Diego Román siempre fue un hombre demasiado consciente de su belleza. Coqueto, encantador y famoso entre las mujeres, disfrutaba de la atención como si hubiera nacido para recibirla. Nunca tuvo novia fija porque prefería divertirse, hablar bonito y robar sonrisas donde fuera.
Pero toda su vida termina absurdamente cuando el teleférico en el que viajaba se desploma hacia el vacío.
Y la muerte… no fue el final.
Cuando despierta otra vez, ya no está en su mundo ni en su cuerpo.
Ahora es Liana Duar, la hija de una familia noble humana destinada a convertirse en la esposa del temido Rey de los Insectos, una criatura mitológica que gobierna un reino oculto lleno de seres venenosos, mariposas gigantes y monstruos alados.
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Capitulo 9 — El rey que siente.
Aquella noche, después de la cena, Aster la llevó a los jardines privados del palacio.
Era uno de los lugares favoritos de Liana dentro de Noctis. Había enormes flores nocturnas abiertas alrededor de los caminos de piedra y pequeñas luces naturales flotaban entre los árboles gigantes.
El aire estaba frío.
Pero apenas caminaron unos minutos, Aster acomodó automáticamente uno de los mantos sobre los hombros de ella.
Liana lo miró de lado.
—Sigues haciendo eso.
—¿Qué cosa?
—Cuidarme demasiado.
El rey no respondió enseguida.
Continuó caminando lentamente junto a ella mientras las luces del jardín iluminaban parcialmente sus alas negras.
Liana respiró hondo antes de hablar otra vez.
—Aster.
—Hm.
—¿Por qué me proteges tanto?
El rey finalmente giró hacia ella.
Liana sostuvo su mirada esta vez.
—Todo el reino está empezando a ponerse en tu contra por mi culpa. Los clanes te presionan, los nobles murmuran y aun así sigues colocándome a tu lado frente a todos como si quisieras empeorar las cosas.
Aster la observó en silencio unos segundos.
Y cuando habló, su voz salió más baja de lo normal.
—Porque estoy empezando a sentir cosas únicas contigo.
Liana sintió el corazón detenerse un momento.
Ah.
Eso…
No esperaba escucharlo tan directamente.
Ella intentó responder algo.
No salió nada.
Aster sonrió apenas al ver su expresión.
—Mírate.
—Cállate.
—Te pusiste nerviosa.
—Porque acabas de decir algo demasiado serio con una cara demasiado tranquila.
El rey soltó una pequeña risa.
Liana apartó la mirada intentando recuperar compostura.
Pero sinceramente era difícil.
Porque Aster rara vez hablaba de emociones tan claramente. Y justamente por eso sus palabras se sentían más reales.
El rey dio un paso más cerca.
—Liana.
Ella levantó apenas la mirada.
—No me interesa lo que piensen los clanes si se trata de ti.
—Eso suena romántico y preocupante al mismo tiempo.
—Lo sé.
Liana soltó una risa pequeña.
Luego bajó lentamente la mirada hacia las manos de Aster.
Siempre tranquilas incluso cuando todo el reino parecía arder políticamente alrededor suyo.
Y de repente entendió algo que antes no veía bien.
Aster estaba cansado emocionalmente.
Desde que llegó a Noctis, siempre lo vio resolviendo problemas, soportando discusiones políticas, enfrentando nobles y tomando decisiones difíciles sin mostrar debilidad frente a nadie.
Nadie parecía preguntarle cómo estaba él.
Ella habló más suave esta vez.
—Debe ser agotador cargar con todo esto.
El rey pareció sorprendido apenas.
Como si no esperara escuchar algo así.
Liana continuó:
—Siempre estás resolviendo problemas de otros. Los nobles quieren cosas de ti, los clanes esperan perfección y aun así sigues actuando como si nada te afectara.
Aster guardó silencio unos segundos.
Después respondió tranquilamente:
—Es más fácil cuando uno se acostumbra.
—Eso no significa que esté bien.
Otra vez silencio.
Liana sintió algo extraño en el pecho al verlo así de cerca. Porque Aster seguía siendo imponente y peligroso, pero ahora también podía notar lo solo que debía sentirse muchas veces.
El rey levantó una mano lentamente y acomodó un mechón del cabello rojo detrás de la oreja de ella.
Un gesto pequeño. Pero suficiente para ponerla nerviosa otra vez.
—Eres la única persona aquí que me mira como Aster y no como rey.
Liana parpadeó apenas.
—Bueno… también eres rey. Bastante aterrador a veces.
—Y aun así no huyes.
Ella sonrió apenas.
—Al principio fue por presión de que si huía, me hubieras encontrado... pero ahora me quedó por algo más.
—¿Ah, sí? ¿Que es?
—No le diré.
Aster soltó una pequeña risa y luego acercó lentamente su frente contra la de ella.
Liana se quedó quieta inmediatamente.
El corazón le latía demasiado rápido.
—Esto es culpa tuya —murmuró él.
—¿Qué cosa?
—Que ahora quiera cosas que antes no me interesaban.
La voz tranquila del rey hizo que el rostro de Liana volviera a calentarse.
Maldito hombre.
Ella intentó recuperar ventaja.
—¿Entonces admites que estás obsesionado conmigo?
Aster ni siquiera dudó.
—Bastante.
Silencio absoluto.
Liana abrió apenas la boca.
—…No puedes responder esas cosas tan rápido.
—¿Por qué?
—Porque no nos conocemos muy bien.
La sonrisa del rey creció apenas.
Y sinceramente, verla provocar esa expresión empezaba a gustarle demasiado.
Pero el momento se rompió cuando un sirviente apareció apresuradamente cerca del jardín.
El hombre inclinó rápidamente la cabeza.
—Su Majestad, el consejo noble solicita una reunión urgente.
Aster frunció ligeramente el ceño.
Minutos después ambos entraron nuevamente al gran salón.
Esta vez el ambiente era peor.
Representantes de varios clanes estaban reunidos alrededor de la enorme mesa central y varios parecían tensos.
Uno de los nobles más antiguos habló primero.
—Su Majestad, después de discutirlo con los líderes de los clanes nobles, creemos necesario retrasar la boda real.
Liana sintió el ambiente volverse pesado inmediatamente.
Otro noble continuó:
—La unión con una humana está provocando demasiada inestabilidad política. Necesitamos más tiempo para evaluar la situación.
Aster permaneció completamente quieto.
Y eso hizo que varios nobles se pusieran nerviosos.
Liana observó lentamente las alas negras detrás del rey.
Las motas moradas empezaban a brillar otra vez.
Mejor quedate calladita