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Almas En Distinto Cielo

Almas En Distinto Cielo

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Completas
Popularitas:506
Nilai: 5
nombre de autor: Rooo

Almas que están destinadas a encontrarse aunque estén del otro lado del mundo.

NovelToon tiene autorización de Rooo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

¡ La semana antes del mismo cielo!

...Almas en Distinto Cielo...

...✦   ✦   ✦...

...Capítulo VII...

...La semana antes...

...del mismo cielo...

...— Porque hay presagios que no hablan. Solo se sienten. —...

...Buenos Aires — Siete días antes★ ★ ★...

Valeria

Era extraño, pero Valeria lo notó: algo en la semana se sentía diferente. No de una manera que pudiera señalar en ningún calendario. No había ocurrido nada nuevo. Los días eran idénticos a los anteriores: el hotel, Soledad, el carrito, las habitaciones en fila. Las noches: los chicos, la cena, la serie. Y sin embargo algo vibraba, tenue y persistente como una nota musical que no termina de irse aunque la canción haya parado.

En el hotel el ambiente era de agitación organizada. Habían llegado equipos de iluminación que debían ser almacenados. Dos habitaciones del cuarto piso habían sido reservadas con semanas de anticipación bajo nombres que nadie del personal reconocía. La supervisora andaba con un portapapeles que no soltaba ni para el café. Y en el vestuario de personal, las conversaciones en voz baja se habían vuelto el idioma dominante.

"Llegaron cajas esta mañana," le dijo Soledad a Valeria entre habitación y habitación. "De Corea. Con stickers que yo no pude leer."

"¿Y vos qué estabas haciendo leyendo los stickers?"

"Investigando." Pausa. "Che, ¿vos mirás kdramas, no?"

Valeria no respondió de inmediato. Lo de los kdramas era lo suyo, lo privado. Pero Soledad ya lo sabía —lo había sabido siempre, sin que nadie se lo dijera.

"A veces," dijo.

"Entonces esto te va a gustar." Soledad sonrió con esa sonrisa de quien guarda información como se guarda un caramelo. "El que viene a filmar acá... dicen que es alguien grande. De verdad grande."

Valeria siguió trabajando. Pero en algún rincón que no supo nombrar, algo se agitó.

Esa noche, después de que los chicos se durmieron, abrió una serie nueva. Había estado postergándola: una historia sobre dos personas que se buscan sin saberlo a través de vidas distintas, en tiempos distintos, sin que nada en el mundo exterior los conecte excepto algo que no puede verse. La había postergado porque sabía — con ese instinto que tienen las personas sensibles para las cosas que van a tocarlas demasiado — que no iba a poder mirarla con distancia.

La miró igual. Y cuando el primer capítulo terminó, se quedó sentada en la oscuridad con el teléfono contra el pecho y los ojos en el techo. Sin pensar. Solo sintiendo esa vibración extraña que llevaba días instalada en algún lugar debajo de las costillas.

De los escritos de Valeria — esa noche

..."¿Qué es lo que espera el alma...

...cuando el cuerpo ya dejó de esperar?...

...¿Dónde vive ese calor que reconocería...

...aunque nunca lo haya sentido?...

...Hay algo que late muy adentro...

...con un ritmo que no es mío....

...Como si fuera el eco...

...de otro corazón...

...latiendo en algún lugar...

...que todavía no conozco."...

Cerró la carpeta secreta. Apagó la luz. Y durmió de una manera rara — liviana, casi sin peso — como si su cuerpo supiera algo que su mente todavía se negaba a procesar.

Alma competía en cuatro días. La última vez. Valeria había conseguido el dinero para el vestuario haciendo horas de más en el hotel y vendiendo unas empanadas un fin de semana con la ayuda de una vecina. Nadie lo sabía. Alma creía que el dinero había venido de un "ahorro" que su madre no especificó. Mateo, que sí sospechaba, no dijo nada — tenía quince años pero ya sabía cuándo el silencio era la forma más gentil de acompañar.

...Tokio — Los mismos siete días★ ★ ★...

Sebastián

Sebastián Rhys no creía en los presagios de la misma manera en que otros no creen en ellos. Los presagios, para él, eran simplemente información que llegaba por canales no convencionales. Y esa semana, los canales no convencionales de Sebastián estaban particularmente activos.

El sueño de la noche del martes fue el más nítido hasta la fecha. No solo el rostro. No solo el aroma. Esta vez había una ciudad que él no reconocía del todo pero que tenía algo inconfundible: cielos amplios, una luz diferente a la de Asia, el sonido de un idioma que era español pero con una cadencia particular. Y ella caminando por una vereda. De espaldas primero — pequeña, paso firme, el cabello oscuro recogido. Luego girando, como si lo hubiera sentido. Y esa sonrisa.

Sebastián despertó a las cuatro de la mañana con el corazón a una velocidad que no era del todo incómoda. Se quedó en la cama sin moverse, dejando que los detalles del sueño se asentaran antes de que el día los borrara. La ciudad. La vereda. La luz. La cadencia del idioma.

Buenos Aires.

Faltaba una semana.

Los preparativos finales se completaron con esa precisión que Sebastián exigía de sí mismo y de todos los que trabajaban con él. Reunión con el equipo legal el lunes. Confirmación de agenda con el canal porteño el martes. Llamada con Jinho el miércoles para revisar el cronograma del rodaje. Todo en orden. Todo listo.

El jueves llegó Camille.

No estaba invitada. Eso era lo primero que Sebastián registró cuando su asistente le anunció que la señorita Voss había llegado a la recepción de Rhys Capital y pedía verlo. No estaba invitada, lo que significaba que la información sobre su agenda — y sobre el viaje a Buenos Aires — había llegado a ella por un canal que él no había autorizado.

La recibió en la sala de reuniones. No en su despacho — el despacho era para las cosas que importaban. La sala de reuniones era para las cosas que había que manejar.

Camille entró con esa seguridad estudiada que él ya conocía. Se sentó. Cruzó las manos sobre la mesa.

"Supe que vas a Buenos Aires."

"Sí."

"Me gustaría acompañarte. Tengo contactos en el ambiente literario porteño. Podría ser útil para el proyecto."

Sebastián la miró durante dos segundos exactos — el tiempo que necesitaba para evaluar lo que había detrás de lo que alguien decía.

"No," dijo.

Camille no parpadeó. "¿Por qué?"

"Porque este viaje es de trabajo. Y porque no te invité."

Otro silencio. En los ojos de Camille pasó algo rápido —una sombra, un cálculo— que ella disolvió de inmediato con una sonrisa.

"Tu madre pensaba que—"

"Mi madre no toma decisiones por mí." Lo dijo sin alzar la voz. Lo dijo de la manera en que se cierran las puertas: definitivamente.

Camille se fue. Sebastián llamó a su asistente y le indicó, con la misma calma de siempre, que revisaran cómo había llegado información sobre su agenda a personas externas al equipo. Su asistente tomó nota sin preguntar.

Esa noche Sebastián llamó a su madre.

"¿Le dijiste a Camille Voss que iba a Buenos Aires?"

Un silencio breve. "Se lo mencioné en una conversación."

"Mamá."

"Sebastián." Su voz tenía ese tono — mitad disculpa, mitad convicción. "Solo intento—"

"Lo sé lo que intentás. Y te quiero por eso." Pausa. "Pero hay cosas que ya sé, mamá. Hay cosas que ya están decididas aunque todavía no hayan pasado."

Silencio del otro lado. Luego, muy quieto: "¿Seguís soñando?"

"Esta semana la vi en Buenos Aires."

Midori tardó un momento en responder. Cuando lo hizo, su voz había perdido toda la defensa y tenía solo lo que siempre había tenido debajo: amor y una sabiduría que no competía con nada.

"Ve," dijo. "Y esta vez, Sebastián. No sueltes."

...Faltaban siete días....

En Buenos Aires, una mujer sentía algo vibrar sin saber qué. En Tokio, un hombre empacaba una valija con más cuidado del habitual.

El universo, que llevaba años trabajando en esto, estaba terminando los últimos detalles.

...✦   ✦   ✦...

Continuará en el Capítulo VIII

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