En un mundo donde la realeza no es sinónimo de inocencia, existe alguien dispuesto a romper todas las reglas.
Un misterioso cazador recorre los reinos con una misión peligrosa: encontrar y eliminar princesas. Pero no lo hace por ambición ni riqueza… sino por una verdad oculta que pocos conocen. Detrás de cada corona se esconden secretos, traiciones y poderes que podrían destruirlo todo.
A medida que avanza en su cacería, el cazador comienza a cuestionar su propósito, especialmente cuando se cruza con una princesa diferente a las demás… alguien que podría cambiarlo todo.
Entre conspiraciones, batallas y emociones prohibidas, la línea entre enemigo y aliado se vuelve cada vez más difusa.
¿Qué pasa cuando el cazador deja de ver a su presa como un objetivo… y empieza a verla como algo más?
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En el pueblo 2
Helio se recuesta en su cama. La comida había estado deliciosa: Liria era una gran cocinera, uno de los aspectos que lo enamoró de ella. Su bebé duerme a un costado, se desparrama entre las sábanas satisfecho de la leche materna. Padre e hijo descansan luego de un día agotador. La mujer levanta la mesa, también luce cansada. Sus pensamientos vuelven a la feria: esa mujer de cabellos largo y brillante, tan bella que llamaba la atención de cada hombre que pasaba a su lado. Se había acercado, posado una mano en su hombro, abierta para hablar… pero no dijo nada.
Enmudeció..
Termina con los platos, toma los restos de comida y anuncia:
–Cariño, voy a llevar los restos afuera. Seguramente los zorros le den buen uso.
Helio no responde, pero él nunca lo hacía, para ese momento seguramente estaba ya dormido, o perdido en algún pensamiento. Ella se abriga, toma una lámpara de mano, esas que llevan combustible, y sale.
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Boran se desespera, no logra encontrar al extraño, él y sus hombres peinan el área sin éxito.
–¡señor!, encontré algo –grita uno.
El príncipe atraviesa ramas y encuentra un arroyo, un pequeño brazo de agua cristalina que bajaba de la montaña. Junto al lodo,descubre restos de sangre casi blanca del frío, y vestimentas que portaba el extraño. Maldice, se convence de la idea de que el cazador siga vivo. Mira en todas direcciones, la espesura del bosque se vuelve impenetrable, no sabría por dónde comenzar la búsqueda. Relaja los brazos, suspira y dice,
–Volvamos al castillo. Terminamos por hoy.
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Liria avanza entre la nieve hasta el cobertizo del fondo. Deja la comida y la lámpara en el suelo, abre la puerta y enciende la luz. La penumbra cede, y allí, tendido en el suelo y cubierto con una manta, yace el cuerpo desnudo de un hombre.
Liria deposita con cuidado la comida junto a él.
–Gracias por la comida –dice Preus, intentando incorporarse.
La mujer se sonroja, lo cubre rápido con la manta y responde:
– No hay nada que agradecer, ser hospitalarios es parte de nuestra cultura. Si el bosque te dejo con vida, es por que el bosque sabe que tu propósito es importante.
Preus la observa intensamente, como si viera un ángel, su mente se retuerce y viaja al momento en el cual esa mujer comience a desaparecer, cuando su mundo entero se desmorone. Aprieta la mandíbula, maldice su destino, el hecho de acabar con todos esos mundos, luego se calma.
–Gracias por atender mis heridas. Pensé que moriría.
– Pensé y pienso lo mismo, todavía no estás fuera de peligro. Mientras hagas reposo y comas lo que te traigo, vas a recuperarte… a su tiempo.
Ella se levanta, repasa la parte baja de su cara con la mano, se gira hacia la puerta, saluda siendo amable, y lo deja solo.
El cazador toma los restos de comida y los devora sin pensarlo. Su cuerpo luce todo tipo de vendajes, costaba respirar, los huesos aún rotos… pero su entrenamiento lo mantenía vivo. Su misión dependía de ello.
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Al caer la tarde el pueblo organiza las ferias: un espacio donde los habitantes intercambian bienes y servicios. Liria camina por los puestos, toma algunas verduras, algo de frutas, se detiene y observa un enorme pescado, lo ve gordo y limpio, sería perfecto para llenar a Helio. El vendedor se lo entrega envuelto en papel, las escamas brillaban bajo la luz de las lámparas, y el reflejo de una mujer hermosa se dibuja en ellas.
Una mano acariciaba el brazo de Liria, la delicada piel de quien la tocaba parecía de terciopelo, se asemejaba a la suavidad de un bebé. Ella gira el rostro y se encuentra con esa hermosa mujer.
El vendedor intenta conectar con Liria, pero ésta no contesta, se paraliza frente a Milena. Sus ojos se cristalizan, analiza cada detalle de esa mujer, la piel perfecta, su pelo cautivador, y hasta lo sensual de su cuerpo, gesta un ruido con las fosas nasales, como quien intenta contener algo, y pregunta:
–¿Cuántas veces te acostaste con mi marido?.
El pescador, sorprendido, se aleja con otro cliente.
Milena, atónita, respira hondo. No estaba lista para eso, pero no podía retroceder.
– Me enamore de él –confiesa.
Liria deja escapar las lágrimas. Sabe que no puede competir con esa mujer. Cualquier hombre se iría con ella… y Helio ya lo había hecho. Toma el pescado con manos temblorosas, la observa por última vez y se aleja en silencio.
Su corazón estaba destrozado.