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LA REINA DEL GÁNGSTER

LA REINA DEL GÁNGSTER

Status: Terminada
Genre:Mafia / Comedia / Dominación / Completas
Popularitas:603
Nilai: 5
nombre de autor: Jessics8 Rodriguez

Esmeralda "La Dama de Hierro" Durán. Con una mente tan afilada como sus tacones de aguja, Esmeralda es la jefa indiscutible del "Casino del Mal" y de todo el submundo criminal que lo rodea. Elegante, astuta y con un sentido del humor tan negro como su café matutino, no teme ensuciarse las manos, aunque prefiere que sus guardaespaldas lo hagan. Su dominación no se basa en la fuerza bruta, sino en la inteligencia, la manipulación psicológica y una habilidad innata para hacer que la gente haga exactamente lo que ella quiere, a menudo sin que se den cuenta. Es una maestra del disfraz emocional, capaz de pasar de un encanto desarmante a una frialdad glacial en cuestión de segundos. Su único punto débil... si es que se le puede llamar así, es su adoración por Señor Bigotes.

NovelToon tiene autorización de Jessics8 Rodriguez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5: El Baile de Máscaras Inesperado y la Confesión Equivocada

La debacle culinaria en "Il Serpente Affamato" había sellado el destino de Don Fabrizio: se había convertido en el hazmerreír oficial de la alta sociedad criminal. Los chistes sobre soufflés con cilantro y pitones con indigestión de diamantes circulaban más rápido que el dinero lavado en un día de paga. Esmeralda, por su parte, disfrutaba de la gloria, su Casino del Mal rebosaba de clientes y su reputación como la "Dama de Hierro" se había cimentado aún más, pero con un toque de comedia. Sabía que la tregua sería corta. Don Fabrizio, aunque humillado, no era de los que se rendían fácilmente.

La siguiente estratagema de Don Fabrizio fue, una vez más, un intento desesperado por recuperar su prestigio. Anunció un "Baile de Máscaras de Élite" en su Mega-Casino, prometiendo una noche de opulencia, misterio y una subasta benéfica con objetos de valor incalculable. Su objetivo era atraer a la flor y nata de la sociedad y, de paso, desvelar la verdadera identidad de la "Dama de Hierro", a quien sospechaba que no era Esmeralda Durán, sino alguien más. Su paranoia había alcanzado niveles estratosféricos.

"¿Un baile de máscaras?", Esmeralda leyó la invitación, adornada con plumas de pavo real y un sello dorado con la efigie de una serpiente. "Qué original. ¿Será que espera que use una máscara con un flamingo rosa?"

Leonardo, que ya tenía un informe completo sobre la lista de invitados y las medidas de seguridad del evento, negó con la cabeza. "Se dice que la seguridad será hermética, jefa. Y ha contratado a los mejores detectives privados para que identifiquen a cada asistente. Su objetivo es desenmascararte públicamente."

"Qué lindo detalle", Esmeralda sonrió. "Entonces, le daremos lo que quiere. Un desenmascaramiento... pero no el que espera."

La "Operación Máscara de Comedia" se puso en marcha.

"Sofía", dijo Esmeralda, "necesito el disfraz más extravagante, llamativo y absurdamente irónico que puedas imaginar para el baile. Algo que grite 'mira, pero no entiendas'."

Sofía, siempre a la altura del desafío, asintió con entusiasmo. "Tengo algunas ideas, jefa. ¿Qué tal una piñata gigante andante? ¿O un disfraz de Don Quijote, con un Sancho Panza chihuahua?"

Esmeralda consideró la última opción. "El Sancho Panza chihuahua suena prometedor. Pero necesito algo que confunda y divierta, que desvíe la atención de mi verdadera presencia."

Marco, por su parte, tenía la tarea de deshabilitar las cámaras de reconocimiento facial y los micrófonos ocultos que Don Fabrizio había instalado para identificar a los invitados. "Jefa, el sistema es bastante avanzado. Tendré que crear una especie de 'burbuja de privacidad' digital alrededor de nuestro equipo."

"Y Leonardo", Esmeralda se volvió hacia su lugarteniente, "necesito que te asegures de que todos nuestros agentes infiltrados tengan las máscaras adecuadas y las historias de portada más convincentes. Y que nadie, absolutamente nadie, se atreva a desenmascararte, o al Señor Bigotes."

El Señor Bigotes, por supuesto, tenía su propio papel estelar. Sería el "Sancho Panza" de la noche, un punto focal de distracción.

La noche del baile de máscaras llegó con una gran expectación. El Mega-Casino Bianchi estaba adornado con sedas, candelabros y la ominosa presencia de los detectives privados, que observaban a cada invitado con ojos de halcón. Don Fabrizio, con una máscara de leopardo y un traje de terciopelo morado, se pavoneaba, convencido de que esa noche desenmascararía a su némesis.

Los invitados comenzaron a llegar. Y entre ellos, una procesión de personajes que rozaban lo absurdo: un hombre disfrazado de torre Eiffel, una mujer con un vestido hecho de billetes de un dólar, y un grupo de mimos que se comunicaban únicamente con gestos dramáticos. Sofía se había superado a sí misma.

Pero la joya de la corona fue Esmeralda, que llegó con un séquito de "guardaespaldas" disfrazados de flamencos rosas, mientras ella misma lucía un elaborado vestido de época que simulaba ser un pastel de bodas, con capas y volantes que ocultaban por completo su figura. Su máscara era una réplica exacta de la cara de Don Fabrizio, lo que causó risas ahogadas entre los que la reconocieron. Y a su lado, en un carrito tirado por uno de los "flamencos", iba el Señor Bigotes, con su esmoquin y una diminuta máscara de Zorro.

Don Fabrizio, al ver la procesión de flamencos y el "pastel andante" con su propia cara, casi se atraganta con su canapé de foie gras. Los detectives privados se vieron abrumados por la cantidad de disfraces extravagantes y las burbujas de privacidad de Marco, que hacían que sus sistemas de reconocimiento facial fallaran estrepitosamente.

"¡Esto es una burla!", gritó Don Fabrizio a su jefe de seguridad. "¡Encuentren a Esmeralda Durán! ¡Desemascárenla!"

Mientras los detectives y los guardias corrían de un lado a otro, persiguiendo a falsos "Don Quijotes" y "damas de hierro" disfrazadas, Esmeralda se movía por el salón de baile con la gracia de una bailarina, haciendo contactos, recopilando información y, sobre todo, divirtiéndose. El Señor Bigotes, en su carrito, recibía más atención que la subasta benéfica, con la gente haciéndose selfies con el "Zorro chihuahua".

El clímax de la noche llegó durante la subasta. Don Fabrizio, con la esperanza de recuperar algo de su maltrecha reputación, presentó el objeto estrella: un collar de diamantes que, según él, había pertenecido a María Antonieta. El collar brillaba bajo los focos, cegando a los asistentes.

"¡Y ahora, el momento que todos esperaban!", exclamó Don Fabrizio, su voz resonando por los altavoces. "¡El collar de María Antonieta! ¿Quién da más?"

Esmeralda, aún con su disfraz de pastel y su máscara de Don Fabrizio, levantó la paleta de pujas con un gesto elegante. "¡Quinientos mil!"

Don Fabrizio, al ver "su propia cara" pujando, se sintió confundido. "¿Quién...? ¡Un momento! ¿Quién es usted?"

"Soy un admirador de la buena joyería, Don Fabrizio", respondió Esmeralda, distorsionando su voz. "Y un gran fan de su... estilo. Sobre todo el rosa."

Las risas se extendieron por el salón. Don Fabrizio, cada vez más irritado, se dio cuenta de que estaba siendo objeto de burla.

Pero la verdadera jugada maestra de Esmeralda aún estaba por llegar. Mientras la puja por el collar se calentaba, Sofía, disfrazada de mimo, se acercó al pedestal donde reposaba el collar. Con una habilidad que desafiaba la lógica, y aprovechando la distracción general, intercambió el collar de diamantes por una réplica perfecta, hecha de cristales de Swarowski, que Marco había creado en su laboratorio. El verdadero collar, por supuesto, estaba ya en manos de Leonardo, disfrazado de mayordomo.

La subasta continuó, y Esmeralda, con su máscara, se llevó el collar de diamantes (la réplica, claro) por un millón de dólares. Don Fabrizio, creyendo haberle ganado una batalla a su rival disfrazada, sonrió triunfalmente.

Pero la noche aún tenía una sorpresa más. Durante el brindis final, Esmeralda se acercó a Don Fabrizio.

"Don Fabrizio", dijo Esmeralda, quitándose la máscara de su propia cara y revelando su sonrisa irónica. "Quiero darle las gracias por la noche más divertida que he tenido en mucho tiempo. Y por este hermoso collar." Levantó la réplica, que brillaba bajo las luces. "Es tan... usted."

Don Fabrizio, al ver su propia cara en la máscara y la de Esmeralda detrás, se quedó petrificado. "¡Esmeralda! ¿Pero cómo...?"

"Oh, Don Fabrizio", dijo Esmeralda, guiñándole un ojo. "Siempre subestimas a una mujer con buen gusto. Y con un equipo que sabe hacer un buen trabajo de... ingeniería inversa."

Y entonces, ocurrió el momento cumbre. El Señor Bigotes, que había estado rondando por la mesa de postres, se acercó a Don Fabrizio. Con un movimiento rápido y entrenado, el chihuahua le robó la máscara de leopardo de la cara a Don Fabrizio, revelando su expresión de horror al mundo. Y, como toque final, le "confesó" un secreto. El Señor Bigotes, en un arranque de excitación, se subió a la mesa y, con una serie de ladridos y gestos con la pata, "confesó" en público que Don Fabrizio tenía una colección secreta de figuritas de gnomos de jardín, tal como Esmeralda había mencionado en su prólogo.

La risa que estalló en el salón de baile fue ensordecedora. Don Fabrizio, con el rostro rojo como un tomate, intentó cubrirse la cara, pero ya era demasiado tarde. Su secreto más vergonzoso había sido revelado por un chihuahua enmascarado.

Esmeralda, con el Señor Bigotes en sus brazos, se despidió con una reverencia. "Gracias por la velada, Don Fabrizio. Y por las risas. Nos vemos en el próximo round."

Mientras Esmeralda y su equipo se retiraban, dejando a un Don Fabrizio completamente desmoralizado y al público en un frenesí de diversión, la "Reina del Gángster" demostró una vez más que el verdadero poder no residía en la fuerza, sino en el ingenio, el humor y la capacidad de transformar cualquier situación en una comedia digna de un Oscar.

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Cinzia Cantú
Personajes interesantes
Jessics8
Admito que mis personajes son un poco… peculiares. Pero si te gusta la gente rara (y quién no), te encantarán. Mis novelas están llenas de diálogos ingeniosos, situaciones descabelladas y la garantía de que, al menos por un rato, te olvidarás de tus propios dramas. ¡Porque mis dramas son mucho más divertidos!
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