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Renacida Para La Venganza

Renacida Para La Venganza

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Venganza / Traiciones y engaños
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Andres

Tras ser traicionada y asesinada por su esposo, Valeria renace tres años en el pasado armada con el conocimiento del futuro para destruir a sus enemigos y construir un imperio financiero imparable.

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El Beso de la Muerte

El silencio en el ático de la Torre Soler no era pacífico; era un silencio espeso, cargado con el olor metálico de la sangre y el aroma dulce de los lirios blancos que decoraban la habitación como si fuera un mausoleo prematuro. Valeria yacía sobre las sábanas de seda italiana, su cuerpo convertido en una prisión de cristal. Intentó mover un dedo, una mano, cualquier cosa que le indicara que aún tenía control sobre su propia existencia, pero la parálisis era absoluta. Sus pulmones luchaban por cada partícula de oxígeno, produciendo un silbido agónico que era el único sonido en la penumbra.

Frente a ella, la silueta de Julián se recortaba contra los ventanales que ofrecían una vista impresionante de la ciudad. Él sostenía una copa de cristal con un líquido ámbar, moviéndolo con una elegancia que Valeria solía encontrar fascinante. Ahora, esa misma elegancia le producía náuseas. Julián siempre había sido el hombre perfecto: el esposo atento, el ejecutivo brillante, el yerno que su padre siempre quiso. Qué ironía que ese mismo "hombre perfecto" fuera quien estuviera contando los segundos para su último aliento.

—Es fascinante, Valeria —dijo Julián, su voz suave como la seda, sin un ápice de remordimiento—. La medicina moderna ha avanzado tanto, pero un simple compuesto derivado de plantas raras puede hacer que el corazón más fuerte se rinda sin dejar rastro. Te ves tan hermosa así, tan... silenciosa. Siempre hablabas demasiado sobre tus "planes de expansión" y tus "visiones empresariales". A veces olvidabas que, en este mundo, el poder no se gana con visiones, sino con frialdad.

Él se acercó lentamente. Cada paso de sus zapatos de cuero italiano resonaba en los oídos de Valeria como el martilleo de un clavo en un ataúd. Se sentó en el borde de la cama y le acarició la mejilla con el dorso de la mano. Sus dedos estaban helados, como los de un cadáver.

—¿Te duele? —preguntó con una falsa compasión que quemaba más que el veneno—. Me pregunto si puedes sentir cómo tus órganos fallan uno a uno. El médico dirá que fue un fallo multiorgánico debido al agotamiento crónico. Después de todo, todos saben cuánto te has esforzado por mantener a flote el legado de tu padre tras su "accidente". Nadie sospechará de tu amoroso esposo, el hombre que llorará amargamente en tu funeral mientras firma los documentos de transferencia de todas tus acciones y propiedades.

Valeria quiso gritar. Quiso maldecirlo, escupirle a la cara y arrancarle esa máscara de perfección. Pero sus cuerdas vocales estaban muertas. Solo podía mirarlo con ojos llenos de una furia impotente, una rabia que consumía lo poco que quedaba de su fuerza vital.

—Oh, no me mires así —rio Julián, bebiendo un sorbo de su copa—. Tú me diste las herramientas. Fuiste tú quien firmó ese poder notarial el mes pasado, "confiando ciegamente" en tu compañero de vida. Fue tu ingenuidad la que me permitió vaciar las cuentas de reserva y poner los activos inmobiliarios a mi nombre. En realidad, deberías agradecérmelo. Te estoy quitando la carga de una fortuna que nunca supiste proteger realmente. Siempre fuiste demasiado... blanda.

De repente, la puerta de la habitación se abrió suavemente. Una mujer entró, caminando con paso ligero y una confianza que Valeria conocía bien. Llevaba un vestido rojo ajustado, el mismo que Valeria le había regalado por su cumpleaños. Era Mónica, su mejor amiga desde la infancia, la mujer que se sentaba a su mesa y compartía sus secretos más íntimos.

—¿Ya terminó? —preguntó Mónica, acercándose a Julián y pasando sus brazos alrededor de su cuello con una familiaridad hiriente—. Tardas demasiado, querido. El vuelo privado a las Maldivas sale en tres horas y aún tengo que terminar de empacar tus cosas en la maleta que Valeria compró para nuestro aniversario.

—Casi, mi amor —respondió Julián, rodeando la cintura de Mónica—. Solo le estaba dando a nuestra querida Valeria una despedida adecuada. Ella siempre fue tan aficionada a los cierres dramáticos.

Mónica se inclinó sobre Valeria, mirándola con una sonrisa de victoria que hizo que el alma de Valeria se retorciera de asco.

—Lo siento, Val —susurró Mónica, jugando con un mechón del cabello de Valeria—. Pero siempre fuiste demasiado perfecta. La heredera perfecta, la empresaria perfecta... la esposa perfecta. Pero para hombres como Julián, lo perfecto es aburrido. Él necesitaba a alguien con un poco más de ambición, alguien que no tuviera miedo de ensuciarse las manos. Tú eras solo la llave de la caja fuerte. Ahora que tenemos la llave, ya no necesitamos la caja.

Las dos personas en las que Valeria más había confiado en el mundo estaban allí, celebrando su muerte antes de que ocurriera. La traición fue como una estocada final que atravesó lo poco que quedaba de su voluntad. Sintió cómo su corazón daba un vuelco violento, un último esfuerzo desesperado de su organismo por sobrevivir al horror.

—Vámonos —dijo Julián, levantándose—. El aire aquí se está volviendo... pesado. El abogado nos espera en el vestíbulo para la lectura del testamento preliminar.

Se inclinó una última vez y depositó un beso corto y gélido en los labios de Valeria. Fue el beso más amargo de su vida.

—Adiós, Valeria Soler. Gracias por ser el peldaño perfecto para mi imperio.

Cerraron la puerta con un "clic" metálico que sonó definitivo. Valeria se quedó sola en la oscuridad creciente. El frío empezó a subir desde sus pies, una sensación de entumecimiento que borraba su existencia centímetro a centímetro. El silbido de su respiración se hizo más lento... más débil... hasta que cesó por completo.

"Si hay un Dios... si hay una justicia en este universo podrido...", pensó Valeria mientras su conciencia se hundía en un abismo negro, "Permíteme regresar. No por el dinero, no por el orgullo... sino para ver a esos dos arder en las llamas que ellos mismos encendieron".

El último pensamiento de Valeria fue un juramento de odio puro. Y luego, el vacío absoluto.

—¡Señorita Valeria! ¡Por favor, despierte! ¡Va a llegar tarde a la presentación del Proyecto Cumbre!

Valeria sintió un golpe eléctrico en el pecho, como si un desfibrilador la hubiera traído de vuelta desde el otro lado. Abrió los ojos de par en par, jadeando por aire, sus pulmones expandiéndose con una fuerza dolorosa. Su corazón martilleaba contra sus costillas como un animal enjaulado. Se llevó las manos al cuello, buscando el rastro del veneno, la sensación de asfixia, pero solo sintió el calor de su propia piel y la textura suave de un camisón de seda que reconoció al instante.

Sus ojos recorrieron la habitación con desesperación. No era el ático frío de la Torre Soler. Era su dormitorio en la mansión familiar Soler, el lugar donde había crecido. Los muebles de caoba, los cuadros impresionistas que tanto amaba su padre, la luz del sol de la mañana entrando alegremente por las cortinas de encaje blanco. Todo estaba igual. Demasiado igual.

—¿Señorita? ¿Se encuentra bien? —Martha, su ama de llaves, estaba junto a la cama con una bandeja de plata.

Valeria se quedó petrificada. Martha... Martha estaba viva. Y se veía mucho más joven, sin las ojeras de cansancio que Julián le había provocado antes de despedirla.

—¿Martha? —Su voz salió clara, firme, sin el rastro de la debilidad mortal.

—La misma, aunque hoy parece que ha visto un fantasma —Martha dejó la bandeja y se acercó para ponerle una mano en la frente—. Está empapada en sudor. ¿Tuvo otra pesadilla con las auditorías? Le he dicho mil veces que no se lleve el trabajo a la cama.

Valeria miró sus manos. Estaban llenas de vida, sin las marcas de las agujas ni la palidez de la muerte. Agarró su teléfono que estaba en la mesa de noche. Sus dedos temblaban tanto que casi lo deja caer.

15 de mayo de 2023.

Su mente tardó unos segundos en procesar la fecha. Tres años atrás. Exactamente tres años antes del día en que Julián y Mónica la asesinaron.

—¿Qué día es hoy, Martha? —preguntó Valeria, su voz volviéndose más fría a medida que la adrenalina tomaba el control.

—Sábado, señorita. El día de la Gala de la Fundación Soler. ¿Lo ha olvidado? Don Julián ha llamado tres veces esta mañana para preguntar si ya estaba lista. Dice que tiene una "sorpresa monumental" para usted esta noche en el escenario principal.

Valeria sintió una oleada de repulsión que casi la hace vomitar. La "sorpresa monumental". Recordaba perfectamente esa noche. Fue el momento en que Julián, frente a toda la élite empresarial del país, le pidió matrimonio. Ella, en su infinita estupidez, dijo que sí, creyendo que estaba sellando su felicidad, cuando en realidad estaba firmando su sentencia de muerte.

Se levantó de la cama de un salto, sintiendo una energía que nunca antes había experimentado. Ya no era la mujer cansada y manipulada. Era alguien nuevo.

—Martha —dijo Valeria, mirándose fijamente al espejo. El reflejo era el de una mujer de veinticuatro años, hermosa y radiante, pero sus ojos... sus ojos tenían la profundidad de alguien que había cruzado el Estigia y había regresado—. Cancela todas mis citas de la mañana. No veré a nadie.

—¿Ni siquiera a Don Julián? Él dijo que vendría a las once para...

—Especialmente a él —interrumpió Valeria con una voz que hizo que Martha diera un paso atrás—. Y llama a la oficina del abogado del Grupo Soler, el Sr. Castillo. Dile que lo necesito aquí en una hora. Si dice que es sábado, dile que mi tarifa por hora de emergencia cubrirá sus vacaciones de los próximos cinco años.

Martha asintió, visiblemente sorprendida por el cambio de tono de su "niña", y salió de la habitación rápidamente.

Valeria se quedó sola. Caminó hacia el ventanal y miró el jardín. En su vida pasada, Julián vendió las estatuas de mármol del jardín para pagar deudas que ella ni siquiera sabía que existían.

"He vuelto", susurró, y una sonrisa gélida se dibujó en sus labios. "No sé cómo funciona este milagro, pero no lo voy a desperdiciar llorando. Julián, Mónica... pensaron que yo era su escalera al cielo. No tienen idea de que me han convertido en su camino al infierno".

Se dirigió a su vestidor y pasó de largo los vestidos de colores pastel y encaje que Julián siempre elogiaba. Buscó en el fondo hasta encontrar un vestido de seda negra, de corte impecable, con un escote asimétrico que destilaba autoridad. En su vida anterior, lo consideró "demasiado agresivo". Hoy, era su armadura.

—Esta noche no habrá compromiso —murmuró Valeria, apretando un collar de diamantes contra su cuello—. Esta noche, el mundo conocerá a la verdadera Valeria Soler.

Abrió su computadora personal y comenzó a revisar archivos que recordaba con precisión quirúrgica. Sabía qué contratos Julián estaba saboteando en secreto, sabía qué empleados estaban recibiendo sobornos de Mónica. En su vida anterior, fue ciega por elección. En esta, vería hasta la última mota de polvo en sus zapatos.

—Martha —llamó por el intercomunicador—. Cuando llegue el abogado, hazlo pasar directamente a mi estudio. Y tráeme el informe de la auditoría interna del trimestre pasado. El que Julián dijo que estaba "extraviado". Yo sé exactamente dónde está.

Valeria se sentó en su escritorio, el mismo lugar donde su padre le enseñó que un Soler nunca se rinde. Por primera vez en años, sintió que su padre estaría orgulloso de ella. No por su éxito, sino por la mirada de depredadora que ahora dominaba su rostro.

La venganza era un plato que se servía frío, pero Valeria planeaba incendiar todo el restaurante.

Continuará...

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