Ella renace en una novela que vio en su vida pasada, hará todo hasta lo imposible por cambiar su destino y no vivir atrás de un hombre que en cualquier oportunidad la traiciona. El interés amoroso de la protagonista en la novela será para ella la Villana no tan Villana…
NovelToon tiene autorización de María Mancia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
2. Plan…
Capítulo 2
—¿Qué sucede contigo, acaso estás borracha? —pregunta la pelirroja.
—Estoy bien, solo tomé de más anoche —le respondo.
—Se nota —dice volteando a ver las botellas que están en los sofás del apartamento.
—Es por Leonardo, ¿verdad? —pregunta ella entrando a la habitación.
—Anoche lo vi irse con unas modelos —responde Ginebra.
—Yo te dije que no te enamoraras de un tonto como él y, además, mujeriego —la barda la pelinegra.
—No es amor, yo solo quiero cumplir con el último deseo de mis padres; sé que ellos quieren que termine casada con él—murmura, no para su amiga, sino más para ella.
—Quizás, pero viendo cómo son tus padres, estoy segura de que preferirían que te cases con un hombre fiel a ti y no uno que se la pasa de mujer en mujer —le dice Vanessa guiándome hasta la cocina.
Ella solo observa cómo su amiga camina de un lado a otro agarrando utensilios y condimentos. Una hora más tarde, frente a ella hay una sopa de papas y tortillas.
—Come, para la goma —le pide su amiga.
—Mmm —murmura aceptando y comenzando a comer.
—Está muy buena —dice saboreando la textura de la comida.
—Lo es porque la hice yo —bromeó señalando su cuerpo.
—Jaja, bueno, cambiando de tema, solo hay una forma de romper el compromiso y ese es demostrar que Leonardo no es un hombre de fiar —dice Gini dejando de comer.
Las dos guardan silencio pensando en posibles soluciones para este caso; Vanessa se toca la cabeza pensando en algo.
Estaba a punto de hablar, pero la idea que tenía en mente le parece que no resultaría.
—Ya sé, y si entro a trabajar en la empresa y espío a Leonardo, ¿él va a contratar una nueva asistente, cierto? —dice Vanessa tocándose las mejillas.
—Podrías, pero él sospecharía que todo esto es obra mía para saber quiénes son sus amantes —dice Gini buscando en su memoria alguna persona.
Tengo que encontrar la manera de cambiar mi destino y no morir como una mujer despechada por un amor roto; buscaré la forma de romper ese compromiso y encontrarme con un bello papito.
Sus pensamientos se ven interrumpidos por el sonido de una llamada entrante.
—Perdóname, es una excompañera de la universidad. Se levanta y va a la sala.
Vanessa desaparece de su vista, llenando el balcón de su departamento, mientras que ella se va a su habitación para tomar una ducha y quitarse el mal olor a alcohol.
Al terminar de bañarse, se puso lo primero que encontró en el armario; cuando sale a la sala, ahí se encuentra a su amiga sentada esperando por ella.
—Todo bien —pregunta ella dirigiéndose al balcón para tomar algo de sol.
—Sí, y de hecho te tengo una propuesta: encontré a la persona correcta para entrar a la empresa. Verás, ella se acaba de divorciar de su esposo y está necesitando un empleo; además, a ella no la conoce Leonardo —dice Vanessa sonriendo.
—Parece buena idea, pero ¿sí será eficiente en el trabajo y quién es ella? La conozco —le pregunta dándose la vuelta.
—Si ella estudió en la misma universidad que yo, ella se especializa en finanzas, sólo que no pudo ejercer la carrera. ¿Recuerdas a Madison Hernández? —menciona Vanessa sonriendo por su propuesta.
—Claro que la recuerdo, ¿no? Bien, me convenciste. —Hace una pausa—. Voy a hacer lo que tenga que hacer para que ella entre a trabajar en la empresa. —Termina de decir Gini.
—Genial, haré una reservación para que nos encontremos en un restaurante —dice Vanessa despidiéndose de ella.
Ella asiente aceptando la propuesta; por el momento no piensa interferir en la trama, solo hará algo y será encontrar un buen amante, jajaja; mientras dejará que los protagonistas se enamoren, se decepcionen, mientras que ella disfruta en primera fila.
Al atardecer ya estaba lista para ir al restaurante; antes de salir le dio una mirada a su acogedor hogar. En su vida pasada vivía en un lujoso apartamento, pero no lo sentía como su hogar, siguiendo los recuerdos de su mente, llega al parqueadero, se acerca a su auto que, según los recuerdos, es el suyo.
—Qué buen gusto —murmura para sí misma tocando el timón—. Este auto sí que me gusta.
Sin esperar que sea más tarde, arranca, siguiendo la dirección que le envió Vanessa. En la novela, Madison hacía un buen trabajo en los informes, pero siempre Leonardo desprestigia su labor dando más prioridad a Juliana.
Al nomás entrar al restaurante, se encuentra con su amiga sentada en una mesa; mientras esperan, deciden pedir algo para tomar. Unos minutos después llega Madison.
—Buenas tardes, perdón por la demora —dice una rubia, ojos azules.
—Ven, siéntate, Madison —le habla Vanessa, esperando que ella tome asiento.
—Buenas tardes —responde Ginebra sonriendo.
—Tanto tiempo sin verlas —menciona Madison aceptando la copa de vino.
—Sí, no sabíamos de ti desde la universidad —responde Vanessa.
—Eso fue porque me casé y me mudé a otra ciudad, pero tenía que volver —dice sin tomarle importancia.
Antes de seguir con la plática, deciden ordenar la cena. Gine se pide una carne asada con frijol frito, puré de papa y arroz acompañada de tortillas.
—Este lugar es encantador —menciona Madison disfrutando de la cena.
—Lo es, casi siempre venimos a comer aquí —le dice Gine tomando un sorbo de vino.
—Me dijiste que estabas buscando un trabajo —pregunta Vane refiriéndose a Madison.
—Sí, me acabo de divorciar y, pues, necesito encontrar un trabajo lo antes posible —mencionó ella, tomando de golpe el vino.
A eso llegaría ella si se casa con Leonardo sabiendo cómo es este mujeriego mentiroso; esa vida sí que no quiere tenerla.
Verás, en mi empresa se ha nombrado un nuevo presidente y él es mi prometido. Necesito que alguien entre a trabajar como su asistente, pero quiero que me sea informado si él sale con alguna mujer —dice Gine volteando a verla.
—Sería como una espía —murmura haciendo una pausa—. ¿No se supone que se acaban de comprometer y él ya es todo un mujeriego? —pregunta ella.
—Él ha sido muy inmaduro disfrutando de la vida loca y juró que cuando tomara la presidencia cambiaría —responde Gini.
—Comprendo, pero tú no te fías de sus palabras; bien, aceptó trabajar como espía —dice Madi ladeando la cabeza.
Le doy la mano a Madison cerrando el trato; me dan ganas de vomitar por las palabras que he dicho; es como si en verdad lo amara. Niego con la cabeza, desapareciendo esos pensamientos de mi mente.