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El Principe De La Oscuridad

El Principe De La Oscuridad

Status: En proceso
Genre:Fantasía épica / Edad media / Maldición
Popularitas:192
Nilai: 5
nombre de autor: Sara RA

fantacia urbana y drama psicológico

NovelToon tiene autorización de Sara RA para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 9: Servicio

Llegó a las 19:47. Trece minutos antes de las ocho.

Felix lo vio por la cámara del portón de servicio. Una que él mismo instaló esa mañana con un kit comprado en efectivo. La original de la casa no le alcanzaba.

Era Cabrera. Más chico de lo que Newt lo recordaba. O más encorvado. Pelo blanco, todo. Bastón de madera en una mano. Un bolso de lona viejo en la otra. No traía valija. Traía poco. Como le dijeron.

Felix no abrió el portón. Salió él. Cerró la puerta de la casa detrás suyo. Llave en mano.

Cabrera lo esperó del otro lado. No intentó forzar nada. No saludó. Solo lo miró de arriba a abajo. Cuatro años después. El pibe de 19 que se llevó a Newt en moto ahora era un tipo de 23 con cara de no dormir y un bate mental en la mano.

"Chico", dijo Cabrera. Su voz era igual que por teléfono. Cascada, pero firme.

"Señor", dijo Felix. No abrió el portón todavía. "El bolso."

Cabrera lo levantó sin quejarse. Lo abrió. Ropa. Dos libros. Un frasco de pastillas. Un cuchillo de cocina envuelto en trapo. "Para cocinar", aclaró, antes de que Felix preguntara. "El de la casa nunca cortaba bien."

Felix revisó todo. Metió la mano hasta el fondo. Nada electrónico. Nada raro. Le devolvió el bolso. Después señaló el bastón. "Eso también."

Cabrera lo golpeó contra el piso. Sonó a madera maciza. Se lo pasó. Felix lo revisó, lo devolvió.

"Los bolsillos."

Cabrera se vació los bolsillos en la mano. Llaves viejas, pañuelos, caramelos de miel, la billetera. Felix revisó la billetera. Fotos: Cabrera joven con la mujer. Cabrera con una nena. La hija. Una foto de Newt a los diez, con los dos dientes de adelante faltando. Nada más.

Felix asintió. Recién ahí abrió el portón. No del todo. Lo justo para que pasara un hombre flaco.

"Él no baja", dijo Felix mientras Cabrera cruzaba. "Reglas. Usted no sube al segundo piso sin que yo esté. Usted no abre la puerta principal. Usted no atiende el teléfono. Usted no habla de él con nadie. Ni si le preguntan. Ni si lo amenazan. Ni si le ponen plata en la mesa."

Cabrera caminaba despacio, pero no se quejaba. "Anotado. ¿Algo más?"

"Sí", dijo Felix. Cerró el portón detrás de ellos y le puso un candado nuevo. "Si él le dice que corra, usted corre. Si le dice que se tire al piso, usted se tira. No pregunta por qué. No hay tiempo."

Llegaron a la puerta de servicio. Felix la abrió, lo dejó pasar primero, pero entró atrás, pegado. Sin tocarlo. Sin darle la espalda.

La cocina olía a café frío de la mañana. Newt estaba parado al lado de la isla. No se había sentado en todo el día. Tenía las manos en los bolsillos. La izquierda seguía ahí. Sólida. Por ahora.

No se movió cuando Cabrera entró. Las sombras sí. Se pegaron al techo, se hicieron finitas, como hilo. _El viejo. Huele a hospital y a pasado. Nos mira. ¿Nos ve? No. Pero sabe. Los viejos siempre saben._

Cabrera dejó el bolso en el suelo. Apoyó el bastón contra la mesada. Miró a Newt de arriba a abajo. No con lástima. Con inventario. Igual que Felix hacía cuatro años.

"Joven", dijo.

"Cabrera", dijo Newt. La voz no le tembló. Pero no sonó a Jordan. Sonó a chico.

Se quedaron así un segundo. Mil palabras en el medio. Cuatro años. La ventana. La moto. Las noches que Cabrera le mintió al tío diciendo que no sabía dónde estaba.

Cabrera dio un paso. Después otro. Lento. No por el bastón. Por respeto. Se paró a un metro. No invadió.

"Está flaco", dijo. "Pero entero. Eso es más de lo que esperaba."

Newt sacó la mano izquierda del bolsillo. Estaba sólida. Normal. La mostró. "No siempre."

Cabrera la miró. No se inmutó. No preguntó. Solo asintió, como si le hubiera mostrado un rasguño. "El frío sigue jodiendo, ¿eh?"

Las sombras se quedaron quietas. Evaluando. _No pregunta. No se asusta. Peligroso._

"Algo así", dijo Newt. Guardó la mano otra vez.

Cabrera asintió de nuevo. Se giró hacia la heladera. La abrió. Vacía. Solo una botella de agua y los fideos de ayer. "¿Cenaron?"

"No", dijo Felix. Seguía cerca de la puerta. No se había relajado. "No comemos hasta que usted pruebe primero."

No era desconfianza. Era protocolo. Cabrera entendió. No se ofendió.

"Entonces voy a tener que cocinar", dijo. Agarró su cuchillo envuelto. Lo desató. "¿Qué hay?"

"Nada", dijo Newt.

Cabrera lo miró. Después miró a Felix. Después se rió. Seco, corto. "Cuatro años afuera y siguen sin saber comprar comida. Algunas cosas no cambian."

Fue hasta su bolso. Sacó los dos libros. Los dejó sobre la mesada. Después sacó una bolsa de tela. Adentro: cebolla, papa, un pedazo de carne envasada al vacío, pan. "Pasé por el mercado. Por si acaso. Si me echaban, cenaba en el tren."

Empezó a pelar la cebolla con el cuchillo. No les dio la espalda. Lo hizo de costado, mirando la puerta, mirando a Newt. Viejos hábitos. Los de él también.

Felix no se movió de la puerta. Newt no se movió de la isla. Cabrera cocinó.

El olor a cebolla frita llenó la cocina. Tapó el olor a polvo, a casa vacía. Sonaba a hogar. Sonaba a trampa.

A las ocho y diez, Cabrera sirvió tres platos. Guiso. Simple. Caliente. Puso uno frente a Newt. Otro en la punta de la mesa, lejos. Para él. El tercero se lo dio a Felix.

Felix lo olió. Lo miró. Cortó un pedazo de carne, lo masticó. Tragó. Esperó treinta segundos. Después asintió.

Recién ahí Newt agarró el tenedor. Recién ahí Cabrera se sentó. Recién ahí Felix se apoyó en la mesada, sin sentarse, comiendo parado, mirando la puerta de servicio.

Comieron en silencio. Las sombras no se acercaron a la mesa. El calor de la comida, el vapor, las mantenía en las esquinas. _Esperen. Solo esperen. La noche es larga._

Cuando terminaron, Cabrera juntó los platos. "Lavo yo. Ustedes no saben dónde están los trapos."

"Yo lavo", dijo Felix. Le sacó el plato de la mano.

Cabrera no insistió. Agarró su bastón. "¿Mi cuarto?"

"El de servicio", dijo Newt. "Al lado de la cocina. Tiene llave por dentro. La cerradura funciona."

"Bien", dijo Cabrera. Agarró su bolso. Caminó hacia la puerta. Se frenó antes de salir. Miró a Newt. "La casa está fría, joven. Más que antes. Voy a prender la calefacción."

No era pregunta. Era aviso.

Newt asintió.

Cabrera se fue. Cerró la puerta del cuarto de servicio. No pasaron llave. Se escuchó el bastón apoyarse contra la pared. Después nada.

Felix terminó de lavar. Secó todo. Dejó la cocina como si nadie hubiera cocinado. Sin rastros.

"¿Y?", dijo Newt. En voz baja.

Felix dejó el trapo. "No trajo micrófonos. No mintió al respirar. No miró las esquinas donde están ellas." Se encogió de hombros. "O es muy bueno, o es legal."

Las sombras susurraron. _O está esperando. Como nosotras._

Newt miró la puerta del cuarto de servicio. Cerrada. "Mañana vemos."

"Sí", dijo Felix. Agarró su campera gastada del respaldo de la silla. "Yo hago primera guardia. Vos intentá dormir."

Subieron. Cada uno a su cuarto. Puertas abiertas. Pasillo de diez metros.

Abajo, la casa ya no estaba vacía. Olía a guiso. Olía a Cabrera. Olía a que la tregua de cuatro años se había terminado.

Y las sombras, por primera vez en días, tenían público nuevo.

1
peranauta
esto es de lo mejorcito que he leído por acá
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