Victor Maxwell….. como describir a un ser irritante que hizo mi vida irritante en cada oportunidad que tuvo , el chico guapo, el deportista estrella y quien se creía intocable Pero suena a cliché no? Pues no , no dire que me gusta desde niños o que es guapo lo odio como el le odia a mi Y jamás , jamás besaría a un descerebrado como el! ¿Nazarena cumplirá esa promesa
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Costumbre
(Perspectiva de Victor Maxwell)
La casa estaba demasiado silenciosa.
O quizá yo estaba demasiado acostumbrado a escuchar a mi padre hablando de negocios todo el tiempo.
De cualquier forma, el silencio duró exactamente treinta segundos.
—Los Esthelar están intentando negociar con uno de nuestros clientes otra vez —escuché desde el despacho.
Ahí estaba.
Tomé una botella de agua de la cocina mientras mi padre seguía hablando por teléfono al otro lado de la pared.
Era impresionante cómo lograba mencionar a esa familia al menos una vez al día.
Mi madre apareció entrando a la cocina con expresión cansada.
—¿Entrenaste hoy?
Asentí apoyándome contra la mesada.
—Sí.
—¿Y las clases?
—Aburridas.
Ella sonrió apenas.
—Eso significa normales.
Mi madre era la única persona de esta casa que no parecía vivir en una competencia constante.
Mi padre, en cambio…
Bueno.
Él había convertido el apellido Maxwell en una especie de religión.
Excelencia.
Imagen.
Poder.
Ser mejores que los demás.
Especialmente mejores que los Esthelar.
Y honestamente, crecí escuchándolo tantas veces que ya ni cuestionaba el odio entre ambas familias.
Simplemente existía.
Como el cielo.
Como el verano.
Como Nazarena siendo insufrible.
Subí a mi habitación dejando la mochila tirada cerca del escritorio.
Mi cuarto era amplio, moderno y probablemente demasiado caro para alguien de diecisiete años.
A mi padre le gustaba compensar su ausencia con cosas materiales.
Autos.
Tecnología.
Dinero.
Funcionaba bastante bien.
Encendí la computadora revisando algunas notificaciones mientras mensajes del equipo de fútbol aparecían en el grupo.
Fiesta el viernes.
Entrenamiento extra.
Burlas entre nosotros.
Lo normal.
Aunque mi cabeza seguía regresando al gimnasio de la tarde.
A Nazarena jugando volley.
Fruncí el ceño inmediatamente.
No porque me interesara.
Simplemente era raro verla callada por más de cinco segundos.
En la cancha parecía distinta.
Más concentrada.
Más competitiva.
Casi daba miedo.
Y eso ya era mucho decir.
Tomé una pelota de fútbol del suelo haciéndola girar entre mis manos.
Conocía a Nazarena desde demasiado pequeño.
Antes incluso de entender por qué nuestras familias se odiaban.
Cuando éramos niños pensé que simplemente era una chica agresiva.
Después crecimos.
Y descubrí que seguía siendo agresiva.
Todavía recordaba el día que me rompió la nariz accidentalmente con una pelota.
Bueno…
Quizá no tan accidentalmente.
Ella jamás pidió perdón.
Ni yo esperaba que lo hiciera.
Porque así funcionábamos.
Competir.
Discutir.
Molestarnos.
A veces pensaba que si un día Nazarena no me gritaba algo probablemente asumiría que estaba enferma.
Mi celular vibró sobre el escritorio.
“¿Mañana fútbol antes de clases?”
—Ryan.
Respondí rápido antes de dejar el teléfono otra vez.
Me recosté sobre la cama mirando el techo.
La verdad era que odiaba aburrirme.
Necesitaba hacer algo constantemente.
Entrenar.
Salir.
Conducir.
Molestar gente.
Quedarme quieto demasiado tiempo hacía que mi cabeza pensara demasiado.
Y no me gustaba pensar demasiado.
Especialmente sobre cosas familiares.
Porque aunque todos creían que ser Victor Maxwell era perfecto…
No lo era exactamente.
Sí, tenía dinero.
Popularidad.
El auto que quería.
La atención que quisiera.
Pero también tenía un padre que esperaba perfección absoluta.
Cada partido debía ganarse.
Cada error era criticado.
Cada decisión importaba porque “representaba el apellido Maxwell”.
Agotador.
Tomé los auriculares subiendo el volumen de la música para ignorar mis pensamientos.
Funcionó unos minutos.
Hasta que escuché ruido afuera.
Me levanté acercándome a la ventana.
Y claro.
La ventana de Nazarena seguía iluminada.
Solté una risa seca.
La psicópata tampoco dormía.
Desde mi habitación podía verla caminar de un lado a otro haciendo quién sabe qué.
Probablemente organizando cosas por estrés.
O planeando asesinarme.
Ambas opciones eran posibles.
La observé unos segundos antes de verla detenerse frente a su espejo haciendo una cara de frustración.
Definitivamente estaba nerviosa por las pruebas.
Y aunque jamás se lo diría…
Entraría al equipo.
Era demasiado competitiva para no hacerlo.
Me alejé de la ventana antes de que notara que la estaba mirando y empezara otra guerra mundial.
Volví a dejarme caer sobre la cama pasando una mano por mi cabello.
Mañana sería otro día igual.
Clases.
Entrenamientos.
Discusiones con Nazarena.
Mi padre criticando Esthelar.
El señor Esthelar criticando Maxwell.
Rutina.
Aunque honestamente…
Ya no sabía si odiaba esa rutina o si simplemente estaba demasiado acostumbrado a ella para imaginar algo diferente.