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Renacida Para Ser Tuya

Renacida Para Ser Tuya

Status: Terminada
Genre:Diferencia de edad / Amor prohibido / Posesivo / CEO / Venganza / Reencarnación / Completas
Popularitas:280k
Nilai: 5
nombre de autor: Daemin

Morir a los 23 años no estaba en sus planes.
Renacer… mucho menos.

Traicionada por el hombre que decía amarla y por la amiga que juró protegerla, Lin Yuwei perdió todo lo que era suyo.
Pero cuando abrió los ojos otra vez, descubrió que el destino le había dado una segunda oportunidad.

Esta vez no será ingenua.
Esta vez no caerá en sus trampas.
Y esta vez, usará todo el poder del único hombre que siempre estuvo a su lado: su tío adoptivo.

Frío. Peligroso. Celoso hasta la locura.
El único que la amó en silencio… y que ahora está dispuesto a convertirse en el arma de su venganza.

Entre secretos, engaños y un deseo prohibido que late más fuerte que el odio, Yuwei aprenderá que la venganza puede ser dulce…
Y que el amor oscuro de un hombre obsesivo puede ser lo único que la salve.

NovelToon tiene autorización de Daemin para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capítulo 6: Hombres!!

POV: Yuwei

No iba a mentir: quería que me besara.

Lo tenía tan cerca, sentía su respiración, su perfume, el calor de su cuerpo… y ese desgraciado se apartó como si nada, dejándome con las ganas. Tan malo.

Fruncí los labios en silencio dentro del auto. Zhao Lian iba a mi lado, con la mirada fija en la carretera, serio como siempre, como si lo de hace unos minutos no hubiera pasado. Parecía tan tranquilo, pero yo sabía la verdad: ese hombre estaba jugando conmigo.

—Ya me la voy a cobrar, tío… —murmuré bajito, lo suficiente para que solo yo lo escuchara.

La noche estaba oscura, y el camino de regreso a la mansión se me hizo eterno. Entre el murmullo del motor y el ruido de la lluvia pegando contra las ventanas, casi me quedo dormida.

Estaba agotada. Lo único que quería era llegar a mi habitación, tirarme en la cama y descansar. Mañana iba a ser un día pesado en las prácticas.

Recordaba muy bien esa fecha en mi vida pasada: ese día llegó un empresario de renombre al hospital donde hacía el internado. Un hombre influyente que, al verme en acción con los niños, notó mi habilidad. Me ofreció una beca en el extranjero. Una oportunidad que nunca aproveché porque todo se fue al carajo antes de que pudiera siquiera pensarlo.

Apreté los puños en silencio.

Esta vez no iba a dejar que nada me lo arrebatara.

El coche se detuvo frente a la mansión. Zhao Lian bajó primero, y como siempre, me extendió la mano para que yo lo siguiera. Dudé un segundo, pero al final la tomé. Su palma era cálida, firme, y me jaló con ese gesto posesivo.

No lo miré. Si lo hacía, seguro me derretía.

A la mañana siguiente me costó levantarme. Había dormido poco y mal, con la cabeza llena de recuerdos mezclados.

El despertador vibraba sobre la mesa de noche. Lo apagué de un manotazo y me quedé unos segundos mirando el techo. Tenía que ir a mis prácticas en el hospital. Ese día era importante, lo sabía, pero no podía evitar sentir esa pesadez en el cuerpo.

Me levanté despacio, arrastrando los pies hasta el baño. El agua fría en la cara me despejó un poco. Me recogí el cabello en una coleta alta y me puse el uniforme blanco con el que siempre iba al hospital. Me quedaba justo, pero cómodo; nada que ver con los vestidos elegantes de anoche.

Cuando bajé, el aroma a café ya llenaba la casa. Encontré a mi tío en el comedor, sentado con el periódico en una mano y la taza de café en la otra. Traje gris oscuro, corbata perfectamente ajustada.

—Buenos días —dije mientras me servía un poco de arroz y verduras del desayuno que habían preparado las empleadas.

Él levantó la mirada apenas, sin mucho gesto.

—Pensé que llegarías tarde.

—Casi —respondí, dándole un sorbo al café—. Hoy tengo turno desde temprano.

Mi tío dejó el periódico sobre la mesa y me miró más de frente. Esa mirada suya, seria, pesada, que siempre me hacía sentir como si pudiera leerme los pensamientos.

—¿Quieres que te lleve?

Me atraganté un poco con el arroz.

—¿Al hospital?

—Sí. —Bebió un sorbo de café, tranquilo, como si no estuviera preguntando nada raro.

Negué rápido con la cabeza.

—No hace falta, tío. No quiero molestarte.

Él arqueó una ceja, apoyando la taza en el platillo.

—Molestarme sería peor si descubro que otra vez saliste sola y alguien se te acercó como anoche.

Se me heló la sangre.

Tragué saliva, bajando la mirada al plato.

—Eso fue un accidente.

—Y no va a repetirse. —Su voz sonó grave, cortante.

El silencio se hizo incómodo. Yo jugueteaba con los palillos, sin atreverme a mirarlo directamente. Parte de mí quería retarlo. Pero otra parte… otra parte disfrutaba de ese control suyo, aunque me negara a aceptarlo en voz alta.

Suspiré, rendida.

—Está bien.

Vi cómo la tensión en su mandíbula se suavizó apenas. Se levantó del asiento, tomó el saco que estaba en la silla y lo acomodó sobre sus hombros.

—Te espero en el coche.

El hospital olía a desinfectante y café viejo. Ese aroma que, por alguna razón, se quedaba pegado en la ropa aunque uno pasara solo unas horas adentro.

Me cambié en el vestidor y me puse la bata blanca encima del uniforme. Mi carnet colgaba del bolsillo, con mi foto de estudiante que parecía más ingenua de lo que en verdad era ahora.

Las prácticas no eran fáciles: revisábamos pacientes, ayudábamos a los médicos de turno, corríamos de un piso a otro. Nada de glamour, nada de series bonitas. Era cansancio, sudor y mucha presión.

—Lin, ven a revisar esta historia clínica —me llamó uno de los residentes.

—Ya voy. —Respondí rápido, tomando los guantes y acercándome.

A media mañana apareció él.

El empresario. Un hombre de traje azul, acompañado por el director del hospital. No era un cualquiera: dueño de varias clínicas privadas y con contactos en el extranjero. En mi otra vida, me había observado trabajar, había visto cómo trataba a los niños y, por un instante, creyó en mí. Me ofreció una beca. Una oportunidad de oro.

Y entonces, la víbora se encargó de arruinármelo.

En mi otra vida, me había llenado la cabeza con basura: que yo no estaba preparada, que aceptarlo sería como traicionar a mi tío, que jamás podría sobrevivir sola fuera del país. Me asustó tanto que rechacé todo. Y después… ya no tuve tiempo de arrepentirme.

Ese día había sido el principio de muchas desgracias.

Esta vez no.

Mientras atendía a un niño con fiebre, me aseguré de hablar con claridad, de mostrar seguridad en mis manos. El empresario me observaba en silencio, con interés.

—Tienes buena técnica —comentó, acercándose.

Me incorporé, respirando hondo.

—Gracias, señor.

Fue justo entonces cuando apareció ella.

—Yuwei… —la víbora se acercó con esa sonrisa fingida, como si de verdad fuera mi amiga—. Estás nerviosa, ¿verdad? No pasa nada si no te sientes preparada para estas cosas. No todos tienen madera para enfrentarse a tanto.

La miré fijo, con calma.

Antes esas palabras me habrían hecho dudar. Me habrían metido miedo. Esta vez solo me dieron risa.

—Estoy bien —respondí seca, girando hacia el empresario.

Él sonrió.

—Señorita Lin, quiero ser claro. Estoy dispuesto a recomendarla para una beca en el extranjero. Tiene talento y disciplina. La decisión es suya. ¿Quiere aceptar?

El corazón me latía fuerte, pero no dudé ni un segundo.

—Sí, acepto.

La víbora se quedó helada a mi lado, con la sonrisa congelada. Pude ver cómo le cambiaba el gesto, cómo los ojos le brillaron de rabia. Y por dentro, yo disfrutaba cada segundo.

...----------------...

Cuando la jornada terminó y Yuwei salió del hospital, la tarde estaba húmeda y gris. Caminaba distraída, pensando en lo que había pasado con el empresario y en la beca que no iba a dejar escapar esta vez.

—¡Yuwei!

Se giró y ahí estaba él.

Minghao.

Alto, alrededor de un metro ochenta, delgado pero con el cuerpo marcado de alguien que hacía deporte. Tenía el cabello castaño oscuro, algo desordenado por la jornada, y unos ojos negros profundos que siempre parecían sonreír aunque él no lo hiciera. La bata blanca le quedaba un poco floja, pero le daba ese aire de médico joven que hacía que cualquiera lo mirara dos veces.

Era atractivo, pero no de una forma arrogante como Yifan, sino de esa manera cálida que transmitía confianza.

Para todos, Minghao era solo su compañero de universidad. Pero para Yuwei era mucho más: un recuerdo vivo de su vida pasada.

En aquella primera vida, él siempre había estado enamorado de ella. Llegó a confesárselo, y ella lo rechazó por Yifan. Aun así, Minghao no se alejó; siguió cuidándola como un hermano hasta el final. Hasta que enfermó y tuvo que viajar al extranjero para tratarse. Y ella nunca volvió a verlo.

Ahora, en esta segunda vida, él seguía ahí, frente a ella, sano, con esa sonrisa que nunca había olvidado.

—Minghao… —susurro.

Él sonrió, despeinándola con naturalidad como solía hacerlo.

—Trabajaste duro hoy, ¿eh? No has cambiado nada, siempre con esa cara de cansancio.

Ella rió bajito, aunque por dentro sintió esa punzada de nostalgia.

—Tú tampoco cambias. Siempre fastidiando.

Minghao sonrió más, relajado, y le acarició la cabeza como si nada. Un gesto simple, pero cargado de la cercanía que tenían.

Y justo en ese momento, la atmósfera cambió.

Unos pasos firmes retumbaron cerca. La sombra imponente de Zhao Lian se acercaba, con la mirada fija en ellos. El aire se volvió pesados.

Minghao todavía tenía la mano en su cabeza cuando Zhao Lian apareció. La sonrisa de Minghao desapareció en seco. Se puso recto, con el ceño fruncido, como si de repente hubiera recordado que frente a él no estaba cualquier persona.

—Yuwei, vámonos —dijo Zhao Lian en voz baja, grave, sujetándole la muñeca sin rodeos.

Ella apenas alcanzó a abrir la boca cuando Minghao soltó:

—¿Y usted quién es para hablarle así?

Zhao Lian giró la cabeza lentamente, arqueando una ceja.

—¿Y tú quién eres para tocarla como si fuera tuya?

El aire se volvió tenso. Dos hombres, de mundos distintos, midiéndose con la mirada. Uno con la seriedad madura y peligrosa de un adulto; el otro con la terquedad juvenil de alguien que no piensa retroceder.

—Soy su amigo —dijo Minghao, apretando la mandíbula—. Y no necesita que la arrastren.

—Un amigo que no sabe guardar las manos en su lugar —replicó Zhao Lian, con un tono helado.

Yuwei sintió que se le subía el calor a la cara.

“Dios mío… en serio están peleando por esta tontería aquí, delante de todo el hospital.”

—Ella no es tuya —insistió Minghao, clavándole los ojos.

La sonrisa fría de Zhao Lian fue casi un insulto.

—Tampoco es tuya.

Los dos se quedaron ahí, frente a frente, como fieras marcando territorio. Ni uno se movía, ni uno bajaba la mirada.

Yuwei se pasó una mano por la cara, desesperada.

—Ay, por favor… —murmuró—. Qué vergüenza.

Sin pensarlo más, tomó la mano de su tío y tiró de él.

—¡Vamos, tío! —dijo con un tono divertido, pero con los ojos brillando de fastidio—. Si los dejo un minuto más, se ponen a medir quién mea más largo aquí en medio de la calle.

Zhao Lian soltó un resoplido. Minghao apretó los labios, serio, pero no respondió.

Al final, fue ella quien cortó la escena, arrastrando a Zhao Lian hacia el coche, mientras por dentro pensaba que los dos eran igual de insoportables cuando se trataba de ella.

“Estos hombres… de verdad parecen idiotas.”

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Zaimara Hurtado
La verdad escritor@ lo que me enganchó de tu novela fue el principio, pero ahora esto que está pasando entré ellos como que no concuarta con lo primero de la trama con lo que se supone que debería desar 😞😥
Esther Grace: si te entiendo y estás en todo tú derecho de opinar si te gusta o no pero si crees que no logró llenar tus expectativas puedes explorar otras de mis historias quizás si te puedan gustar 🥰
total 1 replies
Liliana García
Se pasa de tonts 😪😪
Liliana García
Confirmó aquí, Yuwei si está tonta 🤭🤭
Nath_29
Éste tipo de historias me encanta, más que todo me encantan las personalidades de los protagonistas. Ame a Lían y a Yuwei💕 me encantó cómo se fue desarrollando todo y me gustó mucho la forma de amar de lian. Felicidades por tan maravillosa historia ✨️✅️
Esther Grace: muchas gracias hermosa 🥰
total 1 replies
Liliana García
Los refuerzos, la policía? Ya durmió por sedante, ya lo despertaron y ni sus luces 🤣🤣🤣
Liliana García
No sé si reír o llorar por ese comentario 🤣🤣🤣🤣
Coromoto Hernández
Apretada después de un parto natural🤭🤭🤭
rosalinda clavijo
Netflix necesito que produzcan este kdrama está ufffff brutal
liss💜
🤣🤣🤣🤣
Coromoto Hernández
Es estremadame estresante ver este tipo de protagonistas cuando tienen la solución al lado prefieren poner en peligro la vida de su hijo si fuera sincera fuera más fácil para lian que tonta.
Nora Sophia Y Rafael
excelente novela. felicidades me encantó muy linda. éxitos para ti escritora
Esther Grace: muchas gracias 🥰💝
total 1 replies
Vanessa Arana
queeee bonita historia
Maria Briceño De Barreto
hermosa historia felicidades autora sigues escribiendo ✍️
Esther Grace: gracias hermosa dama 🥰
total 1 replies
Maria Briceño De Barreto
si yan octuvo el castigo que se merece y sus hijos por querer lo que no eran de ellos 😡
Maria Briceño De Barreto
🤣🤣🤣🤣🤰
Maria Briceño De Barreto
😍😍❤️
Maria Briceño De Barreto
🤣🤣🤣🤣salto lo básico y la 🤰a la primera 🥰
Maria Briceño De Barreto
cada acción trae consecuencia
Maria Briceño De Barreto
interesante historia
Maria Briceño De Barreto
cuando lían se entere que la madrastra fue la culpable de la muerte de su mamá no hay quien la salve del castigo que le va a dar 😡😱
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