Impulsado por un afrodisíaco, una marca y la implacable presión del consejo de ancianos, el Rey Alfa se ve forzado a conseguir una Reina Luna mediante un contrato. Sin embargo, la palpable tensión entre ellos siembra la duda: ¿es su unión fruto de los sentimientos que han florecido con los años, una obligación contractual para asegurar el linaje lobuno de reyes alfas, o la innegable conexión de la marca que los une como almas gemelas?.
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Capitulo 8: Consejo De Ancianos II
Mis dedos recorren la marca, un sello innegable de la unión de almas que ahora me liga de por vida a Dante. La diosa luna nos ha concedido una segunda oportunidad, un regalo inesperado de un alma gemela. Aunque la marca y la conexión son tan reales y palpables, una parte de mí se niega a creerlo. Hace apenas unas horas, mi vida dio un vuelco drástico e inimaginable. Pasé de querer matarlo (sí, a ese hombre insufrible, insoportable, un líder nefasto cuyas decisiones me exasperaron al punto de desear su muerte) a estar unida a él. Solo su linaje alfa, sin herederos para preservarlo, lo salvó de mi furia en innumerables ocasiones. Pero ahora, liberado del hechizo de manipulación, Dante es diferente. Es mi compañero. Disfrutaré de este regalo de la diosa luna, y aunque espero que el amor florezca entre nosotros, si no lo hace, no importa. Nuestros cuerpos se entienden, y juntos, trabajaremos por el bienestar de nuestro linaje. Eso, por ahora, es suficiente.
Nuestra unión fue explosiva, pero lejos de la narrativa trillada donde el hombre conquista la virginidad femenina, nuestra historia es diferente. Yo no era virgen; Dante sí lo era. Y fue esa inversión de roles lo que lo hizo aún más gratificante. Fui yo quien tomó su virginidad, y juro que seré la única en sentir cómo su miembro me llena por completo, haciéndome jadear y estremecerme de placer hasta rogar por más. Porque el rey del linaje lobuno está bien dotado, no solo por su longitud, sino por el grosor que se mueve y crece dentro de mí, colmándome al punto de la locura. Si así de intensos son nuestros inicios, no puedo esperar a sentir y ver su evolución cuando sea un maestro en el arte de la pasión.
Informar a mis padres que ahora soy la Reina Luna fue, cuanto menos, interesante. Al principio, se quedaron rígidos como estatuas, supongo que por la sorpresa. Pero al segundo, ambos estallaron en carcajadas, dejándome helada con sus palabras. Aunque improbable, dijeron, no es descabellado. Incluso habían bromeado en el pasado que nuestras discusiones de perros y gatos nos harían una buena pareja, porque del odio al amor solo hay un paso. Su única preocupación es que no enviude demasiado pronto, dada mi naturaleza volátil e impaciente, y que desean ansiosamente tener nietos. Después de reírse de mí y sentir un poco de lástima por Dante por tener una pareja tan gruñona y perfeccionista, finalmente me felicitaron, me desearon lo mejor y me ofrecieron su apoyo incondicional. Serás una gran Luna, me aseguró mi madre, la sangre de líder corre por tus venas.
Después de dejar a mis padres llegó el momento de enfrentar a un desafío aún mayor: el inminente encuentro con el Concejo de Ancianos. Su impaciencia es tangible, anhelan colocar a uno de los suyos en el trono de Reina Luna, asegurando así su propia riqueza. Sin embargo, se equivocaron al subestimarme. Mi unión con Dante, impulsada por los efectos del afrodisíaco, ha desbaratado sus planes. Ahora, no les quedará más remedio que aceptar que ni a Dante ni a mí podrán manipularnos.
Entrar a la reunión, sin ser esperada ni invitada, fue un espectáculo. Lo más gratificante fue ver cómo sus rostros se tensaron, se llenaron de molestia y se desencajaron al comprender que yo soy la Reina Luna. Tras mi entrada dramática, dejando en claro que tanto Dante como el trono me pertenecen, me senté junto a mi compañero. Si no fuera por esta absurda reunión que debemos culminar, ya le habría saltado encima para reclamar sus labios, explorar su boca con la mia, penetrarla con mi lengua, y luego, con mis garras, despojarlo de su ropa y de la mía. Sostendría su erección con mis manos, la guiaría hasta mi hendidura y lo dejaría que me empalara con fuerza y salvajismo, ascendiendo juntos a la cima del éxtasis.
Un suspiro silencioso escapó de mí, luchando por desterrar la oleada de deseo que la cercanía de Dante enciende. Nuestra unión, completada hace apenas unas horas, no ha hecho más que intensificar la llama. Nos encontramos en la cresta de una ola de éxtasis, donde la mente se nubla y el mundo se redujo al instinto primario de aparearnos.
__Concejo de ancianos, quisiera saber si puedo contar con su invaluable apoyo. Si bien no hay grandes guerras o reyes demonio acechando, nuestra estirpe siempre requiere de nuevas ideas y soluciones para su fortalecimiento. Anhelo que su sabiduría y experiencia se sumen a este propósito. Sin embargo, debo ser franca: cualquier intento de dificultar mi labor, motivado por deseos frustrados de ver a sus propias hijas, nietas o sobrinas en este puesto, será inútil. La diosa luna ha aprobado mi unión con el rey alfa, y su voluntad es inmutable. Cooperar es nuestro mejor camino; de lo contrario, prometo hacer de sus días un verdadero calvario, algo que, estoy segura, prefieren evitar__. Mis palabras resonaron mientras mi mirada se poso en cada uno, y mi mano, bajo la mesa, juega con la pierna de Dante, quien se estremeció, sintiendo el avance lento de mis dedos hacia su entrepierna, una provocación descarada para mi compañero, el rey alfa.
Mis palabras, firmes y directas, tiñeron de palidez los rostros de varios consejeros, más pálidos que los vampiros. Me causó una risa que apenas pude disimular, dada la seriedad de la reunión. Tras mirarse entre sí y tragar grueso, el líder del consejo anunció su felicidad por nuestra unión y nos ofreció su apoyo incondicional. Pero yo se que, si bien muchos son sinceros, el líder no lo es. Mientras hablaba, pude ver cómo apretaba los dientes, conteniendo una rabia y frustración que casi le hacían morderse la lengua. Aun así, mantuvo su mejor semblante para convencernos de su conformidad. Una vez pronunciado su veredicto, la reunión concluyó. Uno a uno, los miembros se fueron marchando, dejándonos a Dante y a mí a solas. Apenas estuvo seguro de nuestra privacidad, Dante estalló en carcajadas, celebrando lo sucedido y felicitándome por mi actuación. Hemos dejado claro al consejo que no seremos sus marionetas; tendrán que aceptar nuestra unión, por las buenas o por las malas.
de tal pepa tal semilla
así que relajado que Astrid criara o educar bien a Astra y Kael también a su hijo