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Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Amor eterno
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Maggy Mouses

🚫 Novela en Emisión 🚫

Molly Dumont vive en un mundo de sombras donde nadie puede oírla. Tras un trágico accidente, todos creen que su mente se ha ido para siempre, pero ella está ahí, escuchando cada secreto, cada traición y cada suspiro.

​Axel Brunner, el CEO del Holding Arcane, se casó con ella por un pacto de poder, pero ahora se encuentra librando la batalla más importante de su vida: proteger a la mujer que todos llaman "un cuerpo vacío". Mientras la justicia intenta arrebatársela y un tío ambicioso busca destruirla, Axel descubrirá que el amor no necesita palabras, y que Molly está enviando señales que solo un corazón dispuesto a escuchar puede entender.

​¿Podrá Axel salvarla antes de que el tiempo se agote? ¿Logrará Molly romper las cadenas de su silencio antes de perderlo todo?

NovelToon tiene autorización de Maggy Mouses para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1: El Tablero de Cristal y el Destino

El aire de Madrid en esa época del año tenía un aroma particular: una mezcla de asfalto caliente, jazmín nocturno y el inconfundible perfume del dinero que flotaba en la Gran Vía. En la planta más alta del Hotel, el silencio era un lujo que solo los que pagaban cuatro cifras por noche podían permitirse. Dentro de la Suite Real, sin embargo, el caos era de una naturaleza muy distinta.

—¡Molly, por todos los santos suizos, tienes que sentir estos hilos! ¡Son al menos mil quinientos hilos de algodón egipcio! —gritó Chloe Vane, lanzándose de espaldas sobre la inmensa cama king size. Sus piernas se agitaron en el aire mientras rebotaba con una alegría que contrastaba con la sobriedad del entorno.

Molly Dumont, de pie frente al ventanal que ofrecía una vista panorámica de la Plaza de España, suspiró sin darse la vuelta. Llevaba una tableta en una mano y un informe impreso en la otra. El reflejo del cristal le devolvía la imagen de una mujer que, a sus 25 años, cargaba con el peso de un apellido que era sinónimo de prestigio.

—Chloe, baja de ahí ahora mismo. Vas a arrugar las sábanas y, francamente, me pones nerviosa —dijo Molly, aunque una pequeña sonrisa traicionera tiró de la comisura de sus labios—. ¿Cuándo vas a madurar? Estamos aquí por negocios, no de vacaciones pagadas.

Chloe se sentó de un salto, con el cabello rubio ligeramente revuelto. Miró a su mejor amiga con una mezcla de ternura y respeto absoluto.

—Madurar es para las frutas, Molly. Además, es la primera vez que nos hospedamos en esta suite. Tu padre finalmente se dio cuenta de que su Directora de Alianzas merece representar el apellido Dumont con estilo. Relájate un segundo. El contrato con el Holding Arcane no se va a fugar.

Molly dejó los papeles sobre un escritorio de caoba y se frotó las sienes. Su vestido azul marino, de corte impecable, parecía una armadura.

—No es solo el contrato, Chlo. Mi padre depositó toda su confianza en mí para esta renovación. Si L'Océan Bleu no firma con Axel Brunner, perdemos la exclusividad en toda Europa. He oído que Brunner es un tiburón. No perdona un error en una coma.

Por cierto, ¿qué te dijo exactamente la secretaria de Brunner? Porque estuviste a punto de decir que no a este viaje.—dijo Chloe.

Molly suspiró, recordando la llamada de Elena, la eficiente secretaria de Axel.

—Fue muy específica. Dijo que Axel quería una cena privada para cerrar los flecos del contrato. "El señor Brunner está listo para firmar, señorita Dumont, pero prefiere los entornos relajados para los acuerdos finales", eso fue lo que me dijo.

—¿Listo para firmar? —Chloe arqueó una ceja—. Eso suena a que ya ganaste, amiga. Chloe se levantó y caminó hacia ella, colocando sus manos sobre los hombros de su amiga.

—Escúchame bien. Eres la mejor en lo que haces. Ese tal Brunner podrá ser un tiburón, pero tú eres el océano entero. ¿Y yo? Yo estoy aquí para asegurarme de que no te ahogues en tus propios nervios. Por cierto, ¿cómo van mis propios asuntos? —preguntó Chloe con una chispa pícara.

Molly soltó una carcajada suave, el primer sonido relajado de la tarde.

—Es verdad, siempre olvido que tú también trabajas. ¿Cómo van tus contratos de representación?

—Todo bajo control, querida. Los hechizo con mi mirada, les firmo el papel y para cuando se dan cuenta de que les cobré una comisión extra, ya estoy en el avión de regreso —bromeó Chloe. Las dos rieron, compartiendo ese código secreto de lealtad que las mantenía unidas.

Mientras tanto, en su oficina que parecía más un búnker de diseño que un lugar de trabajo, el ambiente era radicalmente opuesto. Axel Brunner estaba de pie, con la espalda hacia la puerta. Sus hombros, anchos y tensos, delataban que su mente nunca descansaba.

—¿Lo hizo? —preguntó Axel sin girarse.

—Elena lo organizó todo, señor —respondió Hans, apareciendo como una sombra desde la puerta—. La señorita Dumont aceptó la cena bajo la premisa de que hoy se firmará el contrato definitivo.

Axel apretó la mandíbula. —Es la única forma de asegurar que viniera sin su ejército de abogados. Necesito hablar con ella.

—¿Hablar o engañar, Axel? —la voz de Stefan retumbó desde el sofá del rincón—. Porque decirle a una mujer que vas a firmar un contrato solo para llevarla a cenar.

—Señor Brunner, el vehículo está listo. La señorita Dumont llegará al restaurante en exactamente quince minutos.

La voz pertenecía a Hans, su asistente personal. Hans era su sombra, el hombre que conocía los silencios de Axel y sabía interpretarlos. Era eficiente, discreto y tan serio como el propio Axel cuando la situación lo requería.

—Gracias, Hans. Te aseguraste de que la mesa sea la del rincón. No quiero interrupciones —respondió Axel sin girarse.

—Ya está hecho, Axel. Y por cierto, relaja esa mandíbula. Vas a romperte un diente antes de probar el caviar.

Axel cerró los ojos un segundo y una sombra de sonrisa cruzó su rostro. Stefan era el único que se atrevía a hablarle así. Eran el fuego y el hielo.

—Stefan, no es el momento —dijo Axel, girándose finalmente. Sus ojos gris acero se clavaron en su amigo.

—Siempre es el momento para decirte que pareces un bloque de granito —replicó Stefan, ajustándose la corbata—. Es solo una firma, Axel. Los Dumont necesitan esta alianza tanto como nosotros. Molly Dumont es joven y brillante. Tal vez y hasta se nos casa, Hans.

—Me casaré el día que encuentre a alguien que no mire mi cuenta bancaria antes que mis ojos, Stefan. No voy a convertir mi vida privada en una transacción comercial —sentenció Axel.

—Lo sé. El gran Axel Brunner y sus ideales románticos ocultos tras tres capas de acero —Stefan le dio una palmada en el hombro—. Pero hoy, mi amigo, solo necesitamos que seas el tiburón de siempre. Vamos, Hans ya nos mira como si estuviéramos llegando tarde, y eso para un suizo es pecado capital.

El restaurante era una joya escondida con paredes de piedra antigua y luz tenue. Cuando Molly y Chloe entraron, el aire pareció cambiar. Molly caminaba con paso firme, pero por dentro sentía cada latido. Al fondo, vio a tres hombres. Uno estaba de pie, de espaldas.

Cuando Axel se giró, el impacto fue físico. Molly no era solo una ejecutiva; había una inteligencia vibrante en sus ojos y una dignidad en su postura que lo dejó mudo por un segundo.

—Señorita Dumont, un placer —dijo Axel, extendiendo una mano que se sentía como hierro envuelto en seda.

Molly tomó su mano, sintiendo una corriente eléctrica inesperada.

—Señor Brunner. Espero que esté listo para negociar.

Stefan, al lado de ellos, le susurró a Hans:

—Oye, prepárate. Esto no va a ser una reunión de negocios... va a ser una guerra de las que terminan en boda o en incendio.

La cena transcurrió entre términos legales y estrategias, pero por debajo de la mesa, la tensión era palpable. Cada vez que Axel explicaba un punto, su mirada se clavaba en la de Molly, desafiándola. Chloe y Stefan intercambiaban bromas para aligerar el ambiente, pero los protagonistas estaban en otra órbita.

—Su visión sobre la expansión en los Alpes es... agresiva, señor Brunner —comentó Molly, dejando su copa de vino.

—La agresividad es necesaria cuando se busca la perfección, señorita Dumont. En mi país no construimos hoteles, construimos legados —respondió él, sin apartar la vista de sus labios.

Justo cuando Axel iba a proponer el cierre de la primera cláusula, el teléfono de Hans vibró. El asistente lo miró y su rostro palideció. Se acercó al oído de Axel y susurró unas pocas palabras.

La expresión de Axel, que hasta hace un momento era de una intensidad seductora, se transformó en una máscara de horror gélido. Se levantó de golpe.

—La cena ha terminado —dijo con una voz que vibraba de forma extraña—. Hans, prepara el avión. Salimos para Zúrich ahora mismo.

Molly se quedó helada, con el contrato a medio firmar.

—¿Qué? ¿Señor Brunner, qué sucede?.

Mi padre... Axel la miró, pero parecía que ya no la veía a ella, sino a un fantasma. —Mi padre acaba de colapsar, Molly. Y lo que me acaba de enviar su abogado... Si lo que dice ese papel es cierto, usted y yo estamos atados de una forma que nada tiene que ver con nuestros Holding's.

Axel salió del restaurante sin mirar atrás, dejando a Molly y Chloe en un silencio sepulcral.

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Sakura
más
Sakura
ya se terminó
Sakura: a ok ok ya había asustado por que me parece muy interesante
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