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Madre De Acero, Hogar De Cristal

Madre De Acero, Hogar De Cristal

Status: Terminada
Genre:Embarazo no planeado / Traición / Completas
Popularitas:12.4k
Nilai: 5
nombre de autor: mailyn rodriguez

Susena creía vivir en un paraíso: un hogar impecable, tres hijos amados, un bebé en camino y un esposo que parecía perfecto. Pero cuando Julián muere en un trágico accidente, su mundo de cristal estalla.

Entre deudas ocultas y el descubrimiento de una impactante doble vida, Susena se queda en la calle y sin nada. Sola con sus hijos y una tía a su cargo, deberá abandonar su fragilidad para transformarse en una madre de acero. Una historia de traición y coraje donde una mujer deberá luchar contra la pobreza y el engaño para reconstruir su destino.

¿Hasta dónde llegarías para salvar a los tuyos cuando descubres que tu vida entera fue una mentira?

NovelToon tiene autorización de mailyn rodriguez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 7: Acero en las venas

La noche en el hotel de Queens fue una odisea de café barato y luces de neón parpadeando a través de la ventana. Mientras el resto de Manhattan dormía, Susena Vallejo transformó la pequeña mesa tambaleante de la habitación en su centro de operaciones. Sus dedos volaban sobre el teclado de su vieja laptop, rescatada milagrosamente del desalojo. A su lado, la tía Martha dormía sentada en una silla para dejarle la cama a los trillizos, quienes descansaban amontonados, ajenos a la batalla que su madre libraba por ellos.

Susena no sentía el cansancio. Cada vez que sus párpados pesaban, miraba las caritas de Mateo, Valeria y Lucía, y una descarga de energía recorría su columna. Estaba creando algo brillante. No era solo una campaña para hoteles; era su declaración de guerra contra la miseria. Alrededor de las tres de la madrugada, bajó a la calle y caminó dos cuadras hasta un pequeño local abierto las veinticuatro horas. Con la tarjeta negra de Maximiliano en la mano, sintió la tentación de comprar un banquete, pero su honor fue más fuerte. Compró leche, fruta, pan fresco y un poco de jamón. Gastó apenas veinticinco dólares. Volvió al cuarto, dejó la comida preparada para cuando sus hijos despertaran y, sin dormir un solo minuto, volvió al trabajo.

A las 7:55 AM, Susena estaba de pie frente al despacho de Maximiliano D'Angelo. Sus ojos estaban inyectados en sangre y su piel lucía pálida bajo el maquillaje que había retocado en el baño del lobby, pero su postura era impecable. Parecía una guerrera que acababa de regresar del frente. Cuando las puertas del ascensor se abrieron y Maximiliano apareció, rodeado de sus asesores, se detuvo en seco al verla. No esperaba que ella estuviera allí, y mucho menos con esa expresión de triunfo silencioso.

—Es puntual, señora Sotomayor —dijo Maximiliano, su voz resonando en el pasillo silencioso.

—Dije que lo haría, y aquí estoy —respondió ella, entregándole una carpeta física y una memoria USB.

Entraron a la sala de juntas. Susena conectó su presentación y, durante quince minutos, Manhattan pareció detenerse. Su propuesta era audaz, elegante y rompía con todo lo convencional. Había captado la esencia del lujo neoyorquino pero le había añadido un toque humano, una calidez que el equipo de Maximiliano nunca había logrado proyectar. Cuando terminó, el silencio en la sala era sepulcral. Maximiliano la miró fijamente, luego a la pantalla, y finalmente asintió con una lentitud casi solemne.

—Es... brillante —admitió él, y por primera vez, no había frialdad en su tono—. Es exactamente lo que necesitaba y no sabía cómo pedir.

Maximiliano hizo una señal a su equipo para que salieran. Se quedó a solas con Susena. Ella, exhausta, le extendió la tarjeta negra.

—Aquí tiene su tarjeta, señor D'Angelo. Gracias por el préstamo.

Maximiliano la tomó y, por curiosidad, revisó la notificación de gastos en su teléfono. Sus cejas se elevaron con asombro.

—¿Veinticinco dólares? —preguntó, incrédulo—. Le di acceso a una cuenta ilimitada en la ciudad más cara del mundo. Podría haber ido al mejor restaurante, haber comprado ropa, haber reservado una suite en uno de mis hoteles. ¿Por qué solo veinticinco dólares?

—Porque eso es lo que costaba el desayuno de mis hijos y de mi tía —respondió Susena con una dignidad que lo dejó sin palabras—. No soy una estafadora, señor D'Angelo. Soy una madre que necesitaba alimentar a su familia para poder concentrarse en el trabajo que usted me encargó. El resto de su dinero no me pertenece.

Maximiliano la miró como si fuera un espécimen raro, algo que no existía en el mundo de tiburones en el que él se movía. En ese momento, Susena dejó de ser un caso de caridad para convertirse en alguien que él respetaba profundamente.

—Su oficina está en el piso cincuenta y cuatro, departamento de Publicidad Creativa —dijo él, devolviéndole la carpeta—. Mañana mismo se le asignará un adelanto de sueldo real para que pueda sacar a su familia de ese hotel. Bienvenida a bordo, Susena.

La noticia de la "nueva protegida" de Maximiliano corrió como pólvora por el edificio. Mientras Susena caminaba hacia su nueva oficina, sentía las miradas clavadas en su espalda y escuchaba los susurros en los pasillos. "Es la viuda del estafador Sotomayor", "¿Cómo consiguió el puesto tan rápido?", "Seguro que hay algo entre ella y el jefe". Susena apretó los puños, pero no bajó la cabeza. Sabía quién era y lo que valía. El acero en su alma se estaba volviendo indestructible.

Al mediodía, mientras intentaba entender el sistema de computación de su oficina, alguien llamó a la puerta. Era la joven recepcionista del día anterior, la que había tenido el dolor de vientre. Ahora se veía saludable y llevaba una sonrisa tímida.

—Hola... soy Jennifer —dijo la joven—. Quería darte las gracias. Si no te hubieras quedado en el mostrador, hoy estaría en la calle. Me enteré de que te dieron el puesto y... bueno, me preguntaba si te gustaría ir a almorzar. Conozco un lugar cerca que es económico y muy bueno.

Susena sonrió, y por primera vez en días, la sonrisa llegó a sus ojos. Había encontrado una aliada en medio de los lobos de Manhattan.

—Me encantaría, Jennifer. Vamos.

Caminando por la Quinta Avenida junto a su nueva amiga, Susena sintió que el aire de Nueva York ya no era tan frío. Tenía un trabajo, tenía el respeto del hombre más poderoso de la ciudad y, sobre todo, tenía una oportunidad de reconstruir su hogar de cristal, pero esta vez, con cimientos de acero.

1
Shony Zatarain
excelente 🌹
Marta Bettucci
voy a buscar otras novelas tuyas. espero sean también cortas
Marta Bettucci
voy a buscar otras novelas tuyas. espero sean también cortas
Marta Bettucci
me encantó
Corta y sin tantos dramas.
Marta Bettucci
me encantó
Corta y sin tantos dramas.
Yolanda Morocho
hojala Julián no esté muerto paraq vea q ella está con un hombre mejor q el
Yolanda Morocho
seguro q no está muerto q por tantas deudas finjio su muerte
Yolanda Morocho
me gusta q ses una mujer fuerte y le aya puesto muy claro todo
Mercedes Elena Bernaez Balza
/Gift//Gift//Gift//Gift//Gift//Gift//Gift//Gift//Gift//Gift//Good//Good//Ok//Heart//Rose/
Yolanda Villamar
😍m gusto mucho cortita pero muy bella gracias escritora
Yolanda Villamar
😄😍haaaay yo quiero uno de esos
Yolanda Villamar
q vien por ella q le demuestre Al maldito muerto q va salir sola
Carmen Rodriguez
/Drool/
Graciela Alvarez
gracias por compartir tan bonita historia 😍
Rossi
mientras Julian cambió a su esposa por una mujer de 25, Max cambió.las de 25 por una hermosa mujer/madre de 40 🥰
Rossi
lo que me da rabia y tristeza, es que Julian nunca pensó en sus hijos, 😭
Helizahira Cohen
muy bonita he leído dos novelas tuyas cortas, bien narrada, buena trama y ortografía 👏👏
Helizahira Cohen
con tantas cosas ya debería tener 5 meses y visitar al medico
Helizahira Cohen
Es un poquito loca, él la dejo en el apartamento y luego hablo de la recepcionista, me perdí, pero esta buenísima
Helizahira Cohen
ni siquiera la casa, que descaro y aun se despidió esa mañana como si nada, estará muerto de verdad ?
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