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Ceo Este Hijo Es Tuyo

Ceo Este Hijo Es Tuyo

Status: En proceso
Genre:Amante arrepentido / Embarazo no planeado / Amor prohibido
Popularitas:68.7k
Nilai: 5
nombre de autor: valeria isabel leguizamon

Ella pasa una noche apasionada y fruto de esa noche queda embarazada su madre hace todo lo posible por separarlos

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Prólogo

El eco de mis tacones resonaba en el pasillo vacío del piso ejecutivo mientras recogía los últimos vasos de la reunión que había terminado hace una hora. Eran las once de la noche y el hotel Mendoza lucía su versión más silenciosa, esa que solo conocíamos los empleados del turno nocturno.

—Señorita Fuentes, el señor De la Vega solicita una botella de su whisky favorito en la suite 1208 —la voz de recepción crujió en mi radio.

Suspiré. El señor De la Vega era uno de los socios del dueño, un hombre de sesenta años con fama de manos largas y miradas incómodas. Pero era cliente VIP y yo necesitaba este trabajo más de lo que necesitaba aire.

—En camino —respondí.

Tomé la botella del área de servicio y subí en el ascensor privado. Toqué la puerta de la suite con el corazón acelerado, diciéndome a mí misma que solo eran mis nervios tontos, que todo estaría bien.

La puerta se abrió y ahí estaba él. De la Vega, con la camisa desabrochada mostrando un pecho sudado y esa sonrisa que me helaba la sangre.

—Pase, pase, mi querida recepcionista —dijo, agarrándome del brazo para jalarme adentro.

—Señor, solo vengo a dejarle su whisky —dije, intentando soltarme con delicadeza.

La puerta se cerró detrás de mí.

—Claro, claro, pero no seas tan fría. Un hombre solo merece compañía después de un día tan pesado de negocios.

Dejé la botella en la mesa y caminé hacia la salida, pero su mano me atrapó por la cintura. El pánico me paralizó un segundo, el tiempo suficiente para que su aliento a alcohol me diera en el cuello.

—Suélteme, por favor.

—Ay, no te hagas la digna. Todas ustedes son iguales, trabajan aquí esperando pescar un pez gordo.

Forcejeé. Sus manos subían por mi blusa mientras yo intentaba zafarme, las lágrimas amenazando con salir. Nadie escucharía mis gritos en este piso, nadie vendría.

De repente, la puerta explotó contra la pared.

—¡Suéltala ahora mismo!

La voz retumbó como un trueno. De la Vega me soltó de golpe y yo caí al suelo, levantando la vista para encontrarme con el hombre más hermoso que había visto en mi vida. Traje negro, cabello revuelto, y una furia en los ojos que daba miedo.

Alejandro Mendoza. El dueño de todo.

No supe cuándo se movió, pero en segundos tenía a De la Vega contra la pared, agarrándolo del cuello de la camisa.

—¿Qué carajos crees que estás haciendo, Enrique? ¿En mi hotel? ¿Con mi gente?

—Tranquilo, Alejandro, solo estábamos jugando, ella quería...

—¿Quería? ¿Ves esto? —rugió, señalándome a mí, temblando en el suelo—. ¿Te parece que esto es jugar?

De la Vega tartamudeaba excusas, pero Alejandro no escuchaba. Lo soltó con desprecio y señaló la puerta.

—Recoge tus cosas. Nuestro trato se acabó. Si mañana a las 8 de la mañana no has sacado tus pertenencias de este hotel, las sacaré yo personalmente y te demandaré por intento de agresión. ¿Entendido?

El hombre palideció, me lanzó una última mirada venenosa y salió arrastrando la vergüenza como una capa rota.

El silencio cayó pesado. Alejandro se arrodilló frente a mí, sus manos grandes y cálidas sosteniendo mis brazos mientras temblaba.

—¿Estás bien? ¿Te hizo daño?

Negué con la cabeza, pero las lágrimas ya rodaban sin control.

—Shh, ya pasó —su voz era completamente diferente ahora, suave como acariciar un cachorro—. No volverá a pasar, te lo prometo.

Me ayudó a levantarme y me llevó al sofá. Sirvió agua de una jarra y me la dio. Sus ojos no se separaban de mí, y yo no podía dejar de temblar bajo su mirada. Era la primera vez que lo veía tan de cerca. Siempre lo admiraba desde lejos cuando pasaba por recepción, con ese porte de rey y esa belleza que parecía de otro mundo. Pero ahora, de cerca, era abrumador.

—Eres Valeria, ¿verdad? La recepcionista del turno nocturno.

Asentí, sorprendida de que supiera mi nombre.

—Te he visto —dijo, y algo en su tono me hizo contener la respiración—. Muchas veces. Y siempre pensé que tenías la sonrisa más bonita del hotel.

El calor subió a mis mejillas. No podía ser. El dueño del hotel, el hombre que salía en revistas con modelos, ¿se había fijado en mí?

—Deberías irte a descansar —dijo de repente, poniéndose de pie—. Tomaré acciones legales, no te preocupes por eso. Y... si necesitas algo, cualquier cosa, mi oficina está siempre abierta para ti.

Me levanté tambaleándome. Pasé junto a él camino a la puerta, pero cuando mi mano tocó el picaporte, su voz me detuvo.

—Valeria.

Me giré. Estaba a unos pasos, iluminado por la tenue luz de la lámpara. Sus ojos tenían una profundidad que no sabía descifrar.

—¿Te quedas un rato más? No quiero que estés sola después de esto.

Debería haber dicho que no. Debería haber salido corriendo y olvidar que sus ojos color miel me miraban como si yo fuera el único tesoro en la habitación. Pero el miedo aún me estremecía, y algo en su presencia me hacía sentir protegida, como si con él nada malo pudiera pasarme.

Asentí.

Caminamos al balcón de la suite. La ciudad brillaba abajo como un mar de luces. Me ofreció una copa de vino y la acepté. Hablamos de cosas sin importancia mientras el alcohol calentaba mi sangre y el vértigo de tenerlo tan cerca nublaba mi razón.

—Siempre te veo —confesó en un susurro, cuando la noche había avanzado lo suficiente para que las palabras fluyeran sin filtros—. Cuando llegas temprano al turno de la tarde, cuando sonríes a los huéspedes difíciles, cuando te muerdes el labio mientras revisas la computadora. No he podido sacarte de mi cabeza desde hace meses.

Mi copa tembló en mi mano.

—Alejandro...

—Lo sé —se rió con amargura—. Lo sé. Soy tu jefe, es inapropiado, todo lo que quieras. Pero esta noche, cuando vi a ese imbécil tocándote, sentí que el mundo se incendiaba. Y ahora que estás aquí, frente a mí, no puedo seguir fingiendo.

Dejó su copa y se acercó despacio, dándome tiempo para huir. No lo hice. Sus dedos acariciaron mi mejilla, limpiando una lágrima que no sabía que había vuelto a rodar.

—Dime que no quieres —susurró— y te juro que nunca volveré a mencionarlo.

Pero sí quería. Dios, cómo quería.

Fui yo quien cerró la distancia. Fui yo quien enredó mis dedos en su cabello y lo atrajo hacia mí. El beso supo a tormenta, a años de miradas robadas, a la emoción de hacer algo prohibido. Sus manos en mi cintura, mi espalda contra la puerta del balcón, el mundo reducido a su boca sobre la mía.

—¿Estás segura? —preguntó entre besos, la voz ronca, los ojos negros de deseo.

—Nunca estuve más segura de nada —mentí, porque en realidad no sabía nada, solo que en sus brazos el miedo desaparecía y el resto del mundo podía incendiarse que a mí no me importaría.

La noche se convirtió en un torbellino de caricias, susurros y piel. Me amó con una ternura que desmentía su reputación de hombre frío, y yo me entregué como si llevara toda la vida esperando ese momento. Cuando el amanecer comenzó a colarse por las cortinas, yacíamos enredados en las sábanas, su pecho contra mi espalda, su brazo rodeándome como un escudo.

—No te dejaré ir —murmuró, casi dormido—. Te lo juro, Valeria. No te dejaré ir.

Cerré los ojos y sonreí.

No sabía que al despertar, él ya no estaría. No sabía que su madre, Doña Úrsula, entraría a mi habitación de empleada esa misma tarde con una carta de despido y una sonrisa de satisfacción.

—Mi hijo tiene un futuro planeado —dijo, dejando caer el sobre en mi cama—, y tú no apareces en él. Si sabes lo que te conviene, desaparecerás. Porque si él se entera de que lo buscas, pensará que solo eres una cazafortunas más. Y créeme, preferirás mi furia a la indiferencia de Alejandro cuando se sienta usado.

Tres semanas después, mientras una prueba de embarazo temblaba en mis manos con dos líneas rosadas, supe que mi vida acababa de complicarse de una manera que jamás imaginé.

Y lo único que pude hacer fue llorar.

1
Lupita Alvarado
me gustó pero sin falta no tiene chiste nada más nos dejan en ascuas
😜 Betsy 🇻🇪
Ojala Valeria esa pila y guarde al menos la nota q le entrego la vieja esa con el sobre
😜 Betsy 🇻🇪
Q vieja tan miserable 😡😡😡 y el pendejo le cree todo
monita
termino esta novela??
Tere Jimenez
muy buena la novela gracias por compartir
Jos Qui
más capítulos porfavor ahorita
monita
??????????/Speechless//Speechless//Speechless/
Cliente anónimo
En verdad ay que dejar de leer todas estas novela porque dejan a uno esperando el final que cuando lo ponen ya uno no se acuerda bay
Luz Ines Puerta Rojas
Le quedó faltando un final diferente No sé porque no terminan bien los episodios de ésta novela.
Cliente anónimo
Ahí es que lo dañan a esperar el fin mese a mi se me olvida lo que estaba leyendo
Leonela Soledad Trejo
pero si hay prueba de adn que el mismo abuelo hizo como van a desacreditar eso y aparte le dono sangre es medio ilógico lo que plantea
Niurka Hernández
más capítulos
Yris Rico
hay Alejandro busca tus cosas y vete de allí no le des cavidad a qué te hagan perder lo que tienes con Valeria
Yris Rico: el mismo entro a la jaula de leonas 🤭
total 2 replies
Jos Qui
más capítulos porfavor ahorita también
Jos Qui
de Valeria y Lucía
Jos Qui
será hermano o medio hermano de ellas
Jos Qui
más capítulos porfavor ahorita también 🤭🤭🤭🤭
Miraval 💃🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴
Este capítulo ignoró al anterior. 🤭🇨🇴🇨🇴
Miraval 💃🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴
Acaso no se había acabado de bañar y afeitar? qué pasó? se devolvió en el tiempo? 🤔🤔🤔🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴
Maria Garcia
si que se reúnan los hermanos
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