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Una Duquesa Para El Márquez

Una Duquesa Para El Márquez

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Romance / Reencuentro
Popularitas:1.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Luisa Galli

La alta sociedad aveces pasa por momentos de locura, al igual que está historia que está llena de momentos locos nuestra historia estará llena de aventuras, dramas y mucha pasión.

NovelToon tiene autorización de Luisa Galli para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Digna

Eleanor despertó lentamente, como si emergiera desde lo profundo de un sueño pesado, tibio, lleno de ecos que no lograba recordar del todo, pero cuya huella persistía en su piel. Durante un instante, tan frágil como un suspiro, no pensó en la carta, ni en el funeral, ni en las sombras que siempre parecían acompañarla. Solo sintió el calor que la envolvía, un calor firme, protector, desconocido desde hacía demasiado tiempo.

El primer movimiento de sus párpados reveló la escena: el brazo de Frederick rodeaba su cintura, posado con una delicadeza que desmentía la intensidad de la noche anterior. Su respiración era profunda y tranquila, su pecho se alzaba lentamente, como si nada de lo ocurrido fuese motivo de turbación.

Eleanor permaneció inmóvil. Sintió su corazón latir con fuerza, no por miedo, sino por la conciencia de una sensación que creía perdida: la de estar cuidada. La de no estar sola.

Pero esa calidez duró apenas unos segundos. La realidad cayó sobre ella como un balde de agua fría, la culpa, la vergüenza o la certeza de haber cruzado un límite.

Se incorporó con una lentitud casi temerosa, temiendo despertarlo, temiendo enfrentarse a sus propios actos. Frederick no se movió. Ella deslizó con suavidad el brazo de él hacia el colchón y se puso de pie, sintiendo que el aire a su alrededor se volvía denso.

Tomó una bata ligera que reposaba sobre un sillón cercano y se la colocó con manos que temblaban apenas. Luego, avanzó hacia la puerta y tiró de la cuerda para llamar a su ayuda de cámara.

La joven criada no tardó en llegar, deteniéndose respetuosamente en el umbral, sin cruzar la entrada. Eleanor agradeció en silencio que la muchacha no hubiese visto al marqués aún en el lecho.

—Preparad la tina —ordenó Eleanor con voz suave, casi sin aire.

La criada inclinó la cabeza y se retiró sin hacer preguntas. Eleanor escribió una nota breve sobre el escritorio: “He salido. Eleanora.” No se atrevió a escribir más.

Tomó la nota y la dejó sobre la mesa de noche, junto a la lámpara apagada.

Sin mirar atrás, salió de la habitación y se dirigió al cuarto de baño. No quería enfrentar la imagen que pudiera devolverle la habitación tras la noche que había transcurrido. No quería pensar. Solo necesitaba escapar.

Frederick despertó poco después, aún sumido en el calor residual del lecho. Extendió la mano hacia el lado donde ella había dormido y encontró solo vacío. Frío.

Abrió los ojos con lentitud. La habitación estaba bañada por una luz tenue que se filtraba entre las cortinas.

Se incorporó, miró a su alrededor. No vio a Eleanor, pero vio la nota. La tomó entre los dedos y la leyó una vez, luego otra, intentando interpretar lo que el escueto mensaje no decía.

Dejó escapar un suspiro largo.

Ella había huido..

Se vistió con cuidado, y solo entonces salió de la habitación, procurando no cruzarse con nadie. Cerró la puerta con un silencio impecable y caminó hacia su propio cuarto para prepararse.

No pasó mucho tiempo antes de que un golpe en la puerta anunciara la llegada de William.

—¿Frederick? —preguntó desde el pasillo.

El marqués abrió.

—La duquesa parte en unos minutos hacia la catedral. Me preguntaba si querríais acompañarla. —William hizo una pausa, mirándolo con una mezcla de respeto y curiosidad—. Yo partiré también.

—Claro —respondió Frederick de inmediato—. Estaré listo al instante.

Ambos bajaron por las escaleras y se dirigieron al carruaje dispuesto para los invitados cercanos. El camino hacia la catedral se realizó en silencio.

Cuando el vehículo se detuvo frente a la catedral, la caravana ya avanzaba lentamente por la calle principal. Los hombres y mujeres vestidos de negro caminaban con solemnidad. Delante de todos marchaban Eleanor, su padre y su tío, encabezando la procesión.

Frederick observó la escena con atención.

—¿Por qué ellos caminan adelante? —preguntó con genuina curiosidad por las costumbres locales.

William respondió:

—Porque son los jefes de familia. En términos simples, los de mayor rango, tierras y responsabilidades. Les corresponde velar por el difunto hasta entregarlo al descanso final.

Frederick asintió lentamente, comprendiendo.

Miró a Eleanor.

Ella avanzaba con paso firme, sin una sola lágrima, su rostro tan impenetrable como las paredes de piedra de Wynthorne.

La procesión llegó hasta el cementerio, donde el hoyo ya estaba preparado. Eleanor se colocó a un lado del féretro junto a su padre y su tío. La ceremonia fue sobria.

El cuerpo descendió, un crujido leve marcó el final del trayecto del ataúd, Eleanor fue la primera en tomar un puñado de tierra y dejarlo caer, su gesto fue lento, solemne, irrevocable, luego lo hicieron su tío y su padre.

William, en voz baja, explicó:

—El de mayor rango es quien debe iniciar el último acto. Es una cuestión de honor y deber.

Frederick no apartó la vista de Eleanor. No lloraba. No temblaba. No se permitía ni un solo quiebre.

Cuando la ceremonia terminó, todos siguieron la caravana de regreso, esta vez hacia la casa del tío de Eleanor. Allí serían recibidos para los pésames formales.

El salón principal rebosaba de rostros sombríos y miradas lastimeras. Eleanor, su padre y su tío se ubicaron en la entrada, recibiendo a cada visitante con compostura impecable.

Frederick entró junto a William, Eleanor, de hecho, evitó mirarlo deliberadamente.

Pasó de él, con una distancia tan fría que habría bastado para convencer a cualquier que no existía la menor conexión entre ambos.

William se inclinó respetuosamente ante la duquesa y su familia. Frederick hizo lo propio.

Eleanor agradeció las condolencias sin titubear… pero su mirada jamás buscó la de él.

Cuando Frederick pasó a su lado la duquesa retrocedió medio paso, casi imperceptible, como si temiera que el roce accidental la expusiera.

Sus acciones, para ella, no habían sido dignas de una duquesa, pero él no lamentaba nada.

Desde una distancia prudente, la observó continuar su rol. Una figura impecable, como tallada en mármol, recibiendo palabras de consuelo sin dejar que ninguna emoción escapara.

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inuyasha/ Tomoe🦊
me jode tanto lo q ella hace, elije eso y no lucha no va entra de nada, simplemente deja q todos decidan pro ella es molesto. ni siquiera lucha por su felicidad
Ada Rodriguez
me gusta
Laura Aguado
Está muy interesante ❤️❤️❤️
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