Alana Díaz es una estudiante decidida a graduarse por sus propios méritos, lejos de los lujos y el caos de la gran ciudad. Pero su vida da un giro irreversible al entrar como pasante en el imperio de Leonardo Salvatore, un CEO tan influyente como implacable que no está acostumbrado a que le digan que no.
Lo que comienza como una relación profesional se convierte en un juego de seducción y peligro. Tras un violento "accidente" que deja a Alana vulnerable y bajo el cuidado personal de Leonardo en su lujoso Penthouse, la barrera entre el jefe y el protector se desvanece, dando paso a una pasión que ambos intentaron contener.
Sin embargo, el amor no es lo único que crece entre ellos. Mientras Alana lucha por mantener su independencia, una red de envidias, secretos de élite y una madre dispuesta a todo por mantener el "apellido" amenazan con destruirlo todo. En un mundo donde el dinero lo compra todo, ¿podrá el amor de una "pueblerina" sobrevivir a la furia de quienes lo quieren ver cae
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CAPÍTULO 10
LEONARDO SALVATORE
Salí de la empresa, afuera estaba el chófer esperándome en el auto.
Y ahí con una maleta estaba Alana.
— ¿Qué haces a esta hora fuera de la empresa? ¿Qué significa esa maleta?
Se notaban sus ojos hinchados.
— Nada.
— ¿Qué pasó?
— Qué vergüenza —limpió sus lágrimas — Me quedé sin lugar donde pasar la noche.
Me dolió verla en ese estado. Sin pensarlo mucho, sin importar si mis trabajadores me veían, tomé la maleta de ella y la llevé al auto.
Ella solo se quedó viendo sin moverse.
—Vamos, sube — Se veía avergonzada — No puedo dejarte así, eres una señorita y puede pasarte algo en la calle.
ALANA DÍAZ
De reojos miré a mi alrededor. Caminé hasta el auto de Leonardo. Entré.
— Camilo(chófer) es hora de irnos. — le dio la orden.
¿Qué estoy haciendo? Virginidad y orgullo esta de más.
—Llegamos. Camilo puedes retirarte. Yo me encargo de todo.
Leonardo tomó la maleta. Yo lo seguí en silencio.
— Entra. Esta noche pasarás la noche conmigo. Bueno, no conmigo, sino aquí para que tu cabeza no haga historias.
— Está bien. Muchas gracias.
— ¿Tienes familia en esta ciudad?
— No.
—¿Qué pasó con tu cuarto donde vivías?
— Me da vergüenza decirlo — bajé la mirada—no pude pagarlo. Y el dueño me echó.
— mmm... Y tus amigas, amigos.
— No tengo.
— Bueno, ahí está el baño por si quieres ducharte y hay cuarto que no ocupo. Ahí puedes quedarte el tiempo que necesites. ¿Quieres algo para cenar?
— Estoy bien.
LEONARDO SALVATORE
Me alegra tenerla aquí. Su desgracia es mi bendición. Dios perdoname pero esto me hace feliz
Me fui al cuarto y me di una ducha. Mientras ella se acomodaba en el cuarto. Cuando salí a la sala, ella estaba encerrada en el cuarto. Preparé algo de comer y se lo llevé.
Entré al cuarto.
— Te veo incómoda — Sonreí — come algo y descansa. Mañana hablamos sobre las reglas de esta casa.
Salí del cuarto. No niego que al salir esbocé una sonrisa de oreja a oreja. Suspiré. Alana... Me serví una copa de vino y observé la ciudad por la ventana, esta vez era distinta.
Juro que no te entiendo Leonardo Salvatore —me lo decía a mí mismo— me gusta esta mujer.
A la mañana siguiente me levanté muy de mañana y entré a la cocina, preparé el desayuno. Hacer eso me recordaba a los días donde convivía con Nataly.
Alana salió del cuarto.
— Buenos días, Alana. ¿Cómo dormiste? — tenía los ojos hinchados, había llorado toda la noche.
— Gracias don Leonardo por su ayuda. Gracias a usted, pude dormir en un lugar seguro. Pero creo que me voy a regresar a mi pueblo.
Continúe sirviendo el desayuno.
—¿por qué? Las cosas están difíciles pero no imposible. Recuerda que la pasantía será remunerada solo es de tener paciencia. Ademas, estas a menos de un año en terminar tu carrera, las cosas están difíciles pero dejate ayudar.
— Ese es el problema, no puedo aprovecharme de usted o que me patrocine.
—¿Por qué no?
— Por qué si usted me patrocina, significa que tendré que prostituirme con usted y no quiero.
—mmm... Ya entiendo... Patrocinador es igual a un hombre que paga por servicios sexuales… ¿De dónde sacaste eso?
— De la universidad.
— Tranquila, no soy así. Desayuna. Te puedo pasar dejando por la universidad.
— No. No lo haga. Ya es mucho la ayuda.
Ella empezó a desayunar. Yo la observaba cuando ella no me veía.
Verla tan así, me daba ganas de protegerla.
— Bueno. Yo me voy, puedes quedarte aquí, la clave del Penthouse ya la conoces. Es la misma que use en tu celular.
Me fui al cuarto, me alisté y salí a la empresa.
ALANA DÍAZ
Me senti un poco aliviada cuando Leonardo se marchó. El Penthouse es grande. Como es la vida de irónica mientras él lo tiene todo, yo no tengo ni lo mínimo. No puedo quedarme aquí por mucho, a penas lo conozco, y si puede ser que me ha ayudado mucho, pero no significa que deba aceptar todo.
Caminé hasta una retratera, la tomé. Él es guapo. Y yo soy tan pequeña para él.
Me alisté para ir a la universidad. Hoy tocaba clases normales.
pobre leo cuando lo sepa 🥺🥺
leo
creen que eres un niño que pueden jugar contigo demuestrsles que no
debe pagar