En el Reino Ígneo, el fuego lo es todo: poder, honor y destino. Pero Magma, la princesa heredera, nació sin una sola chispa en sus venas. Rechazada por su propio reino y atrapada bajo el peso de una corona que no cree merecer, crecerá escuchando la leyenda de la Hija del Viento… una princesa que cambió el mundo con su libertad. Cuando una tragedia destruye su vida, Magma deberá convertirse en la reina que todos necesitan, aunque el fuego dentro de ella amenace con consumirlo todo. Porque algunas leyendas no nacen para gobernar. Nacen para arder.
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Capítulo 21: La ciudad bajo el mar
El océano no se sentía natural desde dentro.
Magma descendía junto a Kaien por el antiguo camino de piedra mientras enormes paredes de agua se levantaban a ambos lados como gigantes transparentes. Criaturas marinas nadaban entre corrientes brillantes sobre sus cabezas y sombras enormes se movían en las profundidades más oscuras.
Todo era silencioso.
Demasiado silencioso.
Solo podían escucharse:
* sus pasos sobre la piedra húmeda,
* el movimiento distante del mar,
* y la respiración de Magma intentando mantenerse estable.
El fuego dentro de ella seguía inquieto.
No agresivo.
Confundido.
Como si no entendiera cómo sobrevivía rodeado de tanta agua.
Kaien caminaba delante iluminado apenas por reflejos azulados del océano. Las corrientes se apartaban naturalmente de su cuerpo.
Él pertenecía allí.
Magma lo observó unos segundos más de lo que debía.
Porque verlo dentro del agua era distinto.
Más peligroso.
Más hermoso.
Y muchísimo más difícil de ignorar.
Kaien habló sin girarse.
—Vas a tropezarte si sigues mirándome en lugar del camino.
Magma casi se atragantó consigo misma.
Perfecto.
Absolutamente perfecto.
—No estaba mirándote.
Una pequeña sonrisa apareció apenas en el rostro de Kaien.
—Claro.
Magma sintió calor subirle al rostro inmediatamente.
Y odiaba que él pudiera provocarle eso incluso en medio del fin del mundo.
Decidió cambiar de tema antes de humillarse más.
—¿Cuánto falta?
Kaien finalmente se detuvo.
Y el corazón de Magma dejó de latir un segundo.
Porque frente a ellos…
había una ciudad entera.
Oculta bajo el océano.
Sus ojos se abrieron lentamente mientras avanzaban hacia la enorme entrada de piedra cubierta por símbolos antiguos.
Torres cristalinas emergían entre corrientes azules brillantes. Puentes transparentes conectaban estructuras gigantescas construidas dentro de cavernas submarinas iluminadas por luz bioluminiscente.
Era preciosa.
Melancólica.
Y estaba destruida.
Partes enteras de la ciudad estaban colapsadas. Algunas estructuras seguían cubiertas por hielo negro y enormes grietas atravesaban varias torres antiguas.
Magma sintió un peso extraño dentro del pecho.
—¿Este lugar…?
Kaien observó la ciudad en silencio.
Y su expresión cambió completamente.
Dolor.
Profundo.
Antiguo.
—Nerath.
La forma en que pronunció el nombre hizo que Magma entendiera inmediatamente lo que significaba para él.
Hogar.
O lo que quedaba de uno.
Ella caminó lentamente junto a él hacia las ruinas submarinas mientras observaba esculturas destruidas y símbolos elementales grabados sobre edificios antiguos.
Había estatuas de herederas por todas partes.
Viento.
Tierra.
Agua.
Fuego.
Y algunas destruidas intencionalmente.
Magma se detuvo frente a una enorme figura femenina hecha de cristal azul oscuro.
La estatua sostenía agua flotando entre sus manos y parte de su rostro había sido destruido violentamente.
—¿Quién era ella?
Kaien guardó silencio varios segundos.
—Mi madre.
El aire abandonó lentamente el pecho de Magma.
Ella giró hacia él inmediatamente.
Nunca lo había visto hablar sobre su familia.
Kaien observaba la estatua sin apartar la mirada.
—Era la heredera del agua antes que yo.
Había algo insoportable en su voz.
Culpa.
Magma sintió el impulso de acercarse.
Y eso la aterrorizó un poco.
Porque comenzaba a preocuparse por él muchísimo más de lo que debería.
Kaien finalmente continuó caminando.
—Ven. Hay algo que necesito mostrarte.
La ciudad seguía silenciosa mientras avanzaban entre ruinas antiguas. El océano iluminaba parcialmente las calles vacías donde alguna vez debieron vivir miles de personas.
Pero ahora solo quedaban ecos.
Magma podía sentir tristeza atrapada en cada rincón de Nerath.
Finalmente llegaron a una enorme estructura circular construida completamente de cristal oscuro.
En el centro había un lago suspendido en el aire.
Literalmente suspendido.
El agua flotaba formando un enorme círculo brillante cubierto por símbolos elementales.
Magma abrió ligeramente los ojos.
—Eso es imposible.
Kaien se detuvo junto al lago flotante.
—Aquí guardamos las memorias del océano.
El fuego dentro de Magma reaccionó inmediatamente.
Como si reconociera algo importante.
Kaien levantó lentamente una mano hacia el agua suspendida.
Y el lago comenzó a moverse.
Imágenes aparecieron lentamente dentro del agua brillante.
Primero sombras.
Luego personas.
Reinos antiguos.
Magma avanzó apenas hipnotizada.
Y entonces vio a una chica.
Cabello claro moviéndose con el viento.
Ojos plateados.
Alina.
El corazón de Magma se detuvo completamente.
La hija del viento caminaba dentro de la memoria del océano como si estuviera viva. Era joven. Muchísimo más joven de lo que Magma imaginó siempre.
Y estaba sonriendo.
Una sonrisa pequeña.
Libre.
Dolorosamente libre.
Magma sintió lágrimas acumulándose inmediatamente.
Porque verla así…
tan humana…
rompía completamente la idea de leyenda.
Alina no parecía una heroína.
Parecía una chica intentando sobrevivir.
Igual que ella.
La imagen cambió lentamente.
Y entonces Magma vio algo peor.
Alina llorando.
Sola.
El viento destruyendo árboles enteros a su alrededor mientras ella caía de rodillas incapaz de controlar su elemento.
Kaien habló suavemente detrás de ella.
—El océano recuerda a todas las herederas.
Magma apenas escuchó.
Porque la memoria seguía avanzando.
Alina levantó lentamente la mirada dentro del recuerdo.
Y por un instante…
pareció mirar directamente a Magma.
El aire se congeló.
Magma retrocedió un paso.
—¿Eso… eso fue real?
Kaien frunció apenas el ceño.
—¿Qué viste?
Pero antes de que pudiera responder…
el agua cambió violentamente.
Las imágenes desaparecieron.
El lago comenzó a oscurecerse rápidamente.
Kaien reaccionó de inmediato.
—No…
El hielo negro comenzó a extenderse lentamente sobre el agua suspendida.
Magma sintió el fuego rugir dentro de ella.
Y entonces una voz atravesó la ciudad submarina completa.
Fría.
Antigua.
Y llena de hambre.
—La última heredera llegó al fin.