desaparece.
Creo que vio en mis ojos mi determinación, porque se retracta y mejor se acuesta a mi lado, en el suelo.
- No creo que el suelo sea el lugar más cómodo para estar recostado.
- Y no lo es, pero hasta que los dragones del techo dejen de moverse, no me levantare.
- Es una hermosa pintura, se nota que quien la hizo quería darles vida a esos dragones – me dice Dargan después de un rato, y es que cuando estaba a punto de levantarme, al fin ya no estaba mareada; él habló.
- Yo no sé mucho de pintura, así que, gran sabio, ilumíname, ¿qué fue lo que hizo este artista para que esos dragones se vieran tan bien? – le pregunto, a lo que Dargan comienza a darme una cátedra sobre técnicas de pinturas de la que no entendí ni la mitad, pero aun así estuve muy atenta a cada cosa que me dijo; se notaba que era algo que lo apasionaba, por lo que, a pesar de no entender mucho, escucharlo era muy grato.
Dargan estuvo hablando un buen rato, en gran parte animado por mí, que no dejaba de hacerle preguntas, y fue allí, tumbados en el suelo, donde Lorena nos encontró.
- Amara ya regresé, te traje un pastel – oigo que dice Lorena, quien se queda de piedra al ver a Dargan acostado a mi lado.
- Qué bueno, pastel, Dargan, sé buen muchacho y ayúdame a pararme; cuando decidí recostarme aquí, no tomé en cuenta lo pesado de mi vestido a la hora de pararme - le pido a Dargan, mientras levanto los brazos para que tire de ellos, pero en vez de hacer eso, hace un movimiento con las manos y una sombra se forma debajo de mí y me envuelve para ponerme de pie.
Mientras lo hace, puedo oír que Lorena suelta un grito, pero yo no le tomo importancia, y es que solo puedo pensar en lo increíble que se sintió estar suspendida en el aire.
- Eso fue increíble, hazlo de nuevo – le pido mientras me vuelvo a acostar en el suelo.
Puedo ver cómo Dragan me mira con una sonrisa y, sin que tenga que pedírselo de nuevo, lo hace.
La verdad, sé que estoy actuando algo infantil, pero es que, gracias a Dios, tengo la oportunidad de ser esa adolescente despreocupada e infantil que no pude ser en mi vida anterior, y pienso aprovecharlo al máximo.
- Te pediría que lo hicieras de nuevo, pero hay pastel y es mejor comerlo fresco, ¿te gusta el pastel?, ¿cuál es tu sabor favorito? – le pregunto mientras camino hasta Lorena - ¿de qué sabor trajiste? – le pregunta a mi hermana.
- Chocolate con fresa – me responde Lorena, y puedo notar que está muy pálida.
- ¿Estás bien? – le preguntó un poco preocupada.
- Si, estoy bien – me responde Lorena, pero sé que no es así.
- Ya debo de irme, disfruten de su pastel, y no me gusta mucho el pastel, prefiero las cosas saladas – me dice Dargan, quien literalmente desaparece envuelto en una sombra.
Si bien verlo desaparecer así fue espectacular, no puedo dejar de pensar en su expresión; lucía decepcionado y triste, algo que me preocupa, y aunque una parte de mí quiere ir a buscarlo, no lo hago; primero debo asegurarme de que Lorena esté bien.