fantacia urbana y drama psicológico
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Capitulo 14: Raíces
Cabrera no pidió permiso esta vez. Fue al vivero el martes y volvió con la camioneta que le prestó el del vivero. Llena.
No eran cuatro macetas. Eran veinte. Y tres árboles chicos, con la raíz envuelta en arpillera. Y bolsas de tierra. Y herramientas.
Felix lo vio bajar todo y se paró en la puerta de servicio con los brazos cruzados. "Dijimos contra la pared."
"Dijimos rosales contra la pared", corrigió Cabrera, bajando un limonero. "No dijimos nada de lo demás. Y lo demás hace falta."
Newt miraba desde la ventana de arriba. Iba a gritar que no. Que pelado era seguro. Que las plantas eran puntos ciegos. Pero no salió. Se quedó mirando cómo Cabrera arrastraba el limonero hasta el medio del jardín. El medio. Donde Felix dijo que no.
Las sombras se pegaron al vidrio con él. _No. No. Tapan. Esconden. Si viene alguien no lo vemos. Si nos escondemos nosotros, no nos ven. Mal negocio._
Abajo, Cabrera no miró arriba. Sabía que miraban. Cavó un pozo. Grande. Metió el limonero. Tierra alrededor. Agua.
Después fue por el naranjo. Pozo. Tierra. Agua. Después un duraznero. Pozo. Tierra. Agua.
Los puso en triángulo, al medio del jardín. No pegados a la casa. No pegados al paredón. Al medio. Donde si alguien se metía, tenía que pasar entre ellos. Donde si alguien corría, se chocaba uno.
Felix no se movió. No ayudó. No frenó. Solo miró. Calculando.
Cabrera terminó con los árboles y siguió con las flores. No contra la pared. Caneros. Hizo tres, largos, rodeando los árboles. Tiró semillas. "Cosas que crecen rápido", le dijo a Felix, que seguía en la puerta como estatua. "Caléndulas. Cosmos. Girasoles chiquitos. En un mes esto es color."
"En un mes esto es selva", dijo Felix.
"En un mes esto es jardín", dijo Cabrera. Se limpió las manos. "Y los jardines se pueden podar. Las selvas no."
Señaló las macetas que quedaban. "Lavanda, romero, jazmín. Esas sí contra la pared. Para que huela cuando abrís la ventana. Para que si el joven baja, no huela a encierro."
Newt escuchó eso. _Si el joven baja._ No "cuando". "Si". Cabrera no daba por sentado nada.
Esa noche Newt no durmió. Otra vez. Pero no por las sombras. Por el olor. Abrieron las ventanas porque hacía calor, y entró olor a tierra mojada y a jazmín. No a calle, no a depto, no a encierro. A patio.
Bajó a las dos de la mañana. Descalzo. Pantalón solo. Las sombras chistaron. _No. No bajes. Afuera es peligro. Afuera miran. Afuera..._
No les hizo caso. Abrió la puerta de servicio. Felix estaba en la cocina, tomando agua. Lo vio. No dijo nada. Solo se corrió para dejarlo pasar.
Newt salió.
El pasto no había crecido todavía. Era tierra y pozos y tres árboles chiquitos que no daban sombra. Pero era aire. Era cielo sin reja. Era espacio sin techo.
Caminó hasta el limonero. Lo tocó. Tronco fino. Hojas nuevas. En cinco años iba a dar limones. Cinco años. Tenía que estar acá cinco años para verlo.
Miró para arriba. No había edificios tapando. Estrellas. Luna. Nube.
Las sombras se quedaron en el marco de la puerta. No salieron. _Afuera no. Afuera hay... cosas que crecen. Nosotras somos de adentro. De rincones. De encierro._
Felix salió después. Sin bate. Se paró a dos metros. Mirando el paredón, no a Newt. Dando espacio.
"Vampiro encerrado", dijo Newt. No miró a Felix. Miró el duraznero. "Así me dijiste una vez."
"Estabas", dijo Felix.
"Ya no", dijo Newt.
No era verdad del todo. Todavía era. Pero había bajado. Había pisado tierra. Había olido jazmín que no plantó él.
Cabrera los vio desde su ventana. No bajó. Apagó la luz para no molestar. Anotó en el Gloria: _Árboles plantados. Joven bajó. Jardín 1 - Miedo 0._
A la mañana las flores no habían brotado. Obvio. Pero los árboles estaban. Y Newt había desayunado en la mesa de afuera, la de piedra, la que estaba rota desde hace años. Cabrera la había arreglado sin decir nada.
"Hay que comprar más", dijo Cabrera, tomando café. "Hortensias. Azaleas. Cosas que duren. Y una Santa Rita para el paredón. Que se trepe."
Felix no dijo "piedras". Miró los tres árboles. Calculó distancias. "Que no tapen el portón", dijo. Fue todo.
Newt agarró la pila de libros del living. Los de Salgari. Los llevó a su cuarto. No los donó. Los puso en el estante, al lado de la cama. _El Corsario Negro_ arriba de todo.
Esa noche llovió de vuelta. Suave. No tormenta. Lluvia de las que hacen crecer cosas.
Newt dejó la ventana abierta. Escuchó caer el agua en las hojas nuevas del limonero. Sonaba distinto que cuando caía en el cemento.
Durmió ocho horas. Sin contar respiraciones. Sin soñar con encierro.