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Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Amor eterno
Popularitas:3.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Maggy Mouses

🚫 Novela en Emisión 🚫

Molly Dumont vive en un mundo de sombras donde nadie puede oírla. Tras un trágico accidente, todos creen que su mente se ha ido para siempre, pero ella está ahí, escuchando cada secreto, cada traición y cada suspiro.

​Axel Brunner, el CEO del Holding Arcane, se casó con ella por un pacto de poder, pero ahora se encuentra librando la batalla más importante de su vida: proteger a la mujer que todos llaman "un cuerpo vacío". Mientras la justicia intenta arrebatársela y un tío ambicioso busca destruirla, Axel descubrirá que el amor no necesita palabras, y que Molly está enviando señales que solo un corazón dispuesto a escuchar puede entender.

​¿Podrá Axel salvarla antes de que el tiempo se agote? ¿Logrará Molly romper las cadenas de su silencio antes de perderlo todo?

NovelToon tiene autorización de Maggy Mouses para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15: La promesa de oro

El aire en la habitación 402 de la clínica era extrañamente cálido. No había música, ni flores de colores, ni invitados sonrientes. Solo el zumbido eléctrico de las máquinas y el olor penetrante a antiséptico que se mezclaba con el aroma de las peonías blancas que Axel se había negado a dejar de enviar.

El juez, un hombre de rostro severo y movimientos parsimoniosos, ajustaba sus gafas mientras revisaba los documentos sobre una pequeña mesa auxiliar. A su lado, Julien Dumont permanecía sentado en su silla de ruedas, con Gerard detrás de él como una estatua de mármol. Julien vestía su mejor traje oscuro, pero la tela parecía colgar de un cuerpo que perdía volumen cada hora.

Axel estaba de pie junto a la cama, vestido con un traje gris marengo, impecable pero con la corbata ligeramente floja. A su izquierda, Stefan mantenía una seriedad inusual, aunque sus ojos recorrían la habitación analizando cada salida, cada cámara, cada posible fallo. Hans, apostado junto a la puerta, era la viva imagen de la vigilancia silenciosa.

—Podemos proceder, todo está en orden—anunció el juez con voz monocorde.

El juez comenzó la lectura del acta con un tono solemne que rebotaba en las paredes blancas de la suite. Hablaba de compromisos, de derechos legales y de la unión de dos patrimonios bajo un mismo nombre, pero para Axel, aquellas palabras eran solo un ruido de fondo.

Sus ojos estaban anclados en Molly. Con su cabello extendido sobre la almohada y esa corona de flores que Hans había encargado, no parecía una paciente; parecía la Bella Durmiente esperando un milagro.

De repente, un recuerdo de su infancia, casi olvidado, emergió con fuerza. Recordó a su abuela sentada al borde de su cama, leyéndole cuentos de príncipes que cabalgaban leguas y atravesaban bosques de espinas para rescatar a sus princesas con un solo gesto.

"¿Será así de simple?", pensó Axel, sintiendo una punzada de esperanza infantil que lo golpeó de improviso. "¿Será que, como en los cuentos que me contaba la abuela, un beso es lo único que hace falta para romper este hechizo y traerte de vuelta?".

Por un instante, se imaginó a sí mismo no como el CEO implacable del Holding Brunner, sino como aquel caballero que llegaba al rescate. Una pequeña sonrisa, casi imperceptible y cargada de una amarga ironía, asomó en sus labios. Sacudió la cabeza levemente para alejar el pensamiento. "¿Qué estoy pensando? Me estoy volviendo loco", se recriminó internamente, volviendo a la cruda realidad de los monitores y el suero.

Sin embargo, el sentimiento no se fue. Al contrario, se intensificó.

—Señor Brunner, puede proceder —dijo el juez, rompiendo el hilo de sus pensamientos.

Axel tomó la mano derecha de Molly. Estaba tibia, pero lánguida entre la suya. Con un movimiento lento y cargado de una reverencia que no tenía nada que ver con el contrato, sacó la alianza de oro rosa. La deslizó por su dedo anular, viendo cómo el metal brillaba con un calor especial bajo las luces de la clínica.

—Molly... —susurró Axel, ignorando por completo al juez, a Julien y a los testigos. Se inclinó tanto que su aliento rozó la mejilla de ella—. No sé si puedes oírme, pero quiero que sepas que, de ahora en adelante, tu vida es la mía. No estás sola en esa oscuridad.

Le apretó los dedos con suavidad, deseando con toda su alma que ella pudiera sentir el peso del anillo, ese anclaje que la ataba de nuevo al mundo de los vivos.

—Te prometo que nadie volverá a tocarte —continuó con la voz quebrada—. Te prometo que te cuidaré hasta que vuelvas a abrir los ojos y me reclames por haber hecho esto sin tu permiso. Pero hoy, Molly, te conviertes en mi esposa, y mi nombre será tu escudo.

Stefan, al escuchar a su amigo, bajó la cabeza un segundo, conmovido por la humanidad que Axel estaba desnudando en ese momento. Julien, por su parte, dejó escapar una lágrima solitaria que se perdió entre las arrugas de su mejilla.

—Por el poder que me confiere la ley, los declaro marido y mujer —concluyó el juez.

No hubo brindis ni celebración. Axel se inclinó sobre ella y dejó un beso casto en su frente, sintiendo la frialdad de su piel contra sus labios. Se quedó allí, en silencio, esperando un segundo a que ella despertara, deseando que la magia de su abuela fuera real, mientras el monitor cardíaco de Molly daba un pitido suave, rítmico, como si estuviera aceptando, muy en el fondo, el pacto que acababan de sellar.

Mientras el acta matrimonial se firmaba en la clínica, en un almacén portuario a las afueras de la ciudad, un hombre de rasgos genéricos y ojos gélidos apagaba un cigarrillo contra una mesa de metal. Era uno de los informantes de Claude.

—Señor —dijo el hombre al teléfono—, el movimiento en la clínica ha cambiado. Han reforzado el perímetro con gente de Arcane. Gente de un tal Axel Brunner. Algo ha pasado ahí dentro.

Al otro lado de la línea, una voz distorsionada por un modulador respondió con una calma aterradora.

—El viejo Julien está tratando de comprar tiempo. Cree que unirse a los Brunner lo salvará. Envíale un recordatorio. Que sepa que no hay muro lo suficientemente alto para protegerle de lo que quiero.

Cuando el juez terminó de recoger sus documentos y se retiró en silencio, la habitación quedó sumergida en una calma distinta. Ya no eran solo dos socios en una clínica; ahora eran familia. Julien Dumont, que parecía haber envejecido diez años en las últimas horas, se acercó a Axel con pasos lentos y pesados.

—Bienvenido a la familia Dumont, Axel —dijo Julien, extendiendo una mano temblorosa que Axel estrechó con respeto.

Julien se quedó mirando a su hija antes de volver a clavar sus ojos cansados en su yerno.

—Solo te pido una cosa —continuó Julien y acercándose a él—. Prométeme que la cuidarás. Prométeme que, si yo llego a faltar antes de que ella despierte, tú serás su escudo mientras ella no pueda defenderse. Que no permitirás que nadie le arrebate lo que es suyo.

Axel sintió el peso de esa súplica. No era una transacción comercial, era el ruego de un hombre que sabía que su tiempo se agotaba.

—No tiene que preocuparse por eso, Julien. Se lo he prometido a ella y se lo prometo a usted —respondió Axel con firmeza—. Pero ahora, la prioridad también es su propia salud. Necesito que visite a los mejores médicos de Europa, yo mismo puedo encargarme de los contactos. No puede rendirse ahora.

Julien soltó una sonrisa triste, cargada de una resignación que heló la sangre de Axel.

—Eso ya... ya no es posible, Axel —susurró Julien, negando suavemente con la cabeza—. Ya no hay nada que hacer para mí. He gastado todas mis fuerzas en llegar hasta aquí. Ahora, todas las energías de esta familia deben estar enfocadas en una sola cosa: que mi hija se recupere. Mi ciclo está terminando, el de ella apenas está en pausa.

Axel no supo qué responder ante tal confesión.

Por un momento, recordó cómo ella le había dicho en el restaurante, con aquella seguridad que lo había desarmado, que "la agresividad es necesaria para la perfección". Ahora, Axel entendía que tendría que usar toda esa agresividad, no para los negocios, sino para mantener a salvo el mundo de la mujer que dormía en esa habitación.

—Vaya a descansar, Julien —dijo Axel sin apartar la vista de Molly—. Yo me quedo aquí. Ella ya no está sola.

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Sakura
date cuenta de lo que está pasando con tu esposa
Sakura
date cuenta de lo que está pasando con tu esposa
Sakura
más
Sakura
ya se terminó
Sakura: a ok ok ya había asustado por que me parece muy interesante
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