NovelToon NovelToon
CERO EN CONDUCTA MI QUERIDA SECRETARIA

CERO EN CONDUCTA MI QUERIDA SECRETARIA

Status: Terminada
Genre:CEO / Completas
Popularitas:10.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Chiquitas

romance, contrato, amor, diversión

NovelToon tiene autorización de Chiquitas para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 3: El cristal y el asfalto (Continuación)

El ala de las esculturas griegas del Met estaba bañada por una luz cenital que hacía que el mármol blanco de las estatuas pareciera cobrar vida. Pero para Elena, ninguna estatua era tan fría ni tan perfecta como la mujer que estaba de pie junto a una representación de Afrodita. Vanessa Thorne no solo era bella; era una declaración de guerra vestida de seda roja. Su cabello rubio estaba peinado en ondas perfectas que caían sobre sus hombros como hilos de oro, y cada movimiento que hacía parecía coreografiado por un experto en elegancia.

Alexander no se detuvo. Su paso era firme, obligando a Elena a seguir su ritmo. Ella sentía el roce de la seda de su propio vestido contra sus piernas, un recordatorio constante de que estaba disfrazada.

—Mantén la cabeza en alto, Davenport —susurró Alexander. El uso del apellido falso fue como un pequeño pellizco para que Elena no bajara la guardia.

Vanessa giró la cabeza justo cuando ellos se acercaban. Su sonrisa no llegó a sus ojos, que eran de un azul gélido y calculador. Elena sintió que esa mirada la escaneaba, buscando la costura suelta, el error en el maquillaje, el rastro de la vecindad.

—Alexander —dijo Vanessa, extendiendo una mano lánguida que él ignoró—. Sabía que Manhattan no te dejaría quedarte en casa para siempre. Aunque, después de lo que pasó, muchos pensamos que te habías retirado a una montaña a meditar sobre tu... soledad.

Alexander se colocó frente a ella, con una calma que Elena sabía que era fingida.

—La meditación es para los que no tienen planes, Vanessa. Y como ves, mis planes son mucho más interesantes ahora.

Fue en ese momento cuando Vanessa clavó sus ojos en Elena. El silencio se prolongó un segundo de más, un segundo en el que el aire pareció desaparecer del salón.

—¿Y quién es tu acompañante? —preguntó Vanessa con un tono de condescendencia que hizo que a Elena le hirviera la sangre—. No recuerdo haberla visto en ninguna de las galas de la temporada. ¿Es... nueva en la ciudad?

Alexander estaba a punto de responder con la historia de Londres, pero Elena se le adelantó. Sabía que si dejaba que él hablara por ella, Vanessa la vería como una subordinada.

—Soy Elena Davenport —dijo Elena, extendiendo su mano con una firmeza que sorprendió hasta a Alexander—. Es natural que no me haya visto. Suelo pasar mi tiempo en lugares donde la gente construye cosas, no donde solo se dedican a mirar lo que otros construyeron hace siglos. Alexander me ha hablado de usted... bueno, en realidad, mencionó que hubo alguien antes de que nosotros nos conociéramos, pero no recordaba bien el nombre.

Liam, que observaba desde una distancia prudente, tuvo que cubrirse la boca con el puño para no soltar una carcajada. Vanessa palideció, apretando tanto su copa de champán que sus nudillos se pusieron blancos.

—¿Ah, sí? —siseó Vanessa—. Pues ten cuidado, querida. Alexander suele tener un gusto excelente para las cosas temporales. Pero cuando se trata de algo permanente, tiende a... decepcionar.

—Quizás es que nunca tuvo a alguien que supiera qué hacer con un hombre como él —replicó Elena con una sonrisa que no vaciló—. Un placer, Vanessa. Espero que disfrute de la noche... sola.

Alexander tomó la mano de Elena y la guió lejos de allí. Elena sentía que le temblaban las rodillas, pero el fuego de la victoria le recorría las venas. Sin embargo, esa sensación de triunfo duró poco. Al girar hacia el salón principal, un grupo de camareros pasó con bandejas de aperitivos. Una de las camareras, con el uniforme impecable del servicio de catering, se detuvo en seco al cruzarse con ellos.

—¿Elena? —la voz fue un susurro, pero para Elena sonó como una explosión.

Era Sofía. Su mejor amiga, la que compartía con ella los cafés baratos y los sueños de la pastelería, estaba allí, con los ojos como platos y una bandeja llena de caviar en las manos. Sofía miró el vestido de marfil, miró los diamantes en las orejas de Elena y luego miró al hombre que la sostenía por la cintura.

—¿Sofi? —Elena sintió que el mundo se detenía. El aire frío del museo se volvió sofocante.

Alexander notó el cambio de inmediato. Sus ojos grises pasaron de la camarera a Elena, detectando la conexión instantánea.

—¿Quién es ella? —preguntó Alexander, su voz volviendo a ese tono gélido de jefe que no admite mentiras.

Elena miró a su amiga y luego a Alexander. Manhattan estaba a punto de tragársela. Si decía la verdad, el contrato se rompía, la deuda volvía y ella regresaba a la calle. Si mentía, traicionaba a la única persona que siempre había estado a su lado.

—Es... —Elena tragó saliva, sintiendo el peso de la mirada de Vanessa, que aún los observaba desde la distancia, esperando un error.

Sofía, viendo la desesperación en los ojos de su amiga y el lujo que la rodeaba, reaccionó más rápido que nadie. Bajó la cabeza y recuperó su postura profesional.

—Disculpe, señorita Davenport. La confundí con una amiga del colegio. Mi error. ¿Desean probar un canapé de salmón?

Alexander relajó la tensión de sus hombros, aunque no dejó de observar a la camarera con sospecha.

—No, gracias. Estamos por irnos a cenar.

Siguieron caminando, pero Elena sentía que el vestido de seda ahora pesaba cien kilos. Había negado a su mejor amiga en público. Había elegido el mundo de cristal de Alexander Zenith por encima de su propia realidad.

—Lo has hecho bien con Vanessa —dijo Alexander mientras se acercaban a la salida—. Pero esa camarera... te conocía. No vuelvas a tener una reacción así. Un Davenport no se asusta por encontrarse con un fantasma.

Elena no respondió. Mientras bajaban la escalinata del Met, ya no se sentía como una reina de la Quinta Avenida. Se sentía como una traidora. Alexander la ayudó a subir al coche y, al cerrarse la puerta, el silencio de Manhattan se volvió ensordecedor. Ella miró sus manos. Ya no olían a vainilla. Olían a perfume caro y a una mentira que apenas comenzaba.

1
Sabina Altamirano
el papel del personaje se me hace muy infantil,ni parece que haya pasado siquiera la universidad,como llegar a un trabajo,hacer cambio como si fuera tu casa decir que contrato de un hotel no es importante lo va llevar a la quiebra,si. oy de acuerdo que se le festejé a los empleados,pero hacerlo en el trabajo como si fuera en el patio de su casa,eso perece ilógico
Teresa Nancy Fernandez
me encantó tu novela👏👏👏
chiquita: Teresa gracias por tu apoyo, me alegra un montón leer tu comentario🥰🥰🥰
total 2 replies
Lili Hebe Villarruel
👏👏👏
chiquita: Gracias gracias 🫂🫂🫂🫂🫂 Lili súper agradecida por tu apoyo 😍😍😍😍😍
total 1 replies
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play