¿serías mío por una noche y así romper está obsesión?
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Nada queda claro
Sophia: Con todo este ruido, mi mente se aclara. Mi hermana viene a darme lecciones de moral, pero eso me enoja, así que quito su mano de la mía y le doy una bofetada tan fuerte que me quema la mano. La miro con lágrimas en los ojos y le digo: "No te atrevas a hacer algo más. No es suficiente que me hayas robado todo lo que quiero. No me dejas ser feliz. No sabes cuánto te odio. Tú me lo quitaste, y tú y tu novio se pasean felices cerca de mí. Intenté dejarlos en paz, pero tu novio no deja de mirarme y me confunde cada vez más.
Olivia: Ya sé que todo esto lo dices porque estás tomada y te perdono, ¿y qué quieres decir con “que mi novio, de qué mierdas hablas”?
Sophia: ¿De qué hablas, o acaso te lo pedí? Tú, más que nadie, sabes de lo que hablo. Siempre supiste que me moría por él, y aun así te metiste con él. Es válido, ya que nunca tuve la valentía para expresarle mis sentimientos por él. Sin embargo, ese código entre hermanas no debería ser violado. Yo te amo tanto como a mi vida, y si tú me lo hubieras pedido, lo hubiera echado al olvido sin importar lo mucho que me gustara.
Angélica: Ya basta, déjense de tanta agresividad, ¿no ven que todos nos están mirando? Vamos afuera y arreglamos todo donde nadie nos vea. Sí, amiga, ven, yo sé que no estás bien, pero este tampoco era la manera.
Olivia: Ya basta, todos aquí somos adultos y debemos arreglar esto de otra manera. Vamos afuera. Como dijo, Angélica tomó a Jeins de la mano, quien aún se ve molesto, y salimos enseguida. Llega Angelica y Sophia, quien no se ve para nada bien. Me acerco a ella, la miro y le digo: “Yo también te amo y nunca te haría daño, lo juro; tú eres mi única hermana, ¿cómo crees que te querría lastimar?
Sophia: Hipócrita, tú y este desgraciado son tan descarados. Me lanzó hacia Olivia, pero Jeins no me deja. Lo miro con rabia y le digo: “¿Por qué me molestas tanto, acaso te gusto, porque me parezco a tu novia, o acaso tienes un fetiche de querer hacerlo con estas gemelas? Dime, ¿por qué ocasionas estos problemas? A ti no te debe importar con quién me beso; tienes que estar al pendiente de tu novia, ¿o acaso quieres saber cómo beso?
Jeins: Ya basta, Sophia, ¿por qué le hablas así a tu hermana, quien siempre ha querido lo mejor para ti? Sé que son muy diferentes, y eso que son hermanas; no la lastimes con tus tonterías.
Sophia: Siempre la defiende a ella, nunca me mira a mí, nunca se pondrá de mi lado, ¿verdad? Lo miro con lágrimas en los ojos. Si nunca será para mí, tengo que dejar esta maldita obsesión de una vez por todas y qué mejor manera que esta. Tomo a Jeins de la cara y le doy un beso lleno de rabia; lo miro y le digo: “Esto era lo que me faltaba para olvidarte de una vez por todas.
Olivia: Me quedo sorprendida con todo lo que está pasando; obviamente, ya sabía de los sentimientos de estos dos, pero nunca había visto a Sophia de esta manera. Angelica se queda parada y no deja de mirarme con algo de pena; yo sonrío un poco y digo: Jeins, creo que tienes mucho de qué hablar con mi hermana Angélica. ¿Podrías acercarme a esta dirección?
Angelica: Ah, sí, pero ¿estás segura de que quieres dejarlos juntos sabiendo lo que podría pasar entre ellos? Yo sé que no nos llevamos bien, pero no quiero verte llorar y siempre le daré el lado a mi amiga, no importa lo que haga. Espera, pero esta no es la dirección de tu casa.
Olivia: Siempre han estado equivocadas con todo y sí, vámonos, ellos tienen mucho de qué hablar, exacto, no iré a casa, así que dame un aventón. Angelica asiente, pero sigue su cara de atónita sin poder entender de lo que estoy hablando. Salimos de ese lugar dejando atrás a Jeins y a Sophi.
Jeins: Me sorprendo al sentir el beso de Sophia, aunque no se siente cálido, sino lleno de furia. Siempre he querido tener sus cálidos labios sobre los míos. Ella se separa de mí al ver que las chicas se marcharon; la miro y le digo: “Tú y yo tenemos mucho de qué hablar, pero primero tienes que tranquilizarte, por favor, y no me mires así.
Sophia: ¿Qué haces? —¿Por qué no vas por mi hermana? ¿No ves que se fue? —Mierda, mierda, ¿qué acabo de hacer? Esto no está para nada bien. —¿Y tú por qué te ves tan tranquilo? ¿No te sientes mal por ella? Eres un maldito bastardo.
Jeins: ¿Por qué tendría que ir por ella? Estoy seguro de que no escuchaste nada de lo que te dijo tu hermana, ¿verdad? Pero si no te quedó claro, déjame mostrarte por quién sí siento algo. Tomo a Sophia de la cintura y estamos tan cerca que nuestra respiración se mezcla. Veo sus labios rosados y jugosos, así que me lanzo a besarla. Ella se resiste un poco, pero no la suelto y ella me sigue. El beso esta vez está lleno de deseo y pasión. La subo al capó del auto y seguimos. Mis manos recorren su cuerpo hasta detenerse entre sus piernas. Ella deja de besarme y me mira.
Sophia: Me dejo llevar por la lujuria y el deseo que siempre he sentido por este hombre; ni siquiera estoy pensando con claridad, pero no entendí mal, ¿verdad?, y dijo que yo era la que le gustaba, ¿no? Lo dejo de besar, lo miro a los ojos y le digo: «¿Quieres acostarte conmigo? No me mires así, dime si lo harás o no; si no, buscaré a alguien que sí lo quiera, se que eso sonó patético pero funciono por su reacción.
Jeins: No he dicho que no; solo quería que esto ocurriera de forma distinta, y ni se te ocurra decir eso de nuevo, estamos porque no respondo de lo que soy capaz de hacer.