⚠️ADVERTENCIA DE CONTENIDO⚠️ Está novela cuenta con acoso severo, violencia física y emocional...
Un amor de la infancia destruido por el control despiadado de mi hermano. Mi amado Adán no solo perdió nuestros preciados recuerdos esa noche, también perdió la sensibilidad de sus piernas gracias a una persona desquiciada. Con la culpa creciendo dentro de mí desde niña me puse un propósito en mente. Esta vez yo lo cuidaré, lo protegeré, me convertiré en su esposa y cumpliré nuestras promesas olvidadas. Aunque su desconfianza me destroce el corazón, aunque su indiferencia me desgarre el alma, me quedare a su lado. Romperé esta jaula que me mantiene encerrada y volare tan alto que ya nadie más me podrá volver a enjaular.
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yo soy tu dueño.
El viaje se hace corto para tantos pensamientos encontrados, para tantas preguntas sin respuestas que no abandonan mi cabeza.
— Ya llegamos —anuncia el chofer, deteniéndose frente a la mansión— Llamaré a Tom para que comience con los ejercicios.
— Como digas —susurro— Al final, yo no tengo voz en esta casa ni sobre mi vida.
— Algún día entenderás que todo lo hago por ti —dice mi madre— Porque te quiero y deseo que seas feliz.
¿Felicidad? ¿Que diablos es eso? Yo solo conozco el dolor de vivir postrado en una silla, de no poder recordar lo que me llevó a terminar así, de saber que ni siquiera soy capaz de vestirme por voluntad propia. La felicidad es algo que desconozco por completo, y estoy tan cansado de la lástima que preferiría haber muerto aquel día. Al menos así mi existencia no sería únicamente de sufrimiento.
Mientras Tom me ayuda a bajar del auto, mi mirada se dirige hacia la puerta de la mansión. Y por un instante creo ver a Alondra parada en el jardín, mirándonos. Su rostro tiene una expresión de tristeza y determinación a la vez. Y aunque lo niegue, algo en mi pecho se estremece.
- ¿Señor esta usted bien? _ la voz de Tom me hace volver a mi sentidos, no era Alondra, era la sirvienta que espera con una manta entre sus brazos.
¿Pero que diablos me está pasando? ¿Porque de repente la veo a ella?
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Todo el camino de regreso es como ir sobre una nube. Hoy sin duda fue un gran día aunque todavía me queda resolver un pequeño, gran detalle de encontrar a alguien que finja ser de mi familia. Mis abuelos ya murieron, y gracias a su generosidad soy independiente de cierta forma... pero todavía no he podido romper esas gruesas cadenas que Robinson tiene sobre mí.
Pero si lo pienso bien, en la empresa hay una mujer mayor que trabajó toda su vida al lado de mi abuela. Tal vez si le pido su ayuda, ella pueda fingir ser una tía o algo por el estilo. Es la mejor idea que se me ocurre por el momento.
Abro la puerta con una gran sonrisa al pensar que en unas cuantas semanas más seré la esposa de Adán. Todas las mañanas lo podré ver al abrir los ojos, cada día estaré a su lado... y por las noches.... ¡Hay por todos los cielos, por las noches nos podremos amar!
— ¿Qué te tiene tan sonrojada, hermanita?
Esa voz congela mi sangre de inmediato. ¡Él está aquí!. ¿Tan pronto?. Como si se hubiera enterado de lo que estoy haciendo en el instante mismo.
— Robinson. _ mi voz en un susurro ahogado por el temor.
Su mano se posa en mi mentón, me obliga a mirarlo a los ojos, esos ojos tan vacíos y a la vez tan llenos de maldad que me hacen temblar.
— Así que mi dulce Alondra está buscando un marido —dice, con una sonrisa en sus labios — ¿Por qué no me dijiste nada al respecto?
— Yo... yo no quería molestarte en esta etapa tan importante para ti, hermano —susurro, tratando de mantener la calma.
— Lo bueno es que todavía no olvidas que soy tu hermano. Tu única familia. El que te ha cuidado y ha permanecido a tu lado todos estos años —su dedo acaricia mi mejilla con frialdad— ¿O si lo olvidaste?
— Como podría. Lo repites a diario.
Quito su mano de un empujón, intentando escapar de él, cosa que nunca logré hacer.
— Tienes mi aprobación —dice, y su voz suena tan tranquila que me da miedo— Te puedes casar con ese hombre.
Me detengo en seco. ¿De verdad Robinson me está dando el permiso para por fin escapar?
— Gracias —susurro, con la voz temblorosa.
— Es preferible un patético inválido a uno que sí pueda usar sus extremidades —dice, y su sonrisa se ensancha— Sabía que este día llegaría tarde o temprano. La opción que siempre estuvo en mi cabeza era encerrarte en un lugar que nadie conociera... pero esto no está mal.
Ahí está el desgraciado que yo conozco. No podía esperar otra cosa de él.
— Pero sabes que por el atrevimiento mereces ser castigada —su voz baja un tono, se hace grave— Ya sabes lo que tienes que hacer. Así que muévete ahora mismo.
Mi cuerpo reacciona de inmediato. Odio cuando él hace esto. Muerdo mi labio intentando no perder la calma, si lo resisto, esta puede ser la última vez. Camino despacio hasta su despacho, me doy la vuelta y subo mi vestido, dejando ver mis pantorrillas mientras lo escucho tomar algo de su barra.
— ¿Sabes que significa tu nombre? —pregunta, mientras escucho el sonido de cuerdas que se aflojan.
— No.
— Significa que eres un ave hermosa que nació únicamente para lucir bien dentro de su jaula y complacer a su dueño con su dulce canto —su mano se posa en mi espalda, y siento el frío del cuero en su mano— ¿Sabes quién te bautizó con ese nombre?
— No.
— Fui yo —susurra en mi oído— Así que desde el día en que naciste, me perteneces únicamente a mí, Alondra. Espero que jamás en tu vida lo olvides. Que yo ahora te permita dar una vuelta para estirar tus alas no significa que no te quiera de regreso en la jaula. ¿Lo entiendes?
— Sí lo entiendo.
— Si acaso le dices algo a ese inválido, me aseguraré de que pase a mejor vida —su voz es un susurro amenazante— Y te traeré a rastras de regreso, y nunca más volverás a salir. Así que dime ¿qué es lo que vas a hacer a continuación?
— No le diré nada a nadie jamás.
— ¿Qué más?
— No dejaré que me toque.
— Exacto —dice, y siento el primer azote— Nadie más que yo lo puede hacer. Mantén en esa pequeña cabeza tuya lo que pasó la vez en que quisiste desafiarme... para no volver a cometer el mismo error.
— Sí. _ muerdo mis labios sintiendo el ardor de mi piel al contacto del látigo.
— Sabes que lo único que quiero es cuidarte —dice, mientras el segundo azote cae— Eres mi pequeña y adorable hermana. Solo yo sé lo que te hará bien o no.
Siento su beso en mi nuca y me preparo para lo que viene. Los primeros azotes siempre son los más doloroso. Luego, inevitablemente, mi piel se acostumbra al dolor, no sé si es porque mi cerebro ya aprendió a bloquearlo o porque ya estoy tan acostumbrada, pero mis piernas se adormecen por completo.
Desde aquella noche del incidente de Adán, Robinson comenzó a ejercer este castigo sobre mí. Con el tiempo, me acostumbré a usar faldas largas o medias que cubrieran mis cicatrices... pero después de tantos años, ya son tan pronunciadas que no creo que algún día se borren.
Él no suele parar hasta que sangro mucho. Luego paso días en cama esperando a que sanen, únicamente para que me las vuelva a abrir otra vez. Uno nunca se acostumbra en realidad... pero pedir ayuda no era una opción para mí, mucho menos cuando nadie nunca me quiso escuchar.
— Cuenta conmigo, Alondra —dice, y cada palabra va acompañada de un azote.
Lo bueno es que al llegar al diez, ya estoy lo suficientemente lastimada y él está cansado.
— Diez, hermano —susurro, con la voz rota.
— Hoy nadie te ayudará —dice, soltando las cuerdas— Así que sube las escaleras por tu cuenta, de la misma forma en que usas esas piernas para escapar de mí.