Después de perder al amor de su vida, él juró que su corazón quedaría enterrado junto a su esposa. Convertido en padre soltero, su único motivo para seguir adelante es su pequeño hijo… hasta que un nuevo comienzo los lleva a un lugar inesperado.
Ella es una dulce y dedicada profesora de preescolar, amante de los niños y de las pequeñas historias felices que se construyen día a día en su aula. Su vida es tranquila, organizada… hasta que él aparece.
Desde la primera mirada, algo cambia. Lo que comienza como simples encuentros en la hora de salida, se convierte en una conexión imposible de ignorar. Pero no todo es tan sencillo: el pasado aún duele, las heridas no han sanado del todo y el mundo no siempre acepta lo que no entiende.
Entre risas infantiles, dibujos de colores y miradas que dicen más que mil palabras… nace un amor que ninguno de los dos estaba buscando.
¿Podrá un corazón roto volver a amar?
¿Y hasta dónde estarán dispuestos a luchar por un sentimiento que no debía existir?
Un
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capitulo 8
Capítulo 8 — Celos inesperados
El lunes regresó más rápido de lo que quería.
Después del encuentro en el centro comercial no había dejado de pensar en Alejandro ni un solo momento. Y eso comenzaba a desesperarme.
Intenté convencerme de que todo era una simple atracción pasajera.
Nada más.
Pero cada vez que recordaba cómo me miraba… esa teoría perdía fuerza.
Esa mañana me arreglé más de lo normal para ir al colegio y me odié un poco por eso.
Porque sabía perfectamente para quién quería verme bonita.
“Ridícula”, pensé mientras terminaba de ondularme el cabello.
Antes de salir revisé Instagram y vi que la foto que había subido la noche anterior tenía muchísimos comentarios.
Entre ellos apareció uno que hizo que frunciera el ceño.
“Cada día más hermosa 😍”
Era de Esteban.
Un modelo con el que había trabajado varias veces en campañas deportivas.
Rodé los ojos divertida y guardé el celular.
No le di importancia.
Grave error.
Alejandro
Llegué al colegio más temprano de lo normal porque Samuel insistió en mostrarle a su profesora un dibujo que había hecho.
Pero sinceramente… yo también tenía ganas de verla.
Y eso ya se estaba convirtiendo en costumbre.
Samuel bajó feliz de la camioneta sosteniendo una hoja llena de colores.
—¡Profe!
María José levantó la mirada y por un segundo se quedó completamente quieta al verme.
Ese pequeño gesto bastó para alterarme el pulso.
Dios.
Cada vez era peor.
—Buenos días —saludó ella intentando sonar tranquila.
—Buenos días, profesora.
Samuel empezó a enseñarle emocionado el dibujo mientras yo observaba a María José discretamente.
Llevaba el cabello suelto y ligeramente ondulado.
Y sinceramente… se veía preciosa.
Demasiado.
—Samuel me dijo que ayer estuvo de nuevo en el centro comercial —comentó ella sonriendo.
—Sí. Me hizo caminar media ciudad buscando otros tenis.
Ella soltó una pequeña risa.
Y otra vez sentí ese golpe extraño en el pecho.
Como si me gustara demasiado verla feliz.
Mientras hablábamos, otro hombre apareció acercándose hacia ella.
Alto.
Bien vestido.
Demasiado seguro de sí mismo.
—¡Majo! —saludó sonriendo ampliamente.
Mi cuerpo se tensó sin razón lógica.
María José pareció sorprenderse.
—¿Esteban? ¿Qué haces aquí?
El tipo se acercó y le dio un beso en la mejilla con demasiada confianza para mi gusto.
—Vine porque tenemos reunión mañana para la nueva campaña.
Entonces la miró de arriba abajo y sonrió.
—Aunque sinceramente te ves mejor en persona que en las fotos.
Sentí la mandíbula tensarse inmediatamente.
No tenía ningún derecho a molestarme.
Ninguno.
Pero aun así me molestó.
Muchísimo.
María José soltó una risa nerviosa.
—Gracias.
El tal Esteban recién pareció notar mi presencia.
—Ah, perdón. Mucho gusto.
Extendió la mano.
La estreché apenas por educación.
—Alejandro.
—Esteban.
Y no sé si fue idea mía… pero el tipo me observó como intentando entender qué hacía yo ahí.
Samuel seguía abrazado a la pierna de María José mientras hablaba emocionado del dibujo.
Y de repente soltó:
—Mi papá quiere mucho a la profe.
Abrí los ojos inmediatamente.
María José casi deja caer la hoja.
Y Esteban levantó las cejas divertido.
—¿Ah sí?
—Samuel —dije rápidamente.
Pero el niño siguió hablando tranquilo.
—Sí. Siempre habla de ella.
Quise desaparecer.
María José estaba completamente roja.
Y lo peor…
era que Esteban parecía demasiado entretenido con toda la situación.
—Interesante… —murmuró él sonriendo apenas.
Sentí ganas de golpear algo.
María José
Quería morirme.
Literalmente.
Samuel acababa de dejarme sin capacidad de respirar frente a Alejandro y Esteban.
Y lo peor era que Alejandro tampoco parecía saber dónde meterse.
—Bueno… yo ya debo entrar al salón —dije nerviosa.
Tomé la mano de Samuel rápidamente.
—Ven, amor.
El niño se despidió feliz de su papá y yo prácticamente escapé hacia el salón.
Pero antes de entrar levanté la mirada.
Y Alejandro seguía observándome.
Aunque esta vez había algo distinto en sus ojos.
Algo más oscuro.
Más intenso.
Y sinceramente… eso me puso todavía más nerviosa.
El resto de la mañana intenté concentrarme en clases.
Pero mi cabeza seguía atrapada en la escena de la entrada.
Especialmente en la expresión de Alejandro cuando vio a Esteban conmigo.
Porque por un segundo…
pareció celoso.
Y esa idea era peligrosísima.
A la hora del descanso revisé el celular y encontré un mensaje nuevo.
Alejandro.
“¿Quién era él?”
Mi corazón se aceleró inmediatamente.
Leí el mensaje varias veces antes de responder.
“Un compañero de campañas publicitarias.”
Tardó apenas segundos en contestar.
“Parecía bastante cercano.”
Abrí los ojos sorprendida.
¿Eso eran celos?
Porque definitivamente sonaba a celos.
Y sinceramente… me gustó más de lo que debería.
Mordí mi labio antes de escribir:
“¿Está interrogándome, señor Alejandro?”
Los tres puntos aparecieron enseguida.
“Tal vez.”
Dios mío.
Miré alrededor nerviosa antes de responder otra vez.
“No tiene derecho.”
Pasaron varios segundos.
Y luego llegó el mensaje que terminó acelerándome completamente el corazón.
“Ese es exactamente el problema.”
Me quedé mirando la pantalla sin poder respirar bien.
Porque entendí perfectamente lo que quiso decir.
Alejandro también sentía que esto se estaba saliendo de control.
Alejandro
Guardé el celular frustrado.
No me gustaba sentirme así.
Nunca había sido un hombre inseguro.
Pero ver a María José sonriendo con ese tipo me provocó algo incómodo en el pecho.
Celos.
Malditos celos.
Y no tenía sentido.
Ella era libre de salir con quien quisiera.
Libre de hablar con quien quisiera.
Libre de enamorarse de alguien más.
La idea me golpeó más fuerte de lo esperado.
Porque por primera vez en años sentí miedo.
Miedo de que alguien más llegara antes que yo.
Aunque ni siquiera debería estar pensando de esa manera.
Pasé una mano por mi rostro cansado.
Esto estaba mal desde el principio.
Y aun así…
cada vez me importaba menos que estuviera mal.
Esa tarde María José tenía grabación para una nueva marca deportiva.
Intentó concentrarse en el trabajo, pero cada vez que miraba el celular recordaba los mensajes de Alejandro.
Especialmente uno.
“Ese es exactamente el problema.”
Porque había algo peligrosamente sincero en esas palabras.
Esteban se acercó mientras revisaban unas fotografías.
—¿El del colegio es tu novio?
María José casi se atragantó.
—¿Qué?
Él soltó una risa.
—Vamos, Majo. El hombre te miraba con cara de querer pelear conmigo.
Sintió calor en las mejillas inmediatamente.
—No digas bobadas.
Esteban levantó las manos divertido.
—Está bien, está bien. Pero te diré algo…
Ella levantó la mirada.
—¿Qué?
—Ese hombre está totalmente enamorado de ti.
Su corazón dio un salto tan fuerte que casi dolió.
Porque en el fondo…
ella empezaba a sospechar exactamente lo mismo.